14 de octubre de 2012

No fue en un viaje a la India


El 3 de septiembre, lunes, paseando con un colega por la calle Arenal, en Madrid, nos quedamos estupefactos viendo a estos budistas. La gente se paraba y muchos echaban una moneda pues el espectáculo no era corriente.
Días más tarde descubrí el truco en Internet, que todo lo sabe, y se desvaneció la ilusión.
-El Porras-

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7 de octubre de 2012

El espíritu del Rey de Reyes / Etiopía


-Catedral de St. George / Addis Abeba-

Haile Selassie fue coronado el 2 de noviembre de 1930 en la catedral de St. George, de Addis Abeba. La coronación fue, en todos los sentidos, "el asunto más espléndido" en aquellos años, al que asistieron miembros de la realeza y dignatarios de todo el mundo. Entre ellos, se encontraban el hijo de George V, el príncipe Enrique, y emisarios de Estados Unidos, Egipto, Turquía, Suecia, Bélgica y Japón.
El autor británico Evelyn Waugh también estuvo presente. Si algún lector-blogger quiere conocer su interesante, irónica y brillante crónica sobre aquel evento puede leer “Gente remota”, un imprescindible libro de aquella época, no solo sobre Etiopía sino sobre varios países africanos que recorrió una vez cumplida su misión en Addis Abeba.
El mochilero leonés había leído el libro hace varios años.
Desde la parte sur de una empinada y extensa plaza, en aquel momento en obras, subió bajo un sol abrasador este viajero insatisfecho para visitar tan mítico lugar en el corazón del pueblo etíope. Al llegar a la catedral de St. George, con el cuerpo destrozado por una indisposición pasajera (ocurre a veces en los viajes), sólo pudo, por desgana y abatimiento, sacar una fotografía, beber un trago de agua, sentarse un rato para recuperarse y salir huyendo de allí.
El espíritu de Haile Selassie, Rey de Reyes, se había lanzado sobre este mochilero dañando su cuerpo, quizás con el peso de la historia.



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28 de septiembre de 2012

Dejaba mala conciencia / Etiopía


-Viviendas mursis-

Visitar a los ‘mursis’, en el Parque Nacional Mago (Etiopía), no fue una de sus mejores experiencias viajeras. Se sintió, otra vez -ya le había ocurrido con las ‘mujeres-jirafa’ en Thailandia-, culpable  de una situación denigrante para con un pueblo que no sabía si quería sobrevivir o lo que únicamente quería son los ‘birrs’ (moneda local etíope) que les reportaba ser atracción turística.
Dejaba mala conciencia.
[La presión turística que acucia a las playas españolas convierte a las mismas en un semillero de hormigón y perros falderos; la presión turística -menos, pero avanzando- que soporta esta originaria étnia somete a sus gentes a humillaciones bastardas].
La tribu ‘mursi’, indígenas del sur de Etiopia, vivían principalmente del pastoreo de grandes rebaños de ganado en el valle del Omo, parte del mismo convertido en PN Mago. También se dedicaban a la agricultura de cereales, sorgo y maíz, sobre todo, y eran, junto con otras etnias como los ‘banna’ y los ‘hamer’ ubicados en los alrededores, recolectores de miel.
-Joven mursi-
En una práctica ancestral se adornaban con espectaculares tocados en la cabeza e increibles dibujos y bellos ornamentos en sus cuerpos, decorados con pigmentos naturales extraídos de minerales y vegetales. Más anecdótico era que éstos, además, actuaban como repelente de insectos al haber sido mezclados con ceniza y orina de ganado. Se pintaban el cuerpo incluso varias veces al día, como una forma de seducción, de expresar su estado de ánimo o su orgullo.
Las escarificaciones y mutilaciones que se infligían eran también signos de elegancia, de fortaleza y valor.
Pero el poblado visitado, artificialmente creado en un arbitrario lugar, constituía, según opinión del viajero insatisfecho, una falsa vida.
Pero así estaban las cosas.
-Mujer mursi, con numerosas escarificaciones-
-Niños mursis, jugando a ser guerreros-
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20 de septiembre de 2012

