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22 de junio de 2011

Secaderos de pescado, pescado seco

¡Cuántas formas y clases de secaderos de pescado existen en el mundo!. Siempre cutres ellos, pero siempre prácticos y útiles. En Gambia, en esas plazas olía a sabroso asado pero también a desperdicios: los esparcidos en sus alrededores.
En Islandia, los secaderos estaban construidos con grandes palos de madera sobre la arena volcánica de los que colgaban los peces. En Nazaré (Portugal) estaban al lado de sus coloridas lanchas.
En Indonesia…..bla, bla, bla, bla. En Galicia……
En territorio africano, los había desperdigados por las orillas, al remanso del gran lago (Malawi), sobre la arena de una playa atlántica (Ghana) o construidos en forma de hornos alimentados por fuego de troncos de madera (Gambia).


Una vez finalizado el proceso, una vez seco, el pescado se comerciaba en los territorios de interior y en los pueblos de otros vecinos países. Sobre sus cabezas, mujeres y niños ofertaban el producto en mercados, paradas de autobuses, caminos, semáforos o en cualquier bache de la vía susceptible de una lenta rodadura de vehículos.
[En África, los baches se van agrandando, podían ser semi-eternos y traían aparejado, incluso, un mercadillo en sus alrededores. Y esto, que pareciera una exageración del viajero insatisfecho, constituía una normalidad en numerosas áreas africanas].
El pescado seco era, y es también, claro está, una variedad en la dieta alimenticia de los pueblos de tierras interiores.



Copyright © By Blas F.Tomé 2011

2 de mayo de 2011

Vida gambiana

Puaff!, qué pedazo placer era pasear por aquella playa, desbordada de vida africana. Se veía el fragor del movimiento y el reposo sin fin. Todo mezclado como es lo africano. Era calor, sudor y fría violencia. Era pasión, sentadas sin fin y excitación repentina. Allí, con el sol a punto de caer sobre el mar, había movimiento, quietud, mercadeo, trabajo; ilusión por salir adelante, conversación, pasión por sobrevivir y, todo junto, era un grito.
Olía a pescado como huelen los peces al salir del mar pero más a pescado putrefacto y desperdicios consumidos por el sol; a pescado secado a fuego lento en los cercanos secaderos. Olía a todo eso y al África del mar.
Y a cayuco.
Llegaron a media tarde, intrigados por ver arribar a los pesqueros, a la caída del sol, a la playa de Brufut (Gambia). Era una manera de tomarle el pulso al pueblo gambiano, de conocer su estado general. En África, ese pulso se muestra en los mercados, en los puestos callejeros, en las estaciones de autobuses y, como en Brufut (ver fotografía), también en las playas.
La marea, de la que depende el loco ritmo pesquero, era propicia aquel día. Se oía a los buitres negros carroñeros y oscuras gaviotas graznar ante el abundante futuro festín de despojos. Sólo era cuestión de esperar, aunque algún atrevido carroñero ya había tomado sitio y saltaba entre corrillos de mirones, o no tan mirones.
El instante no desilusionó al viajero insatisfecho y aquella arena se convirtió frenética en una auténtica lonja costera.

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2 de octubre de 2010

Fertilidad con cocodrilos


Este viajero insatisfecho se esta acostumbrando ya a visitar charcas de cocodrilos, a fotografiarse con ellos e, incluso, a tocarlos.
Katschi-Kali, así se llamaba el lugar, era una incipiente, aunque creciente, atracción turística en Gambia. Era difícil de entender cómo aquella aglomeración de cocodrilos (había, entonces, más de 100) podía vivir en aquellas aguas así de apiñados; no crear muchas rencillas entre ellos y, encima, soportar la diaria presencia de visitantes que acudían (y acuden) de visita, al ritual de limpieza y a fotografiarse con ellos.
Incluso, a tocarlos.
El guía local, en aquella ocasión, contaba su particular e increíble leyenda. Ese pequeño lago, atestado de cocodrilos, fue descubierto hace ya muchos años por un labriego de los alrededores. Su mujer, en un acto que ahora se calificaría de total inconsciencia, sumergió varias veces en la charca al bebé que llevaba en brazos. Cuando le sacaba, aparecía siempre ‘vivito y coleando’, a pesar de patalear un rato entre voraces cocodrilos.
¿Era increíble la historia, o no?.
Fue por eso que el lugar se constituyó sagrado para los lugareños y se vinculó, desde entonces, a los ritos de fertilidad femeninos. Las mujeres con problemas de fertilidad acudían al lugar, al lavado ritual de sus partes íntimas. Además, se llevaban agua en recipientes a sus casas para continuar allí con ese particular ritual.
A cambio, se esperaba que hicieran una pequeña donación en efectivo, un regalo, un trozo de tela o una ‘nuez de cola’, muy buena esta última para el vigor y potencia sexual. La mitad de estos donativos se lanzaban a la piscina para aplacar a los cocodrilos.
Así, parecía cuadrar la historia, la tradición y leyenda.
O no.

