30 de diciembre de 2010

No merecía mucho la pena visitar en Ghana

Esta claro que cuando el hombre trata de mezclar (‘contrastar’, para algunos) lo artificial con la naturaleza, ‘la jode’.
Piense el lector cuando las máquinas entran en la ladera de una montaña, o en los aledaños de un bosque, el imponente destrozo que preparan.
Piense el curioso los descerebrados efectos urbanísticos en las inmediaciones de playas naturales.
Piense el blogger en las populares ‘tirolinas’ de alguna zona peninsular, alrededor de las que siempre surge un hotel “imbricado con el entorno” para que cuatro-memos se diviertan destrozando la naturaleza.
Piense el lector……
Eso en lo que pensó este viajero insatisfecho cuando visitó el Kakum National Park. ‘Lo vendían’ (publicitaban) como una selva originaria, con posibilidades de avistar algún animal salvaje. ¡Nada de eso!. No era eso. No era nada. La parte accesible era, simplemente, un lugar para que los cuatro turistas jubilados (escasos) que visitan las playas de Ghana tuvieran algo diferente y cercano con lo que pasar la mañana.
Un paseo por los puentes colgantes (a 30 o 40 metros de altura) sobre la enmarañada arboleda de un bosque ecuatorial africano para insuflar aire natural y escuchar el ruido del silencio, y algún que otro grito histérico del pelele de turno.
No merecía mucho la pena.
Valía más pasear por cualquier camino rural saludando y recibiendo simpatías de la gente local.

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25 de diciembre de 2010

El viajero insatisfecho se adelantó

Los 'etarras' refugiados en Venezuela y, según algunas fuentes, amparados por el ‘genuino Chavez’, han ocupado estos días pasados algunas crónicas periodísticas. Éstas daban cuenta del paradero de alguno de estos 'etarras', descubierto después de arduas investigaciones periodísticas ¡ja! en la zona de Güiria, península de Paria, ciudad muy cercana a Trinidad y Tobago.
Allí les descubrió en 2004 el viajero insatisfecho que adelantó así la primicia, aunque nunca estará seguro de tal hallazgo. Al leer estos días la noticia en los diarios, recordó el 'post' que publicó en 2007 [pulsar] con el supuesto paradero.
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19 de diciembre de 2010

Encuentro con los tarsiers

En los viajes hay cosas curiosas, nada impresionantes, minucias naturales o migajas de vida. Son esos minúsculos granos-de-mijo que juntos podrían formar una hemina (medida de capacidad agraria en León). Hoy, este leonés va a mostrar un diminuto primate, quizás conocido por todos, pero auténtica joya antropológica y, últimamente, siempre en peligro de extinción.
Los tarsiers son pequeños primates (los más pequeños del mundo, según algunos expertos), de hábitos nocturnos (parecidos a los famosos gremlims) y herbívoros pero, también, cazadores de insectos. Sus pies han alargado extremadamente los huesos del tarso, de ahí su nombre. Habitan en Filipinas, en las islas del sur; concretamente, en Bohol.
Allí estuvo este viajero insatisfecho con la casi exclusiva intención de visitar las ‘Chocolate Hills/Colinas de chocolate’, pero sin dejar de lado otras menudencias, no menos importantes.
Aquel santuario de tarsiers (sistema de conservación que el mochilero siempre critica) estaba muy cerca de la ciudad de Tagbilarán, capital de Bohol. Un mísero y minúsculo espacio al lado de un pequeño río lo definían los lugareños como santuario. Cobraban una pequeña entrada que casi imponía la obligación de añadir una propina.
Se produjo un inicial desencuentro entre el tarsier y el viajero. La discreción producida por el desconocimiento mutuo fue incrementada por la timidez del animal; aunque al final, tras el normal tira y afloja de argumentos dispares entre ‘el bello y la bestia’ (¿quién es quién?), se labró el acercamiento [ver fotografía].

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15 de diciembre de 2010

Gerald Durrell

Hay veces que el viajero insatisfecho no se resiste a traer a su ventana/blogger algo recientemente leído o, tal vez, en lo que se paró a pensar por algún hecho voluntario o involuntario, visto u oído.
“Cuando no tengas nada que decir, el silencio es una buena opción”, y al preferir el silencio, deja para el lector unas frases de Gerald Durrell, recogidas de su libro ‘Rescate en Madagascar’, que fueron, son y serán una llana reflexión sobre el poder humano, y sus consecuencias, cuando manipula la acción natural de la naturaleza:

• “Resulta curioso y lamentable que los constructores chinos de carreteras [otra vez, los chinos; siempre los chinos] hayan enseñado a los malgaches a comer serpientes, peculiaridad culinaria de la que no disfrutaban antes. Naturalmente, la pérdida de esas constrictoras inocuas significará una explosión de la población de roedores, lo cual a su vez hará que aumenten las pérdidas de la cosecha de arroz [alimento básico en Madagascar]. Sin embargo nadie se preocupa tanto del futuro, en términos biológicos, y ése es uno de los motivos de que la humanidad se halle en una situación tan terrible”.
De una sencillez y claridad a-pa-bu-llan-te.
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Nota.- Lo escrito entre corchetes es también aportación del mochilero.
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8 de diciembre de 2010