El país de los lesulas


Cuando el otro día ojeaba ‘El País’, y se quedaba alelado al leer la noticia del descubrimiento del lesula -mono vegetariano aparecido recientemente-, su más profundo y alelado ‘yo’ le siseaba al oído interior: viaje.
Sí. Cuando el viajero insatisfecho accede a este tipo de noticias siempre le entra el descarnado deseo de meterse en una pequeña aventura. Sus condicionantes temporales y económicos se lo impedirán a la postre, decidirán por él, pero es conveniente reflexionar sobre el por qué de ese resorte interior que le conduce siempre a un expreso deseo de viajar. No hay nada comparable con entrar en contacto con las gentes de otro país diferente, raza o cultura, alguien dijo, o algo parecido.
Viajar es algo muy, muy serio,……, y divertido, y apasionante, y enfermizo, y gratificante,….Tal vez, también sea la fantasía imaginada durante un lento paseo, o sea trotar por un infinito desierto, o búsqueda pero sin duda no tiene por qué ser siempre, siempre descubrimiento.
En esta ocasión, hay una causa añadida: este mediano primate ha sido localizado en uno de los países más míticos de todo África, la República Democrática del Congo, antes, país de ‘mobutu’ o ‘kabila’ y, ahora, del ‘coltan’ y el ‘ébola’.
Aunque el número de lesulas es hasta cierto punto elevado, los investigadores han sugerido que se le catalogue como una especie ‘vulnerable’ dado que se enfrenta a un alto riesgo de extinción en estado silvestre al ser endémico de una sola región y presa fácil y frecuente de los cazadores locales. Y es sencillo de entender que especies como estas puedan pasar de ser 'vulnerables' a estar 'seriamente en peligro' en el transcurso de unos pocos años.

Lesula [Nadie negará su enfermizo parecido con 'la Aguirre'/'la tacones'. Si, si, 'la Esperanza'].


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15 de septiembre de 2012

Carne cruda / Etiopía


Una de las prácticas, sobre todo en el sur de Etiopía, era abusar de la carne cruda. La primera vez que presenció este viajero insatisfecho la ingesta de este tipo de carne fue en Arba Minch, y su primera impresión fue desagradable, alcanzando casi la repugnancia. Luego se habituó, aunque nunca llegaría a probarla. La semana que estuvo por la zona, observó varios desayunos, de media mañana, de gente local en los que únicamente se tomaba carne cruda de vacuno o cabrío. Reseñaría solo la naturalidad con que aquellos jóvenes etíopes de Jinka, poblado situado al sur, troceaban y masticaban tan ‘suculento magro’ y ‘apetitosa grasaza’.
Este país africano disponía de escasos mataderos en los que el control de la carne fuera eficaz y era preciso desconfiar.
Si probó el kitfo, plato tradicional muy presente en la gastronomía de etíope, consistente en carne de ternera cruda picada, pero calentada (vuelta y vuelta) y marinada con gran variedad de especias.
La base de ambos platos, y de casi todos, era la injera. Especie de pan plano muy fino, parecido a una crêpe, que tenía un sabor agrio, tirando a ácido, muy característico y especial. Se realizaba con la harina de teff, un cereal local muy difícil de encontrar fuera de Etiopía. Sobre esta base se ponían el resto de los alimentos. Pellizcando con la mano izquierda aquella pasta, los trozos se usaban para comer a modo de cuchara.

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7 de septiembre de 2012

Cabo Verde y Cesaria Evora

Y habiendo estado en Cabo Verde, sin mucho que contar, ¿por qué no hacer una entrada sobre música de las islas?. Un ‘post’ hasta cierto punto no vivido pues se alimenta más bien de la poca documentación consultada. Un ‘post’ que cree debe escribir y ‘no más’. Un ‘post’, en definitiva, que se lo podría haber ahorrado.
A la vuelta, cargó en su mochila azul con CD’s de música caboverdiana y, en particular, de Cesaria Evora.
¿Y…?.
Para incondicionales, forofos y, quizás, para expertos.
Casi para olvidar.
La ‘morna’ es un género musical de Cabo Verde relacionado -dicen- con el fado portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento angoleño. Los más atrevidos lo relacionan con el blues y algunas investigaciones parecen aseverar este hecho: se aprecian similitudes interesantes y conexiones culturales significativas entre la ‘morna’ y la música negra de Estados Unidos.
Tradicionalmente tocada con instrumentos acústicos, la ‘morna’ trata de reflejar la realidad insular de su pueblo, el romanticismo de sus cantantes y músicos y el amor por la tierra que se ha de abandonar aún queriendo quedarse. Del “Best of…. Cesaria Evora” adquirido, este viajero insatisfecho podría salvar ‘Sodade’ y ‘Cabo Verde terra estimada’. Del resto, destacar su hermosa voz y olvidar.
[Como todo el mundo la conoce, se puede, o no, estar de acuerdo con estas afirmaciones].
Cesaria Evora, nacida en la isla Sao Vicente, cantante premiada con un grammy y apodada “La diva descalza” es, sin duda alguna, el más famoso exponente de este género musical caboverdiano.


