27 de diciembre de 2012

Volando hacia el lago Nokoué


Como lo suele hacer el amigo ‘Paco Nadal’ cuando sale para uno de sus múltiples viajes, el viajero insatisfecho, con ánimo de imitar, va a hacer lo mismo: “Cuando leáis este ‘post’, si es que lo hacéis en el momento de ser lanzado a la blogosfera, estaré volando hacia.…. el lago Nokoué”. Como no ocurrirá tal, y lo leeréis cuando os apetezca, tal vez ya conozca el lago.
O, tal vez, no.
Va con su destrozada espalda dándole gritos de protesta pero va.
Del lago -el mochilero tiene mínimas referencias- viven varios poblados lacustres en sus casas de tejados de paja o, menos emblemáticos, de latón. Sus pobladores son descendientes de la tribu ‘tofinu’ que huyó hace muchos años del dominio de los ‘fon’, que eran esclavistas. A los ‘fon’ su religión les prohibía entrar en las aguas, de ahí que el poblado perseguido las utilizara para resguardarse.
África es así. Llena de huídas, capturas, villanías, dominios, cuentos, matanzas, guerras, hambre, vudú,……
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18 de diciembre de 2012

Calles sin nombre


Este iluso siempre pensó que viajar prolonga la vida. Se llena de rostros y paisajes, conversaciones incomprensibles y silencios, de voces y de horizontes en penumbra. Llueve y se marchitan las plantas, el viaje convierte al viajero en un ser extraño, o no.  No todo lo que ve son ‘murallas chinas’, ni ‘torres eiffel’, ‘petras’, o ‘ciudades eternas’, también hay llanos caminos por recorrer, o infinidad de cosas por disfrutar, no necesariamente extraordinarias.
El viajero insatifecho cree que estas son las mejores.
Al fin y al cabo detrás de cada viaje hay una vivencia, real o imaginaria; un sueño por cumplir o ya soñado y vivido. No tiene por qué ser un sensacional enclave al estilo ‘machu picchu’ sino que puede ser un anodino paisaje como el que pueda surgir al abandonar cualquier ciudad. O una calle que avanza entre baratijas y tiendas, donde hay objetos por todas partes, colgados de las paredes, de los postes, de las ventanas enrejadas. Hay pulseras artesanas de vivos colores, fruta variada y mal colocada, pañuelos de tela, de lana zurcida y de llamativos colores, cazuelas de barro y madera, bolsas con 'chuches', y sombreros de paja o de tela. Cajas de cartón, apiladas, botellas de plástico suspendidas de la rama de algún árbol. Sacos llenos de patatas o cebollas moradas, o medio vacíos, por abandono.
Edificios con techos de latón.
Personas que pasean, venden, compran o, simplemente, viven.
Llanos caminos de vida que no conceden un minuto de tranquilidad. Recorrer esas calles sin nombre también genera una vivencia y prolongan la vida.


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9 de diciembre de 2012

Paraíso kuna

El archipiélago de San Blas, en Panamá, es el ‘paraíso kuna’. Claramente amenazado por el nivel del mar debido al calentamiento global y la contaminación de algunos países, en este territorio isleño (365 islas e islotes -dicen-) habitan los indios ‘kuna’ de la misma forma en que sus antepasados lo hicieron, negociando cocos y pescando cangrejos y langostas a bordo de canoas de madera con velas talladas por sus propias manos, llamados"cayucos", embarcaciones que tratan con mimo y decoran con cariño (primera fotografía).
Aunque ahora esta verdad es relativa pues el turismo, aparentemente sostenible, les deja buenos ingresos a estos indígenas que han sabido conservar sus tradiciones y resistirse a ser absorbidos, incluso por el propio Panamá que les ha otorgado una gran autonomía.
Tres inquietos días pasó allí el viajero insatisfecho.