Fuerte Rojo, Yamuna y Taj Mahal

En la ciudad de Agra (India), el Fuerte Rojo fue la visita inicial y, desde luego, imprescindible; muy unida la historia de éste al también imprescindible Taj Mahal. Fue en este fuerte donde se recluyó Sha Jahan tras la muerte de su amada esposa, Mumtaz Mahal, y también fue donde este rey pasó -cuentan- sus últimos años mirando triste, desde sus ventanas, el definitivo reposo de su mujer al lado del río Yamuna. Según fantasea la leyenda, desde todas sus ventanas se podía admirar el Taj Mahal a lo lejos. Y, efectivamente, así era, desde todas las aberturas, almenas, balcones y ventanas que daban al río se contemplaba el famoso mausoleo. Este mochilero, como el Sha Jahan, observó desde allí por primera vez aquel prodigio arquitectónico. Y fue desde allí, desde donde le vio brillar como perla oriental, apareado por los destellos/reflejos del río Yamuna. En aquella época -el viajero insatisfecho lo guarda en su mente- entre las piedras rojas de aquel mastodóntico fuerte (rojo) brotaba salvaje la verde maleza que los desheredados/parias hindúes trataban de limpiar a golpe de zoleta.
El resto no rojo, era también verde.
El verde frondoso de los bajos del ancho foso.

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1 de diciembre de 2010

Tiburcio y Cogollo

Hay algo misterioso en los termiteros de las sabanas africanas. Sin duda podrían tener otros calificativos pero este leonés siempre les ha encontrado oscuros, enigmáticos, impenetrables y sospechosos.
Cuando les ve (y van muchas veces), el pensamiento es recurrente, se acuerda de sus primeras lecturas/aventuras infantiles de la mano de Tiburcio y Cogollo.
¿Qué tiene que ver?.
Si, eran dos personajes -de cuento infantil, claro- que se embarcaban en una aventura por el mundo después de una reunión al cobijo de las tapias de un viejo cementerio. Y sí tiene que ver con los termiteros pues en una de sus múltiples peripecias, una de las más recordadas, se internaban en uno de ellos, gigantesco y misterioso -¡bendita imaginación!- donde problemas y peligros acechaban.
También descendieron por un volcán apagado para luego emerger por una estrecha e inactiva fumarola. Otro monumento de la naturaleza no menos recóndito y misterioso.
El libreto de las “Aventuras de Tiburcio y Cogollo” era el hermano pobre de “El Capitán Trueno” y “Tarzán”. Nada que ver con el éxito, más tarde, de “Asterix y Obelix”, ni con el ‘boom’ infantil de “Jabato”.
Por cierto, este viajero insatisfecho lanza una pregunta al aire:
¿Alguien tiene pistas de esta antigua ‘joya-pobre’ de las historietas?.
Agradecería cualquier apunte o dato.



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23 de noviembre de 2010

La inocencia no admite maquiavélicos trucos

Un buen observador captará en la fotografía dos puntos de atención de los niños (de frente y a la derecha).
Por algo sería.
La inocencia no admite maquiavélicos trucos.
Dos mochileros -un danés y el viajero insatisfecho- alegraron la salida escolar de unos niños en el barrio pesquero, es decir, pobre (aunque de niños, en apariencia, saludables), de Elmina, una antigua y bella ciudad ghanesa a orillas del Atlántico. Situada ella [la ciudad] alrededor de un castillo y un fuerte (en inglés, castle y fort, ¿habrá alguna diferencia?), miraba con inmateriales y gigantescos ojos el océano que se extendía al frente.
El edificio de la escuela, enclavado en una pequeña loma, fue por momentos el lugar de descanso de ambos viajeros, a quienes sorprendió el griterío infantil preparado a la salida. El simpático jolgorio se incrementó al intentar fotografiarles.
La alegre sonrisa de los niños contrastaba con el agrio carácter de los pescadores al lado de sus barcas, en el cercano puerto, cerrados -cuasi herméticos- a aceptar cualquier instantánea intentada por estos particulares intrusos.


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16 de noviembre de 2010

El vigilante de la caverna

Este hombre (ver fotografía) estaba a la entrada de una cueva natural que la naturaleza había diseñado en una de las islas Phi Phi (Tailandia). Un detalle más que convertía este lugar en -dijo una amiga- ‘paraíso terrenal’. A este viajero insatisfecho le pareció que sacaba la foto de un conjunto desordenado y deslavazado pero, luego, al observar la fotografía detenidamente y ampliar su zoom-mental al interior de la cueva, nada más equivocado que la palabra ‘desorden’. Todo colgaba, o reposaba, con una precisión oriental. La hamaca, la almohada, el farol, la terraza o muelle artesano de madera,..., y, en el interior, las escalas de bambú que ascendían con precisión a los altos techos de la caverna, donde los pájaros construían sus oscuros nidos, y donde algunas gentes locales se jugaban el tipo llegando hasta ellos.
Una precisión que rompía las leyes de la naturaleza pero que, a la vez, se amarraba a ellas.En su interior, el olor recordaba al guano-quechua de Perú, a las cuevas de Ajanta en India o al viejo orín en tierra emponzoñada de humedad. En el exterior, la belleza era de roca y verde contorno; de mar y azul celeste; de brisa marina, sol y arena.
Era el paraíso terrenal de las islas Phi Phi.

