23 de junio de 2015

El eucalipto en Etiopía ¿problema o solución?

Ya hace años, después de la visita a Etiopía, el viajero insatisfecho escribía un ‘post’, en el que rememoraba el primer día en Addis Abeba, donde un grupo de asnos, cargados con sacos de carbón vegetal, enfilaban la calle entre el ruido de los tubos de escape de los coches. Bajaban de las montañas tapizadas de eucaliptos que rodeaban la ciudad, según pudo saber. Hasta hacía no mucho la madera era el principal combustible de la mayoría de la población. La introducción del eucalipto en Etiopía supuso una catástrofe natural que evitó una catástrofe humana, pues su escasez hubiera sido mortal”.
Y añadía, “ese mochilero siempre criticará este árbol, que tanto daño ha hecho al territorio ibérico”.
Hace unos días terminaba de leer el libro ‘Addis Addis’, de Carlos Agulló, hombre experto en la capital etíope, Addis Abeba. Y le llamó la atención, como no, el gran conocimiento que este periodista demuestra sobre esta joven ciudad africana. El libro es una crónica, en trece capítulos, a través de la observación personal y del testimonio de once personajes, alguno de ellos conocido como el atleta Haile Gebreselassie o el pintor Afeweerk Tekle. Por cierto, un interesantísimo libro que sin pensárselo dos veces recomienda a pecho descubierto.

-Andamiaje de madera de eucaliptos en un edificio etíope-

Pero a lo que viene este ‘post’ es al hecho de que Agulló desgrana esa ‘pasión (?)’ de los etíopes por el eucalipto que en su momento a este mochilero ya le llamó la atención. Dice este periodista en el libro que -y cita textualmente- “la correlación entre economía y ecología tiene en lugares como Etiopía una traducción inequívoca: el empobrecimiento de la población es letal para el medio ambiente. Porque la necesidad de supervivencia empuja a la explotación desordenada de los recursos naturales en una sociedad en la que la presión demográfica es cada vez mayor”.
Menelik II, rey etíope, que había creado alrededor de su corte la ciudad de Addis Abeba, casi se ve obligado a abandonarla. Y dice Carlos Agulló sobre este asunto que “la presión sobre la masa forestal fue tan grande en aquellos años fundacionales que muy pronto el rey se vio en la necesidad de proyectar el traslado de la ciudad a una localidad próxima […] Pero el proyecto se paralizó cuando un asesor francés de Menelik, el ingeniero Mondo-Vidaillhet, introdujo las primeras semillas de un árbol hasta entonces desconocido, resistente y de crecimiento rápido: el eucalipto. Una especie que acabó por convertirse en la más abundante del país, salvó de la muerte prematura a Addis Abeba en 1895 […] En Etiopía, el eucalipto proporcionó la madera necesaria para consolidar Addis Abeba como la capital del reino unificado y también tuvo otras aplicaciones beneficiosas. Dicen -señala Agulló- que contribuyó a eliminar la malaria en algunas áreas, pero como en España, la proliferación del eucalipto tiene aquí sus detractores. Argumentan que es una especie que puede acabar con los recursos hídricos subterráneos, que empobrece los suelos y que contribuyó a modificar el paisaje”. Totalmente de acuerdo con estos últimos puntos.

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14 de junio de 2015

Los templos de Angkor

Sobre este monumental complejo de templos camboyano, arrancados a la selva, se ha dicho todo, se han hecho millones de fotos y ha sido visita imprescindible para turistas de toda condición, raza, calaña y linaje. El viajero insatisfecho deja constancia de su visita con unas cuantas fotografías, aportación pobre para dos jornadas de turisteo por los templos.

-Amanecer en Angkor Wat (repleto de chino-japo turistas)-

-Bajorrelieve en Angkor Wat-

-Terraza de los elefantes-

-Templo Bayon-

-Templo Bayon-

-Templo Ta Prohm-

-Templo Preah Khan-

-Elefante de piedra, en el templo East Mebon-

-Templo de las mujeres, Banteay Srey-

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4 de junio de 2015

El Gran Hermano camboyano


Daba igual dónde miraras, los sencillos carteles publicitarios del Cambodian People’s Party (CPP) siempre estaban presentes. En el centro de una ciudad, en los arrabales, en un lejano poblado de Mondulkiri, en el trayecto a cualquier lugar, el CPP en siglas, en camboyano o en inglés era omnipresente, era como el Gran Hermano del pueblo. Había grandes carteles con fotos de sus líderes; medianos, todo ello escrito en el ilegible idioma camboyano, o pequeños, a modo de señal para indicar donde estaba la sede local.
El Partido del Pueblo de Camboya (CPP) que tenía su origen en el Partido Revolucionario del Pueblo de Kampuchea (KPRP), era el partido en el poder en la actual de Camboya, con amplia implantación en el país y se notaba ésta, por la excesiva profusión propagandística y la generalización de sedes por todo el territorio.
El KPRP fue el único partido legal en la época de la República Popular de Kampuchea y los dos primeros años del Estado de Camboya.
Su nombre fue cambiando durante los tiempos de transición camboyana hasta el de hoy en día. Ganó credibilidad adicional con el pueblo camboyano por su resistencia contra los jemeres rojos, finalmente derrocados por los vietnamitas en la invasión de 1979, lo que también explica la relación estrecha, aunque compleja, del CPP con el Partido Comunista de Vietnam. Ahora el CPP tiene al menos otros dos rivales, el FUNCINPEC Party y el Sam Rainsy Party.
El tema tiene y tenía para el viajero insatisfecho una relativa importancia, casi nula, en especial, por los exclusivos motivos del viaje a Camboya que no alcanzaban más allá del puro holgazaneo o de la sencilla experiencia viajera. Pero era muy significativa, o llamativa su constante presencia.


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