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31 de agosto de 2012

El muelle del pescado / Cabo Verde


Cuando la pérfida hamaca caboverdiana le atacaba y dañaba su dolorida espalda, el viajero insatisfecho tomó por costumbre el pasear atónito por la larga playa de arena casi virtual [¡qué arena tan fina y blanca!]. Se dejaba rozar su pies por las olas, no siempre suaves y delicadas y, mientras observaba, miraba y renegaba a veces, avanzaba hacia su nuevo centro de interés.
El pequeño muelle (a unos dos kilómetros de la hamaca) de pescadores de Santa María, ciudad turística de la isla de Sal, era a partir de las diez de la mañana un pequeño y agitado hervidero de locales y turistas que sin ningún reparo paseaban, incluso descalzos, entre el pescado recien traído de alta mar por las gentes isleñas que habían conseguido mantener su tradicional oficio, alejados del sofocón e invasión turísticos que desde hace unos años había atacado a esta isla [No había que olvidar que el turismo traía también explotación].
Se limpiaba y troceaba en pleno pantalán, se vendía al regateo, se cruzaban miradas de interés y, en fín, se cortaba el pescado a voluntad del comprador. Nunca había visto este mochilero semejante encuentro entre turista y local con esa carga de total afinidad, apego y comprensión. Por la tarde, el muelle se convertía en casi peligroso trampolín de muchachos que ejercitaban cabriolas acuáticas y, ya en la noche, en lugar de paseo de parejas de turistas que se dejaban mecer por las luces de las modernas y recién instaladas farolas.
Lo descubrió el segundo día de su estancia playera y lo convirtió en primordial, casi una manera de huir de la aburrida hamaca, y en su salvación.
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22 de agosto de 2012

Momentos, desconexión y descanso


Santa María era probablemente el icono turístico de la isla de Sal. Originariamente una ciudad de pescadores al sur de la isla, era la tercera ciudad y probablemente, implementada por este turismo, uno de los centros de poder económico más elevado de Cabo Verde.
La playa que lleva el nombre del municipio era sin duda, con sus aguas transparentes de color turquesa y su arena blanca, el objeto del deseo y obsesión (¡hay que ser obseso para retozar con alegría entre arena, sol y calor!) de la mayor parte de italianos, portugueses y españoles que llegaban a Sal.
Puesta la mirada fija, este viajero insatisfecho cree que esta fotografía sería la imagen parpadeante de sus pasados días de reflexión y descanso. En tono menos satírico-crítico, habría otras muchas, más bonitas y reales.
Tumbado en una hamaca, tras las gafas graduadas y oscuras de observador, sus perseverantes guiños al sol en vano intento por leer en medio de aquella abusiva claridad, sus miradas frívolas a la joven en top less, sus comentarios jocosos ante situaciones ridículas, sus desdeños a la mujer madura-portuguesa que se tostaba espatarrada con cada rayo y tras sus accesos de ira hacia el perro negro, abandonado, que soltaba desafiante sus pulgas al sol, sobrevoló un relajo que superaba cualquier incomodidad crítica.
¿Fue un viaje?. No, no fue un viaje.
Desconexión. Descanso. Mezcla de amor y odio para un mochilero poco acostumbrado a la pastosa calima de mediodía que se formaba, inevitable, a la orilla del mar.
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11 de agosto de 2012

Cabo Verde


La república de Cabo Verde inicia su andadura el año siguiente de la revolución portuguesa de los Claveles, el 5 de julio de 1975.
Hoy día, es fácil imaginar que algunos ciudadanos hayan llegado a cuestionarse si la independencia fue o no un éxito. ¿Por qué?. Porque de seguir Cabo Verde con Portugal hoy sería una región autónoma de ultraperiférica, como Azores, Madeira, Canarias, Guadalupe o Martinica, ultrasubvencionada por la Unión Europea.
Ahora, sin embargo, ya es tarde para cuestionarse estas cosas. El viajero insatisfecho va a conocer un pellizco de esos ciudadanos, de esas gentes [una manera fina de decir que va tragar polvo y arena] que, tal vez equivocadamente, sueñan con ser europeos.
Cabo Verde es un país que tiene mucho que ofrecer, no tanto por sus paisajes que también sino por su gente y su estilo de vida. El mochilero no se dejará llevar por “cosas que visitar" y paseará por los lugares a ritmo lento y, como suele hacer, se sentará en una terraza, delante de una cerveza, y dejará correr el tiempo. La mejor forma de disfrutar de cualquier país.
Antes de salir, como habitual ritual, consulta noticias sobre el país y encuentra una que dice textualmente:
  • El gobierno de Cabo Verde está buscando fondos chinos y asistencia de Macau para financiar grandes proyectos de desarrollo, incluyendo casinos en la isla de África occidental. El primer ministro, José María Neves, recientemente concluyó una visita al país asiático con el fin de construir una relación desde el punto de vista económico con China y Macau”.