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8 de noviembre de 2010

Nunca bebió una cerveza mala

Siempre fue difícil visitar un país, salir sin haber aprendido algo y criticar su cerveza. Si el viajero insatisfecho fuera un empedernido bebedor de vino saldría de esos lejanos territorios asegurando que ‘el mejor es el español’.
No es el caso.
Odia el vino aunque se abstiene de criticarlo.
Adora la cerveza y disfruta bebiéndola en cualquier recóndito lugar del Globo. La tanzana ‘beer’ tenía un sabor 'pelín-amargo'; la cerveza vietnamita era más ‘afrutada’; la costarricense se adueñaba del paladar y rechinaba su sabor; la de Malawi no generaba mucha espuma; en Sudáfrica se bebía una que era más alemana,….
¡Mentira!.
¡Todo es una absoluta mentira!. Son una delicia todas.
Es más, ¡venera esos 625 mililitros de las botellas africanas, o tropicales!.
Nunca bebió una cerveza mala ni que tuviera siquiera algo de envidia a nuestra ‘Mahou’ de toda la vida.
¿Tomamos una?.

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Cerveza de Ghana
Cerveza de Costa Rica
Cerveza de Gambia
Cerveza de Mozambique
Cerveza de Perú

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1 de noviembre de 2010

¡Éste es mi barquero!


Cruzar el río Volta (Ghana) por su desembocadura fue un acto visual, placentero e imbuido de cierta aventura. El ferry que atravesaba los lagos y marismas que se formaban antes de que el río sea abrazado por el mar no funcionaba todos los días. ¿Por qué?. Que se lo pregunten al más que previsible déspota africano que tenía concedida la licencia.

Si la tenía.
Mejor para el mochilero que tuvo así la oportunidad de contratar una lancha para él solo, a buen precio después de un breve regateo. El barquero era poliomielítico, bastante extremo en su debilidad muscular y parálisis. No tenía movilidad en ambas piernas. En cuanto el viajero insatisfecho le vio (primero regateó con un familiar) se dijo: “¡Éste es mi barquero!”. Y dejó de regatear.
Aquél área del río desprendía una nunca excesiva tranquilidad; poquísimo tránsito fluvial e inmejorable temperatura ambiente matinal. En algunos sitios -no olvidéis que navegaba por el río- el mar estaba detrás de un único bancal de arena que conformaba sendas playas a ambos lados.
- Detrás de esas palmeras, está ya el mar –dijo el barquero.
Tranquilidad, tranquilidad.
Para ser un viajero sin prisas era muy temprano, y en la espera del ferry, que nunca llegó ese día, sacó esta -para él- bella fotografía de una niña madrugadora.


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25 de octubre de 2010

Color tizón

Sólo sería culpable si fuera inocente de trabajar para destruir el racismo en el país”.
Este viajero insatisfecho no va a provocar un acertijo acerca de quién escribió en una novela esta enrevesada, aunque elocuente, frase.
¡Se ha hablado tanto de racismo…..!
¡Se ha escrito tanto de racismo…..!
¡Se ha novelado tanto sobre el racismo….!
Son palabras casi actuales sobre un mundo casi actual.
En su alegato defensivo durante el juicio, Lionel Burger, personaje de novela/realidad acusado y condenado por ser colaboracionista con los negros durante el apartheid en Sudáfrica, soltaba esa firme y contundente frase inicial.
Este país (post-apartheid), que hace tres años pisó este mochilero, nada tenía que ver con lo que describía Nadine Gordimer, en el libro ‘La hija de Burger’.
Nada tenía que ver, pero los pasos gigantes de cambio dados por Mandela habían tropezado, y siguen encontrando muchos obstáculos.
A nivel general, el individuo que limpiaba; el que servía; el que fregaba; el que paseaba sin rumbo por las calles seguía siendo de color tizón [permítasele esta licencia poética, que contiene indignación implícita].

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16 de octubre de 2010

Lapu-Lapu

Lapu-Lapu fue a Magallanes lo que Atahualpa a Pizarro. Con matices, claro, pues el primer nativo salió victorioso y el segundo, en cambio, derrotado. El guerrero indígena Lapu-Lapu se convirtió en héroe filipino por ‘su acoso y derribo’ a Fernando de Magallanes. Él fue quien asesinó al navegante portugués, en Punta Engaño, e impidió que completara la vuelta del mundo.
Las versiones del cruento desenlace eran varias. Había quien decía que al arribar a la isla, con el agua aún por las rodillas, el héroe filipino le lanceó y murió; otros creían que fue muerto por el guerrero al tratar de imponer por la fuerza sus preceptos (quizás, religiosos) al entonces cacique de Mactán. Era necesario tener en cuenta que los hechos ocurrieron en 1521 y los documentos eran escasos.
La leyenda se mezclaba con la historia.
Fuera como fuere, por todo Filipinas se alzaban estatuas en su honor (la de la fotografía estaba situada en Manila) y tanta su fama que Lapu-Lapu era, incluso, el nombre de uno de los pescados más populares de las islas. Un pescado tan grande y feo como el mero e igual de sabroso.
Decían,……………., y el viajero insatisfecho creyó.