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2 de diciembre de 2012

La casa Mandala


El trayecto de Lilongwe, capital de Malawi, a Blantyre lo hizo en un moderno autobús, quizás el mejor transporte que había cogido en África. Era caro para el nivel en que se movían los transportes en el país, pero compensaba esa mínima comodidad y el breve relajo, después de las múltiples montoneras de gente que antes había sufrido en los trayectos en Tanzania y, también, en Malawi.
Cuando aterrizó en Blantyre, una tarde de finales de septiembre, aburguesado ya por el excelente bus, le desconcertó, al bajar, el abigarrado ambiente, tensado ya africano. Aunque, siendo sinceros, como en cualquier otra ciudad del entorno.
Recuerda la ‘guest-house’ en la que pasó dos noches como un hermético ‘resort’ -antipedigüeños- para mochileros.
Pero de eso iba el viajero insatisfecho, de mochilero.
A la mañana siguiente, como un náufrago en medio de un mar de cemento, puestos de comida, charcos, venta ambulante, ruido y humo decidió visitar la afamada casa Mandala del gobernador, erigida en 1882, que el libro-guía considerada el edificio más antiguo del país.
Puessss….., le pareció muy cotidiano, de la rutinaria época inglesa (fotografía).
Era un edificio colonial de entonces donde el gobernador, o el empresario de turno, dedicaban sus esfuerzos a las manufacturas y mostraban su cara más vil al esclavizar al negro local.
Aquella balsa de historia que era el edificio, le transportaba al siglo XIX cuando unos misioneros escoceses se trasladaron a la zona, lo que atrajo la atención de otros comerciantes europeos por su saludable y estratégica ubicación. Así surgió la ciudad.
La altitud del lugar (1.400 metros) mantenía un poco a raya el temido contagio de malaria.
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21 de noviembre de 2012

Aquella actuación / Madagascar

Al llegar a Mahajanga, después de un ajetreado viaje (ya contado) en un Peugot 504 lleno de gente, olores y polvo, procedente de Antananarivo, capital de Madagascar, aterrizó en un hotelucho de la ciudad. Cree recordar que fue el Hotel Valiha, pero no da un céntimo por asegurarlo. Si podría asegurar que estaba enclavado en un edificio colonial, de habitaciones baratas, con las sábanas tan húmedas y olorosas que en principio ni intentó tocar. Y eso que anhelaba dormir. Estaba derrotado, pero no le apetecía dar en la soledad de la habitación el último bocado a unos plátanos que llevaba en la mochila azul, comprados unos kilómetros antes de finalizar el largo, pesado  y traqueteante trayecto. Bajó al patio-terraza a compartirlos con unas risueñas, locuaces y gritonas prostitutas, más baratas, seguro, que la habitación del hotel.
Fue un atardecer diferente. La suave brisa que daba en la cara y adormilaba al viajero insatisfecho, movía también las hojas de un abandonado seto que hacía de divisoria entre terraza y la polvorienta calle de asfalto destrozado. Cuando el sol casi había caído en el ‘villorrio malgache’, rodeado como estaba de aquellas jóvenes negras que le ‘bailaban el agua’, no le sorprendió mucho la aparición de otro grupo de mujeres de bonitos tocados y llamativos vestidos tradicionales que danzaban al unísono, no sabe qué, en una plazoleta a escasos metros de donde estaba. Poco a poco, el son de los tambores, el baile y el gran grupo de mirones convirtió aquello en una actuación.

Sin duda, era día de fiesta en Mahajanga.
Esa sensación de bienestar, relajo y tranquilidad del viaje se apoderó del cansado mochilero encandilado por el ambiente, el jolgorio y la actuación. Si tuviera que elegir momentos, añadiría este a su pasión viajera.

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13 de noviembre de 2012

Las ‘cutarras’ de Panamá


Hace unos días recibía unas fotos de Panamá y, casualidades de la vida, un primer plano de unas ‘cutarras’ panameñas (segunda fotografía). Recordó entonces aquel viaje al país, y rememoró la conversación con aquel amable y curtido ‘tableño’ (de Las Tablas) en aquella céntrica y vieja cantina, que llevaba este calzado con gran naturalidad.
Las ‘cutarras’, convertidas en símbolo del trabajo y de la tradición del hombre de la región, tienen un origen antiquísimo (“hasta Jesucristo las llevaba”, dicen algunos), con multitud de modificaciones, variantes y usos. Ahora, según parece, hacen ‘cutarras’ con fijador o frenillo, sostén de lujo, entre otras, y grandes personajes del folclore panameño son expertos artesanos y contrarios a que esta tradición se pierda.
Frecuentemente fueron utilizadas como zapato de trabajo por el campesino panameño. Cuando los colonizadores españoles introdujeron el ganado a la región, aprovecharon el cuero para confeccionar este tipo de sandalia, que los nativos bautizaron con el nombre de ‘cutarra’.
Este viajero insatisfecho escuchó atentamente las explicaciones de aquel personaje ‘tableño’ sobre su fabricación, su tradición y su dificultad, y recuerda estos objetos con especial ternura. Hoy, muestra varias fotografías pero, sin duda, centra su ternura en la primera: ‘cutarra’ curtida, vieja y ya sudada pero sujeta a la realidad y sufrimiento de aquel pie campesino, quizás, albañil.