Mal empezamos, con los chinos rondando. Cuando los chinos rondan, se apoderan.
Alguien tachará a este mochilero de ‘racista’. Nada más contrario a la realidad, que le tachen de miedoso ante una invasión silenciosa y programada por los ‘timoneles’ de aquel país, ansiosos de poder y contrarios a la libertad.
El descanso incita a veces a la observación, al milagro de la sorpresa y a la excitación reposada.
Tomará notas. Si puede.
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3 de agosto de 2012

No cansaba mirarlo


Siempre le pareció un paisaje refrescante este de las ‘Chocolate Hills’, en la isla de Bohol / Filipinas. Ya habló este viajero insatisfecho de ellas pocos días después de la visita, pero hoy quiere refrescar las carnes de otros ‘bloggers’, llenar de misterio sus vidas con estas instantáneas sobre estas peculiares colinas que, aun siendo conocidas, merecen de vez en cuando cierta veneración.
Hace unos días, cuando vió su imagen en la estación de Metro ‘Islas Filipinas’ (Madrid) recordó su existencia. Se acordó de aquellos momentos, su verde panorámica y el bullicio de los jóvenes filipinos que asistían también al sencillo espectáculo de su natural belleza.
Desde uno de los cúmulos, convertido en terraza turística, se podía ver este paisaje que refrescaba, sobrecogía, alentaba y ensimismaba.
No cansaba mirarlo.

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25 de julio de 2012

Ritos, rituales y tradiciones


Cuando fotografiaba esta escena (Tailandia), pensaba en lo absurdo de los rituales religiosos de todas las creencias. Lo absurdo se repite entre los cristianos o musulmanes, entre hindúes, coptos o budistas,…… Aquella mujer tailandesa pegaba finas láminas de pan de oro en el buda allí situado como un acto, aún sin saber que pensaría ella, guiado por sus creencias religiosas. Su objeto sería -explicación más extendida- hacer una ofrenda por la buena fortuna en la vida.
Observó la escena unos minutos. Por allí pasaron tailandeses de toda índole y calaña a dejar su ofrenda de papel de oro y conseguir, así, los parabienes de su estático buda.
Aquel país donde la religión lo impregna todo se parecía mucho al que pisa ahora este viajero insatisfecho: España. La excesiva cantidad de ritos, apariciones, rituales, estigmas y rezos colocan a este país en un permanente centro de controversia. Las mujeres van a la erminta de San Antonio a introducir sus manos en un recipiente de alfileres para solucionar su casamiento; a la ermita de San Antón llevan los animales para ser bendecidos; los rituales del amor, donde el incienso, el sándalo o la rosa son los olores preferidos; la purificación mediante los baños rituales y los bautismos, donde lavan al ser humano de su culpa y lo hacen digno ante la divinidad; el toro de la Vega, evento taurino consistente en alancear a un toro hasta la muerte, después de que este hubiese sido liberado y trasladado hasta campo abierto.
Las ceremonias realizadas en los inicios de cursos escolares, la apertura de las Olimpiadas o los desfiles también son ejemplos de rituales actuales.
Un país lleno de ritos, rituales y tradiciones, nada alejados de los del pueblo thai.
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15 de julio de 2012

Danza del vientre (sin documento gráfico)


A las once de la noche, el solitario y mal iluminado tugurio de Nevşehir (Capadocia, Turquía) pudo ser el lugar del vivo reverdecer del instinto obsceno, mientras los alrededores de la zona eran, durante el día, dedicación religioso-musulmana y bullicio turístico a causa de las antiguas iglesias terreras en forma de cuevas.
La bailarina del vientre apareció en escena dejando a público -quizás, a camareros- a propios y extraños, boquiabiertos. Su escote, finas gasas de múltiples brillos, enfundada en un biquini adornado de pequeñas lentejuelas de colores, su desparpajo y sus relucientes carnes doradas se mezclaban con los aplausos y tímidas risas de la diversidad étnica asistente: turistas, locales, mangantes o graciosos e irreverentes turcos.
Era la primera vez que el viajero insatisfecho veía espectáculo semejante
Casualidades de la vida, al regresar a España en aquella misma época, todo muy apretujado, una sesión privada de una famosa bailarina del vientre de las noches madrileñas, le dejó constreñido. Semejante voluptuosidad, grandes pechos, contorneo de cintura y un entorno de luces y espejos comprimió por responsabilidad el furor del joven mochilero, ‘latin lover’ de pacotilla. Esas dos sesiones casi seguidas fueron mucho.
Sensualidad barroca y lascivia exótica.
¿Quedará algo de esto, y aquello, en los cabarets nocturnos del nuevo mundo islamista, transnochado e impuesto?.
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11 de julio de 2012