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10 de octubre de 2010

Un poco de miedo y candor

Por la fotografía bien pudiera ser un pueblo de La Mancha, y la silueta, tal vez, de un Don Quijote reencarnado, sin su Rocinante, pero posando para la posteridad.
No.
No, la ciudad es Cartagena de Indias (Colombia) y la silueta, la del viajero insatisfecho. Hermosa ciudad esta Cartagena de 1994 (Uff, ¡cómo pasa el tiempo!). Uno se imaginaba, entonces, encontrarse con Gabriel García Márquez en cualquier esquina o sentado en cualquier Café, leyendo y releyendo la crónica local.
- Eeeeh, viajero. Gabo quiere verte, le gritarían.
Pero, no. Lo que realmente descubrió fue al colombiano alegre, acogedor, y reservado, en muchos casos. La parte vieja era un hervidero de tiendas de recuerdos, antiguos palacetes, casas de viejos indianos,…., y bellas colombianas, que miraban marrones con viveza, curiosidad y candor.
Los días de Cartagena fueron menos claustrofóbicos que los de Bogotá, no en exceso pero lo fueron. La guerrilla era un problema y el avión se erigió como la mejor solución para ascender desde la capital hasta orillas del mar.
- El autobús es peligroso.
- La guerrilla esta por toda la ruta.
- Se producen muchos robos, asesinatos y secuestros.
Con estas recomendaciones bogotanas era complicado meterse inconsciente en un atestado autobús.
No siempre el mochilero necesitaba escuchar estos mensajes protectores.
No siempre eran verdad.

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2 de octubre de 2010

Fertilidad con cocodrilos


Este viajero insatisfecho se esta acostumbrando ya a visitar charcas de cocodrilos, a fotografiarse con ellos e, incluso, a tocarlos.
Katschi-Kali, así se llamaba el lugar, era una incipiente, aunque creciente, atracción turística en Gambia. Era difícil de entender cómo aquella aglomeración de cocodrilos (había, entonces, más de 100) podía vivir en aquellas aguas así de apiñados; no crear muchas rencillas entre ellos y, encima, soportar la diaria presencia de visitantes que acudían (y acuden) de visita, al ritual de limpieza y a fotografiarse con ellos.
Incluso, a tocarlos.
El guía local, en aquella ocasión, contaba su particular e increíble leyenda. Ese pequeño lago, atestado de cocodrilos, fue descubierto hace ya muchos años por un labriego de los alrededores. Su mujer, en un acto que ahora se calificaría de total inconsciencia, sumergió varias veces en la charca al bebé que llevaba en brazos. Cuando le sacaba, aparecía siempre ‘vivito y coleando’, a pesar de patalear un rato entre voraces cocodrilos.
¿Era increíble la historia, o no?.
Fue por eso que el lugar se constituyó sagrado para los lugareños y se vinculó, desde entonces, a los ritos de fertilidad femeninos. Las mujeres con problemas de fertilidad acudían al lugar, al lavado ritual de sus partes íntimas. Además, se llevaban agua en recipientes a sus casas para continuar allí con ese particular ritual.
A cambio, se esperaba que hicieran una pequeña donación en efectivo, un regalo, un trozo de tela o una ‘nuez de cola’, muy buena esta última para el vigor y potencia sexual. La mitad de estos donativos se lanzaban a la piscina para aplacar a los cocodrilos.
Así, parecía cuadrar la historia, la tradición y leyenda.
O no.

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26 de septiembre de 2010

Wole Soyinka / Primer Nobel africano


Pero nada pudo igualar el momento en que, por una vez, comprendí qué gran don era ser uno más de la población superflua del mundo’ (Soyinka, Wole, ‘Partirás al amanecer’. RBA Libros. Barcelona, 2010).

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21 de septiembre de 2010

Cuenta la tradición.......

