
¿Quién paseando ahora por los estrechos callejones de la isla de Goré se puede imaginar el horror que allí se vivió?.
Plagada de vestigios coloniales es difícil trasladarse a la época del apogeo de la esclavitud. Nadie parece presagiar -o mejor, recordar- que esas calles estrechas, ahora adornadas de flores ajardinadas, fueron recorridas por centenares de miles de esclavos rumbo a las américas, para enterrar sus vidas en la travesía o, si la suerte y su vigor físico les acompañaban, en el barro de las tierras recién colonizadas por “el blanco”.
Fue en este islote, que podría asemejarse a una Habana diminuta o a un Salvador Bahía minúsculo, donde los cipayos portugueses, ingleses, holandeses y franceses habrían centralizado un más que lucrativo negocio de venta de esclavos.
Ahora, visto desde el paso de los años, este islote respira con el turismo y para el turismo. Y su pulmón-maltrecho es el puerto al que llegan las chalupas desde los cercanos muelles de Dakar. Los negros milanos -como negra es África- planean por su cielo, como reivindicando a los buitres de otras épocas, ya lejanas, ojo avizor con el cadáver negro, muerto y destrozado por la brutalidad de negociantes y negreros.
Plagada de vestigios coloniales es difícil trasladarse a la época del apogeo de la esclavitud. Nadie parece presagiar -o mejor, recordar- que esas calles estrechas, ahora adornadas de flores ajardinadas, fueron recorridas por centenares de miles de esclavos rumbo a las américas, para enterrar sus vidas en la travesía o, si la suerte y su vigor físico les acompañaban, en el barro de las tierras recién colonizadas por “el blanco”.
Fue en este islote, que podría asemejarse a una Habana diminuta o a un Salvador Bahía minúsculo, donde los cipayos portugueses, ingleses, holandeses y franceses habrían centralizado un más que lucrativo negocio de venta de esclavos.
Ahora, visto desde el paso de los años, este islote respira con el turismo y para el turismo. Y su pulmón-maltrecho es el puerto al que llegan las chalupas desde los cercanos muelles de Dakar. Los negros milanos -como negra es África- planean por su cielo, como reivindicando a los buitres de otras épocas, ya lejanas, ojo avizor con el cadáver negro, muerto y destrozado por la brutalidad de negociantes y negreros.
Este viajero insatisfecho se perdió media jornada por sus calles (ver fotografía), hasta que el cielo se tiñó de un rojo-color-sangre.