Fin del viaje: comienza la ignominia

Algunos fotos, algunos lemas de la llegada a Madrid de los mineros, en su larga y dura lucha por un digno futuro. 
Eran las 23,30, cuando entraban por los laterales del arco de la Moncloa, entre una multitud (¡impresionante!) de....... "Madrid obrero está con los mineros".
Entraban por la misma ruta de 'La Roja' y alguien gritó: "Estos son, nuestra Selección" y se convirtió en un vitoreado eslogan.
Un sencillo lema ocupaba la espalda de algunas camisetas: QUIEREN ACABAR CON TODO
Aplausos, canciones, gritos, eslóganes y cohetes. 
Los mineros aplaudían a Madrid, Madrid aplaudía a los mineros.
Llamazares espera también a la caravana de mineros
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3 de julio de 2012

Agua, water, eau, aqua,....

Agua...

Si uno viaja, y observa, y transita, y mira hay muchos detalles que pasan a lo más recóndito de la mente donde dejan frescor o, también, embotamiento, según el caso. Y si uno NO viaja, también. El embotamiento puede aparecer, sin duda, como reacción -es un ejemplo- al intrínseco odio a la suegra que vive al lado.
En un repaso por las fotografías de Gambia, ésta, la que encabeza la entrada, le pareció muy indicada para hablar de gente, país y agua. Gambia (y cualquiera que mire el mapa lo podrá comprobar) es un país que vive cercano al agua, un país creado por el mero interés del control del agua. En aquellas lejanas épocas de exploradores africanos, de Mungo Park y otros, los países colonizadores gestionaban intereses y decidían en los despachos. En el caso de este país, el curso del río parecía ser de vital importancia para el imperio inglés que no cedió al interés francés por la región.
No es caso único, aunque sí de los más evidentes. Los conflictos por el control del agua han lastrado las relaciones entre países desde hace siglos. Caso evidente, las relaciones entre Egipto, Sudán y Etiopía han tenido momentos de amenazas, pésimas disputas y observación mutua, amenazante y permanente. Egipto, alardeando de su prepotencia económica sobre el resto de África, cuando ha visto indicios de control por parte de Etiopía del cauce del río Nilo ha amenazado hasta con intervenciones militares.
Y el viajero insatisfecho piensa en el lago Tana.
Portugal, siempre mirando hacia las fuentes de los rios que le atraviesan.
Vietnam mira, por culpa del río Mekong, a Camboya y más al norte con inquietud.
¿Se hubieran separado los musulmanes de los hindues para formar un nuevo país, Pakistán, si no hubieran contado en su nuevo territorio con el río Indo?.
Los gambianos de la primera fotografía esperan pacientes la riqueza que viene del mar, del agua.
En silencio, a veces; en bulliciosa quietud, otras.
Agua...
....agua.....
.... y más agua.


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23 de junio de 2012

Ceremonia del café


Le sorprendió a este mochilero que el café estuviera tan implantado en Etiopía. Quizás su sana torpeza de conocimientos sobre el país contribuyera a ello, pero alrededor del café había todo un ceremonial y, también, todo un mundo artesanal. Significativo era que la portada del libro-guía que llevaba al viaje era una fotografía de un pote de cerámica dedicado a ese particular ritual, pero ni por ello se percató antes. En varios mercados visitados y en el mercadeo callejero era habitual encontrar el puesto de artesanía del café que se componía, casi exclusivamente, de decenas o centenares de potes utilizados para la ebullición del preciado café.
Era también llamativo ver en ciertos restaurantes y en determinados días finas hierbas verdes extendidas como alfombra por toda la entrada: este detalle anunciaba que allí se oficiaba la ceremonia del café, una tradicional forma de hospitalidad.
A este viajero insatisfecho le dedicaron, en una casa particular, casi dos horas de una bonita tarde etíope a este ritual que observó sin perder detalle, disfrutó y agradeció por lo mucho que suponía para el alma acogedora del pueblo etíope. Miraba absorto la sonrisa amable de la joven encargada de ello, y a su también adolescente hermano, por quien entonces fuí invitado.
¡Gracias, Abraham!.