No está nada claro que sea el edificio más antiguo de Ghana, pero ¿a que es original?. Los locales aseguraban que esta mezquita fue construida por un comerciante islámico, llamado Ayuba, allá por el 1421.
Bien o aparentemente bien conservada -el viajero insatisfecho no pudo entrar en su interior, aunque sí pagó una pequeña cantidad de cedis/moneda local (son las pequeñas calamidades viajeras) para su supuesta conservación- era uno de los pocos edificios ‘visitable’ para los viajeros y turistas que se acercaban al Mole Nacional Park. En las inmediaciones de este Parque estaba Larabanga, pequeño pueblo donde se encontraba la mezquita.
Descendió de la moto al lado de un viejo y solitario árbol en una entrada lateral (aquel día iba de ‘paquete’ en una especie de destartalada Vespino) y la rodeó lentamente, como si fuera un peregrino ante la ‘kaaba’ de La Meca, para observar su amplitud. Era un pequeño recinto religioso-muslim.
La tradición local, poco creíble por cierto, decía que el fundador de la mezquita estaba viajando por la región cuando encontró una mítica piedra que se encontraba en las afueras de Larabanga, en dirección de Wa, y decidió, por alguna razón inexplicable, arrojar su lanza desde allí para dormir donde aterrizara. Durante la noche tuvo un extraño sueño con una mezquita, cuyos cimientos aparecieron misteriosamente en el lugar donde dormía cuando él se despertó. Ayuba completó la construcción.
Bueno, bueno. ¡Menuda tradición!
El caso real era que estaba allí y mantiene la fisonomía que aparece en esta reciente fotografía.



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15 de septiembre de 2010

Albert Market / Gambia



El Albert Market de Banjul (Gambia) merecía una reposada visita.
Por otra parte, como cualquier otro mercado africano.
En esta ocasión, el viajero insatisfecho, que ha visto muchos y variados, no se resiste a contarlo porque les ocupó la mañana.
Lluvia, viento y ventisca. Agua, y más agua. Agua jarreada desde el cielo con tal fuerza que les obligó a encontrar cobijo en un destartalado, aunque muy organizado, puesto de coloridas telas. Desde aquel privilegiado punto de observación, acompañados de la simpatía de su dueño, se veía transcurrir el minuto a minuto de una gente que se adaptaba a todo, en perfecta simbiosis con la impredecible naturaleza. Unos, corrían bajo el intenso aguacero; otros, ordenaban y protegían sus pertenencias; los más, buscaban refugio en tenderetes y lonas; enfrente, dos mozalbetes, subidos a un taburete de madera, esquivaban los regueros de agua e, inmóviles, esperaban a que las nubes callaran.
El agua, que insistió en caer una hora muy larga, pareció limpiar el fuerte y cercano olor a desperdicios casi pútridos y dejó las calles aledañas convertidas en un sucio mar por donde los coches trataban de circular en medio de nerviosos acelerones.
Fue una mañana de tenderetes, menudencias cárnicas, bazares, ropajes de colores, uralitas metálicas, plásticos y escaparates. Todo parecía abarrotado, atestado, apelotonado y abigarrado de objetos.
Fue una mañana de collares de madera, estatuillas, sastres en sus puestos de trabajo, jarroncitos, verduras variopintas y aguas putrefactas, pero, también, de mujeres impolutas -entre el barrillo y desperdicios-, vestidas con increíble mimo y destreza.
Olían a viento oceánico y maderas ribereñas.

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10 de septiembre de 2010

Una 'blogger' y el cuarto mono

Otra blogger, en una de sus entradas, publicaba unas fotografías sobre los ‘tres monos’, y su simbolismo en Japón. En referencia a ese particular gesto de los monos decía: "Ver, oír y callar’, sería nuestra forma diferente de expresar la discreción. Podría traducirse en la frase ‘No digas todo lo que sepas, no mires lo que no debas, no creas todo lo que te dicen".
Esta sería la explicación de su significado, en base a la sabiduría oriental.
Aquí, los otros fetiches (similares) que vinieron de Gambia, que ya habían sido regalados, pero recuperados en fotografía para la ocasión.
Este mochilero, en contra de aquel significado, espera ser el ‘cuarto mono’: el mono insatisfecho, el mono inconformista, el que no se habitúa a ‘ver, oír y callar’. El mono que defiende la libertad más allá de la supuesta sabiduría oriental, que -por cierto- ya se han encargado los chinos-post-Mao de destrozar (Más que hablar de la sabiduría oriental de otros tiempos, habría que hablar de la baratija oriental, lo que nos viene ahora de ese oriental territorio chino).
El ‘cuarto mono’ que sale a recorrer el mundo; a reinventarse con él; a reconocer y responsabilizarse de sus virtudes y defectos.
A buscar una sociedad con menos sabiduría.
Distinta.
La humanidad globalizada tiene esas ventajas.

