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22 de enero de 2008

Y si fuera la niña sagrada

Cuando sacaba esta fotografía (ver) casi le temblaban las manos. Este mochilero acababa de salir del patio del viejo templo nepalí, donde, con la disculpa de la religión y la tradición, mantenían a una niña semi-secuestrada. Esta otra niña, que vio unos minutos después asomada a la ventana del bello balcón de una calle cercana, era la viva imagen de la escena que podía haber presenciado -y no presenció- en el patio del templo.
Era la viva imagen de la niña sagrada.
La secuestrada.
Y si fuera.
Y si fuera la niña sagrada.
Si fuera la niña, la arrancaría de un tirón de semejante prisión religiosa, de semejante condena.
El templo, y su patio, era uno de los más antiguos de Katmandú. El libro-guía contaba la tradición al viajero, que se acercó, para reconocer más tarde, en sus recuerdos, haber estado allí, en Kumasi Bahal.
“En esta casa, habita la diosa viviente. Es una niñita elegida hacia la edad de 4 o 5 años, dentro de una casta determinada, por su cuerpo sin defectos, su horóscopo que encaje con determinados criterios,…. Se satisfacen todos sus deseos y no sale más que para algunas ceremonias religiosas. Sobre todo no debe herirse, puesto que la aparición de la sangre significa para ella el fin irremediable de su carácter sagrado.
Por tanto, no juega, casi no se mueve y termina su carrera cuando tiene su primera regla. Se la devuelve, de nuevo, a su familia con un montón de regalos… y un poco “tocada” de la cabeza. Además, su vida quedará estropeada definitivamente ya que en la práctica nunca encontrará marido. Según una tenaz superstición, él moriría en los meses siguientes al matrimonio.
Puede asomarse a la ventana, pero está formalmente prohibido fotografiarla
”.
El viajero insatisfecho no la vio.
Vio a la otra.
A la inocente niña. A unos metros de su posible destino fatal.

11 de enero de 2008

Dakshin Kali

A unos veinte kilómetros de Katmandú estaba Dakshin Kali. Todos los sábados tenía lugar una ceremonia religiosa en honor de la diosa Kali, y allí se presentó el viajero insatisfecho siguiendo los consejos, recomendaciones o sugerencias del libro-guía “Salvat del Trotamundos”. Para recorrer estos veinte kilómetros desde Katmandú, nada mejor que un autobús local, cuya parada (bus-stop) no tenía pérdida si la mente-cuerpo-espíritu del viajero se encontraba por la zona o sus alrededores. Todo muy sencillo: seguir a los viandantes que llevaban en sus manos pollos colgados o tiraban con débiles cuerdas de rebeldes machos cabríos.
Dakshin Kali era un pequeño templo cobijado en un verde valle, más concretamente, en un verde barranco de pendientes escaleras de acceso, donde los sadhus -a veces con su particular parsimonia- hacían 'su agosto'. Todo analizado desde la distancia, pues 'su agosto' eran unas pocas monedas.
Para calmar la sed sanguinaria de la diosa Kali, muchos nepalíes se dirigían allí, ese día, para sacrificarla pollos y jóvenes machos cabríos. Ofrecerle flores, frutas e incienso.
Fue un espectáculo bastante impresionante, puesto que los oficiantes-carniceros chapoteaban en la sangre, igual que lo hizo este intrépido viajero sin querer, únicamente por su obsesión de implicarse en semejante ceremonia. Y allí se sintió observado, hasta que en lo alto de la empinada escalera apareció un grupo de turistas, que (¡Dios!) le hicieron huir de semejante templo de seducción o, tal vez, degeneración semi-carnal y cuasi-caníbal.
No vio religiosidad aparente, no entendió su significado. Más bien le pareció parafernalia de nepalíes que pretendían iniciar, así, el descanso semanal.

¿No se inician en España -a veces- los descansos festivos con sacrificios de animales de difícil comprensión?.


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