Abraham y su hermana, durante la ceremonia del café
Los granos de café eran tostados en una sartén sobre un brasero vegetal, mezclándose el aroma con el desprendido por el incienso que acompañaba toda la ceremonia y que el hacedor lanzaba hacía el homenajeado con un suave movimiento de una verde y sencilla rama, a modo de abanico. Después los granos eran machacados en un mortero, y añadidos a una cafetera negra de estrecho caño donde finalmente el agua se llevaba a ebullición.
Se servía en pequeñas tazas sin asa.
Entretanto, la conversación surgía natural por la amabilidad del ambiente concebido.
¡Salud!.


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12 de junio de 2012

Subida a Nkhata Bay


Cococrilos en el PN de Liwonde, fotografiados dos días antes de tomar el Ilala II

Si bien para la bajada hacia el sur de Malawi había utilizando los buses locales como medio de transporte, la subida desde Monkey Bay hacia el norte la realizó este mochilero en el Ilala II, un barco que hacía el recorrido una vez por semana en cada dirección, con múltiples paradas en su lento trasiego. Este viajero insatisfecho quería ir hasta Nkhata Bay. ¿Por qué?. Porque el único motivo para utilizar el barco era para vivir la experiencia: quería hacer una navegación más larga que la del año anterior por el lago Victoria.
Entre la variedad de paradas que hacía aquel viejo buque, una era en el apeadero de las islas de Likoma, a orillas de Mozambique pero pertenecientes a Malawi. La noche era oscura y de escasa visibilidad pero el traqueteo y la bocina del barco, que aminoró la marcha aún sin atracar en puerto por carecer de él, alertó a los de la orilla que se lanzaron al encuentro en pequeñas piraguas cargadas hasta los topes. Tan sólo se veía alguna tenue luz, indicadora de que se acercaba un tropel de ‘barquichuelas’ para hacer el intercambio de mercancía y pasajeros. Una vez colocados al costado del Ilala II parado, unos subían y otros lo abandonaban para ocupar el puesto en alguna pequeña barca de aquellos que ya habían ascendido. Todo un trasiego desordenado y peligroso aunque no exento de acertados movimientos.
Así es África. Llena de escenas.
La noche pasada, sin camarote y tumbado bajo las estrellas en la parte alta de la cubierta, se convirtió en una minúscula aventura. Arropado con una liviana manta, robada en el avión de ida de KLM, y orillado al cajón de los salvavidas del barco pasaría la noche en un duerme-vela permanente.
Ese estado intermedio fue interrumpido por una sucia y achispada negra que, a falta de abrigo y para evitar la brisa nocturna, utilizaba con descaro la parte sobrante de la manta robada. Allí se la encontró, al pasar ‘del duerme’ a ‘la vela’, al menos dos veces acurrucada a su lado.
Insensata.
A media mañana, del segundo día, avistaban Nkhata Bay.
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3 de junio de 2012

Los monasterios del lago Tana


Mucha gente en España no conocerá, ni de oídas, los monasterios del lagoTana (Etiopía) y eso que eran/son parte de la historia del cristianismo; ortodoxo, pero cristianismo al fin y al cabo.
Los monasterios, situados a lo largo de toda la geografía del lago, eran realmente peculiares. Se repartían por sus orillas e islas allí enclavadas, a las que hoy día se podía llegar en barco si uno se dejaba engañar por alguno de los muchos taxistas/barqueros de Bahar Dar. Cuando las pequeñas embarcaciones de papiro navegaban como únicas disponibles, en no tan lejanas épocas, aquellas islas eran para muchos remotas e inaccesibles. Se creía -una de las primeras cosas que a este viajero insatisfecho le dijo el barquero- fueron escondite de muchos tesoros, puestos allí a buen recuado durante los difíciles años.
Ya en el recorrido por el lago, se veían varias de estas embarcaciones hechas de papiro, los tankwas (primera fotografía). No debía ser muy aconsejable (quizás, prohibido) alquilarlas pero al divisarlas en medio del lago su endeblez, cutrez y rústica apariencia incitaban a ello.
Impactaban.
Con la visión de los monasterios, en especial de los monjes, sentíase transportado a los tiempos de Pedro Páez, singular monje español de primeros del siglo XVII que apostó por evangelizar en la zona.
Algo vería el ‘joío’.
No piense el lector/blogger que los monasterios constituían un lugar idílico, más bien algo caótico pero de genuíno impacto visual. Hasta ciertas acciones en apariencia rutinarias de los monjes, se le antojaban a este mochilero, sorprendentes, no exentas de un tufillo de falsedad de ‘cara a la (turística) galería’. Sus edificios, casi todos ellos circulares -eso sí, en su interior la mayoría recargados de pinturas y ‘santitos de colorines’- desentonaban con sus remotos orígenes por los tejados cónicos de latón (material ‘cuasi-peste’ en África) que coronaban entonces la mayoría de ellos.
¡Ayyy, si Gebriel Maryam [o el sursuncorda], levantaran la cabeza!.
Repondrían la tradicional cubierta de paja de ‘teff’.
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28 de mayo de 2012