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4 de noviembre de 2012

El khat / Etiopía


-Campo de khat, cerca de las cataratas del Nilo Azul-

El khat es un arbusto (catha edulis), oriundo de Etiopía, o de Yemen, dependiendo de quien escriba la información. El caso es que sus hojas y tallos contienen “el estimulante vegetal más potente del mundo”, según este viajero insatisfecho había leído en sus rutinarias consultas. Por supuesto que esta afirmación le parecía, entonces, y le parece ahora de lo más exagerado.
Es una droga, según algunos textos, con fuertes efectos estimulantes. Se consume legalmente en Yemen, Somalia y Etiopía. Sus hojas se mascan sin dejar pasar más de dos días desde la recolección, de ahí que el reparto se inicie al amanecer y, mediante una aparatosa red de transportes, llegue a lugares muy dispares entre sí.
Este mochilero recoge textualmente una frase que pretende delimitar los efectos de esta droga: “Apenas se inicia la degustación, la intoxicación comienza a hacer efectos: desaparece el hambre y también la fatiga. Se pierde la noción del espacio y del tiempo. En cambio, surge una gran euforia parecida, muy parecida a la que provoca la cocaína eso sí, sin paranoia”.
Se queda estupefacto en su incredulidad.
Paseaba tranquilamente por la orilla del Abay River (más avanzado su curso mutará su nombre por el de Nilo River) cuando un jóven etíope le ofreció aquel manojo de hojas. No se perdió la experiencia. Se sentó en una especie de bar-terraza dentro de la espesura de la ribera y, según informaban todos los manuales expertos, mascó poco a poco las frescas y tiernas hojas que con mucho cuidado le iba preparando aquel joven (segunda fotografía), tragó su jugo mezclado con saliva y retuvo unos minutos, en un lado del carrillo, el bolo formado por las hojas masticadas. Luego, se lo tragó también. Tomó unos pocos frutos secos para matar el sabor a verdín y bebió un trago de té para edulcorar la boca. Repitió este ritual al menos unas veinte veces (tercera fotografíahasta finalizar aquellos tallos cargados de tiernas hojas de khat. Expectante, esperó sus efectos.
Nada de nada.
¿Qué se comió entonces?.
¿Hojas de ‘cardo borriquero’?
¿Le engañaron como a un principiante?.
Otro elemento/mito viajero más, echado por la borda.
Nota.: El 11 de noviembre de 2012, "El País" publica una amplia crónica sobre el khat o qat, en Yemen.

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25 de octubre de 2012

Bello día, bello Kruger


En Nelspruit (Sudáfrica) alquiló el transporte para visitar el cercano Parque Nacional Kruger sin saber que iba a estar acompañado, únicamente, por una joven simpática alemana y no por un numeroso grupo. Como acostumbra a viajar solo, no siempre puede permitirse este tipo de licencias. En cambio allí, todo aquel especial 4x4, equipado para ver y fotografíar, era para ellos dos, únicos ocupantes. Ah, y el conductor-guía que hablaba poco pero lo suficiente pues cosas limitadas tenía que contar al viajero que únicamente pretendía pasar el día viendo, en su hábitat, animales libres, por otra parte, casi todos ya conocidos. La temprana salida, antes del amanecer, de aquella aledaña población fue en medio de un fuerte aguacero, que anunciaba malos augurios para todo el recorrido. Pero fue despuntar la claridad en el horizonte y dejar de llover.
¡Arriba la rudimentaria capota del vehículo, y a respirar la suave y húmeda brisa matinal!.
El sol se mostraba completo por el horizonte cuando iniciaban la visita. A partir de ahí, una temperatura idónea hasta que abandonaron el parque a última hora de la tarde, después de una agradable visita, pero -¡casualidad!- un cuasi-diluvio les recibió, de nuevo, a la entrada de la ciudad de Nelspruit.
Era inmenso el Parque Nacional. Gozaba de todo tipo de animales africanos, los cinco grandes, entre otros, aunque era el kudu el símbolo y emblema -aparecía en todos los carteles- y también uno de los libres y agrestes protagonistas. De fácil recorrido, poseía una carretera asfaltada que lo atravesaba de un extremo al otro con multitud de ramificaciones, muy bien señalizadas, aunque a este viajero insatisfecho y a la simpática alemana eso no les suponía beneficio alguno pues el conductor-guía contralaba estos pormenores.
En su momento, se habló del Kruger como el más numeroso en cuanto a animales, harto improbable pues apenas se veían grandes concentraciones de mamíferos o antílopes, lo que si ocurría en otras áreas africanas visitadas.
Pero,……, un bello día.
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19 de octubre de 2012

