26 de diciembre de 2014

El infierno, en época reciente

El nuevo viaje es inminente. El otro día estuvo oteando en la librería “De viajes” (han cerrado su preferida: Altäir) y encontró la guía que necesitaba. En la contraportada, se podía leer “bienvenidos a un país con una historia inspiradora y a la vez terrible, y un futuro todavía en construcción. En este país se podrá ascender al reino de los dioses en Angkor Wat, o descender al infierno de los jemeres rojos y a su máquina de matar”.
Todos los lectores conocerán ya el destino del viajero insatisfecho: Camboya.
Es, sin duda, uno de los lugares que ansiaba disfrutar desde hacía mucho, mucho tiempo pero su insistencia en seguir descubriendo y palpando la realidad africana se lo había impedido. Ha llegado el momento de hacerlo pero no sabe a ciencia cierta si es ‘su momento’. Lleva su mochila emocional cargada de sentimientos y no precisamente son los mejores acompañantes de la ruta. En todo caso, lo hará.
Seguro que la gente simpática camboyana de la que todo el mundo tan bien habla, harán de su estancia allí un recuerdo imborrable.
Es uno de los sitios donde va más documentado. Ha tenido tiempo de ojerar varios ‘blogs’ pero aún no sabe si le ha venido bien a sus ilusiones, o todo lo contrario. Sueña con un empalago -aunque no hastío- de los sentidos, con las motocicletas zumbando por las callejuelas de las grandes poblaciones, con los inmensos mercados -o los mercados callejeros- desprendiendo olores penetrantes y, como no, con un cierto aroma de supervivencia o -diría más- de explotación y pobreza.
Volará en fin de año, e iniciará el nuevo en un tierra diferente aunque no hostil.



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1 de diciembre de 2014

Emperador etíope

Trono del emperador Haile Selassie, en el Museo Nacional de Ethiopía

En su penúltimo día de estancia en Etiopía, el viajero insatisfecho visitó, en Addis Abeba, el Museo Nacional. Que nadie se imagine un ‘museo del louvre’ o un ‘museo del prado’. No, no, algo muchísimo más humilde y discreto pero para el pueblo etíope muy importante. Allí se guardaba el auténtico trono de Haile Selassie, el Emperador etíope, autoproclamado ‘Rey de reyes’. Cuatro palabras para hablar del Emperador de Etiopía, tomadas prestadas de Kapuscinski, uno de los periodistas-viajeros mito, que conoció al detalle el acto de su coronación:

  • Etiopía era un país extremadamente pobre, una tierra feudal, atrasadísima. Vivía en un verdadero y profundo medievo. La esclavitud era una realidad todavía muy concreta. Y el Emperador, en algunas cosas un hombre moderno, era de veras una figura surgida directamente de esa Edad Media. Su poder era despótico y absoluto. Sus costumbres, sus vestidos, su protocolo eran propios de una corte medieval. Haile Selassie sabía que no podía desafiar a su aristocracia. Formaba parte de ella, aquellos feudatarios eran el pilar de su poder: el Emperador ni podía ni tenía intención de cambiar las instituciones feudales de Etiopía. Era un hombre despiadado: quien se oponía a él, era condenado. Quien desafiaba al Emperador era asesinado. Tras el intento de golpe de Estado de 1960 (promovido por su Guardia Imperial), su represión no conoció la clemencia: mató a todos los rebeldes, incluidos sus colaboradores más cercanos” (Ryszard Kapuscinski).
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9 de noviembre de 2014

Mercado de Malanville


El viajero insatisfecho paseó por el mercado de Malanville, última ciudad de Benín, frontera de Niger, antes de atravesar el río del mismo nombre. El mercado era una verdadera confluencia de mercancías venidas de Niger, Nigeria, Burkina Faso y Benin. Un mercado minorista inmenso, a lo africano, tan parecido a otros mercados de la zona aunque a muchos recordará los zocos marroquíes. Callejuelas estrechas, hacinamiento de gente, olores indescriptibles, calor y, sobre todo y lo más sorprendente, un ordenado caos. No dejaba de sorprender, después de conocer varios países de este singular continente, los mercados, los bazares, los escaparates, los tenderetes,.... Todo parecía abarrotado, atestado, apelotonado, abigarrado de objetos, ropa, frutas, verduras, montones de especias, ajos, tubérculos, hojas secas de algún árbol zonal, utensilios, mijo, más ropa, herramientas, recipientes de latón,... y año tras año, pareciera que aquello no paraba de crecer. Había bolsas de todos los colores llenas de productos dispares: una mezcolanza sinfín. Tenderetes destrozados con viejas lonas descosidas o plásticos rotos, y polvo, mucho polvo.
Y calor, mucho calor.
Confluencia también de razas y colores en el mercado de Malanville. La cercana frontera de Niger atraía a los tuareg del desierto, a los songhay nigerinos o a los fulani benineses; prevalecía el color azul-tuareg, el marrón y negro del desierto o los chillones colores africanos. Los jóvenes llevaban camisetas del Barça, David Villa o Messi; las mujeres, con el cabello tapado, enseñaban su cara de tez morena, a veces bella (las más), y de bonitos ojos negros.
Cientos y cientos, miles de productos, sombreros, sacos de mijo -a montones- y baratijas chinas (China ha invadido con sus productos baratos, salidos de la permanente explotación laboral, los mercados de medio mundo; de África en especial). Se exhibían sobre estrados de madera, en el suelo, colgados de alambres que a su vez colgaban de viejas vigas, en repisas, encima de taburetes, sobre la tierra africana. Desértica.
Un ordenado caos.



