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21 de mayo de 2012

¡Mierda p'a la Cuatro!


Hace unos pocos días este viajero insatisfecho vio un 'pelín' (quizás 5 minutos) de un programa que ni siquiera tenía constancia de su existencia. Un programa que después de las primeras imágenes, habría que decir píxeles, le produjo una repugnancia de difícil calificación. La bazofia en cuestión (cosa soez, sucia y despreciable, dice la RAE) era Perdidos en la tribu [Cuatro].
Si existe tal indignidad a la hora de producir un serial de estas características, el personal está un poco más cerca de perder el sentido de la cordura a la hora de moverse por el mundo. Si se llega a trivializar tanto a un pueblo y a una raza (aún con su consentimiento, después de 'untar'/sobornar bien hasta el más paria de la 'falsa' tribu), es porque se han perdido las más mínimas cotas de convivencia. En esos 5 minutos vio burla hacia el otro que no entendía por desconocer el castellano; críticas con mal estilo; menosprecio hacia el local/indígena; trato auto-suficiente y despreciativo como si el otro fuera inferior, y hasta amenazas soeces.
 “La familia de San Sebastián se instala en Togo, África, junto a los tamberna, un pueblo muy activo sexualmente que pondrá la nota más morbosa de esta edición”, decían -sin ningún tipo de crítica y reparos- en una crónica de un periódico digital español.
Este mochilero les desea lo peor a esa pandilla de productores, negros/ganapanes, realizadores y equipo técnico.
¡Mierda p’a la Cuatro!.
¡Mierda p’a Berlusconi!.
¡Una vergüenza!.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

8 de julio de 2007

Los viajes de "la caja-tonta"

El otro día, este viajero insatisfecho -ahora, en parada mochilera- estaba viendo el programa “En portada” de La 2. Un reportaje sobre las mujeres de la India le dejaba sobrecogido por su tratamiento y belleza argumental. Pretendía ahondar en la situación actual de las mujeres hindúes y lograba indignar al espectador más duro y experimentado. Baby Halder era esa serena mujer abandonada por su madre, obligada a casarse a los 12 años por su padre y maltratada por su marido. Una historia que ella recoge en el libro “Una vida menos ordinaria” y relata al periodista con una temperamental dignidad, seriedad de gestos y claridad de palabras.
Este vehemente mochilero interpretó, en el momento, esa experiencia contada ante una cámara, y transmitida por una televisión, como un viaje sin levantarse de su raído sofá de salón. Pero, no.
No. Las historias que emite “la caja-tonta” no son el viaje de viajero insatisfecho. Son,… otra historia, otra experiencia, otra forma de ver el mundo. Viajar, con una mochila al hombro, es -insisto- otra cosa. Es palpar uno mismo la realidad de cualquier lejano territorio; sentir el pulso humano de la persona que te aplasta en un desvencijado autobús de pasajeros; escuchar in situ la conversación de una pareja de labriegos; circular sin rumbo durante horas para terminar pedido en la maraña de calles de una ciudad desconocida; admirar cualquier ruina mirando al suelo, a veces, para evitar caer por el precipicio; observar el movimiento en los muchos mercados de abastos populares; descifrar el comportamiento del taxista que esta pidiendo una cantidad desorbitada por un trayecto ridículo; admirar al guía que le lleva a uno por la selva y advierte de los peligros. Es desentrañar, fotografiar, subir, pasear, pulular, pensar, bajar, andar ……, y, sobre todo, sorprenderse.