Cuestión de estatus


Una sugerente fotografía.
Siempre le ha parecido al viajero insatisfecho una instantánea retórica, aleccionadora y con mensaje. Ha tardado en dedicarle una entrada porque le parecía más apropiada para un ‘fotoblog’ que para un ‘blog de viajes’.
¿A qué pájaro se le otorgaría el poder?.
Tomada a las afueras de la ciudad de La Palma, en Panamá, hace ya dos años, no describe el viaje ni siquiera el paisaje, analiza -cree- el interior del observador.
Ahí queda.
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14 de octubre de 2012

No fue en un viaje a la India


El 3 de septiembre, lunes, paseando con un colega por la calle Arenal, en Madrid, nos quedamos estupefactos viendo a estos budistas. La gente se paraba y muchos echaban una moneda pues el espectáculo no era corriente.
Días más tarde descubrí el truco en Internet, que todo lo sabe, y se desvaneció la ilusión.
-El Porras-

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7 de octubre de 2012

El espíritu del Rey de Reyes / Etiopía


-Catedral de St. George / Addis Abeba-

Haile Selassie fue coronado el 2 de noviembre de 1930 en la catedral de St. George, de Addis Abeba. La coronación fue, en todos los sentidos, "el asunto más espléndido" en aquellos años, al que asistieron miembros de la realeza y dignatarios de todo el mundo. Entre ellos, se encontraban el hijo de George V, el príncipe Enrique, y emisarios de Estados Unidos, Egipto, Turquía, Suecia, Bélgica y Japón.
El autor británico Evelyn Waugh también estuvo presente. Si algún lector-blogger quiere conocer su interesante, irónica y brillante crónica sobre aquel evento puede leer “Gente remota”, un imprescindible libro de aquella época, no solo sobre Etiopía sino sobre varios países africanos que recorrió una vez cumplida su misión en Addis Abeba.
El mochilero leonés había leído el libro hace varios años.
Desde la parte sur de una empinada y extensa plaza, en aquel momento en obras, subió bajo un sol abrasador este viajero insatisfecho para visitar tan mítico lugar en el corazón del pueblo etíope. Al llegar a la catedral de St. George, con el cuerpo destrozado por una indisposición pasajera (ocurre a veces en los viajes), sólo pudo, por desgana y abatimiento, sacar una fotografía, beber un trago de agua, sentarse un rato para recuperarse y salir huyendo de allí.
El espíritu de Haile Selassie, Rey de Reyes, se había lanzado sobre este mochilero dañando su cuerpo, quizás con el peso de la historia.



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28 de septiembre de 2012

Dejaba mala conciencia / Etiopía


-Viviendas mursis-

Visitar a los ‘mursis’, en el Parque Nacional Mago (Etiopía), no fue una de sus mejores experiencias viajeras. Se sintió, otra vez -ya le había ocurrido con las ‘mujeres-jirafa’ en Thailandia-, culpable  de una situación denigrante para con un pueblo que no sabía si quería sobrevivir o lo que únicamente quería son los ‘birrs’ (moneda local etíope) que les reportaba ser atracción turística.
Dejaba mala conciencia.
[La presión turística que acucia a las playas españolas convierte a las mismas en un semillero de hormigón y perros falderos; la presión turística -menos, pero avanzando- que soporta esta originaria étnia somete a sus gentes a humillaciones bastardas].
La tribu ‘mursi’, indígenas del sur de Etiopia, vivían principalmente del pastoreo de grandes rebaños de ganado en el valle del Omo, parte del mismo convertido en PN Mago. También se dedicaban a la agricultura de cereales, sorgo y maíz, sobre todo, y eran, junto con otras etnias como los ‘banna’ y los ‘hamer’ ubicados en los alrededores, recolectores de miel.
-Joven mursi-
En una práctica ancestral se adornaban con espectaculares tocados en la cabeza e increibles dibujos y bellos ornamentos en sus cuerpos, decorados con pigmentos naturales extraídos de minerales y vegetales. Más anecdótico era que éstos, además, actuaban como repelente de insectos al haber sido mezclados con ceniza y orina de ganado. Se pintaban el cuerpo incluso varias veces al día, como una forma de seducción, de expresar su estado de ánimo o su orgullo.
Las escarificaciones y mutilaciones que se infligían eran también signos de elegancia, de fortaleza y valor.
Pero el poblado visitado, artificialmente creado en un arbitrario lugar, constituía, según opinión del viajero insatisfecho, una falsa vida.
Pero así estaban las cosas.
-Mujer mursi, con numerosas escarificaciones-
-Niños mursis, jugando a ser guerreros-
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20 de septiembre de 2012