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12 de octubre de 2014

Cosas que “no sabe hacer” (todavía)

-Estrellas de mar, en el fondo marino del archipiélago de San Blas (Panamá)-


El viajero insatisfecho -animado por una blogger que desprende simpatía, desparpajo, desenvoltura y vitalidad- va a tratar de salir de su encierro interior (emocional) y escribir algo genérico sobre viajes. Propone ‘dianamiaus’, en su blog, cosas 'que no sabe hacer’. Este mochilero leonés tratará de hacer un ‘meme’ y exponer lo mismo.

- No sabe….. Viajar en grupo.
Le exaspera estar condicionado por el puto-horario y, sobre todo, le crispa esperar siempre a la ‘misma pareja de tortolillos o estúpidos’ que llega tarde por sistema cuando el resto del pasaje lleva ya un buen rato esperándoles en el bus, barco, o similar.

- Bucear, y le encantaría hacerlo. Ha visto muchos fondos marinos increíbles haciendo únicamente ‘snorkeling’ (‘palabro’ inglés que procura evitar pero que hoy va a utilizar). ¡Perdón!. Y, a propósito, recuerda el baño superficial con gafas y tubo que hizo en la isla de Malapascua (Islas Filipinas): una maravilla.

- Arriesgar.
Bueno, tendría que precisar y explicarse. Si esta en un país con cierto ambiente nocturno-cutre-peligroso (al mochilero leonés le encanta la noche), prefiere no ser muy avispado y evita ‘lanzarse a la oscuridad-de-la-noche’ de manera inconsciente. En otros lugares lo hace.

- Apreciar el vino (ni lo intenta).
Es una aversión hacia los caldos ganada hace muchos, muchos años por no saber beber el día que finalizó COU, al emborracharse de vino-trallero en el ‘barrio Húmedo’ hasta llegar a la inconsciencia. Al día siguiente se convirtió en aversión. Lo repudia.

-En un descanso en Manica, Mozambique-

- Decir ‘no’ a una cerveza (ahí coincide con ‘dianamiaus’). Decir 'no' sería un problema añadido, y de problemas el mundo está lleno.

- Decir ‘no’ si prevé sexo. Y….

- Mentalizarse que tiene que visitar Roma (la Ciudad eterna) o 'los Santos lugares' lo antes posible.
Es más cree, sinceramente, que no visitará ni ‘la ciudad eterna’ ni ‘los santos lugares’ en su ‘puta-vida’. Odia el turismo masivo y mucho más si va mezclado de un trasfondo de religiosidad come-cocos. Adora África, con sus pros y sus contras.

- Relajarse cuando viaja.
Siempre de un lado para otro. Hoy aquí, mañana, allí. Se levanta dispuesto a andar y se acuesta haciendo planes de movimiento para el día siguiente.

- Hablar inglés.
Se defiende, o se ha defendido siempre, pero le cuesta mucho mantener una larga conversación. Le falta vocabulario y le sobra vergüenza.

Gracias ‘dianamiaus’ por darle un pinchazo a un humilde mochilero y hacerle salir de su tristeza, y con ello, animarle a escribir estas líneas. Propone a 'nurianomada' y a 'carloselviajero'.


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6 de septiembre de 2014

Desesperado y triste

Desesperado como nunca, triste, acojonado, impotente ante la vileza del destino, el viajero insatisfecho también se quiere despedir en su ‘blog’ de su amiga del alma, de su chica,…., del amor más largo, pasional y fuerte de su vida.
No es una exposición pública de dolor, es un grito helado de insatisfacción.
Como no tiene ánimo para escribir -sin duda es necesario tenerlo para redactar una línea- va a utilizar unas palabras de despedida, atribuidas a García Márquez (no es seguro)que son -cree- una velada poesía:
"Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres...
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo."

