En Islandia, los secaderos estaban construidos con grandes palos de madera sobre la arena volcánica de los que colgaban los peces. En Nazaré (Portugal) estaban al lado de sus coloridas lanchas.
En Indonesia…..bla, bla, bla, bla. En Galicia……
En territorio africano, los había desperdigados por las orillas, al remanso del gran lago (Malawi), sobre la arena de una playa atlántica (Ghana) o construidos en forma de hornos alimentados por fuego de troncos de madera (Gambia).

Una vez finalizado el proceso, una vez seco, el pescado se comerciaba en los territorios de interior y en los pueblos de otros vecinos países. Sobre sus cabezas, mujeres y niños ofertaban el producto en mercados, paradas de autobuses, caminos, semáforos o en cualquier bache de la vía susceptible de una lenta rodadura de vehículos.
[En África, los baches se van agrandando, podían ser semi-eternos y traían aparejado, incluso, un mercadillo en sus alrededores. Y esto, que pareciera una exageración del viajero insatisfecho, constituía una normalidad en numerosas áreas africanas].
El pescado seco era, y es también, claro está, una variedad en la dieta alimenticia de los pueblos de tierras interiores.









