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1 de marzo de 2016

Kisumu y el lago Victoria

El lago Victoria, desde la terraza de la Sooper Guest House

Procedente de Kitale llegó a Kisumu, más al sur. Quería volver a navegar por el lago Victoria, pues lo recordaba de su anterior viaje a Tanzania (hacía ya varios años), y Kisumu era la ciudad keniata ideal para ello. Le daba miedo que la ciudad le defraudara porque supuestamente era muy bulliciosa, relativamente cerca de la frontera con Uganda. Pese a su tamaño y su ritmo de crecimiento, se le apareció una ciudad con sabor africano, sí, pero nada opresiva o atosigante, abierta a un inmenso lago muy degradado pero, en cierto sentido, sugerente. Ya en esta urbe ribereña, encontró un sitio ideal y barato para dormir -le apetece publicitarlo por si alguien se acerca por allí (Sooper Guest House)- y un rincón muy tranquilo para cenar después de las habituales caminatas por los alrededores, el Green Garden Restaurant, a la vuelta de la esquina de la guesthouse, unos cincuenta metros. Ambas plazas las recomendaba la ‘lonelyplanet’ y el viajero insatisfecho reconoce que en esta ocasión no tuvo queja. Excelente comida y nada cara. Excelente local, tranquilo y de ambiente relajante, con música suave y posibilidades de wifi. Cómodas sillas y paredes decoradas con murales tribales, escenas de animales salvajes. Cuando el largo día de ajetreada vida caía sobre las espaldas del mochilero era muy gratificante encontrar un sitio tranquilo donde la cerveza fría, Tusker, cumplía su verdadera misión rehabilitadora. Encontró el restaurante el primer día, y el segundo, después de navegar por el lago Victoria -lo atravesó en un ferry desde Mbita a Luanda Kotieno (2 horas y media)- volvió a repetir.
El personal que atendía tanto la Sooper Guest House como el Green Garden Restaurant eran amables, simpáticos y predispuestos a ayudar. ¿Qué más se puede pedir?. Ambos estaban ubicados muy cerca del lago, al final de la calle, donde se llegaba después de un corto paseo de bajada. A sus orillas, más de una docena de restaurantes ofrecían tilapia, pescado de referencia en los lagos africanos, a locales y extraños. En aquel momento, el único blanco extraño era el mochilero leonés. Tomó una cerveza y dejó la tilapia, no le seducía entonces, para otro día. Mirando el infinito horizonte de aguas del lago, vio caer el día con cierta parsimonia.
Restaurantes a la orilla del lago Victoria

Otra ciudad ribereña del lago era Mbita, por ella paseó y desde ella partió para navegar unas horas el lago Victoria.
Este vídeo recoge la tranquilidad del paseo:




Copyright © By Blas F.Tomé 2016

22 de febrero de 2009

¿África?


Cuando el viajero insatisfecho bajó del tren que le llevaba a Mwanza -lago Victoria- y presenció aquel ajetreo inesperado, ansioso, sobre unas vías muertas de un muerto pasado, con aquel sol aplanador y comida poco apetecible, pensaba en África.
………. En esa tierra de documentales, esa realidad teñida de pobreza, esos acantilados marrones y esas muertes. Esos animales con rayas y manchas, esos altos árboles altos y de copa plana, esos hombres de piel negra y brillante, esas matanzas, esas carreteras rojizas, ese territorio de la imaginación, esas noticias negras, ese territorio de fotografías, esas negras solitarias caminando por una peligrosa senda, esos ojos tristes, esos monos aulladores y chillones, esos niños descalzos, esas comidas míseras, ese sol abrasador, esas moscas asesinas, esos niños soldado, esos coches atestados, esos tenderetes de comida, esas manos siempre extendidas y esa mirada profunda. Ese olor a pobreza, esas aguas encharcadas, ese sudor humano, ese sin-aliento de miseria, ese territorio de exploradores, esas selvas verdes e insondables, ese grito silencioso,….
Ese grito silencioso.
¿Pensaba en África?.

Copyright © By BlasFT 2009

28 de agosto de 2007

Hablar e intercambiar en Mwanza (Tanzania)

“Mi alojamiento en Mwanza costaba diez dólares diarios y se titulaba sin rubor 'Hotel de Luxe' (….) El caso es que el 'Hotel de Luxe', en el centro de Mwanza, era en parte hotel, en parte prostíbulo y en parte sala de fiestas nocturna. No puede exigirse más por diez dólares al día”. Así describe Javier Reverte, en su libro “Vagabundo en África”, el hotel donde yo me alojé (lo hizo anteriormente él) hace ya varios años.
Y continúa Reverte, “algunas rameras intentaron sentarse con nosotros (un conocido y él), pero declinamos sus ofertas amablemente”. El caso es que yo no decliné el ofrecimiento, aunque tampoco se si era ramera o no. Una preciosa y simpática joven negra, llamada -aún recuerdo- Subira, se sentó conmigo, me sacó de la soledad en que me encontraba y me hizo abandonar el libro que en ese momento mantenía en mis manos. Créanme que estaba leyendo “Vagabundo en África”, de Javier Reverte. Parece un galimatías, pero no, es mi pequeña historia y es la que quiero contar. Y allí, mientras leía en el 'Hotel de Luxe', descubrí que mi “referente periodista aventurero Reverte” se había alojado en el mismo hotel en el que yo me hospedaba. Extraña coincidencia, pero real.
Tan real como que yo me encontraba allí mismo ante la sonrisa de aquella muchacha que, tal vez, él despreció. Sonreía continuamente ante mi inglés rudimentario, que ella contestaba con otro de similar pelaje. Bebimos varias cervezas, hablamos de nuestras vidas, mantuvimos silencios prolongados que en sí mismos eran una animada charla -incluso bailamos- y dejamos que las estrellas aplastaran el encuentro en sus brazos, con el paso de las horas.
Muy avanzada la noche, me acompañó hasta la habitación, en la última planta del hotel, y cuando salí de mi pequeñísimo baño, así me la encontré sobre el camastro de mi alojamiento (fotografía), con esa simpatía, esa sonrisa y esa naturalidad, por las que yo me dejé envolver.

Nota.: Tengo la seguridad de que no le hubiera importado saber que su fotografía formaría parte de la blogosfera.