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3 de septiembre de 2010

El mandinga y el catalán

Este viajero ha pasado unos días de agosto visitando Gambia, de donde contará alguna vivencia.
¡¡No se librarán sus bloggers/amigos!!.
Es un país de habla inglesa y multitud de lenguas locales, como el mandinka/ga, el wolof, el fula, y otras muchas. Conviven todas ellas. En esa convivencia tolerante y riqueza lingüística, no observó -y lo certificó con preguntas- ninguna tirantez o desavenencia.
Todo ello, digno de un gran pueblo.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
En el vuelo de regreso, un individuo (para abreviar, en adelante será llamado 'memo'), ocupante del asiento de detrás de este viajero, le decía a la azafata en catalán y tono imperativo, “hábleme usted en catalán”. Después de un extraño ruido, como el de una botella de plástico al caer (no miró en ningún momento hacia atrás), la voz femenina le respondía educadamente “le puedo hablar como lo estoy haciendo, o en inglés, incluso en un elemental euskera (estuve en Donostia dos años), pero no en catalán que desconozco”. “Ve como me entiende -añadió de inmediato el memo. Pues, entonces, hábleme en inglés”.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
Este viajero insatisfecho pensaba y pensaba.
Meditaba y meditaba.
Concluía y concluía.
Si estos memos aumentaran y alcanzaran un porcentaje relevante, este mochilero se mostraría partidario de ‘romper la baraja’. Y ‘romper la baraja’ supondría ‘cortar las alas’, en el sentido político del término, claro.
¿Hasta dónde?.
Hasta que la indignación sentida fuera, con creces, resarcida.

Y fue mucha.
[Este leonés mientras más viaja menos entiende su casa].

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24 de agosto de 2010

Las leyes darwinianas / Gambia

Cada país enseña a los turistas/viajeros lo que tiene. Gambia no tiene grandes parques nacionales ni, en ellos, voraces animales africanos. Es un país adosado al río del mismo nombre; sus gentes, agradables en extremo, y poco más.
¿Te parece poco viajero insatisfecho?.
En la desembocadura de ese río, unos inmensos manglares.
Como ha dicho en otros ‘posts’: ¡ese territorio manglar tiene mucho encanto!.
Genera belleza y misterio.
Respira humedad e intenso calor.
Olor.
Pero aquí, en este particular territorio, las leyes de la evolución darwinianas han alcanzado su máximo exponente. El hombre (ver fotografía) se ha adaptado a vivir en las orillas de los ríos en las inhóspitas ramas ribereñas. Como hubiera dicho Rodríguez de la Fuente (al leer, poned tono imitador), “atenazados por esa suprema necesidad de subsistir, el homo sapiens, como los monos, asciende a las endebles ramas de los grandes manglares para reproducirse y aparearse”.
Por supuesto: BROMA.
Una -cree este viajero- singular foto de un joven y simpático pescador de tilapias, sorprendido en los manglares de Oystrer Creek, cerca de Lamin Lodge, en el río Gambia.


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16 de agosto de 2010

Breve apunte / Gambia

Para descubrir Gambia lo mejor es tomar un taxi colectivo y recorrer, fijar la vista en el paisaje y aguzar el oído para empaparse de las animadas conversaciones de los demás pasajeros”, dice el libro-guía que ha caído en manos del viajero insatisfecho.
¡Anda! para conocer Gambia y, también, para conocer cualquier otro país africano.
Al menos esa es su experiencia.
Pensando en cualquiera de los países visitados, el bus y el taxi colectivo son los vehículos del aprendizaje, los habitáculos donde se toma el pulso al territorio en cuestión. Mirar, observar, escuchar, oler el olor africano -a veces, hedor- y sentir el sudor ajeno es la manera más eficaz de organizar la mente para entender a estas gentes del continente negro.
Y al pensar en Gambia, pensó en un extraño país, con una historia tan singular como extravagante su geografía y localización.

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(*) Mapa de 'Google'

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10 de agosto de 2010

Infidelidad -Cuento africano- (*)

Ayabo, vendedora de alfarería, estaba casada con Akele, a quien engañaba abundantemente y con tanta comodidad cuanto que el marido se ausentaba con bastante frecuencia para viajar durante tres o cuatro días.
Al inicio de una semana, Akele partió de gira y, habiendo terminado rápidamente sus asuntos, estuvo de regreso el día siguiente al crepúsculo.
Un galanteador se había encerrado con la mujer. El marido, sin desconfiar, se extrañó sin embargo al encontrar cerrada, a aquellas horas, la entrada del portal. Golpeó el marco y aguardó.
Al oír los golpes, Ayabo reconoció al que llegaba. Sin perder tiempo, avisó a su amante de que buscara un lugar propicio para ocultarse y, luego, descubriendo una gran jarra, le aconsejó que se metiera dentro y le ayudó a hacerlo, tras lo cual corrió a abrir la puerta a Akele.
Mientras el marido se cambiaba de ropa, apareció en el umbral un segundo amante. Divisando al marido, a quien creía muy lejos de allí, supo contenerse, saludó y dijo:
- Vengo a buscar la jarra que he encargado.
Ayarbo le vendió de inmediato la jarra que contenía al hombre oculto y, no pudiendo, debido al peso, colocarla, por sus solas fuerzas, en la cabeza del comprador, rogó a Akele que le ayudara.
El comprador salió de la casa y, doblándose bajo la carga, gritó de pronto:
- ¡Dios, qué pesada es!.... Realmente, quien busca la mujer de otro encuentra mucha desgracia.
Del recipiente brotó una voz cavernosa:
- ¡Ah, ah! ¡Qué cierto es eso!... ¡Pienso lo mismo!.
Asustado, el portador dejó caer la jarra que se rompió, liberando al prisionero…. En la oscuridad, dos hombres huyeron cada uno por su lado
.
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Moraleja: Es pueril imaginar que puede existir una sola mujer realmente fiel. La mujer es “Nionu”, es decir, “beber y dejar bebida a los demás”. Dicho de otro modo: ningún hombre puede ‘ocupar’ una mujer hasta su muerte.

