28 de marzo de 2008

Cerca de la frontera


ESCRITO YA EN ESPAÑA.
DE VEZ EN CUANDO, EL
"VIAJERO INSATISFECHO" SEGUIRÁ CONTANDO COSAS DE MOZAMBIQUE.

Cuando estaba leyendo la experiencia sobre lo oído en la frontera, entre Nicaragua y Costa Rica, por los autores, Rosa Regàs y Pedro Molina, del libro Volcanes dormidos, este viajero no pudo menos que recordar los problemas existentes entre Zimbabwe (ahora arruinado -política y económicamente- por Mugabe) y Mozambique. En Manica, una ciudad muy cerca de la frontera con “el territorio Mugabe”, gran cantidad de refugiados anglo-parlantes son criticados por los portugo-parlantes de Mozambique.
“Su dinero no vale nada”, decían -entre orgullosos por el suyo y apenados por sus vecinos- los herederos de los lusitanos. El viajero insatisfecho lo pudo comprobar al comprar un billete de 10.000.000 de dólares de Zimbabwe por 10 meticais, moneda mozambicana (unos 30 céntimos de euro).
(La fotografía que acompaña este “post” es la reproducción exacta del billete de curso legal que este mochilero adquirió como artículo de recuerdo).
“Sus mujeres no quieren trabajar”, decía el mismo conversador, haciendo referencia al grupo de llamativas y flamantes negras, de escotes generosos y modales procaces que merodeaban por la terraza del bar del hotel. El conversador en cambio no dijo -y querría este mochilero dejar constancia de ello- que en otras ocasiones -la mayoría- estas mujeres, u otras parecidas, hacían los trabajos más bajos y menos gratificantes en suelo mozambicano.
Pero no sería justo viajar a Mozambique a reclamar con los menos favorecidos una sensibilidad que los españoles de hoy, en una situación similar (salvando las diferencias y distancias), tampoco parece que estemos muy por encima de los mínimos exigibles.

24 de marzo de 2008

Los mercados africanos (Mozambique)


Ser simple y sencillo es una buena medicina para la comprensión y el entendimiento de ciertos matices, sensaciones o pasiones vividas.
Si hay una cosa caótica, al menos en apariencia, son los mercados africanos. Pero no esos mercados con artesanías inservibles para los turistas impulsivos de las compras anodinas, sino los puestos de venta de sus productos básicos, locales y cotidianos.
Puro caos.
Son cosas y más cosas apiladas en inestables tenderetes (estos, si son artesanía), colgadas de los árboles y colocadas en el suelo; encima de otro producto, sobre la destruida acera o sobre un pequeño arbusto cercano (verde, siempre verde). Personas resguardadas del sol bajo sus propios tenderetes, mujeres sentadas en un saco de arroz y detrás de varios cestillos con pequeñas cosas (pocas): tomates, patatas, arroz, pimientos, guindillas, naranjas, verduras raras,….
Ninguna de estas unidades productivas pasarían los controles de calidad de los países europeos, lo que le hace pensar a este caminante que difícil colocación tendrían en cualquier mercado de la Vieja Europa (hartos estamos de ver tomates todos iguales. ¿Quién compraría un kilo de este popular producto si sus unidades no fueran todas la viva imagen unas de otras?).
Y gritos.
Muchos gritos.
Y, otras, silencio.
Una vende arroz, o maíz, y tiene sobre su producto varias latas de diversos tamaños (tal vez, ¿un kilo?, ¿medio kilo?). Latas de hojalata que ahora sirven para medir pero que otrora, hace muchos años, fueron el glorioso envase de buenos productos exportables. Y niños (muchos niños), sentados en las aceras con su palangana de cacahuetes, con su cortada botella de plástico que hace de medida. Los niños, también las mujeres y jóvenes, al pasar el viajero insatisfecho, le miran con extrañeza. Los niños, tal vez, con tristeza, y hacen amago de ofrecerle su venta. Si les mira a los ojos, se amilanan y se olvidan de su ofrecimiento.
Al viajero le ofertan productos inservibles:
¿Para qué quiere una pequeña caja de herramientas, made in China?.
¿Para qué le sirve un juego de cuchillos?, y
¿para qué un viejo y oxidado pestillo de una puerta?.