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9 de agosto de 2014

Setas y hongos zambianos

-Puesto en el arcén, vendía 'hongos de Navidad'-
Sorprendía al visitar los mercados zambianos, al pasar delante de los puestos callejeros en las ciudades o al divisar los tenderetes en los arcenes la gran cantidad de hongos y setas de diversos tamaños y colores que existían. Sin duda, se fijó en ello por esa curiosidad convulsiva del viajero insatisfecho por las cosas insistentes o repetidas que se encuentra en el camino.
Dejándose uno llevar por la velocidad del bus, se divisaba, según amanecía, la sabana-selva como un manto húmedo y brillante verde. Ambiente natural y propicio que, recordando los puestos del mercado de Lusaka, le hacía pensar en las sabrosas setas que crecerían en los montículos termiteros, abandonados hace tiempo.
[Se acercó a aquel solitario termitero. La mañana anterior una lluvia calma pero testaruda había caído sobre el destrozado túmulo, donde crecían ya vigorosos arbustos salvajes y hierbajos. A su orilla, un árbol de varios lustros daba sombra a aquel montón de tierra rojiza. Al apartar las ramas caídas y más rastreras, un grupo de setas blaquecinas mostraron su generosidad natural. Arrancó dos de ellas y las miró].
Un sueño.
La ‘amanita zambiana’ era una de las más frecuentes en los tenderetes de la ruta. Originaria de la región, era la más popular e identificable, también conocida como ‘hongo de Navidad’, muy abundante alrededor de diciembre y principios de enero (época en la que estuvo por allí el mochilero), de ahí su nombre. En ocasiones, este hongo se secaba para su almacenamiento, pero sólo después de haberlo hervido y escurrido el agua.
-Puesto callejero, con setas de varios tipos-

Pero había otras en los puestos callejeros que le llamaban la atención por su colorido casi deslumbrante, amarillo y rojo intensos que atraía la vista. No eran los zambianos muy amables a la hora de dejarse fotografiar aunque consiguió alguna instantánea robada del mercadeo existente.
Supo, luego, que una de las mayores setas del mundo tenía su origen en los bosques zambianos: la vulgarmente conocida como ‘chingulungulu’.
No la vió.
-Puesto callejero en Lusaka-

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27 de julio de 2014

Un 'selfie' en 'la ciudad de la luz'

Torre Eiffel, París

Este es el ‘selfie’ de un mochilero en París. Un acto de rebeldía y arrogancia en ‘¡la ciudad de la luz!’. Sí, de arrogancia porque cree que en la rebeldía hay también mucha, mucha arrogancia.
De la positiva en este caso, por supuesto.
Unos turistas que, sin pretenderlo, le observaban por la espalda hacer el encuadre desde el otro lado del semáforo, al ponerse este en verde y pasar al lado del viajero insatisfecho le miraron con voluntaria insistencia, casi con desprecio. ¿De qué nacionalidad eran?. No lo sabe, ni parece que hubiera alguna diferencia dependiendo del país. No entendían el ‘selfie’ que se estaba elaborando; no entendían nada del sinsentido de aquella instantánea.
¿Lo entenderán los bloggers?.
Ya había hecho otros en el ‘downtown’ de Manila o en el de Panamá City, y en otras grandes ciudades plagadas de rascacielos y monumentales ‘skyline’, pero este enclave le parecía especialmente significativo.
Irreverente, diría.
Un lugar mítico del turismo internacional.
Si algún día, en la vejez, quizás, fuese a Roma (¡la ciudad eterna!), lo repetiría. O a Shangai (¡la puta de Oriente!), por ejemplo. Aunque ya la conoce.
Solamente es un ‘selfie’ en París.


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18 de julio de 2014

Circuncisión masculina

-Circuncisión masculina-

Circuncidar a los hombres de manera rutinaria en toda África podría prevenir millones de muertes causadas por el sida, según un estudio elaborado por investigadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros colegas, destacado por varios medios de comunicación hace unos pocos años.
Entendemos por circuncisión la práctica quirúrgica para corregir la fimosis. Según los científicos, la operación ayuda a reducir el riesgo de infección porque el prepucio está cubierto de células a las que parece que el virus puede infectar fácilmente. Además, el virus también podría sobrevivir mejor en un ambiente templado y húmedo como el que se encuentra debajo del prepucio. Éste es el argumento que explicaría el efecto beneficioso de que los hombres se circunciden, y que, por otro lado, evitaría el contagio a sus parejas. ¿Qué pasaría si todos los africanos se circuncidasen? Se evitarían unos dos millones de infecciones, pues según los modelos matemáticos utilizados por los investigadores, si en los próximos 10 años todos los hombres en el África subsahariana estuvieran circuncidados se evitarían unos dos millones de infecciones y unas 300.000 muertes.
Hasta aquí esta información podría ser hasta cierto punto peligrosa ya que con ello parecería que los científicos dan carta libre a las relaciones sexuales libres y desprotegidas, lo que supondría un hecho realmente penoso para la sociedad africana. El viajero insatisfecho paseaba torpe por Chipata, Zambia, cuando sacó la fotografía que acompaña a esta entrada, a la vez que por su cabeza pasaban estos recuerdos y pensamientos.
La acción de la circuncisión debe ir acompañada en África de una detallada información. En numerosas partes de este continente, la circuncisión ha ido unida a los ritos ancestrales de numerosas tribus, por ejemplo, los masai. Aprovechar esta tradición  para evitar un mayor número de contagios del sida podría ser positivo. Pero ¿dónde está la realidad y dónde comienza la inconsciencia que ha demostrado en muchas ocasiones la sociedad africana?. Con estas informaciones sobre avances parciales en la lucha contra el VIH ¿no lo complicarán más los científicos?.
No ha vuelto a leer información alguna al respecto, pero aquí queda esta reflexión y esta fotografía.