El país de los lesulas


Cuando el otro día ojeaba ‘El País’, y se quedaba alelado al leer la noticia del descubrimiento del lesula -mono vegetariano aparecido recientemente-, su más profundo y alelado ‘yo’ le siseaba al oído interior: viaje.
Sí. Cuando el viajero insatisfecho accede a este tipo de noticias siempre le entra el descarnado deseo de meterse en una pequeña aventura. Sus condicionantes temporales y económicos se lo impedirán a la postre, decidirán por él, pero es conveniente reflexionar sobre el por qué de ese resorte interior que le conduce siempre a un expreso deseo de viajar. No hay nada comparable con entrar en contacto con las gentes de otro país diferente, raza o cultura, alguien dijo, o algo parecido.
Viajar es algo muy, muy serio,……, y divertido, y apasionante, y enfermizo, y gratificante,….Tal vez, también sea la fantasía imaginada durante un lento paseo, o sea trotar por un infinito desierto, o búsqueda pero sin duda no tiene por qué ser siempre, siempre descubrimiento.
En esta ocasión, hay una causa añadida: este mediano primate ha sido localizado en uno de los países más míticos de todo África, la República Democrática del Congo, antes, país de ‘mobutu’ o ‘kabila’ y, ahora, del ‘coltan’ y el ‘ébola’.
Aunque el número de lesulas es hasta cierto punto elevado, los investigadores han sugerido que se le catalogue como una especie ‘vulnerable’ dado que se enfrenta a un alto riesgo de extinción en estado silvestre al ser endémico de una sola región y presa fácil y frecuente de los cazadores locales. Y es sencillo de entender que especies como estas puedan pasar de ser 'vulnerables' a estar 'seriamente en peligro' en el transcurso de unos pocos años.

Lesula [Nadie negará su enfermizo parecido con 'la Aguirre'/'la tacones'. Si, si, 'la Esperanza'].


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15 de septiembre de 2012

Carne cruda / Etiopía


Una de las prácticas, sobre todo en el sur de Etiopía, era abusar de la carne cruda. La primera vez que presenció este viajero insatisfecho la ingesta de este tipo de carne fue en Arba Minch, y su primera impresión fue desagradable, alcanzando casi la repugnancia. Luego se habituó, aunque nunca llegaría a probarla. La semana que estuvo por la zona, observó varios desayunos, de media mañana, de gente local en los que únicamente se tomaba carne cruda de vacuno o cabrío. Reseñaría solo la naturalidad con que aquellos jóvenes etíopes de Jinka, poblado situado al sur, troceaban y masticaban tan ‘suculento magro’ y ‘apetitosa grasaza’.
Este país africano disponía de escasos mataderos en los que el control de la carne fuera eficaz y era preciso desconfiar.
Si probó el kitfo, plato tradicional muy presente en la gastronomía de etíope, consistente en carne de ternera cruda picada, pero calentada (vuelta y vuelta) y marinada con gran variedad de especias.
La base de ambos platos, y de casi todos, era la injera. Especie de pan plano muy fino, parecido a una crêpe, que tenía un sabor agrio, tirando a ácido, muy característico y especial. Se realizaba con la harina de teff, un cereal local muy difícil de encontrar fuera de Etiopía. Sobre esta base se ponían el resto de los alimentos. Pellizcando con la mano izquierda aquella pasta, los trozos se usaban para comer a modo de cuchara.