Copyright © By Blas F.Tomé 2008

20 de marzo de 2008

Gorongosa (Mozambique)

El Parque Nacional de Gorongosa fue antaño uno de los más importantes de África.
Otra cosa venida-a-menos.
Parece ser que estos últimos años resurge, aunque la población animal no puede compararse con la que tuvo en sus primeros comienzos.
Se pueden ver impalas, antílopes acuáticos, oribis, kudus, jabalíes verrugosos, hipopótamos, elefantes y, con suerte, algun león. La gran cantidad de aves es una maravilla. En el noroeste del Parque se encuentra el monte del mismo nombre, envuelto en leyendas locales, que despiertan la voraz curiosidad del occidental que llega a sus cercanías.
Como persona que escribe esta entrada lo vió, como viajero insatisfecho lo soñó. Gorongosa estaba cerrado al subir al norte del país, por fuertes lluvias e inundaciones (es la época lluviosa). En un fracasado intento pudo imaginar todo eso, y soñar, y arrepentirse de haberlo soñado, e intentarlo de nuevo a la bajada del norte, y volver a fracasar.
Cuando estaba escribiendo este breve texto en su libreta de notas, al lado de una cerveza, alguien le preguntó: “¿periodista?”.
- No, “blogger”.
Miró con "cara-de-haba" y se fue.

13 de marzo de 2008

No se identifica con lo escrito (Mozambique)

De Beira a Quelimane (dos ciudades costeras de Mozambique), debería haber sido un viaje de nueve horas, según lo previsto, pero derivaron en veinte.
Debería este mochilero haber viajado en un cómodo (relativo este adjetivo en África) pero viajó en un pequeño microbús atestado de personas y, a ratos, cuando la lluvia arreciaba (!!y cómo llueve!!, cuando llueve en Mozambique), abrazado a su mojada mochila, que viajaba normalmente en el techo de autobús, pero cuando era rescatada de allí, después de hacer detener al “carro”, goteaba ya empapada. Créanle, que no había otro sitio en el dichoso autobús.
Debería haber “falado” con los viajeros que le rodeaban pero eran parcos en palabras, casi mudos y antipáticos y poco predispuestos a entretener al blanco barbudo, que debería haberse quedado -pienso que pensarían ellos- en su país para viajar con su gente, evitar entrometerse en su ambiente, de ellos, y, con ello, no provocarles el trastorno de parar el buseto cuando llovía y rescatar la mochila de dónde nunca debería haber sido colocada por el propio cobrador mozambicano (!!Y encima el que se creaba enemigos era este indefenso mochilero!!).
El viajero insatisfecho, después de 20 horas de un pesado y cansino viaje, repleto de paradas, también de averías, con el dolor de espaldas de rigor y harto de sí mismo y los demás, escribió en su libreta de notas el siguiente texto con el que ahora ni se identifica, ni pareciera haber salido de su pensamiento y pluma:

Siempre tuve la extraña impresión que iba a ser viajero hasta la eternidad, pero parece que la eternidad encontró ya su meta. Porque ya no me siento el viajero que fuí. El goce de viajar se está convirtiendo en una neblina. Difícil traslucir lo que hay detrás”.

7 de marzo de 2008

Contrastes, demasiados (Mozambique)


En África las cosas son como son. Si cambiaran ya no sería África, sería Honolulú, o Torremolinos o el Shangai de los chinos. No importa saber cuando comenzó este empobrecimiento porque, en realidad, ese paso-atras nunca ha acabado.
Este viajero insatisfecho ha encontrado este continente -una parte de él, pero significativa- como la dejó hace varios años. Todos aceptamos la tradicional y discutible distinción entre el fondo y la forma. Tratará de explicar la forma, siempre sencilla e inteligible, pero no el fondo que es siempre profundo y complejo.
!! Ay, el fondo!!.
El continente esta lleno de jóvenes, también de niños que juegan y gritan cuando el sol ha caído. De personas sin-techo, sucios, demacrados, envejecidos (es curioso que nunca les ha visto con su botella-tetra-brick de vino o alcohol al lado). Esta lleno de trabajadores que en las pocas terrazas de los pocos cafés, se mueven -en apariencia, ajenos- en la vorágine de la vida diaria, de su vida africana.
Esto ha visto en Mozambique, donde, si les miras a los ojos, se anticipa e intuye a las boas pesoas.
Esto ha visto en Beira (en el centro del país), una ciudad venida-a-menos, de destartalados y sucios edificios coloniales, de demasiadas personas tumbadas bajo los singulares árboles africanos, de demasiados niños descalzos vendiendo chucherías.
Como contraste, tribus de niños y niñas guapos, aseados, saliendo de escuelas sucias y desconchadas. Adolescentes enamorados en cualquier esquina en un anochecer de sonrisas en sus corazones, y ejecutivos cansados en las simples (por sencillas) recepciones de las pensaos (pensiones) locales.
Y muchos y modernos móviles Nokia......
¿En qué mundo de contrastes estamos viviendo?.