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8 de julio de 2014

La cabaña-machete

-Entrada al palacio del antiguo rey Glelé (Abomey)-

Abomey era una de las grandes ciudades históricas de Benín, capital de un reino africano que duró casi 300 años. Un reino que fue derrotado, pero no vencido, por las ansias expansionistas coloniales, en este caso, de Francia. Para observar la singularidad de este antiguo reino, o al menos captar un poco su esencia, era necesario visitar el conjunto palaciego de esta ciudad compuesto por unos 12 palacios aledaños, aunque no todos visitables ya que la escasez de dinero hacía imposible su mantenimiento y restauración.
El día de la visita del mochilero coincidió con una reunión de princesas [algunas, en la primera fotografía], en la actualidad un título simbólico, descendientes de anteriores reyezuelos del reino de Dahomey. Se movió entre ellas con descaro, carente del respeto que en otros tiempos hubiera sido impuesto y necesario. En aquel momento era el único 'blanco' en palacio y le permitieron todo tipo de fotografías aunque, de vez en cuando, algún 'listillo' y patoso le conminara, con cierta insolencia, a pasar por caja.
No lo hizo.
La estructura de todos los palacios era similar. Cada edificio estaba rodeado de murallas [se aprecian en la primera fotografía], articuladas alrededor de tres patios: el exterior, utilizado para las ceremonias religiosas y desfiles, otro interior que daba acceso a distintas dependencias, y un tercero, privado, por el que se entraba a la habitación del rey y a la residencia de las reinas. Los materiales empleados en la construcción se reducían al adobe para los muros, paja para las techumbres y madera para la carpintería de ventanas y puertas [fotografía]. Estos materiales endebles oponían poca resistencia a las inclemencias meteorológicas, lo que provocaba un deterioro constante de las construcciones, que unido a la falta de recursos del gobierno de Benín, amenazaban seriamente su integridad.
-Madera, en puertas y ventanas-

Al viajero insatisfecho le llamó la atención, dentro de una exposición temporal ubicada en uno de los patios del palacio del antiguo rey Glelé, una de las composiciones esculturales: una cabaña construida a base de machetes africanos, de artista desconocido, que evocaba la liberación esclavista en África y, también, el fin de los enfrentamientos de hutus y tutsis, según le dijeron.
Hasta hoy es necesario recrear, para no olvidar, esa realidad lejana, aún no superada, de la esclavitud y la opresión.
-Cabaña machete-


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27 de junio de 2014

Un guardia civil en la selva

Por casualidad, bueno, por una casualidad provocada, cayó en manos del viajero insatisfecho el libro “Un guardia civil en la selva”, de Gustau Nerín. Le costó comenzar a leerlo porque no tenía una curiosidad excesiva en conocer hoy en día este fragmento del territorio africano: Guinea Ecuatorial
Pero, ¡qué leches!, ¿y la historia?.
Además, el título no era muy atrayente aunque, una vez leído, pudo ser al menos, cree, oportuno.
Es un libro sensacional, muy apropiado a lo que quería leer y, sin duda, clarificador. En ciertos momentos de la lectura le recordaba los ‘ingeniosos' (¿lamentables?) hechos protagonizados por el Rey Leopoldo de los belgas, en tierras del Congo.
Va a recoger un fragmento que describe las curiosas (¿lamentables?) reacciones de una época [primer cuarto del siglo XX] ante el hecho colonizador:
Al enterarse de que la Guinea Continental ya estaba preparada para la explotación, ciertos grupos de presión españoles fundaron grandes compañías para tratar de apoderarse de todos sus recursos […] Al final, la presidencia del Gobierno desestimó las solicitudes de las grandes compañías, pese a haber sufrido grandes presiones por parte de algunos grupos financieros […].
La conquista del Muni dio lugar a otras iniciativas, algunas eran muy pintorescas (los europeos tenían la fea costumbre de exportar sus ideas más peregrinas a otros continentes). Nuñez de Prado, gobernador general de la colonia, pensó en enviar grupos de gente de las distintas provincias españolas a varios lugares de Guinea y ofrecerles tierras para que las trabajasen con braceros chinos; así, con la ayuda de los culis, en cada zona de Guinea se reproduciría el espíritu de cada provincia española. El superior inmediato del gobernador, el general Jordana, también tenía una propuesta curiosa: distribuir el territorio entre los militares jubilados, tal como lo hacían antaño las legiones romanas. Mientras tanto, algunos claretianos [monjes] proponían la creación de pueblos cristianos dirigidos por misioneros, en los que los conversos fang [la tribu predominante en la zona] vivieran según la moral cristiana y se dedicaran al cultivo del cacao (una especie de paraíso terrenal con vocación chocolatera). El ultraderechista doctor Albiñana proponía colonizar la selva mediante la deportación a la colonia de catalanistas e izquierdistas, entre otros “connacionales que desprestigian a España” [Si Artur Mas hubiera vivido entonces, el doctor Albiñana lo hubiera mandado de colonizador guineano. Seguro].
El propio Primo de Rivera [dictador español de entonces, uno más] se planteó la posibilidad de emplear Guinea como colonia penitenciaria, al igual que Francia hacía con la Guyana”.
Al leer este libro ¡cuánto se acordó del otro gran libro “El fantasma del Rey Leopoldo”, que describe la cruenta colonización del Congo belga!. Por otra parte, muy criticada.
No se debe olvidar que España también puso su ‘grano cruento’ en territorio africano. Este libro lo describe.
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17 de junio de 2014

