Pensé que estaba soñando cuando circulando a 120 kilómetros por hora aparecieron vacas de colores a un lado de la autovía, como pastando en verdes prados de verdes dehesas.
Pero, no.
Eran animales estáticos, surgidos de la mente de algún artista que no recuerdo, pero que supo exhibirse -eso sí lo recuerdo- por las grandes ciudades de una variedad de países. No sé si eran las mismas, o pertenecían a cualquier otro genio moderno de los muchos que plasman su arte en objetos conocidos. Esas exposiciones, en principio itinerantes, comenzaron -creo recordar- por intereses caritativos. Conseguir dinero para una buena causa.
¿Esas vacas de colores que vimos a lo largo de la autovía pertenecerían a ese mundo altruista o serían producto de la vil mercadotecnia?. O quizás, pastarían con reposo para seducir a portugueses y españoles, habituales transeúntes de esos lugares.
Tienen su encanto.
No molestan a nadie.
Alegraron el viaje cateto del viajero insatisfecho.
Pero, no.
Eran animales estáticos, surgidos de la mente de algún artista que no recuerdo, pero que supo exhibirse -eso sí lo recuerdo- por las grandes ciudades de una variedad de países. No sé si eran las mismas, o pertenecían a cualquier otro genio moderno de los muchos que plasman su arte en objetos conocidos. Esas exposiciones, en principio itinerantes, comenzaron -creo recordar- por intereses caritativos. Conseguir dinero para una buena causa.
¿Esas vacas de colores que vimos a lo largo de la autovía pertenecerían a ese mundo altruista o serían producto de la vil mercadotecnia?. O quizás, pastarían con reposo para seducir a portugueses y españoles, habituales transeúntes de esos lugares.
Tienen su encanto.
No molestan a nadie.
Alegraron el viaje cateto del viajero insatisfecho.
Decoran la casi-aburrida ruta de Salamanca a Ciudad Rodrigo y, encima, se dejan fotografiar, ¿qué mejor?.