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26 de septiembre de 2010

Wole Soyinka / Primer Nobel africano


‘Pero nada pudo igualar el momento en que, por una vez, comprendí qué gran don era ser uno más de la población superflua del mundo’ (Soyinka, Wole, ‘Partirás al amanecer’. RBA Libros. Barcelona, 2010).

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15 de septiembre de 2010

Albert Market / Gambia



El Albert Market de Banjul (Gambia) merecía una reposada visita.
Por otra parte, como cualquier otro mercado africano.
En esta ocasión, el viajero insatisfecho, que ha visto muchos y variados, no se resiste a contarlo porque les ocupó la mañana.
Lluvia, viento y ventisca. Agua, y más agua. Agua jarreada desde el cielo con tal fuerza que les obligó a encontrar cobijo en un destartalado, aunque muy organizado, puesto de coloridas telas. Desde aquel privilegiado punto de observación, acompañados de la simpatía de su dueño, se veía transcurrir el minuto a minuto de una gente que se adaptaba a todo, en perfecta simbiosis con la impredecible naturaleza. Unos, corrían bajo el intenso aguacero; otros, ordenaban y protegían sus pertenencias; los más, buscaban refugio en tenderetes y lonas; enfrente, dos mozalbetes, subidos a un taburete de madera, esquivaban los regueros de agua e, inmóviles, esperaban a que las nubes callaran.
El agua, que insistió en caer una hora muy larga, pareció limpiar el fuerte y cercano olor a desperdicios casi pútridos y dejó las calles aledañas convertidas en un sucio mar por donde los coches trataban de circular en medio de nerviosos acelerones.
Fue una mañana de tenderetes, menudencias cárnicas, bazares, ropajes de colores, uralitas metálicas, plásticos y escaparates. Todo parecía abarrotado, atestado, apelotonado y abigarrado de objetos.
Fue una mañana de collares de madera, estatuillas, sastres en sus puestos de trabajo, jarroncitos, verduras variopintas y aguas putrefactas, pero, también, de mujeres impolutas -entre el barrillo y desperdicios-, vestidas con increíble mimo y destreza.
Olían a viento oceánico y maderas ribereñas.

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

10 de septiembre de 2010

Una 'blogger' y el cuarto mono

Otra blogger, en una de sus entradas, publicaba unas fotografías sobre los ‘tres monos’, y su simbolismo en Japón. En referencia a ese particular gesto de los monos decía: "Ver, oír y callar’, sería nuestra forma diferente de expresar la discreción. Podría traducirse en la frase ‘No digas todo lo que sepas, no mires lo que no debas, no creas todo lo que te dicen".
Esta sería la explicación de su significado, en base a la sabiduría oriental.
Aquí, los otros fetiches (similares) que vinieron de Gambia, que ya habían sido regalados, pero recuperados en fotografía para la ocasión.
Este mochilero, en contra de aquel significado, espera ser el ‘cuarto mono’: el mono insatisfecho, el mono inconformista, el que no se habitúa a ‘ver, oír y callar’. El mono que defiende la libertad más allá de la supuesta sabiduría oriental, que -por cierto- ya se han encargado los chinos-post-Mao de destrozar (Más que hablar de la sabiduría oriental de otros tiempos, habría que hablar de la baratija oriental, lo que nos viene ahora de ese oriental territorio chino).
El ‘cuarto mono’ que sale a recorrer el mundo; a reinventarse con él; a reconocer y responsabilizarse de sus virtudes y defectos.
A buscar una sociedad con menos sabiduría.
Distinta.
La humanidad globalizada tiene esas ventajas.