Un gran río

-El fornido negro protagonista del 'post', acuclillado en la barcaza que cruza el Zambeze-

Era la segunda vez que cruzaba el
río Zambeze en una barcaza para personas y vehículos, incluídos los pesados. La primera vez fue hace años en el viaje por Mozambique, en el trayecto en bus entre Beira y Quelimane. Aquel paso del río ya lo dejó hace tiempo escrito en un breve ‘post’. El paso de ahora, más al norte y más cerca de su nacimiento, era menos espectacular, aún así le han quedado bellos recuerdos de aquella travesía. Viajaba en un minibús desde Seseke, en la frontera con Namibia, a Mongu, en el centro de Zambia. Un minibús de indudable procedencia china pero apodado ‘rosa’ como figuraba escrito en su parte anterior y posterior. ¿Qué hacía el viajero insatisfecho viajando en un minibús chino, apodado ‘rosa’, por un país africano, Zambia, con visibles herencias inglesas (por ejemplo, su idioma)?.
Contradicciones del viaje.
-Autobús de procedencia china, apodado 'rosa', en la barcaza- 

La pasión y la admiración de los zambianos por su río Zambeze se apreciaba en sus comentarios (“¿no has estado en el nacimiento del Zambeze?; vete, es toda una experiencia”, le dijo un veterano profesor local de historia), en sus actos (bebían su sucio agua como si fuera el mejor brebaje local), o en sus silencios (mientras la barcaza atravesaba el río, se mascaba el silencio entre todo el pasaje).
Aquel fornido negro se bajó, como todos los ocupantes, cuando el vehículo comenzó a subir a la barcaza. Ya en mitad del cauce, se acuclilló en el borde y con decisión lavó su cara, cabeza y cuello; bebió, sirviéndose de sus manos, varios sonoros sorbos del líquido elemento, y llenó una botella de plástico que entregó más tarde al conductor del minibús. Éste, no dudó un momento en darse un largo trago.
Es sin duda uno de los grandes ríos africanos. Nace en la frontera entre Congo y Zambia, atraviesa este último país de arriba abajo, recorre luego el norte de Zimbabwe y desemboca en el Océano Índico después de cruzar todo Mozambique.
Es, a veces y en ciertos tramos, frontera natural entre países: Zambia-Namibia, Zambia-Botswana, Zambia-Zimbabwe, y es, históricamente, el río por excelencia del ‘explorador Livingstone’. Forma, de manera natural, las cataratas Victoria y, de manera artificial, el lago Kariba.
Un gran río.
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8 de junio de 2014

Anécdotas / Chipolopolo


La Selección de fútbol de Zambia representa, como su nombre indica, al país de Zambia en el deporte rey. Antes de la independencia, a los futbolistas se les conocía como los ‘KK-11’, por el presidente fundador Kenneth Kaunda, llamado cariñosamente ‘KK, que gobernó Zambia de 1964 a 1991. Cuando el país adoptó la política multipartidista, sus boys pasaron a ser apodados, también cariñosamente, ‘Chipolopolo’ (Las balas de cobre) pues es el cobre una de las exportaciones principales del país.
Todo ello genera recreaciones artísticas como la que el viajero insatisfecho retrató en uno de los muros de la ciudad de Livingstone.
En 'facebock' existe una página que se llama “Team Chipolopolo” que se define: “A todos nos gusta el fútbol. Vivimos, respiramos, y sudamos el fútbol. Así que hemos dedicado una página al mejor equipo, jugadores, dirigentes, juego y competiciones”.
Ahí es ‘’.
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1 de junio de 2014

