26 de diciembre de 2007

Yo vi "Moolaadé"


Hace unos pocos días al mirar la programación televisiva, en La 2 anunciaban Moolaadé, una película desconocida de un cineasta octogenario senegalés. Pero lo que le llamó realmente la atención fue la breve crítica de El País: “En estos tiempos, Moolaadé es un filme imprescindible, que clama en contra de la ablación y a favor de la dignidad de las mujeres. Una obra, protagonizada por actores no profesionales, que desprende vida y verdad. Su proyección en todos los institutos debería ser obligatoria”.
Era difícil ver en este periódico una crítica de este estilo. Creedle. Al menos el viajero insatisfecho no había leído tal. Por esto y porque no era la típica película con el mensaje tópico americano se quedó a verla.
Mediante una estética africana manda al espectador un mensaje, sin afán moralizante, pero un mensaje contundente de los problemas de la sociedad rural senegalesa, a través de unos personajes entrañables. Se dejaba querer la tía Cole, también Dukuré (tío), y se dejaba querer Ansatu, la hija que no quiso someterse a la ablación y tendrá problemas para casarse al ser una vilacoro (no purificada). La cinta transcribe tan bien la vida de un poblado, desde una estética tan cuidada, que le recordaron sus días en Senegal, donde sin llegar a apreciar y a entender lo que vivió con la película, pudo captar una sociedad de religiosidad casi fanática y con tradiciones tan árabes como la ceremonia del té (ver fotografía). Pudo ver lo que supone para las mujeres del poblado ir por agua al pozo cercano o, tal vez, lejano: un momento de esparcimiento, de cotilleos, de relaciones humanas, de risas, de feminidad senegalesa y africana.



Copyright © By Blas F.Tomé 2007

20 de diciembre de 2007

El volcán Poás

Al mirar esta instantánea, a este mequetrefe le viene a la cabeza únicamente el olor percibido en el mirador que los costarricenses tienen perfectamente construido en un lateral de este peculiar volcán, el Poás. El mirador, acondicionado con suelo de cemento y apoya-brazos de madera, parece puesto a propósito para que todos los turistas saquen la misma foto.
Ni se asemeja a un volcán; ni tiene el exotismo de un volcán, ni se llega a su cráter por complicadas sendas que trepan por una pendiente ladera. Nada más lejos de una dificultosa ascensión y nada más lejos de una hazaña aventurera y complicada.
Eso sí, al mirar ésta u otras muchas fotografías similares que los visitantes habrán sacado desde este pseudo-púlpito, con la intención de recordar el paseo por uno de los lugares turísticos de Costa Rica, este viajero insatisfecho siente ahora el desagradable olor a azufre, a huevos podridos, desprendido por decenas de fumarolas que surgen en los alrededores cráter, convertido de manera natural en un lago verdoso.
Decía el libro-guía: El Poás es un volcán basáltico, con una altura de 2.708 m de altura y una actividad efusiva lenta, tipo lacustre.

Para cuasi-expertos.

17 de diciembre de 2007

La pagoda de Ly Thai To

Vietnam es uno de esos países que sorprendió a este mochilero. Por sus gentes, por su paisaje, por su orientalismo nada fanático y -en especial- por los momentos regalados. Cada fotografía, un “post”. Cada recuerdo, una sonrisa. Cada aventura, un recuerdo. Cada día, una aventura. Quizás no todos los que hayan visitado este país puedan decir lo mismo.
La fotografía esta tomada en Hanoi, su capital, y esto es lo que decía La guía del trotamundos sobre ella:
La pagoda del Pilar único es una pequeña y encantadora pagoda, en medio de un estanque en el que florecen los lotos, edificada en el siglo XI. Según cuenta la leyenda, fue construida por el rey Ly Thai To en honor de la diosa Quan Am, como muestra de agradecimiento. Careciendo de heredero varón, vio en sueños a la diosa sentada sobre un loto, tendiéndole un bebé. El rey se casó entonces con una bella campesina que encontró en su jardín, y tuvo el heredero deseado. La pequeña pagoda, contraída sobre un solo pilar, debía evocar, según la idea del arquitecto, un loto. Lástima que el pilar de madera original haya sido reemplazado por otro de hormigón. De todas formas, el conjunto resulta francamente encantador. Además, es el símbolo de la ciudad”.

A este viajero insatisfecho le pareció la historia tan oriental y vietnamita, aunque tan alejada de su espíritu anarco-viajero, que posó en el último peldaño, como queriendo jugarse a sí mismo una mala pasada.

