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5 de mayo de 2017

Medan, ciudad al norte de Sumatra

Palacio de Maimoon

A Medan llegó en avión. Después del viaje Madrid-Dubai-Yakarta (sin salir del aeropuerto tomó un vuelo doméstico a Medan), el viajero insatisfecho estaba cansado, con pocas ganas de hablar inglés (idioma que no domina) y menos con la intención de encontrarse con problemas en el ‘hotelucho’ de turno, con un recepcionista que se expresaba en indonesio, y nada más. Eran las 2 de la mañana, hora local.
Al final, todo solucionado.
Una ducha y la cama fue la mejor recompensa.
Medan estaba al norte de la isla de Sumatra (Indonesia) y siendo sincero no tenía grandes cosas que ver. Una ciudad. Otra ciudad más en el currículo viajero, pero la necesitaba (un mal necesario) como base logística para visitar Bukit Lawang, territorio de orangutanes. Era una ciudad a lo grande y atesoraba gran cantidad de circulación, de coches y becaks (moto o bici-rickshaws), pero con carácter muy regional o local. Moderna, bien equipada y con alguna zona de cierto encanto colonial holandés. Pocas cosas visitables pero el mochilero hizo un esfuerzo sobre todo para tomar un poco el pulso al país pues era un inicial acercamiento a la vida indonesia: era la primera población que tendría oportunidad de conocer.



Interior del palacio de Maimoon

Muy recomendable al llegar a un nuevo enclave era tratar de entender, tratar de visualizar la realidad genérica y asimilar. Asimilar los movimientos, los actos, las miradas, los gestos, las sonrisas o todo lo que ofrece la gente al pasar.
Y qué visitar?. El primer paseo fue a Istana Maimoon, el palacio Maimoon construido por el sultán de Deli (sultanato del norte de Sumatra), a finales del siglo XIX, que tenía “influencias malayas, mongolas e italianas” -decía el libro/guía-. Lo que no decía la Lonely era que iba a estar atiborrado de gente local haciéndose fotos (cientos) con los trajes ceremoniales o típicos malayos y posando en un lujoso trono. Real, por otra parte. Sin embargo, era simpático ver a los niños, y mayores, disfrutando en su imaginación, vestidos ‘a lo sultán’, de una vida que ellos nunca llevarían.



Mimbar, en el interior de Masjid Raya

Muy cerca se encontraba Masjid Raya, la gran mezquita de Medan, muy ornamentada y de fácil acceso. Imprescindible para la visita, como en todas las mezquitas, descalzarse. ¡Seamos respetuosos con una religión de dudosas tradiciones e imposiciones! Bueno, como todas. 
A los alrededores cambió su residencia para instalarse en un hotel más acorde a sus gustos, donde, al menos, las cervezas eran frescas, frías y nada remolonas. El lugar era Pondok Wisata Angel, regentado por una simpática dueña y con un animado café que daba a la calle. Sin remilgos.



Becak


Copyright © By Blas F.Tomé 2017

31 de enero de 2017

Los orangutanes de Bukit Lawang


Orangutan, en Bukit Lawang

No estaba previsto de antemano pero el devenir de los acontecimientos le había llevado a contratar en Medan, la ciudad más grande al norte de la isla de Sumatra, una especie de tour para visitar los orangutanes en las selvas de Bukit Lawang, que incluía una noche durmiendo en la jungla. Y esa noche, por cuestiones de programación del viaje, sería nochevieja. Para el viajero insatisfecho no era una noche especial, era una noche más. Con ese proyecto, y lo hablado con la agente que le había ofrecido el paquete, descendió del coche en la población de Bukit Lawang. El guía local al que había sido derivado se le presentó con cara negociadora: “la nochevieja es una noche de celebración”. Quería pasarla con su familia. Sugirió esperar para ver qué opinaba el resto de la posible clientela, si es que la había. Esa noche del 30 de diciembre el viajero se fue a la cama sabiendo que al día siguiente comenzaría la aventura selvática llena de novedades y misterio. Madrugó como estaba previsto, desayunó como era necesario y esperó como era de suponer: los indonesios no eran conocidos por su puntualidad. El guía se presentó una vez finalizado el café y, de nuevo, con ganas de negociar aunque -diría- más bien con necesidad de imponer. No había más clientela para pasar la nochevieja en la selva.
Le miró en principio al muchacho con intención de presionar pero en una ágil batida mental, rápido encontró sensatos sus razonamientos. ¿Qué haría él en la selva durmiendo al más puro estilo de vagabundo sin techo con un guía para él solo y sin posibilidades de socializar con otra gente?. Aburrido ¿no?. Como lo contratado eran dos días, el guía le ofreció como alternativa dos excursiones mañaneras y tardes de relax en el pequeño poblado repleto ya -debido a las señaladas fechas- de turistas locales.
Aceptó, sin más exigencias.

Bukit Lawang

La población de Bukit Lawang se asentaba a lo largo del río. Como pueblo turístico, estaba lleno de guest-house, hoteles y pensiones para dormir, pero aquellos días era complicado encontrar una habitación pues los indonesios tenían a aquella población como lugar de descanso. Y era fin de año. El río estaba bordeado de sombrillas artesanas, techumbres de paja y lugares en la orilla para el recreo y el baño, muy típico también en otras zonas orientales. La calle que bordeaba al río, atestada de tienduchas, tenderetes, baratijas y chiringuitos. Por la tarde, a determinadas horas, era casi imposible caminar. Pero, sin duda, tenía mucho calor humano el lugar.
La cercana selva se componía de árboles jóvenes, arbustos, palmeras y helechos. Si bien en Indonesia abundaban los bosques de pantano, en aquellas tierras altas donde se encontraba se desarrollaba un bosque montano, donde la mayoría de los árboles tenían gran altura y sus hojas eran más pequeñas y carnosas. Aquellos suelos eran ricos en musgos, helechos, orquídeas y líquenes. La humedad de la niebla les daba soporte.
La primera mañana fue -ya se lo esperaba- dura. Las veredas de la selva no siempre eran cómodas, más bien todo lo contrario, llenas de pendientes y barrancos; rocas, raíces y resbalones. Pero de eso se trataba. Bueno, de eso y de divisar orangutanes que, por cierto, tardaron en aparecer. Orangutanes semi-salvajes, acostumbrados a la presencia humana pero, eso sí, en un marco natural que no ofrecía dudas. Una tierna pero madura madre, con su asustadizo bebé, descendió de la copa de los árboles de gran altura, animada por la oferta de bananas y las llamadas que el guía le hizo. Sus movimientos, a veces rápidos y otras lentos, su mirada y su reposada tranquilidad semejaban, sin duda, lo que su nombre en indonesio indicaba (orang hutan=gente de la selva).


Orangután

Orangután

Fue un momento de mucha observación, fotos, sonrisas, comentarios en bajo para tratar de que el bebé orangután se acercara. Fue inútil. El mochilero observaba sus movimientos -humanos, diría- y le chocaban, en especial, algunos. Sorprendente que en aquellas selvas un animal tan parecido al hombre se acercara a recibir su regalo. No era muy ético el acto de alimentarlos pues estaba si no prohibido si desaconsejado, pero….
El segundo día, por otra zona, repitió la excursión.
También exitosa.


V(B)iajero Insatisfecho y orangután

[VÍDEO]


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