Un icono arquitectónico


Era una mañana de paseos, turisteo y visitas holgazanas por La Rioja alavesa. Tenía ganas de conocer el edificio de Frank Gehry de la empresa Herederos del Marqués de Riscal, tantas veces visto en reportajes de vinos y documentales riojanos. Lo último que recordaba de este artista era el Museo de la Biodiversidad, de Panamá, que aún estaba en construcción.
Elciego -donde se ubica- se divisaba desde Laguardia, pueblo que relucía en lo alto de un pequeño cerro, donde el viajero insatisfecho se encontraba.
Debía de esperar un buen rato para visitar la bodega “El fabulista” y… ¿qué mejor pasatiempos que visitar Elciego?. Eran 6 kilómetros los que separaban ambos pueblos pero se hacían en un santiamén ¿o será mejor decir en un periquete?.
El edificio de Gehry era un original habitáculo de tejado luminoso, zigzagueante, lleno de curvas, de luz y color: el del vino. Desde lejos, los brillantes colores parecían cambiar (y lo hacen) dependiendo de dónde les llegue la luz. Más claro, más oscuro; menos brillante, más ceniciento. Dicen los expertos que “Gehry le dio a este revestimiento tres tonos característicos de la bodega Marqués de Riscal. Tonos rojizos similares a los del vino, el dorado de la malla empleada por la bodega y el plateado de la cápsula de la botella”.
No se.
Tiene tal ubicación que desde el pueblo se divisa con dificultad en su amplitud, aunque, eso sí, los tejados curvilíneos se podían ver desde cualquier sitio. No intentó visitar el inmueble, era más la emoción de admirar tal edificio singular rodeado de viñedos. Paseó un rato, sacó varias fotos malas, intentó otras mejores y, después, abandonó el lugar.
Este icono arquitectónico allí quedó.


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23 de mayo de 2014

Un viajero ‘selfie’, en La Rioja

Una calle de Laguardia

Como regalo al segundo premio del concurso de selfies, en ‘El viajero: un viaje de dos días a La Rioja. Por libre. A tu aire. Teniendo como base logística Logroño, el curioso viajero tuvo oportunidad de conocer otros lugares y desplazarse por sus alrededores.
Laguardia, en La Rioja alavesa, era una de los puntos más característicos de esta región vitivinícola. Su enclave era una delicia: situada en una pequeña elevación se ha mantenido a través de los años con exquisito cuidado. Ciudad amurallada y empedrada, de calles estrechas y complicada estructura, toda ella horadada de bodegas (320) como si de un queso gruyère se tratara.
Entre las bodegas soterradas, destacaba la bodega El Fabulista, situada bajo el palacio de los Samaniego y lugar dónde Félix María Samaniego –según la guía parlanchina- se inspiraría para escribir sus obras literarias. Algunas de las fábulas del escritor formaban parte del actual etiquetado de sus vinos. Etiquetado, por cierto, un poco llamativo y hortera.
La bodega contaba con 2 lagares a la entrada en los que se producían anualmente 32.000 litros de vino, de forma artesanal, pisando la uva a base de furia humana y pies 'trotones' calzados en botas de goma. El vino producido en esta tradicional bodega, partiendo de mostos de maceración carbónica, pasaba a envejecer, en algunos casos 15 meses, en barricas de roble francés y americano.
Según decían, una exquisited.
Asimismo adornaba la entrada una despalilladora, raro elemento que para un neófito como el mochilero leonés era un artilugio antediluviano. La bodega propiamente dicha, se encontraba a siete metros de profundidad, conformada por tres calados paralelos. Uno de ellos era de elaboración, el otro de crianza (con gran cantidad de barricas de roble) y el tercero estaba preparado para la degustación y cata de vinos.
Despalilladora
Ahí, no participó.
El viajero insatisfecho no aprecia los caldos.
Este tercer hueco era el más elegante del recorrido, también el más seguro ya que contaba con las arcadas de ladrillo y piedra que afianzaban el pasillo.
Para evitar la contaminación con los gases tóxicos de la maceración, estos túneles contaban con luceros de ventilación. Era fácil imaginar lo que ocurriría allí, tal y como bien supo explicar la guía, de no existir aquellos estratégicos agujeros.
No obstante, bajar a la tradicional bodega reportó al viajero tranquilidad, sosiego y paz, algo que sin duda habría sido imposible encontrar en bodegas nuevas, plagadas de acero y apoyadas por las más modernas tecnologías.
Mereció la pena, un poco la pena.


El tercer túnel, de cata

Copyright © By Blas F.Tomé 2014

15 de mayo de 2014

Un ‘selfie’ viajero

'Selfie'
Esta fotografía ha merecido el segundo premio de selfies, en El viajero” de El País. Por la originalidad y, sobre todo, por su natural colorido, o eso le dijeron al viajero insatisfecho. En la comunicación telefónica de la modesta recompensa, explicó a la redactora curiosa el lugar donde fue tomada y las sensaciones. Esto fue lo que recogió en el pie de foto y que todo el que quiera puede leer en el anterior enlace:

Un 'selfie' de los otros
En la segunda foto ganadora, el viajero desaparece para mostrar el viaje. El destartalado autobús está en Etiopía. Va de las Cataratas del Nilo Azul al Lago Tana. "Viajar en un autobús así puede ser incómodo, pero es como se conoce de verdad un país", dice el autor, Blas F. Tomé, que se considera "un mochilero de toda la vida" y ha ganado una escapada a La Rioja por esta foto. "Soy un apasionado. Siempre viajo solo, al margen de los circuitos turísticos", dice. De aquel autobús recuerda "el calor, el sudor y el polvo". "El trayecto es por una carretera de tierra y la señora que iba detrás de mí (camisa con rayas, en la foto) me pedía que no me moviera pues iba a aplastar los huevos que llevaba en una cesta al mercado de Bahar Dar".