12 de diciembre de 2007

No pensaba escribir este "post"

No pensaba escribir este “post”, ni lanzar a la blogosfera este momento mochilero que recoge la instantánea, pero hace unos días un colega del viajero insatisfecho le animó a ello. No podría traicionar su persona y mentir sobre esta fotografía. Esta colgada en una de las paredes del destartalado cuarto, visible al que se acerque y aborde esta vieja guarida de lobezno herido. El colega la vió.
“¿Por qué no hablas sobre ella?”, dijo señalando la fotografía.
Pues ahí va:
En mi etapa de Río de Janeiro -solamente en esa- del viaje a Brasil, me dejé acompañar de un amigo del barrio que disfrutaba de unos días de su merecido descanso en la playa de Copacabana, y solamente en esta famosa playa. No salió de ella en los diez días que tenía como merecidos. Era su tercer año de insistencia veraniega en esa playa. Por ello, por no cambiar de aires, recibía mis críticas.
La playa no era lo mío, pero sí quería conocer Río de Janeiro. Día de sol y arena con mi amigo, cena en uno de los muchos restaurantes cariocas del paseo marítimo y sonido discotequero, también carioca, para finalizar la jornada. Música, toda; baile alegre; alcohol variado; mujeres, muchas,…. La noche salsera la pasé en una Sala de Fiestas con mi amigo y la novia-brasileña-por-interés del hermano de mi amigo, ausente en este viaje. La novia-brasileña-por-interés del hermano de mi amigo que necesitaba vengarse ante esa ausencia tan injustificada. Una venganza de mujer ofendida (nunca entenderé semejante hazaña, sino es pura necesidad, gusto y placer).
Una venganza de mujer ofendida que se venga en mi cama del hermano de mi amigo.
A primera hora de la mañana, se levantó al baño y la robé la fotografía. Nunca se la enseñé al hermano de mi amigo. Nunca estaré orgulloso de la fotografía, pero ahí está, en una de las paredes de mi destartalado cuarto”.

7 de diciembre de 2007

Jardines de Suzhou


Estos jardines de Suzhou (China) sedujeron al viajero por su sabia combinación de piedras, arbustos y arena, reflejo de la sensibilidad de los antiguos dueños orientales y su amor por la naturaleza.
El casi inevitable surco de agua, junto con rocas semienterradas en el lago y puentes, simula el recorrido de un río y la perspectiva de un valle, apropiados ambos, en mágica armonía, para el recogimiento y meditación de su oriental amo y señor. Las rocas, elementos con gran fuerza simbólica, deben ser elegidas con sumo cuidado y deben tener formas artísticas, aunque importante es saber aprovechar también las ventajas naturales de la roca escogida. Las flores, componentes imprescindibles en la armonía, deben ser discretas para evitar un brusco contrapunto en la atención del visitante. Alguien muy versado en la materia mantuvo: Un jardín sobrio y visualmente panorámico es el secreto de la elegancia.
Este viajero insatisfecho recorrió varios de inusual belleza, vio en el ambiente “armonía, sobriedad, armonía y armonía” y observó cómo las turistas chinas -visitantes orientales de jardines orientales- se quedaban atónitas con su amiga de entonces, pizpireta, de grandes ojos y generosos pechos. Todas pidieron fotografiarse con ella, entre risas y venias orientales. Se convirtió, primero en sorpresa; luego, en incredulidad, y al final, llegó a ser mosqueante.
¿Fueron sus ojos o sus voluminosas tetas las causantes de tanto revuelo?.
Nunca lo sabrá.
Suzhou fue, y es, una de las mejores ciudades chinas para visitar estos jardines. Algunos libros-guía la venden como “la Venecia china”. Nada más alejado de la realidad.
Cuatro canales.
Cuatro sucios canales no le dejan a Venecia otra opción que protestar.
Si pudiera.

1 de diciembre de 2007

Capadocia

En Capadocia, región de Anatolia central (Turquía), a este aprendiz de trotamundos le llamaron la atención tres cosas: la formación geológica única en el mundo, la ubicación de los templos de los antiguos cristianos y la puesta de sol, que puede verse -si la naturaleza quiere- desde uno de los muchos promontorios de la zona. Además, el guía, contratado en este caso para facilitar la excursión, le llevó con puntual rapidez como si una bella atracción turística cerrara sus puertas. Y las cerró, en un momento determinado ante la presencia de cuatro o cinco viajeros que, a esa hora y en ese lugar, encontraron su regocijo muy cerca de la luz y el brillo de los astros.
Del astro rey, en este caso.
A lo lejos se oía música de ritmos orientales, con ecos irregulares, generados por el choque de sonidos con los extraños montículos arenosos y rocosos que completan el paisaje. De algún templo u oratorio musulmán, quizá turcomano, o druso, saldrían esas notas uniformes, celestiales, pero al grupo de viajeros le llegaban con los altibajos y dientes de sierra, similares a cola de dragón.
En los recovecos de estas figuras rocosas dalinianas, la imaginación vislumbra a los cristianos esconderse en agujeros imposibles, en templos decorados con pinturas-murales sobre roca arenisca, y ocultos de miradas de la persecución romana.
De persecución religiosa, sin más.
No se puede mostrar el paisaje, hay que visitarlo.
No se pueden explicar las sensaciones, hay que tenerlas.
No se puede uno esconder entre las rocas, habría que haber vivido en los albores de la civilización cristiana.