Obligado acercamiento a un ex mubarak


Iglesia colgante de Santa María, en el barrio copto de El Cairo
Después del viaje a Etiopía, este viajero insatisfecho se solidariza, sensibiliza o, simplemente, recuerda a los coptos etíopes como un pueblo sencillo, sincero e íntegro. Aquellos coptos/ortodoxos de Lalibela mandaban un mensaje de tranquilidad al mundo desde sus miradas antiguas y trasnochadas.
Y le viene esto a la mente por los avatares que están pasando estos otros coptos, los egípcios, en un momento tan importante para ellos, para su futuro como grupo/pueblo, rodeados como estan del, a veces, populacho islamista. Cuando hace unos años visitó el barrio copto de El Cairo, le resultó un lugar cerrado, cohibido, vulnerable, donde la religión importaba, donde los mensajes eran sinceros aunque en cierta medida engañosos para unos ojos extraños. Un barrio digno, con matices ancestrales, antiguos, perdido en el tiempo y, sin embargo, hasta cierto punto con una gran sinergia con el resto.
Estos días (estamos en mayo del 2012) los coptos se debaten entre un imposible apoyo a un político islamista y el obligado acercamiento a un ex mubarak. Terrible decisión para este grupo religioso que -seguro- verá el futuro lleno de incertidumbre, metido como esta en un Egipto lleno de incógnitas. Ni la religión, a la que siempre se han agarrado, les salvará en estos momentos de un pensamiento meditado de huida.
Este mochilero se internó en su día en aquel barrio copto y, desde la ignorancia e incomprensión de las religiones, vio VERDAD, manipulada verdad en sus humildes y discretos ojos.
Y espera que, después de la tan cacareada ‘primavera árabe/egipcia’, este pueblo sea respetado y su futuro sea lo menos incierto posible.
Este viajero tiene sus dudas.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

21 de mayo de 2012

¡Mierda p'a la Cuatro!


Hace unos pocos días este viajero insatisfecho vio un 'pelín' (quizás 5 minutos) de un programa que ni siquiera tenía constancia de su existencia. Un programa que después de las primeras imágenes, habría que decir píxeles, le produjo una repugnancia de difícil calificación. La bazofia en cuestión (cosa soez, sucia y despreciable, dice la RAE) era Perdidos en la tribu [Cuatro].
Si existe tal indignidad a la hora de producir un serial de estas características, el personal está un poco más cerca de perder el sentido de la cordura a la hora de moverse por el mundo. Si se llega a trivializar tanto a un pueblo y a una raza (aún con su consentimiento, después de 'untar'/sobornar bien hasta el más paria de la 'falsa' tribu), es porque se han perdido las más mínimas cotas de convivencia. En esos 5 minutos vio burla hacia el otro que no entendía por desconocer el castellano; críticas con mal estilo; menosprecio hacia el local/indígena; trato auto-suficiente y despreciativo como si el otro fuera inferior, y hasta amenazas soeces.
 “La familia de San Sebastián se instala en Togo, África, junto a los tamberna, un pueblo muy activo sexualmente que pondrá la nota más morbosa de esta edición”, decían -sin ningún tipo de crítica y reparos- en una crónica de un periódico digital español.
Este mochilero les desea lo peor a esa pandilla de productores, negros/ganapanes, realizadores y equipo técnico.
¡Mierda p’a la Cuatro!.
¡Mierda p’a Berlusconi!.
¡Una vergüenza!.

