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9 de noviembre de 2013

La isla de Malapascua, un pequeño paraíso

Arreglando las redes, Isla de Malapascua

Construyendo una barca, Isla de Malapascua

La isla de Malapascua se encuentra en el archipiélago de las Visayas, muy cerca, y al norte, de la isla Cebú (Islas Filipinas).
Era una pequeña isla de tranquilas aguas y playas que tenía relativa afluencia turística, de lo que vivía un numeroso grupo de habitantes. Al menos, varios hoteles, bungalows y restaurantes ocupaban la playa principal de la isla. Recorriéndola a pie (medía 2 kilómetros y medio de larga por uno de ancho) se podían ver también típicas escenas de pesca artesanal. Además de las instalaciones turísticas, una pequeña y tranquila aldea encontraba allí perfecta ubicación para un grupo de familias de pescadores, distribuidos en comunidades o barangays.
Aldea de pescadores, Isla de Malapascua

El nombre de ‘Malapascua’ viene de la época colonial española, cuando uno de sus barcos encalló allí el día de Navidad de 1520. A causa de ello, los marineros y sus familias llamaron al lugar, a aquella isla olvidada, Mala Pascua.
El viajero insatisfecho llegó a ella en una pequeña embarcación a motor que hacía la ruta Maya (población norteña de la isla Cebú)-Malapascua como si de un bus/barco se tratara. En el trayecto, no más de 30 minutos, tuvo la oportunidad de cruzarse, y empequeñecerse, con un gran barco transoceánico de impactante, soberbia y monumental navegación.
De monumental tranquilidad también fue la estancia. Una mañana en una pequeña barca alquilada para circunnavegar la isla; una tarde de exploración entre la multitud de palmeras y una jornada más de curioseo por la aldea y ‘ganseo’ por la playa fue todo lo que duró la estancia en aquel pequeño paraíso filipino. Y una cosa que nunca olvidará: escuchó hablar chabacano (reducto idiomático de ascendencia española) a una camarera nacida en la isla de Mindanao, donde aún se hablaba.
Las dos amanecidas que pasó en la isla fueron acompañadas por los ‘kikirikís’ matutinos de multitud de gallos que poblaban la pequeña aldea cercana. Aves de bella estampa y porte que los filipinos utilizaban para sus tradicionales peleas.
También en la isla de Malapascua, este mochilero disfrutó, haciendo ‘snorkel’, de uno de los paisajes marinos más impresionantes que ha visto en vivo y en directo. Sentía entonces, y siente ahora, envidia de los muchos buceadores que pudo ver regresando de expediciones acuáticas, con cara animosa y duradera sonrisa.

[Por esta preciosa y tranquila isla habrá pasado ayer, 8 de noviembre, el super-tifón 'Haiyan-Yolanda'. Este viajero les desea lo mejor].

Copyright © By Blas F.Tomé 2013


3 de agosto de 2012

No cansaba mirarlo


Siempre le pareció un paisaje refrescante este de las ‘Chocolate Hills’, en la isla de Bohol / Filipinas. Ya habló este viajero insatisfecho de ellas pocos días después de la visita, pero hoy quiere refrescar las carnes de otros ‘bloggers’, llenar de misterio sus vidas con estas instantáneas sobre estas peculiares colinas que, aun siendo conocidas, merecen de vez en cuando cierta veneración.
Hace unos días, cuando vió su imagen en la estación de Metro ‘Islas Filipinas’ (Madrid) recordó su existencia. Se acordó de aquellos momentos, su verde panorámica y el bullicio de los jóvenes filipinos que asistían también al sencillo espectáculo de su natural belleza.
Desde uno de los cúmulos, convertido en terraza turística, se podía ver este paisaje que refrescaba, sobrecogía, alentaba y ensimismaba.
No cansaba mirarlo.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

