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12 de julio de 2025

Nosy Be / Madagascar


Playa de Ambatoloaka

El vuelo de salida de Madagascar y regreso a España, lo había comprado para el aeropuerto internacional Fasenina-Ampasy, en la isla Nosy Be. Desde Diego Suarez, donde se encontraba, regresaría otra vez a la ciudad de Ambanja, para desde allí tomar un barco hacia la isla.

De nuevo, tendría que hacer el trayecto de regreso —por el centro de Madagascar— en minibús por etapas, debido a los puentes destruidos en la carretera nacional RN-6. En Ambanja se alojó en el hotel Palmanova, que ya conocía desde hacía una semana, en su anterior paso por esta ciudad.

El trayecto en barco desde el puerto de Ankify, cercano a Ambanja, hasta Hell-Ville, en Nosy Be, duró unas dos horas. Esta pequeña ciudad, tenía un gran ambiente comercial y un aspecto más moderno que otras poblaciones malgaches. Se palpaba el movimiento y ajetreo.

Una vez allí, tenía claro que se hospedaría en Coucher du Soleil (reservado por Booking), en la playa de Ambatoloaka, donde pasaría las tres o cuatro noches que le quedaban para el vuelo de regreso. Dos meses después de aterrizar en Antananarivo, se encontraba a un paso del avión de vuelta.


Puerto cercano a la playa de Ambatoloaka

Ambatoloaka era una playa con relativa afluencia turística. Varios hoteles bordeaban la arena y otros tantos retirados de primera línea, pero muy cercanos a las aguas. La calle paralela y muy turística también contaba con multitud de bares y restaurantes, donde las cervezas pronto aparecían en sus barras y mesas. Por allí rondaban franceses, italianos y otros personajes europeos y, especialmente, muchas jóvenes malgaches receptivas a todo tipo de invitación. Uno de los locales, en el que la música en vivo y enlatada se prolongaba hasta altas horas de la madrugada era Taxi Be, un antro veraniego, como el de cualquier otra playa europea. Allí estuvo el viajero insatisfecho, al menos dos noches, tanteando el ambiente con una cerveza THB en la mano. Se sentaba en una de sus muchas mesas y observaba cómo el ambiente discotequero se apoderaba del local. Sobre todo, jóvenes malgaches y turistas europeos movían sus esqueletos al son de grupos, realmente buenos, de música rockera y africana.


Taxi Be, local nocturno (foto en el día)

Durante las horas de sol, uno de los días contrató una excursión para conocer Nosy Iranja, alejada unas dos horas y media de barco, y otro, a Nosy Sakatia, una isla muy cercana, donde pudo nadar entre tortugas en su ambiente marino.


Playa de Nosy Iranja

Playa de Nosy Sakatia

A Nosy Iranja llegaban algunos pequeños barcos con turistas locales y extranjeros para disfrutar de la playa, una lengua de arena que unía la isla con un islote cercano.

Entre agua salada, playas, islas y cervezas se despidió de Madagascar.

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18 de febrero de 2008

Divisó dos cuerpos

A lo lejos, divisó dos negros cuerpos femeninos que se acercaban balanceándose como dos ramas movidas por el viento. Daba la impresión de que jugaban entre ellas mientras se acercaban lenta, muy lentamente. Ya se sabe que en la lejanía la sensación de movimiento se ralentiza. La escena era entretenida y de exquisita generosidad visual. No lo dudó un momento y el viajero se sentó en uno de esos troncos corroídos, por el agua del mar, que se encontraba muy cerca de donde rompían las pequeñas olas en la arena. Desde allí pudo observar sus cuerpos con cierto disimulo pero -a su vez- con una ansiedad carnal que esos días afloraba en su piel y su interior. Mientras las observaba a lo lejos, ambas mantenían sus juegos, pequeños empujoncitos y lo que creía fueran risas de amistad y complicidad. Era una imagen estéticamente serena. Si fuera de una película, su director la hubiera difuminado para impresionar al espectador y realzar su belleza. Pero la imagen era de una realidad pasmosa. Entre tranquilo y nervioso, esperó a que estuvieran a pocos metros, entonces -se dijo- “las abordaré”.
No fue necesario.
Se acercaron a él entre risas y breves comentarios que oía como un bullicio chismoso. Le ofrecieron artesanía local, collares, anillos y figuras de madera, todo ello labrado, con profesionalidad, pero también con cierta torpeza.