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7 de septiembre de 2012

Cabo Verde y Cesaria Evora

Y habiendo estado en Cabo Verde, sin mucho que contar, ¿por qué no hacer una entrada sobre música de las islas?. Un ‘post’ hasta cierto punto no vivido pues se alimenta más bien de la poca documentación consultada. Un ‘post’ que cree debe escribir y ‘no más’. Un ‘post’, en definitiva, que se lo podría haber ahorrado.
A la vuelta, cargó en su mochila azul con CD’s de música caboverdiana y, en particular, de Cesaria Evora.
¿Y…?.
Para incondicionales, forofos y, quizás, para expertos.
Casi para olvidar.
La ‘morna’ es un género musical de Cabo Verde relacionado -dicen- con el fado portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento angoleño. Los más atrevidos lo relacionan con el blues y algunas investigaciones parecen aseverar este hecho: se aprecian similitudes interesantes y conexiones culturales significativas entre la ‘morna’ y la música negra de Estados Unidos.
Tradicionalmente tocada con instrumentos acústicos, la ‘morna’ trata de reflejar la realidad insular de su pueblo, el romanticismo de sus cantantes y músicos y el amor por la tierra que se ha de abandonar aún queriendo quedarse. Del “Best of…. Cesaria Evora” adquirido, este viajero insatisfecho podría salvar ‘Sodade’ y ‘Cabo Verde terra estimada’. Del resto, destacar su hermosa voz y olvidar.
[Como todo el mundo la conoce, se puede, o no, estar de acuerdo con estas afirmaciones].
Cesaria Evora, nacida en la isla Sao Vicente, cantante premiada con un grammy y apodada “La diva descalza” es, sin duda alguna, el más famoso exponente de este género musical caboverdiano.


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31 de agosto de 2012

El muelle del pescado / Cabo Verde


Cuando la pérfida hamaca caboverdiana le atacaba y dañaba su dolorida espalda, el viajero insatisfecho tomó por costumbre el pasear atónito por la larga playa de arena casi virtual [¡qué arena tan fina y blanca!]. Se dejaba rozar su pies por las olas, no siempre suaves y delicadas y, mientras observaba, miraba y renegaba a veces, avanzaba hacia su nuevo centro de interés.
El pequeño muelle (a unos dos kilómetros de la hamaca) de pescadores de Santa María, ciudad turística de la isla de Sal, era a partir de las diez de la mañana un pequeño y agitado hervidero de locales y turistas que sin ningún reparo paseaban, incluso descalzos, entre el pescado recien traído de alta mar por las gentes isleñas que habían conseguido mantener su tradicional oficio, alejados del sofocón e invasión turísticos que desde hace unos años había atacado a esta isla [No había que olvidar que el turismo traía también explotación].
Se limpiaba y troceaba en pleno pantalán, se vendía al regateo, se cruzaban miradas de interés y, en fín, se cortaba el pescado a voluntad del comprador. Nunca había visto este mochilero semejante encuentro entre turista y local con esa carga de total afinidad, apego y comprensión. Por la tarde, el muelle se convertía en casi peligroso trampolín de muchachos que ejercitaban cabriolas acuáticas y, ya en la noche, en lugar de paseo de parejas de turistas que se dejaban mecer por las luces de las modernas y recién instaladas farolas.
Lo descubrió el segundo día de su estancia playera y lo convirtió en primordial, casi una manera de huir de la aburrida hamaca, y en su salvación.
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22 de agosto de 2012

Momentos, desconexión y descanso


Santa María era probablemente el icono turístico de la isla de Sal. Originariamente una ciudad de pescadores al sur de la isla, era la tercera ciudad y probablemente, implementada por este turismo, uno de los centros de poder económico más elevado de Cabo Verde.
La playa que lleva el nombre del municipio era sin duda, con sus aguas transparentes de color turquesa y su arena blanca, el objeto del deseo y obsesión (¡hay que ser obseso para retozar con alegría entre arena, sol y calor!) de la mayor parte de italianos, portugueses y españoles que llegaban a Sal.
Puesta la mirada fija, este viajero insatisfecho cree que esta fotografía sería la imagen parpadeante de sus pasados días de reflexión y descanso. En tono menos satírico-crítico, habría otras muchas, más bonitas y reales.
Tumbado en una hamaca, tras las gafas graduadas y oscuras de observador, sus perseverantes guiños al sol en vano intento por leer en medio de aquella abusiva claridad, sus miradas frívolas a la joven en top less, sus comentarios jocosos ante situaciones ridículas, sus desdeños a la mujer madura-portuguesa que se tostaba espatarrada con cada rayo y tras sus accesos de ira hacia el perro negro, abandonado, que soltaba desafiante sus pulgas al sol, sobrevoló un relajo que superaba cualquier incomodidad crítica.
¿Fue un viaje?. No, no fue un viaje.
Desconexión. Descanso. Mezcla de amor y odio para un mochilero poco acostumbrado a la pastosa calima de mediodía que se formaba, inevitable, a la orilla del mar.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