11 de noviembre de 2011

Good night, good night

A este blogger le llegan ecos de nuevas votaciones para elegir ahora (después de pasar el tormento de las 7 Maravillas del mundo) las 7 Maravillas de la naturaleza. Entre las 28 finalistas que han pasado la criba de expertos viajeros esta el río subterráneo de Puerto Princesa que en realidad no se encuentra en la ciudad de este mismo nombre, capital de la isla de Palawan (Filipinas), sino alejada a dos horas de jeepney o minibús.
Como no había hablado de él, hoy dará unas pequeñas notas.
Cuando este viajero insatisfecho lo visitó, la carretera estaba medianamente cuidada, con tramos de trayecto de tierra pedregosa aunque gran parte de ella, por culpa del turismo, estaba siendo cementada (esa especial manera que tienen algunos países de construir las carreteras, ayudándose de hormigón en lugar del más popular asfalto).
La experiencia de aquel famoso río subterráneo fue una internada, después de atravesar en apariencia una inmensa y dentada boca rocosa, a una oscura cueva navegable donde las impresionantes paredes de piedra y el río parecían adentrarse como Julio Verne nos relató en Viaje al fondo de la Tierra. La longitud era de aproximadamente 8 kilómetros, aunque lo que se podía visitar era la mitad. A lo largo del recorrido el barquero se encargaba, ayudado por un pésimo foco, de enseñar las ya habituales, aunque siempre diferentes, formas contruidas por la caprichosa naturaleza y de explicar, acompañado del eco y el chapoteo del agua, las historias de su descubrimiento e inicial exploración.
Tales explicaciones eran interrumpidas, de vez en cuando, por los gritos de ‘¡good night, good night!', en la oscuridad reinante, de barqueros y guías, correspondidos estos desde la otra barca que cruzaba, en un ir y venir permanente, con otro similar ‘¡good night!’ mezclado con risas y bromas de sus ocupantes.
¡Qué cretino y estúpido es a veces el turista, turisteando!.




Copyright © By Blas F.Tomé 2011

22 de mayo de 2011

La cruz de Magallanes

Llegó en barco ya de noche a Cebú City, procedente de Manila (20 horas). Después de un largo descanso se perdió en paseos por las calles cebuanas. La isla de Cebú es una de las grandes islas de Filipinas, situada en el centro de las llamadas Visayas, el principal grupo de islas del archipiélago. Su historia, para los occidentales o europeos, comenzó en marzo de 1521, cuando el marino portugués Fernando de Magallanes, comisionado de la Corona española, desembarcó en la zona con la turbia intención de ‘cristianizar’ a los indígenas, antes de intentar completar la vuelta al mundo.
Y cuentan queeeeee…., Magallanes lo primero que hizo fue plantar la cruz en aquel, entonces, villorrio. Después de casi quinientos años, allí continúa alzada en pleno centro de la ciudad; y si no es la misma, que no lo es, al menos así lo creen los devotos filipinos.
Al cabo de una larga caminata, ya desorientado (suele seguir el consejo de ‘para conocer hay que perderse’), el viajero insatisfecho se sorprendió de aquel recinto, con la cruz en su interior, al observar a varios filipinos arrodillados, rezando con devoción. Muy protegida por una especie de robusto palio o templete, la rodeó y se percató del significado de aquella estilizada madera. Un escueto cartel se encargó de ello.
No conocía la historia.
(Por su altura, le fue difícil retratarla en su integridad).