(*) Trautmann, René. Los cuentos pasan… Leyendas e imágenes de la Costa de los Esclavos, José J. de Olañeta, Editor. Palma de Mallorca, 2007.

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2 de agosto de 2010

Más antropólogo que arqueólogo

Este viajero insatisfecho se siente más antropólogo que arqueólogo (no es ninguna de las dos cosas); se implica más con la gente que con ‘las-piedras’. No lo puede evitar. Y hace esta declaración de principios por las insistentes propuestas para que este verano visite Roma, o Grecia, o Siria.
Pues no.
Le dice más los ojos de un niño, o la mirada de una mujer, que veinte mil decorados de ordenadas piedras de 30 siglos de antigüedad.
Es el hombre y no ‘las-piedras’ las que crean el tiempo y, como decía Kapuscinski, ‘la existencia del tiempo se manifiesta a través de los acontecimientos, y el hecho de que un acontecimiento se produzca o no, no depende sino del hombre’.
‘Las-piedras’ son otra cosa, quizás, la herencia humana, si, la herencia del hombre que crea el tiempo.

Gentes -que no piedras- de Ghana:


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25 de julio de 2010

Cazadores de saltamontes

No es fácil convertir unas viejas fotos en un documento valioso. Para el viajero insatisfecho, sí, pues todas y cada una de ellas tienen su momento, que convertido en recuerdo, constituye un grano-de-arena en su vida.
Habían aparcado la moto y caminaban, el motero-guía y él, por una angosta vereda, después de haber visitado el poblado de las ‘mujeres jirafa’, hacia un pequeño paso fronterizo con Birmania. Acababan de dejar a un lado un poblado karem, originario birmano, refugiado en Tailandia y, mientras avanzaban, diversas imágenes cotidianas y sencillas se sucedían. Ahora, guardadas en su mente.
Una de ellas es la de la fotografía.

Niños de un pobre y cercano poblado (cada uno de estos asentamientos más mísero que el anterior) se entretenían cazando saltamontes, como juego y posterior alimento. Constituían una especie de pelotón de combate, cada uno de ellos especializado en un armamento. Estaban los azuzadores (1, 3 y 4) que con un sencillo palo se encargaban de rodear al animal y sacarle de la espesa maleza; el ‘inmovilizador’ (2) que en un descanso y despiste del bicho, le sujetaba veloz con su arma, y el captor (5) que una vez inmovilizado le agujereaba con el afilado aguijón de madera que portaba. A la vez, éste servía de transporte (No se aprecia, excepto en sus alegres ojos (5), pero transportaba ya dos de estos insectos).
Creed ahora al mochilero, que observó, detenido a lo lejos, su acción de ataque, y exhibe ahora documento acreditativo. Posaron para él, resignados, después de iniciada, aunque no finalizada, la batida.

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16 de julio de 2010

¿La playa 'Seven Commandos'?

En la bahía de El Nido, en la isla de Palawan (Filipinas), lo más sencillo y atractivo para el visitante era navegar alrededor de las cientos de islas que componían el archipiélago Bacuit, un paisaje de gran belleza (eso sí, nada que ver con la vietnamita bahía de Halong, como algunos libros-guía se atrevían a comparar). Un barco y un piloto, a la vez, guía, era todo lo que se necesitaba para hacer un bello recorrido y pasar una jornada sumido entre agua y calor. Bajo aquel sol-calor, las islas se uniformaban y las aguas se juntaban en el horizonte con la bruma sol-calor. En todo aquel mar, plagado de islotes, primaba el silencio que calmaba incluso el latido de un corazón emocionado.
Todas ellas, y sus playas, tenían su nombre en lengua tagalo o visaya, pero los americanos -supone el viajero insatisfecho- no tuvieron reparos en dar sus propios nombres ingleses a cualquier apartado rincón. Esos nombres aún permanecían.


¿Cómo si no una isla se podía llamar Helicopter Island/Isla Helicóptero (por su forma, y vista a lo lejos) o Snake Island/Isla Serpiente (por su cola arenosa de cientos de metros que se interna en el mar) o Seven Commandos Beach/Playa Siete Comandos (accesible únicamente por barco).

¿Cómo pudieron tener aquellos post-colonizadores americanos tanto afán guerrero para ponerle ‘Seven Commandos Beach’ a una bella y tranquila playa?. ¿Quizás allí permaneció guarecido el ‘Séptimo comando’ antes de una incursión contra los japoneses en la II Guerra Mundial?.