El mochilero acababa de visitar las cataratas del Nilo Azul: una decepcionante experiencia pues estaban secas, y la sensación de aquel ‘chorrillo’ de agua cayendo unos metros era hasta cierto punto ridículo. Pero…
No se arrepintió, eso sí. Todo lo que sea un diferente recorrido alimentaba el espíritu y la pasión del viaje.
Ya un poco agotado, tomó el camino de vuelta hacia la ciudad de Bahar Dar, a orillas del lago Tana. En ese autobús destartalado tomó el selfie, o lo que sea que hizo.

Copyright © By Blas F.Tomé 2014

4 de mayo de 2014

Los ‘gwembe tonga’

-Lago Kariba-
Cuando ya había tomado la decisión de visitar el embalse de Kariba (5.400 metros cuadrados), en la frontera entre Zambia y Zimbabwe, lo único que llegó a sus oídos de la zona fue: “mucho calor”. Una evidencia real nada más pisar las orillas del lago, el poblado de Siavonga. Un sofocante calor le tiraba a hacia atrás cuando avanzaba por aquella empinada calle que le llevaría al Lodge donde pasaría la noche.
Para llegar a Siavonga había que tomar en Lusaka un minibús, saturado de gente que sube y baja, y para y para hasta llegar al lejano destino. Nada de eso desanimaba al mochilero. Su sana curiosidad por esta presa tenía que ver con los desmanes que -según sus noticias- se habían producido durante su construcción. Conocía la problemática de la edificación de otra presa africana, el embalse de Akosombo, que forma el Lago Volta (8.500 metros cuadrados), en Ghana, y quería conocer de primera mano los problemas surgidos, hace ya más de 50 años, cuando este lago artificial ‘zambezí’ se formó.
No conocía muchos más detalles sobre el embalse de Kariba.
Ahora, si los conoce.
No conocía que para su construcción despejaron de la zona a 57.000 miembros de la tribu ‘gwembe tonga’, que fueron reasentados en pésimas condiciones en una zona árida y de duras sequías, en tierras de escasa fertilidad y con frecuentes plagas de mosca tse-tsé. No es que en España cuando se construye un pantano no haya gente que es expulsada de la zona [conoce de primera mano la expropiación de la zona de Riaño, en León, en pasadas épocas] pero en los casos africanos las injusticias son más lapidarias.
El objetivo principal de la presa fue proporcionar electricidad a las minas de cobre e industrias de la actual Zambia y Zimbabwe. Los ‘tonga’, cuyos antepasados siempre estuvieron asentados en estas orillas del Zambeze, no recibieron a posteriori ni electricidad ni agua del enorme embalse. Se resistieron al desahucio, pero sus lanzas y porras no podían competir con los rifles de la policía colonial.
La represión fue dura.
Durante los desalojos de 1958 (el viajero insatisfecho nacía entonces), las autoridades policiales quemaron hasta sus chozas para impedir que volvieran. Había comenzado la masacre del pueblo ‘tonga’. Aún continúa pues no reciben ayuda alguna de los gobiernos de Zambia y Zimbabwe, expropiadores principales de sus tierras.
-El conductor que le llevó posa ante el embalse-

El mochilero, cuando alcanzó la zona del embalse, vio como un chino vestido de obrero daba órdenes a unos locales que se movían alrededor de un camión de carga. Al preguntar entonces quién había construido la presa le dijeron que los chinos.
¡Date, lo que él pensaba!. 
Pero otra documentación consultada aseguraba que fueron empresas italianas. En todo caso, empresas coloniales que impusieron sus normas, al margen de las inquietudes y dignidad de los gwembe tonga.

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24 de abril de 2014

El bello kudú

-Aquí se aprecia esa cierta capacidad mimética-

Uno de los antílopes más bellos de África es, sin duda, el kudú. Al menos, el viajero insatisfecho esta muy contento de la fotografía que abre esta entrada y que realizó en el Parque Nacional South Luangwa (Zambia). Su impresionante cornamenta, en espiral (parece un sacacorchos salvaje y bello) le convierte en uno de los trofeos más apreciados para los cazadores furtivos.
-Cornamenta del kudú-

Es un animal de gran tamaño, que puede llegar hasta un metro y medio de altura y pesar los trescientos kilos. A pesar de ello, suele camuflarse perfectamente cuando se sumerge en los bosques y zonas de matorral que constituyen su hábitat preferido. Allí, la inmovilidad (el de la fotografía no se movió en el minuto de observación) les hace prácticamente invisibles, a lo que colaboran las finas rayas blancas que recorren su cuerpo y desdibujan su figura.
La primera vez que tuvo ocasión de verle fue en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. De hecho, era el emblema del parque, reproducido en la gran mayoría de anuncios publicitarios, y, según parece, uno de los motivos por los que se preservó el parque.
Este antílope estuvo a punto de extinguirse, y lo pasó también muy mal en el propio PN Kruger cuando, por falta de hierba, comenzó a alimentarse de las hojas de jóvenes acacias. Éstas producen gran número de taninos, muy dañinos para el hígado de los animales.
Aún así, el kudú ha resistido y es bastante abundante por las grandes extensiones salvajes del sur de África.
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10 de abril de 2014