Copyright © By Blas F.Tomé 2011

19 de diciembre de 2010

Encuentro con los tarsiers

En los viajes hay cosas curiosas, nada impresionantes, minucias naturales o migajas de vida. Son esos minúsculos granos-de-mijo que juntos podrían formar una hemina (medida de capacidad agraria en León). Hoy, este leonés va a mostrar un diminuto primate, quizás conocido por todos, pero auténtica joya antropológica y, últimamente, siempre en peligro de extinción.
Los tarsiers son pequeños primates (los más pequeños del mundo, según algunos expertos), de hábitos nocturnos (parecidos a los famosos gremlims) y herbívoros pero, también, cazadores de insectos. Sus pies han alargado extremadamente los huesos del tarso, de ahí su nombre. Habitan en Filipinas, en las islas del sur; concretamente, en Bohol.
Allí estuvo este viajero insatisfecho con la casi exclusiva intención de visitar las ‘Chocolate Hills/Colinas de chocolate’, pero sin dejar de lado otras menudencias, no menos importantes.
Aquel santuario de tarsiers (sistema de conservación que el mochilero siempre critica) estaba muy cerca de la ciudad de Tagbilarán, capital de Bohol. Un mísero y minúsculo espacio al lado de un pequeño río lo definían los lugareños como santuario. Cobraban una pequeña entrada que casi imponía la obligación de añadir una propina.
Se produjo un inicial desencuentro entre el tarsier y el viajero. La discreción producida por el desconocimiento mutuo fue incrementada por la timidez del animal; aunque al final, tras el normal tira y afloja de argumentos dispares entre ‘el bello y la bestia’ (¿quién es quién?), se labró el acercamiento [ver fotografía].

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

16 de octubre de 2010

Lapu-Lapu

Lapu-Lapu fue a Magallanes lo que Atahualpa a Pizarro. Con matices, claro, pues el primer nativo salió victorioso y el segundo, en cambio, derrotado. El guerrero indígena Lapu-Lapu se convirtió en héroe filipino por ‘su acoso y derribo’ a Fernando de Magallanes. Él fue quien asesinó al navegante portugués, en Punta Engaño, e impidió que completara la vuelta del mundo.
Las versiones del cruento desenlace eran varias. Había quien decía que al arribar a la isla, con el agua aún por las rodillas, el héroe filipino le lanceó y murió; otros creían que fue muerto por el guerrero al tratar de imponer por la fuerza sus preceptos (quizás, religiosos) al entonces cacique de Mactán. Era necesario tener en cuenta que los hechos ocurrieron en 1521 y los documentos eran escasos.
La leyenda se mezclaba con la historia.
Fuera como fuere, por todo Filipinas se alzaban estatuas en su honor (la de la fotografía estaba situada en Manila) y tanta su fama que Lapu-Lapu era, incluso, el nombre de uno de los pescados más populares de las islas. Un pescado tan grande y feo como el mero e igual de sabroso.
Decían,……………., y el viajero insatisfecho creyó.

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

16 de julio de 2010

¿La playa 'Seven Commandos'?

En la bahía de El Nido, en la isla de Palawan (Filipinas), lo más sencillo y atractivo para el visitante era navegar alrededor de las cientos de islas que componían el archipiélago Bacuit, un paisaje de gran belleza (eso sí, nada que ver con la vietnamita bahía de Halong, como algunos libros-guía se atrevían a comparar). Un barco y un piloto, a la vez, guía, era todo lo que se necesitaba para hacer un bello recorrido y pasar una jornada sumido entre agua y calor. Bajo aquel sol-calor, las islas se uniformaban y las aguas se juntaban en el horizonte con la bruma sol-calor. En todo aquel mar, plagado de islotes, primaba el silencio que calmaba incluso el latido de un corazón emocionado.
Todas ellas, y sus playas, tenían su nombre en lengua tagalo o visaya, pero los americanos -supone el viajero insatisfecho- no tuvieron reparos en dar sus propios nombres ingleses a cualquier apartado rincón. Esos nombres aún permanecían.


¿Cómo si no una isla se podía llamar Helicopter Island/Isla Helicóptero (por su forma, y vista a lo lejos) o Snake Island/Isla Serpiente (por su cola arenosa de cientos de metros que se interna en el mar) o Seven Commandos Beach/Playa Siete Comandos (accesible únicamente por barco).

¿Cómo pudieron tener aquellos post-colonizadores americanos tanto afán guerrero para ponerle ‘Seven Commandos Beach’ a una bella y tranquila playa?. ¿Quizás allí permaneció guarecido el ‘Séptimo comando’ antes de una incursión contra los japoneses en la II Guerra Mundial?.