11 de agosto de 2012

Cabo Verde


La república de Cabo Verde inicia su andadura el año siguiente de la revolución portuguesa de los Claveles, el 5 de julio de 1975.
Hoy día, es fácil imaginar que algunos ciudadanos hayan llegado a cuestionarse si la independencia fue o no un éxito. ¿Por qué?. Porque de seguir Cabo Verde con Portugal hoy sería una región autónoma de ultraperiférica, como Azores, Madeira, Canarias, Guadalupe o Martinica, ultrasubvencionada por la Unión Europea.
Ahora, sin embargo, ya es tarde para cuestionarse estas cosas. El viajero insatisfecho va a conocer un pellizco de esos ciudadanos, de esas gentes [una manera fina de decir que va tragar polvo y arena] que, tal vez equivocadamente, sueñan con ser europeos.
Cabo Verde es un país que tiene mucho que ofrecer, no tanto por sus paisajes que también sino por su gente y su estilo de vida. El mochilero no se dejará llevar por “cosas que visitar" y paseará por los lugares a ritmo lento y, como suele hacer, se sentará en una terraza, delante de una cerveza, y dejará correr el tiempo. La mejor forma de disfrutar de cualquier país.
Antes de salir, como habitual ritual, consulta noticias sobre el país y encuentra una que dice textualmente:
  • El gobierno de Cabo Verde está buscando fondos chinos y asistencia de Macau para financiar grandes proyectos de desarrollo, incluyendo casinos en la isla de África occidental. El primer ministro, José María Neves, recientemente concluyó una visita al país asiático con el fin de construir una relación desde el punto de vista económico con China y Macau”.

Mal empezamos, con los chinos rondando. Cuando los chinos rondan, se apoderan.
Alguien tachará a este mochilero de ‘racista’. Nada más contrario a la realidad, que le tachen de miedoso ante una invasión silenciosa y programada por los ‘timoneles’ de aquel país, ansiosos de poder y contrarios a la libertad.
El descanso incita a veces a la observación, al milagro de la sorpresa y a la excitación reposada.
Tomará notas. Si puede.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

3 de agosto de 2012

No cansaba mirarlo


Siempre le pareció un paisaje refrescante este de las ‘Chocolate Hills’, en la isla de Bohol / Filipinas. Ya habló este viajero insatisfecho de ellas pocos días después de la visita, pero hoy quiere refrescar las carnes de otros ‘bloggers’, llenar de misterio sus vidas con estas instantáneas sobre estas peculiares colinas que, aun siendo conocidas, merecen de vez en cuando cierta veneración.
Hace unos días, cuando vió su imagen en la estación de Metro ‘Islas Filipinas’ (Madrid) recordó su existencia. Se acordó de aquellos momentos, su verde panorámica y el bullicio de los jóvenes filipinos que asistían también al sencillo espectáculo de su natural belleza.
Desde uno de los cúmulos, convertido en terraza turística, se podía ver este paisaje que refrescaba, sobrecogía, alentaba y ensimismaba.
No cansaba mirarlo.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

25 de julio de 2012

Ritos, rituales y tradiciones


Cuando fotografiaba esta escena (Tailandia), pensaba en lo absurdo de los rituales religiosos de todas las creencias. Lo absurdo se repite entre los cristianos o musulmanes, entre hindúes, coptos o budistas,…… Aquella mujer tailandesa pegaba finas láminas de pan de oro en el buda allí situado como un acto, aún sin saber que pensaría ella, guiado por sus creencias religiosas. Su objeto sería -explicación más extendida- hacer una ofrenda por la buena fortuna en la vida.
Observó la escena unos minutos. Por allí pasaron tailandeses de toda índole y calaña a dejar su ofrenda de papel de oro y conseguir, así, los parabienes de su estático buda.
Aquel país donde la religión lo impregna todo se parecía mucho al que pisa ahora este viajero insatisfecho: España. La excesiva cantidad de ritos, apariciones, rituales, estigmas y rezos colocan a este país en un permanente centro de controversia. Las mujeres van a la erminta de San Antonio a introducir sus manos en un recipiente de alfileres para solucionar su casamiento; a la ermita de San Antón llevan los animales para ser bendecidos; los rituales del amor, donde el incienso, el sándalo o la rosa son los olores preferidos; la purificación mediante los baños rituales y los bautismos, donde lavan al ser humano de su culpa y lo hacen digno ante la divinidad; el toro de la Vega, evento taurino consistente en alancear a un toro hasta la muerte, después de que este hubiese sido liberado y trasladado hasta campo abierto.
Las ceremonias realizadas en los inicios de cursos escolares, la apertura de las Olimpiadas o los desfiles también son ejemplos de rituales actuales.
Un país lleno de ritos, rituales y tradiciones, nada alejados de los del pueblo thai.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