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14 de mayo de 2012

Largo trayecto, viejo Peugeot 504


Que el trayecto entre Antananarivo y Mahajanga (Madagascar) era largo, lo sabía; con carreteras alicatadas de profundos baches, lo había oído; con alguna que otra avería, intuía, y con pinchazo imprevisto, suponía. Lo que no sabía, ni intuía era hasta dónde podría cargarse aquel viejo pero brillante Peugeot 504 que tenía delante y, sobre todo, qué posibilidades de respirar tendría entre achuchones, tanta camiseta raída y vestidos de inseparable sudor negro.
El conductor se esforzaba en colocar fardos en el techo del pequeño vehículo, atiborrado ya de cajas, calabazas y sacos. Esperaban allí dos personas cuando el viajero insatisfecho preguntó al hombre de las alturas si aquel era el transporte para Mahajanga. Movió su marcada mollera negra y sus ojos saltones mientras le hacía gestos para que encaramara a lo alto su pesada mochila portada a la espalda.
La plaza al lado del conductor estaba ocupada por una señora gorda, silenciosa y negra/brillante, con vestido floreteado de colores y negra cabeza llena de rizos. El leonés tomó posesión detrás, en el amplio asiento intermedio, a la espera -pensaba- de otras dos personas. En cuanto a aquel asiento delantero ya ocupado, después de una larga tertulia, no exenta de griterío, en la que intervino no sólo el conductor sino todos los que por allí merodeaban, y eran muchos, fue abandonado por aquella taciturna mujer. Un viejo ochentón de aspecto moribundo (quizás, enviado a casa, desahuciado de algún dispensario), rostro amarillo, pálido y en constante y trabajosa respiración, fue aupado y colocado entre un mozalbete y una mujer. La hija, supuso. Con lo que a la vera del conductor iban ya tres personas más. La señora gorda pasó a ocupar el puesto que este ‘blogger’ tenía al lado.
Poco a poco, con un pertinaz goteo, el Peugot se fue llenando. En la parte de atrás (normalmente, maletero), mediante alguna componenda casera, habían habilitado otros dos asientos, ya repletos con dos jóvenes y una mujer de bonito pañuelo granate enrollado a modo de turbante.
Entretanto, el moribundo ochentón no se le iba de la cabeza. ¡Pobre hombre!.
El viajero, con su mochila azul en brazos, aplastado contra la oxidada puerta y presionado por la floreteada gorda, sin atreverse a protestar, miró a los otros tres que ocupaban este segundo asiento intermedio. El suyo. Todavía hubo espacio para que otra joven se sentara despreocupada en el suelo del vehículo, doblada, a los pies de un señor, con su cabeza apoyada en la vecina gorda de vestido floreado. Con un asustado niño pequeño, alzado en aquel instante al asiento trasero, eran trece personas.
Como si se le hubiera aflojado una biela del cerebro, el mochilero les contaba una y otra vez mentalmente. Preocupado, pensaba en las largas horas y meditaba la decisión a tomar: continuar hasta el final del trayecto o apearse y esperar al dia siguiente, aún previendo que sería, quizás, más de lo mismo.
¿Quién dijo miedo?.
¡Áfricaaaaaaaa!.

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5 de mayo de 2012

Miradas ¿de reproche?


Este leonés, cuando viaja, siempre termina sus paseos en los mercados. No es que pretenda llegar a ellos -a veces, sí- es que se los encuentra cuando más perdido está por las locas caminatas sin rumbo que dedica a las grandes ciudades o pequeñas poblaciones.
Una colectividad humana ésta de los mercados que va a lo suyo, que avanza parsimoniosamente entre tenderetes, cestos de frutas y verduras, bultos de ropa usada, charlas de comadres y fardos de comida. Una colectividad que se apresura a tapar, con empujones, andares y huellas, las huellas u olor del paso del aventurado visitante. Algunos metros transitados entre la multitud en el centro de esos mercados bastan para abolir el mundo exterior, el de la calle; un universo deja lugar a otro bien distinto, donde el sentido del olfato se agudiza y el sentido de la vista se alerta y se previene.
Pero el viajero insatisfecho con pinta extranjero o el sursuncorda, aunque quiera, nunca pasa desapercibido. Aunque pareciera que la incondicional mezcolanza con la multitud, muy propicia en los mercados, le va a llevar a pasar inadvertido siempre se encuentra unos ojos que observan sus movimientos preguntones y, a veces, admirativos. Cuando fotografía, le lanzan esa mirada de reproche, de curiosidad o sorpresa aunque, casi siempre, sea difícil discernir su tipo. Se le encogen los músculos al saberse sorprendido y nunca sabe si debiera pedir disculpas, agradecer el gesto o hacerse el despistado; mostrarse firme cuando recibe una regañina o excusarse con el que se muestre ofendido.
¡Le han pillado, viajero y fotógrafo aprendiz!.
¡Ríndase ante la evidencia!.

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