Hay veces que la locura que nos trasladó la película ‘Apocalypse Now’ no está tan alejada de la realidad.
Copyright © By Blas F.Tomé 2010

31 de mayo de 2010

La monja loca

La influencia del castellano en Filipinas se mantiene, de manera muy comedida, pero se mantiene en algunos detalles. El peso del inglés fue tan fuerte allá por ‘el 1900’ que apartó al español de aquellas lejanas islas. Hay quien cree, entretanto, que fue más por culpa de la falta de empeño que pusieron los colonos españoles de entonces, intoxicados por defender la religión y las jerarquías de poder.
Hace poco la (casi ex) presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal, recibió el Premio Internacional Don Quijote de La Mancha 2009, que compartió con el escritor Mario Vargas Llosa ¿Qué estaría impulsando la líder filipina para hacerse merecedora de este Premio? Pues, introducir la enseñanza de la lengua española en los planes de estudio nacionales. Cuando este viajero insatisfecho leyó en los medios de comunicación la noticia, recordó esta fotografía que sacó un lejano día en su visita a ‘Intramuros’, en Manila.
Casas o palacetes en esta antigua zona de la ciudad, que con el empuje, en su momento, de la entonces presidenta Cory Aquino, han podido mantener, o mejor, recuperar el antiguo sabor de poderío español. En uno de aquellos edificios estaba “La monja loca, Store”, pequeña tienda llena de artículos que iban desde camisetas, bolsos, posavasos, viejas postales y variedad de objetos pop y muy kitsch.
No supo quien era el propietario. ¿Alguien sabe el origen de este estrambótico nombre?.

Se admiten sugerencias.

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

18 de marzo de 2010

Viajando por la muerte

Aún no sabe por qué pero este viajero insatisfecho siempre ha pensado que una investigación, quizás antropológica, sobre la muerte podría ser una buena excusa para ‘perderse’ (vagar) por el mundo y tardar años y años en aparecer. La muerte en sí, o sus ceremoniales, tiene tantas interpretaciones terrenales o del más Allá que dependiendo del pueblo, tribu o región su significado será diferente.
Si bien el cristianismo ha capitalizado el respeto al cuerpo en las ceremonias fúnebres por la creencia de que el hombre esta hecho a imagen de Dios; por contra, los masai -africanos- colocaban a sus muertos en el bosque para que los consumieran los carroñeros y depredadores. En la costa occidental de Canadá los cuervos se nutrían de cadáveres de los kwakiutl. En las Torres del Silencio de Malabar (India) o dokhmas, los parsis dejaban a sus muertos para que fueran picoteados por los buitres hasta quedar en los huesos.
Han sido cuatro ejemplos, pero, con ellos, la imaginación del lector se ha trasportado a tres o cuatro continentes. El supuesto viajero, convertido en investigador, habría viajado de una tribu a un poblado, de un área a otra región. La adquisición de sus conocimientos, hubiera supuesto traslados, caminatas, esperas, marchas y veredas.
¿No sería una manera de viajar?.

Viajes. Viajes.
  • En el círculo, varios féretros colocados hace años en terreno escarpado. La fotografía esta tomada en las Islas Filipinas, muy cerca de las famosas Cuevas de Sagada.
Copyright © By Blas F.Tomé 2010

11 de noviembre de 2009

Mangrove River

Los manglares son esas formaciones vegetales compuestas por un conjunto de árboles-arbustos que tienen especiales características para sobrevivir y desarrollarse en terrenos costeros inundados o zonas con agua de altos niveles de salinidad. Protegen a las costas de la erosión y han proporcionado durante siglos multitud de recursos a las poblaciones locales. Conforman también zonas de apareamiento y cría de muchas especies, además de ser refugio para peces, otras formas de vida marina y multitud de serpientes. Armonizan en sí mismos, a veces, un paisaje verde; silencioso, otras, y misterioso, las más.
¿Qué son los manglares para el viajero insatisfecho? Muy sencillo, áreas con mucho atractivo.
Ha visitado varios.




























