24 de abril de 2014

El bello kudú

-Aquí se aprecia esa cierta capacidad mimética-

Uno de los antílopes más bellos de África es, sin duda, el kudú. Al menos, el viajero insatisfecho esta muy contento de la fotografía que abre esta entrada y que realizó en el Parque Nacional South Luangwa (Zambia). Su impresionante cornamenta, en espiral (parece un sacacorchos salvaje y bello) le convierte en uno de los trofeos más apreciados para los cazadores furtivos.
-Cornamenta del kudú-

Es un animal de gran tamaño, que puede llegar hasta un metro y medio de altura y pesar los trescientos kilos. A pesar de ello, suele camuflarse perfectamente cuando se sumerge en los bosques y zonas de matorral que constituyen su hábitat preferido. Allí, la inmovilidad (el de la fotografía no se movió en el minuto de observación) les hace prácticamente invisibles, a lo que colaboran las finas rayas blancas que recorren su cuerpo y desdibujan su figura.
La primera vez que tuvo ocasión de verle fue en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. De hecho, era el emblema del parque, reproducido en la gran mayoría de anuncios publicitarios, y, según parece, uno de los motivos por los que se preservó el parque.
Este antílope estuvo a punto de extinguirse, y lo pasó también muy mal en el propio PN Kruger cuando, por falta de hierba, comenzó a alimentarse de las hojas de jóvenes acacias. Éstas producen gran número de taninos, muy dañinos para el hígado de los animales.
Aún así, el kudú ha resistido y es bastante abundante por las grandes extensiones salvajes del sur de África.
Copyright © By Blas F.Tomé 2014

10 de abril de 2014

Los monjes coptos etíopes

-Monje etíope, en las calles de Bahar Dar-

Viajar por Etiopía era tener un permanente encuentro con los sacerdotes o monjes coptos que iban unidos a la antiquísima religión del país. Se ofrecían voluntariamente a ser fotografiados con un envidiable talante. Muchas veces extendían la mano, una manera de solicitar el correspondiente donativo; otras, hacían el gesto de la bendición con su cruz ortodoxa, y las más, se despreocupaban con una sonrisa. Y ahí, el enfrentamiento a estos personajes religiosos era muy diferente entre los etíopes y los extranjeros. Los primeros les guardaban un respeto rayano a la devoción, y a los segundos les parecían ideales para hacer una bonita y original, cada vez menos, instantánea.
¡Eran tantos y de tantos tipos!.
-Monje etíope, en Addis Abeba-

La comunidad religiosa entre los ortodoxos etíopes era muy complicada. Constaba de sacerdotes, dabtaras, monjes, monjas y diáconos. Unos se encargaban de la enseñanza religiosa y las funciones administrativas; otros habitaban en los innumerables monasterios. Unos, eran célibes y, otros, se podían casar. Podían ser elegidos obispos, o no.
Algunos, sospecha este mochilero, se vestían como tales y mantenían una espiritualidad muy pero que muy sui generis [primera fotografía].
Una complicación.
Por la calle, y a las puertas -y en el interior- de los monasterios rondaban como las abejas liban. Merodeaban por los templos en Addis Abeba, por los monasterios del Lago Tana, por las iglesias de Lalibela,... Eran simpáticos, poco tímidos y cargados de paciencia con los pesados extranjeros y viajeros.
No eran como los sadhus hindúes pero, a veces, al encontrarles mantenían ese aire de ascetismo que cuando uno se topaba con el siguiente se encargaba de desmoronar.
La mirada del viajero insatisfecho para con ellos siempre estuvo cargada de comprensión.
-Monje etíope, en los monasterios del Lago Tana-

-Monje etíope, en los monasterios del Lago Tana-

-Monje etíope, en las iglesias de Lalibela-


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1 de abril de 2014

La otra artesanía africana

En la artesanía africana, que todo el mundo conoce, hay muchas muestras de arte incorporado a la vida cotidiana, siendo fácil encontrar en las viviendas africanas objetos de arte, pinturas o esculturas, luego adquiridos por los viajeros para decorar interiores y exteriores. Han sido los objetos y utensilios de la vida diaria, los elementos donde el africano manifestaba la creatividad artística. Con el avance del turismo, esos artículos se han repetido y repetido, elaborado y elaborado, decorado y decorado hasta la saciedad. Todos conocemos los batik, o telas pintadas de colores naturales; las cestas, arte antiquísimo en África, elaboradas -normalmente por las hogareñas y trabajadoras mujeres- con funcionalidad y bellas formas y colores; bandejas, cuencos y utensilios domésticos, por lo general de madera, también de calabaza; las esculturas de madera, estilizadas, finas y pulidas, o las bellas reproducciones de hipopótamos, jirafas o elefantes. Creed al viajero insatisfecho que estas últimas son, en todos los países, las mismas, esculturas estilizadas y pulidas, trasladadas sin fronteras de país a país. Siempre dice, en tono crítico, elaboradas por los chinos y, por consiguiente, malas.
O eso sospecha.
Pero hay otras, las que se encuentran en los mercados locales que nada tienen que ver con la llamada del turismo, sino que son utilizadas por humildes personas o las más tradicionales tribus y pueblos, en lejanos poblados selváticos o en los áridos peregrinajes por los desiertos.
Aquí van dos ejemplos de la otra artesanía africana, lejos de objetos tradicionales y arraigados en la cultura de una determinada tribu:
Cubos de goma, confeccionados (y cosidos con esmero) con las cámaras de las ruedas de grandes camiones, apropiados para sacar agua de un pozo y transportarla a lomos del camello hasta los lejanos hogares. La foto está tomada en el mercado de la ciudad de Malanville, Benin, en la ribera del Níger pero, también, aledaña al desierto.

Sandalias 'a lo nike’, recortadas con destreza de las diferentes capas de las llantas de vehículos pesados (¡¡Nike, son Nike!!, les dijo en broma este mochilero a los artesanos que las trabajaban. Respondieron con gestos, risas y alegres expresiones en su idioma local). La foto está tomada en Chipata, Zambia, en la frontera con Malawi.


Copyright © By Blas F.Tomé 2014