Hay veces que la locura que nos trasladó la película ‘Apocalypse Now’ no está tan alejada de la realidad.
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13 de julio de 2010

El éxito se celebra en el 'rincón de la Roja'

Si hace unos días el ‘post’ sobre el ‘rincón de la Roja’ recibió críticas dispares, tanto dentro como fuera del mundo blogger, hoy -después del éxito de la Roja- su Mary Kingsley ha decidido imbuirse de los colores del país al que representa o, mejor, el que la sostiene.
¿Qué mejor idea que colocarse unas braguitas amarillas?. Su decisión no fue precisamente por las pasadas críticas recibidas ante la falta de pudor por tener sus partes íntimas a la vista de cualquier mirón, sino porque ha sabido emplearse a fondo y mimetizarse con el país, España (Si no se aprecia, ver el 'detalle aumentado').
Mary Kingsley supo integrarse en 'el rincón', ha sabido mimetizarse con el éxito español y sabrá reemprender el viaje a su habitual puesto en el salón. Atesora, ahora que llegó el verano, la sensualidad de la piel, el calor, el sudor, el color del sol, el imperio del cuerpo,....
Es, en definitiva, un orgullo para su protector, viajero insatisfecho.

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8 de julio de 2010

Saramago 'blogger'

-Hoy, la entrada no es de 'viajes' es de 'admirador'-
Dijo Saramago en su discurso de aceptación del Premio Nobel:
La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron”.
Y este blogger [Viajero insatisfecho] piensa que lo dicho en aquel ambiente, para el portugués claramente hostil, falso y solemne, estaba muy alejado de su realidad como persona. Aunque sus personajes fueron muchos y muy variados, lo que le daría la razón.
Tal vez lo pronunció porque había que hacerlo (esto extrañaría a cualquiera) o por el aturdimiento del momento, pero si hay un escritor con más voces que Saramago, la academia sueca no lo encontrará entre sus insignes.
Seguro.
Saramago fue la voz de los pobres, de los boquiabiertos, peleones, insatisfechos, ‘aminatu haidares’; de los incondicionales, de los luchadores, rebeldes, ‘garzones’, amigos, ‘antiPPeros’. Luchó contra todo lo ‘luchable’ y apoyó todo lo ‘apoyable’. Nunca fue difícil encontrar en los periódicos un titular “Saramago apoya (bla, bla, bla)….”.
Un día, en uno de sus artículos, o en alguna referencia quizás, este viajero leyó algo semejante a “el discurso político es de ocultamiento”, que era, y es, una verdad sobrada, pero difícil de sintetizar de manera más clara en esas seis palabras. Por eso, este ‘nobel’ no se cubría las espaldas de su dignidad: acudía sin ser llamado, estaba sin importar la oportunidad. Su discurso vital no era de ocultamiento sino de transparencia interior.
¿Se podría llamar a esto honestidad?. Se podría.

Tal vez no fue muy conocido, pero comenzó a escribir un blog, El cuaderno de Saramago, poco visitado por este viajero (hoy, reconvertido en admirador) pero recuerda haberlo ojeado cuando decidió curiosear entre los blogs de personas con renombre. En aquella bitácora hablaba de cosas cotidianas, del día-a-día social, de lo escuchado y reflexionado en cualquier medio informativo. No parecía ser Saramago su sombra inductora pero -a este blogger- le consta que lo era, incluso, en su momento, se despidió de sus lectores con un "Adiós, por tanto. ¿Hasta otro día? Sinceramente, no creo".


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1 de julio de 2010

Polito y el corzo: Viaje a la libertad

Según este ya insistente y veterano blogger, Viajero insatisfecho, si un ‘post’ habla de viajes y libertad es en sí mismo una gran entrada. Una gran aportación al mundo y, sin pretender ser altanero, un sabroso broche de oro para el lector.
Este ‘post’ habla de un viaje a la libertad ¿hay algo más admirable y completo?
La historia arranca en un pequeño pero peligroso canal de regadío donde decenas, o centenares, de corzos encuentran su final al caer en él sin posibilidades de salir, ahogándose en sus aguas.
Uno de estos pequeños animales es recuperado, al borde de la extenuación, por un cercano (de familia) agricultor/ganadero local que, sin atender a sus elementales instintos pero sí sus sensibilidades, decide cuidarle con esmero. Aunque el pequeño corzo sigue asustado, dos o tres días de atenciones parecen suficientes para su completa recuperación.
Y ahí comienza el viaje a la libertad.
Carga al animal en su coche-furgón y en una explanada, al amparo milenario de unas piedras ya famosas (monasterio de San Miguel de Escalada), procede a cumplimentar su apuesta. Desata la cuerda, necesaria para el transporte, y deja al pequeño corzo sobre la hierba, bajo la oscura mirada de antiguas sombras de monjes y beatos. Continúa asustado; fuerte pero tembloroso. Ya sin ataduras, acecha tímido a su rescatador y cuidador que se encuentra cerca, a sus espaldas. No hace el más mínimo movimiento de escapar.
Pasan catorce minutos de adaptación, observación y espera.
De pronto, mueve sus músculos torácicos, yergue sus mustias orejas, ojea las cercanas piedras milenarias del famoso pórtico mozárabe y con un ágil salto inicia su carrera/viaje hacia la libertad.

¡¡Bravo ‘Polito’!!

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