Port Barton, en la isla de Palawan (Filipinas), era una tranquila playa. Era la playa del ‘nada-que-hacer’ y vaguear con el cuerpo tostado al sol. Pero había otras posibilidades. Muchas. El Mangrove River (Río de manglares) era una de esas opciones cercanas que los barqueros del lugar se encargaban de promocionar.
‘Aceptar lo que ofertan’ es una de las máximas de este mochilero. ¿Qué puede pasar?.
Y aceptó.
Mientras subía a la pequeña barquichuela que le llevaría desde la playa a la desembocadura del río, no dejaba de mirar los verdes islotes lejanos y soñaba, ya, con su conquista de un nuevo territorio de manglares. Una vez allí, en las zonas misteriosas del Mangrove River, se sentía la humedad, la sombra y, de vez en cuando, un cierto temor. En sus zonas verdes, se palpaba la presencia de serpientes, de anillos de colores, venenosas y tan peligrosas como la prudencia que mostraba el barquero al observarlas, quietas, sesteando colgadas del follaje (ver fotografía arriba).
'Acércate un poco a la rama para sacarle la foto', le decía al barquero. No, no, que se pueden descolgar y caer en la barca.
Poco probable, pero quedó dicho.

Copyright © By Blas F.Tomé 2009

6 de julio de 2009

Jeepney's (Filipinas)


Tal vez este viajero insatisfecho retrató uno de los más llamativos que transitaban por las ciudades filipinas, pero con el grado decorativo que alcanzan los jeepney’s son dignos de ser catalogados como verdaderas obras maestras. Es un vehículo distinto. Distinto de lo visto hasta entonces, genuino, particular por su estética y misión socializadora para el filipino de a pie. Sus asientos laterales y a lo largo obligan a la mitad del pasaje mirar a la otra mitad. Allí, el filipino se codea, se empuja, se respeta.
La mitad observa a la otra.
Conceptualiza.
Capitaliza las miradas si es extranjero, o chica bonita, o moscón parlante.
El techo almohadillado en todos, o casi todos, cumple una utilidad anti chichones. Un muy loable acierto.
Este particular transporte conforma paisaje. No pueden decir lo mismo los taxis madrileños, o africanos, o los autobuses hindúes: no plantean al mochilero una mirada de asombro.
El paisaje-jeepney es especial, provoca curiosidad, miradas prolongadas si va circulando y sorpresivos movimientos. ¿Lo suscita esta fotografía?.

Copyright © By BlasFT 2009

23 de mayo de 2009

La canasta (Filipinas)

Cada país -este viajero insatisfecho ya ha realizado sus comprobaciones- tiene su deporte. En algún territorio, tal evidencia les engrandece y les relanza al mundo donde la ilusión e imaginación son una importante componente de vida.
En Filipinas, cuando cenaba en las terrazas de madera al aire libre, la televisión transmitía uno -cualquiera- de los partidos de la NBA; en los lejanos pueblos, situados a lo largo de la carretera, la canasta se alzaba principal y era habitual ver a un par de jóvenes jugando solitarios al baloncesto. Un filipino que le abordó en Cebú City, al enterarse de su origen, le recitó, de carrerilla, los nombres de todos los españoles que juegan en los campos USA.
Ejemplos significativos.
Si Gasol hubiera nacido allí, sería un mito. Habría aprendido en esas canastas solitarias y, quizás, se habría endiosado con la admiración ciega que demuestra el filipino hacia sus ídolos gigantes deportivos.
Bajitos sí son los filipinos, pero sus mitos son los más altos del basketball, los más grandes de la cancha, los mejores en mates y triples del circuito NBA.
Este mochilero aún recuerda a aquel niño que, bajo una solitaria y artesana canasta, miraba inmóvil, pensativo y, quizás, triste su torcido y destrozado aro. No pudo hacer la fotografía del momento, pero aquel instante circula en su mente como símbolo imaginario de Filipinas, del ‘país de las 7.000 islas’.