Los monjes coptos etíopes

-Monje etíope, en las calles de Bahar Dar-

Viajar por Etiopía era tener un permanente encuentro con los sacerdotes o monjes coptos que iban unidos a la antiquísima religión del país. Se ofrecían voluntariamente a ser fotografiados con un envidiable talante. Muchas veces extendían la mano, una manera de solicitar el correspondiente donativo; otras, hacían el gesto de la bendición con su cruz ortodoxa, y las más, se despreocupaban con una sonrisa. Y ahí, el enfrentamiento a estos personajes religiosos era muy diferente entre los etíopes y los extranjeros. Los primeros les guardaban un respeto rayano a la devoción, y a los segundos les parecían ideales para hacer una bonita y original, cada vez menos, instantánea.
¡Eran tantos y de tantos tipos!.
-Monje etíope, en Addis Abeba-

La comunidad religiosa entre los ortodoxos etíopes era muy complicada. Constaba de sacerdotes, dabtaras, monjes, monjas y diáconos. Unos se encargaban de la enseñanza religiosa y las funciones administrativas; otros habitaban en los innumerables monasterios. Unos, eran célibes y, otros, se podían casar. Podían ser elegidos obispos, o no.
Algunos, sospecha este mochilero, se vestían como tales y mantenían una espiritualidad muy pero que muy sui generis [primera fotografía].
Una complicación.
Por la calle, y a las puertas -y en el interior- de los monasterios rondaban como las abejas liban. Merodeaban por los templos en Addis Abeba, por los monasterios del Lago Tana, por las iglesias de Lalibela,... Eran simpáticos, poco tímidos y cargados de paciencia con los pesados extranjeros y viajeros.
No eran como los sadhus hindúes pero, a veces, al encontrarles mantenían ese aire de ascetismo que cuando uno se topaba con el siguiente se encargaba de desmoronar.
La mirada del viajero insatisfecho para con ellos siempre estuvo cargada de comprensión.
-Monje etíope, en los monasterios del Lago Tana-

-Monje etíope, en los monasterios del Lago Tana-

-Monje etíope, en las iglesias de Lalibela-


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1 de abril de 2014

La otra artesanía africana

En la artesanía africana, que todo el mundo conoce, hay muchas muestras de arte incorporado a la vida cotidiana, siendo fácil encontrar en las viviendas africanas objetos de arte, pinturas o esculturas, luego adquiridos por los viajeros para decorar interiores y exteriores. Han sido los objetos y utensilios de la vida diaria, los elementos donde el africano manifestaba la creatividad artística. Con el avance del turismo, esos artículos se han repetido y repetido, elaborado y elaborado, decorado y decorado hasta la saciedad. Todos conocemos los batik, o telas pintadas de colores naturales; las cestas, arte antiquísimo en África, elaboradas -normalmente por las hogareñas y trabajadoras mujeres- con funcionalidad y bellas formas y colores; bandejas, cuencos y utensilios domésticos, por lo general de madera, también de calabaza; las esculturas de madera, estilizadas, finas y pulidas, o las bellas reproducciones de hipopótamos, jirafas o elefantes. Creed al viajero insatisfecho que estas últimas son, en todos los países, las mismas, esculturas estilizadas y pulidas, trasladadas sin fronteras de país a país. Siempre dice, en tono crítico, elaboradas por los chinos y, por consiguiente, malas.
O eso sospecha.
Pero hay otras, las que se encuentran en los mercados locales que nada tienen que ver con la llamada del turismo, sino que son utilizadas por humildes personas o las más tradicionales tribus y pueblos, en lejanos poblados selváticos o en los áridos peregrinajes por los desiertos.
Aquí van dos ejemplos de la otra artesanía africana, lejos de objetos tradicionales y arraigados en la cultura de una determinada tribu:
Cubos de goma, confeccionados (y cosidos con esmero) con las cámaras de las ruedas de grandes camiones, apropiados para sacar agua de un pozo y transportarla a lomos del camello hasta los lejanos hogares. La foto está tomada en el mercado de la ciudad de Malanville, Benin, en la ribera del Níger pero, también, aledaña al desierto.

Sandalias 'a lo nike’, recortadas con destreza de las diferentes capas de las llantas de vehículos pesados (¡¡Nike, son Nike!!, les dijo en broma este mochilero a los artesanos que las trabajaban. Respondieron con gestos, risas y alegres expresiones en su idioma local). La foto está tomada en Chipata, Zambia, en la frontera con Malawi.


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