15 de julio de 2012

Danza del vientre (sin documento gráfico)


A las once de la noche, el solitario y mal iluminado tugurio de Nevşehir (Capadocia, Turquía) pudo ser el lugar del vivo reverdecer del instinto obsceno, mientras los alrededores de la zona eran, durante el día, dedicación religioso-musulmana y bullicio turístico a causa de las antiguas iglesias terreras en forma de cuevas.
La bailarina del vientre apareció en escena dejando a público -quizás, a camareros- a propios y extraños, boquiabiertos. Su escote, finas gasas de múltiples brillos, enfundada en un biquini adornado de pequeñas lentejuelas de colores, su desparpajo y sus relucientes carnes doradas se mezclaban con los aplausos y tímidas risas de la diversidad étnica asistente: turistas, locales, mangantes o graciosos e irreverentes turcos.
Era la primera vez que el viajero insatisfecho veía espectáculo semejante
Casualidades de la vida, al regresar a España en aquella misma época, todo muy apretujado, una sesión privada de una famosa bailarina del vientre de las noches madrileñas, le dejó constreñido. Semejante voluptuosidad, grandes pechos, contorneo de cintura y un entorno de luces y espejos comprimió por responsabilidad el furor del joven mochilero, ‘latin lover’ de pacotilla. Esas dos sesiones casi seguidas fueron mucho.
Sensualidad barroca y lascivia exótica.
¿Quedará algo de esto, y aquello, en los cabarets nocturnos del nuevo mundo islamista, transnochado e impuesto?.
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11 de julio de 2012

Fin del viaje: comienza la ignominia

Algunos fotos, algunos lemas de la llegada a Madrid de los mineros, en su larga y dura lucha por un digno futuro. 
Eran las 23,30, cuando entraban por los laterales del arco de la Moncloa, entre una multitud (¡impresionante!) de....... "Madrid obrero está con los mineros".
Entraban por la misma ruta de 'La Roja' y alguien gritó: "Estos son, nuestra Selección" y se convirtió en un vitoreado eslogan.
Un sencillo lema ocupaba la espalda de algunas camisetas: QUIEREN ACABAR CON TODO
Aplausos, canciones, gritos, eslóganes y cohetes. 
Los mineros aplaudían a Madrid, Madrid aplaudía a los mineros.
Llamazares espera también a la caravana de mineros
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3 de julio de 2012

Agua, water, eau, aqua,....


Si uno viaja, y observa, y transita, y mira hay muchos detalles que pasan a lo más recóndito de la mente donde dejan frescor o, también, embotamiento, según el caso. Y si uno NO viaja, también. El embotamiento puede aparecer, sin duda, como reacción -es un ejemplo- al intrínseco odio a la suegra que vive al lado.
En un repaso por las fotografías de Gambia, ésta, la que encabeza la entrada, le pareció muy indicada para hablar de gente, país y agua. Gambía (y cualquiera que mire el mapa lo podrá comprobar) es un país que vive cercano al agua, un país creado por el mero interés del control del agua. En aquellas lejanas épocas de exploradores africanos, de Mungo Park y otros, los países colonizadores gestionaban intereses y decidían en los despachos. En el caso de este país, el curso del río parecía ser de vital importancia para el imperio inglés que no cedió al interés francés por la región.
No es caso único, aunque sí de los más evidentes. Los conflictos por el control del agua han lastrado las relaciones entre países desde hace siglos. Caso evidente, las relaciones entre Egipto, Sudán y Etiopía han tenido momentos de amenazas, pésimas disputas y observación mutua, amenazante y permanente. Egipto, alardeando de su prepotencia económica sobre el resto de África, cuando ha visto indicios de control por parte de Etiopía del cauce del río Nilo ha amenazado hasta con intervenciones militares.
Y el viajero insatisfecho piensa en el lago Tana.
Portugal, siempre mirando hacia las fuentes de los rios que le atraviesan.
Vietnam mira, por culpa del río Mekong, a Camboya y más al norte con inquietud.
¿Se hubieran separado los musulmanes de los hindues para formar un nuevo país, Pakistan, si no hubieran contado en su nuevo territorio con el río Indo?.
Los gambianos de la primera fotografía esperan pacientes la riqueza que viene del mar, del agua.
En silencio, a veces; en bulliciosa quietud, otras.
Agua.....

....agua...
....agua.....
.... y más agua.


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