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27 de abril de 2009

Breves observaciones (Filipinas)

No parece que hubieran nacido en el mismo sitio y país, ni que les hubiera despertado el mismo sol y el mismo canto del gallo. El carabao y el filipino son diferentes.
¡Faltaría más!.
Sus percepciones interiores y actuaciones muy distantes y lejanas, casi contradictorias.
El impasible y absorto carabao parece entretenerse en arrastrar bultos o tirar con parsimonia del arado arrocero mientras filosofa -en apariencia- todo: el ruido, el silencio, el traqueteo, el particular olor, los abigarrados colores del entorno. El filipino, en cambio, raya con la vitalidad permanente, mueve sus ágiles piernas y conforma con otros filipinos un tremendo caos. Sonríe, habla y transmite ligereza de espíritu. Tiene la fuerza del paso rápido, decidido, y la vibrante velocidad de una veleta movida por un frecuente huracán.
La calle es caótica pero juvenil, caótica pero alegre.
El pueblo filipino es joven. ¿Dónde están sus viejos? ¿Ocurre lo mismo que cuando Madrid-en-pleno se pregunta dónde entierran a los chinos-madrileños?.
Este viajero insatisfecho no vio a penas viejos en las calles, en los pueblos -algunos-, en las carreteras.
No toman los jeepney’s (extraño autobús local) los ancianos filipinos ¿dónde pasarán su discreta vida?.

Copyright © By BlasFT 2009

15 de abril de 2009

La muralla se llama "muralla" (Filipinas)

Que nadie piense que en Filipinas, por hablar inglés, olvidaron y, por ello, reniegan de la influencia española y del fuerte patrimonio colonial español labrado a base de clérigos destripa-indígenas y militares mentecatos, autoritarios y torturadores. Los filipinos tienen el tagalo y el inglés como idiomas oficiales -hace mucho lo fue el español-, pero este viajero insatisfecho escuchó hablar cebuano, visaya, chabacano, y otros que ni recuerda.
En todos ellos se vislumbra más o menos la influencia española.
Los pueblos y ciudades tienen por lo general nombre español. No se dice “Port Princess” sino Puerto Princesa, capital de la isla de Palawan. La gente es de Toledo o de San José de Buenavista, y -quizás- de San Fernando, La Laguna o Padre Burgos. Si va en jeepney (cumple parecida misión al autobús municipal) el filipino grita “¡para!” si quiere bajarse. En el restaurante pide un “tenedor” y si pretende hacer un recuento dicen “uno, dos, tres,….”. Al lunes lo llama “lunes” y al martes lo nombra como “martes”.
Los anuncios finalizan con Please, contact.- “Mr. Fernández” y la tienda se puede llamar “Borbón”. ¿Hay un nombre más español para una calle que “Antonio Flores Street”?. La clínica dental pertenece al doctor “H. Pantoja” y la muralla se llama “muralla”. ¿Hay algo que identifique más al conquistador ibérico que una ciudad amurallada?. No entendía tagalo, ni visaya, ni cebuano pero este viajero sintió tan cercano al filipino de la calle que le comparó, en carácter, al español.


Copyright © By BlasFT 2009


4 de abril de 2009

La lista negra


Acaba de llegar de las Islas Filipinas y se entera de que la OCDE (y por consiguiente, el G-20) coloca a este país en la ‘lista negra’ de los que no colaboran con las autoridades fiscales ni se comprometen a adoptar las normas internacionales. Los poderosos(?), en cambio, se comprometen a aplicar sanciones contra el territorio rebelde, a actuar con ‘el hacha de guerra’ si no cumplen sus imperativos.
El viajero insatisfecho ya había hecho, cinco días antes, su particular ‘corte de mangas’ al centro neurálgico de Manila. Nadie se cree que esa zona de negocios sea representativa de Filipinas y sea el reflejo del resto del territorio. Más bien es el producto en el que se ha fijado el G-20 para colocarlo en la ‘lista negra’ de paraísos fiscales.

En esta ocasión, el mochilero se ha colocado, con ironía, por delante -en el tiempo- a los poderosos(?) de la tierra.

