27 de diciembre de 2012

Volando hacia el lago Nokoué


Como lo suele hacer el amigo ‘Paco Nadal’ cuando sale para uno de sus múltiples viajes, el viajero insatisfecho, con ánimo de imitar, va a hacer lo mismo: “Cuando leáis este ‘post’, si es que lo hacéis en el momento de ser lanzado a la blogosfera, estaré volando hacia.…. el lago Nokoué”. Como no ocurrirá tal, y lo leeréis cuando os apetezca, tal vez ya conozca el lago.
O, tal vez, no.
Va con su destrozada espalda dándole gritos de protesta pero va.
Del lago -el mochilero tiene mínimas referencias- viven varios poblados lacustres en sus casas de tejados de paja o, menos emblemáticos, de latón. Sus pobladores son descendientes de la tribu ‘tofinu’ que huyó hace muchos años del dominio de los ‘fon’, que eran esclavistas. A los ‘fon’ su religión les prohibía entrar en las aguas, de ahí que el poblado perseguido las utilizara para resguardarse.
África es así. Llena de huídas, capturas, villanías, dominios, cuentos, matanzas, guerras, hambre, vudú,……
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18 de diciembre de 2012

Calles sin nombre


Este iluso siempre pensó que viajar prolonga la vida. Se llena de rostros y paisajes, conversaciones incomprensibles y silencios, de voces y de horizontes en penumbra. Llueve y se marchitan las plantas, el viaje convierte al viajero en un ser extraño, o no.  No todo lo que ve son ‘murallas chinas’, ni ‘torres eiffel’, ‘petras’, o ‘ciudades eternas’, también hay llanos caminos por recorrer, o infinidad de cosas por disfrutar, no necesariamente extraordinarias.
El viajero insatifecho cree que estas son las mejores.
Al fin y al cabo detrás de cada viaje hay una vivencia, real o imaginaria; un sueño por cumplir o ya soñado y vivido. No tiene por qué ser un sensacional enclave al estilo ‘machu picchu’ sino que puede ser un anodino paisaje como el que pueda surgir al abandonar cualquier ciudad. O una calle que avanza entre baratijas y tiendas, donde hay objetos por todas partes, colgados de las paredes, de los postes, de las ventanas enrejadas. Hay pulseras artesanas de vivos colores, fruta variada y mal colocada, pañuelos de tela, de lana zurcida y de llamativos colores, cazuelas de barro y madera, bolsas con 'chuches', y sombreros de paja o de tela. Cajas de cartón, apiladas, botellas de plástico suspendidas de la rama de algún árbol. Sacos llenos de patatas o cebollas moradas, o medio vacíos, por abandono.
Edificios con techos de latón.
Personas que pasean, venden, compran o, simplemente, viven.
Llanos caminos de vida que no conceden un minuto de tranquilidad. Recorrer esas calles sin nombre también genera una vivencia y prolongan la vida.


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9 de diciembre de 2012

Paraíso kuna

El archipiélago de San Blas, en Panamá, es el ‘paraíso kuna’. Claramente amenazado por el nivel del mar debido al calentamiento global y la contaminación de algunos países, en este territorio isleño (365 islas e islotes -dicen-) habitan los indios ‘kuna’ de la misma forma en que sus antepasados lo hicieron, negociando cocos y pescando cangrejos y langostas a bordo de canoas de madera con velas talladas por sus propias manos, llamados"cayucos", embarcaciones que tratan con mimo y decoran con cariño (primera fotografía).
Aunque ahora esta verdad es relativa pues el turismo, aparentemente sostenible, les deja buenos ingresos a estos indígenas que han sabido conservar sus tradiciones y resistirse a ser absorbidos, incluso por el propio Panamá que les ha otorgado una gran autonomía.
Tres inquietos días pasó allí el viajero insatisfecho.


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2 de diciembre de 2012

La casa Mandala


El trayecto de Lilongwe, capital de Malawi, a Blantyre lo hizo en un moderno autobús, quizás el mejor transporte que había cogido en África. Era caro para el nivel en que se movían los transportes en el país, pero compensaba esa mínima comodidad y el breve relajo, después de las múltiples montoneras de gente que antes había sufrido en los trayectos en Tanzania y, también, en Malawi.
Cuando aterrizó en Blantyre, una tarde de finales de septiembre, aburguesado ya por el excelente bus, le desconcertó, al bajar, el abigarrado ambiente, tensado ya africano. Aunque, siendo sinceros, como en cualquier otra ciudad del entorno.
Recuerda la ‘guest-house’ en la que pasó dos noches como un hermético ‘resort’ -antipedigüeños- para mochileros.
Pero de eso iba el viajero insatisfecho, de mochilero.
A la mañana siguiente, como un náufrago en medio de un mar de cemento, puestos de comida, charcos, venta ambulante, ruido y humo decidió visitar la afamada casa Mandala del gobernador, erigida en 1882, que el libro-guía considerada el edificio más antiguo del país.
Puessss….., le pareció muy cotidiano, de la rutinaria época inglesa (fotografía).
Era un edificio colonial de entonces donde el gobernador, o el empresario de turno, dedicaban sus esfuerzos a las manufacturas y mostraban su cara más vil al esclavizar al negro local.
Aquella balsa de historia que era el edificio, le transportaba al siglo XIX cuando unos misioneros escoceses se trasladaron a la zona, lo que atrajo la atención de otros comerciantes europeos por su saludable y estratégica ubicación. Así surgió la ciudad.
La altitud del lugar (1.400 metros) mantenía un poco a raya el temido contagio de malaria.
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