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3 de septiembre de 2010

El mandinga y el catalán

Este viajero ha pasado unos días de agosto visitando Gambia, de donde contará alguna vivencia.
¡¡No se librarán sus bloggers/amigos!!.
Es un país de habla inglesa y multitud de lenguas locales, como el mandinka/ga, el wolof, el fula, y otras muchas. Conviven todas ellas. En esa convivencia tolerante y riqueza lingüística, no observó -y lo certificó con preguntas- ninguna tirantez o desavenencia.
Todo ello, digno de un gran pueblo.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
En el vuelo de regreso, un individuo (para abreviar, en adelante será llamado 'memo'), ocupante del asiento de detrás de este viajero, le decía a la azafata en catalán y tono imperativo, “hábleme usted en catalán”. Después de un extraño ruido, como el de una botella de plástico al caer (no miró en ningún momento hacia atrás), la voz femenina le respondía educadamente “le puedo hablar como lo estoy haciendo, o en inglés, incluso en un elemental euskera (estuve en Donostia dos años), pero no en catalán que desconozco”. “Ve como me entiende -añadió de inmediato el memo. Pues, entonces, hábleme en inglés”.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
Este viajero insatisfecho pensaba y pensaba.
Meditaba y meditaba.
Concluía y concluía.
Si estos memos aumentaran y alcanzaran un porcentaje relevante, este mochilero se mostraría partidario de ‘romper la baraja’. Y ‘romper la baraja’ supondría ‘cortar las alas’, en el sentido político del término, claro.
¿Hasta dónde?.
Hasta que la indignación sentida fuera, con creces, resarcida.

Y fue mucha.
[Este leonés mientras más viaja menos entiende su casa].

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24 de agosto de 2010

Las leyes darwinianas / Gambia

Cada país enseña a los turistas/viajeros lo que tiene. Gambia no tiene grandes parques nacionales ni, en ellos, voraces animales africanos. Es un país adosado al río del mismo nombre; sus gentes, agradables en extremo, y poco más.
¿Te parece poco viajero insatisfecho?.
En la desembocadura de ese río, unos inmensos manglares.
Como ha dicho en otros ‘posts’: ¡ese territorio manglar tiene mucho encanto!.
Genera belleza y misterio.
Respira humedad e intenso calor.
Olor.
Pero aquí, en este particular territorio, las leyes de la evolución darwinianas han alcanzado su máximo exponente. El hombre (ver fotografía) se ha adaptado a vivir en las orillas de los ríos en las inhóspitas ramas ribereñas. Como hubiera dicho Rodríguez de la Fuente (al leer, poned tono imitador), “atenazados por esa suprema necesidad de subsistir, el homo sapiens, como los monos, asciende a las endebles ramas de los grandes manglares para reproducirse y aparearse”.
Por supuesto: BROMA.
Una -cree este viajero- singular foto de un joven y simpático pescador de tilapias, sorprendido en los manglares de Oystrer Creek, cerca de Lamin Lodge, en el río Gambia.


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16 de agosto de 2010

Breve apunte / Gambia

“Para descubrir Gambia lo mejor es tomar un taxi colectivo y recorrer, fijar la vista en el paisaje y aguzar el oído para empaparse de las animadas conversaciones de los demás pasajeros”, dice el libro-guía que ha caído en manos del viajero insatisfecho.
¡Anda! para conocer Gambia y, también, para conocer cualquier otro país africano.
Al menos esa es su experiencia.
Pensando en cualquiera de los países visitados, el bus y el taxi colectivo son los vehículos del aprendizaje, los habitáculos donde se toma el pulso al territorio en cuestión. Mirar, observar, escuchar, oler el olor africano -a veces, hedor- y sentir el sudor ajeno es la manera más eficaz de organizar la mente para entender a estas gentes del continente negro.
Y al pensar en Gambia, pensó en un extraño país, con una historia tan singular como extravagante su geografía y localización.

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(*) Mapa de 'Google'

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