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29 de marzo de 2009

Únicamente las 'Chocolate Hills'

Si hubiera sido el director de “El Señor de los Anillos (I, II y III)” que no dude el posible lector que alguna de las espléndidas localizaciones de la película hubiera sido en el sugerente paisaje de las ‘Chocolate Hills’, como son llamadas y como el poder político de la isla de Bohol (Filipinas) quiere que sean conocidas.
Una rápida mirada a las fotografías con la mente puesta en la película: ¿Tienen un sitio estas instantáneas en el universo creado por Peter Jackson?. ¿Podrían ser, por ejemplo, el paisaje natural de los hobbis?. Su momento cumbre de particular belleza parece ser mayo, cuando alcanzan el color que las ha movido y lanzado más allá de sus fronteras.
A este viajero insatisfecho le pareció ‘sugerente’ la visión del entorno que conforma esta multitud de promontorios, coralinos ellos, si se atiene a las explicaciones grabadas ‘in situ’ a modo de orientación. Un paisaje diferente, lleno de misterio en plenas Visayas (Así le llaman a estas céntricas islas filipinas).
Mil doscientas sesenta y ocho (1268) elevaciones repartidas en tres distritos de la isla y 214 escalones se precisan subir en uno de los cúmulos (destrozando, así, su virginidad natural) para poder observar el resto.
¡Cifras, cifras!.
Siempre son curiosidades y más cuando en uno de los casos (los escalones) el mochilero se entretuvo en contarlos. La otra cifra habrá que agradecérsela a Michael, el conductor que, resignado, le aguantó y llevó.
Pensaba enseñar a este mequetrefe otras plazas que completaban su ‘paquete turístico’, de tonterías y engañabobos, pero se lo prohibió.
- No. Únicamente las “Chocolate Hills”.

¡¡Gracias, Michael!!.


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23 de marzo de 2009

'Pakistani man'

Rompió la tranquilidad del barco. No sabe dónde había estado hasta entonces pero cuando este 'pakistani man' apareció en la cubierta del enorme barco que hacia la ruta de Manila a Cebú (segunda ciudad de Filipinas), muy fieles a su peculiar estilo, los filipinos -ágiles- se reunieron como obreras abejas alrededor de su reina.
Era mpresionante ver al hombre, torpe, con una necesaria sobresuela en un pie, por tener una pierna más larga que otra, con su altura desproporcionada y su inocente cara. Tal vez demasiado inocente y limpio su rostro para aquel cuerpo exagerado. Su mirada perdida y un principio de sonrisa permanente completaban un especial semblante.
Al dia siguiente este viajero insatisfecho supo que la presencia del segundo hombre más alto del mundo-mundial había sido noticia televisiva en Filipinas.
Incrementa, si cabe, el valor de la experiencia vivida.
Desconoce la misión de este su-viaje a las 7.000 islas. ¿Quizás cristianizarse en este católico país?. ¿Huiría del suyo semi destrozado por los actos sangrientos?.
Levantó, sin perder su inocente semblante, los dedos haciendo la V de victoria cuando sus improvisados fans -ávidos de fotografías- se lo pidieron y acarició, con cierta ternura, a una niña filipina que en el tumulto se puso a su lado.
Rompió la tranquilidad, pero ganó voluntades para alguna particular causa.

Seguro.
[No es una 'noticia de alcance', sucedió hace algunos días].

Copyright © By BlasFT 2009

19 de marzo de 2009

¡Caótica Manila!

Si el viajero insatisfecho viene a Filipinas y en su mochila aparece el libro “Noli me tangere”, de José Rizal, o viene documentado o tiene la ‘joia’ suerte del principiante.
[Viene documentado].
Rizal es un ídolo, es un mito en Filipinas. Calles, plazas, estatuas, asociaciones, edificios, jardines, retratos y monumentos. Todo lo que tenga que ver con el filipino de a pie es susceptible de llevar su nombre.
Mira el libro -su portada- y el retrato de José Rizal que aparece en él, le hace pensar en un ‘quijote-cabreado’, abandonado de su ‘sancho’. Un ‘quijote’ del siglo XIX que tiene aspecto de ser un inocente perdedor, una vil consecuencia de una España decadente y de un generalato español incompetente. Luce, además, “lorquiano” y un destino parejo.
Manu Leguineche (que grande!) prologa el libro y se auto promociona como admirador. Este ‘leonés de ribera, y viajero’, sin ganas de leer a un mito, aunque si a un ingenio de mordaces palabras, recuerda -después- su paseo por el exterior de las murallas de Intramuros (antigua Manila) donde los filipinos han expuesto sus contradicciones y su caótico ‘mix' continuo: las estatuas de Geoge Washington y Ninoy Aquino, recuerdos a José Rizal, estatua de Legazpi y un despreciable campo de golf.
Menudo ‘cacao mental’ tienen los filipinos!
¡Caótica Manila!, una ciudad que conocen los ‘homeless’, niños de la calle y taxistas veteranos.
¡Caótica Manila!, que palpó todas las contradicciones históricas.
¡Caótica Manila!, necesitada de inversiones, para invertir la tendencia de su polución progresiva, cuasi-irrespirable.
¡Caótica Manila!,....

Copyright © By BlasFT 2009

14 de marzo de 2009

La familia real filipina

Hasta el agua puede labrar en la roca calcárea cosas sin igual. A veinte metros bajo tierra, esta mujer impúdica aguardaba el viajero insatisfecho, fría y oscura, vigorosa y -hasta cierto punto- pantagruélica. De repente, mientras golpeaba con el dedo índice la cámara, experimentó la placentera sensación de estar viviendo algo real.
Al salir de la cueva pudo leer en una postal souvenir “The porn cave”. Cuatro pequeñas instantáneas reproducían al rey, la reina, el príncipe y la princesa. Sólo pudo conocer a la reina (cree que también al rey), su necesario y obligado guía no le mostró todo el elenco familiar.
La imaginación es sorprendente.
Para llegar a ella (a la reina) y disfrutar de sus calcáreas carnes, nada de barandillas, escalinatas cementadas o pasadizos iluminados. Desde la humildad, el mochilero cree que accedió en el más elemental -aunque sencillo- estilo espeleológico.
(Por cierto, no ha mostrado el lugar exacto por si alguien quiere conocer a la familia real filipina: Es la famosa Sumaging Cave, en Sagada, norte de la Isla de Luzón, Filipinas).

Entrada de Sumaging Cave.

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10 de marzo de 2009

¿No tendrán una miserable vida?



No sabe el por qué de la tradición en Oriente de masticar betel, pero el pueblo ifugao, originario y asentado en el norte de la isla de Luzon (Filipinas), también cumple con ese ritual. Es uno de los pueblos antiguos de las islas, y mantiene viva la tradición de cultivar el arroz en impresionantes terrazas milenarias.
Siempre sorprende ver esos labios y dientes rojos que sugieren falta de higiene, aun sospechando también que pueden ser producto de la masticación de betel.
Este viajero insatisfecho ha conseguido ver la planta original (muy parecida a la palmera datilera), ha tenido el fruto en sus manos y se ha sorprendido de su transformación en tremendos salivazos rojizos en el suelo. En tagalo (idioma oficial de Filipinas) se escribe “buñga”, y el sonido que les sale de sus gargantas es bastante impronunciable.
No pudo resistir la tentación de fotografiar a esas ancianas masticadoras de betel, vestidas con tradicionales trajes ifugaos, y colocadas en el lugar intencionadamente para que el turista lance su objetivo hacia ellas. No suele caer en la tentación, pero en esta ocasión hizo una excepción (!!ha hecho tantas!!).
Pensó: “Me van a sacar unas monedas, pero estas ancianas, ¿no tendran una miserable vida?.

Y pulsó el botón de la cámara.

El viajero sigue vivo. Pensativo, pero vivo.

Copyright © By BlasFT 2009