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1 de julio de 2023

El principal destino al sur: Namibe

De nuevo en Luanda, después de haber visitado Malanje -con las cataratas de Kalandula y Pungo Andongo- se planteó un largo trayecto (unos 1.000 kilómetros) que le llevaría rumbo sur, a la zona de Namibe, a la ciudad de Moçamedes, como se llamaba la población más grande de la región, aunque en libros-guía y en varias informaciones de internet identificaban Namibe como nombre de la ciudad. El autobús salía por la tarde, desde una de las estaciones terminales de la empresa Macon en Luanda, con destino a Benguela. Allí tomaría el primer autobús que saliera hacia Namibe. Llegó a Benguela sobre la 1,30 y el autobús hacia el sur del país partía a las 4,30 de la madrugada: tres horas de espera. Le restaban aún otras muchas de autobús hasta llegar a destino.


Mapa de Angola

En total, desde Luanda, el viaje duró unas veintiocho horas, aunque, ejerciendo de mochilero, nunca le asustaban esos trayectos largos pues entraban dentro de la organización y planes viajeros. 

La empresa Macon, en Angola, era como un emblema del país. Una empresa que se convertía en internacional pues tenía destinos fuera de Angola: a Windhoek (Namibia) o Kinshasa (Congo).

Durante el trayecto, pasada la sierra de Leba, el paisaje cambiaba a sabana-desértica y varios pobladores de tribus locales se dejaban ver en las paradas obligadas del bus. Sobre todo, mujeres vendiendo productos del lugar.


Mujeres de la etnia mucubais, durante el trayecto a Namibe

Una vez en Moçamedes/Namibe era primordial encontrar un hotel bueno, bonito y barato: un propósito complicado en aquella ciudad de áridos alrededores, aunque con un puerto pesquero importante para el país. Era una población costera del desierto situada en el suroeste de Angola y fundada en 1840 por la administración colonial portuguesa. En la actualidad contaba, según informaciones, con cerca de ochenta mil personas y con muchos edificios de la época colonial. 

Al bajar de la Macon, y no sabiendo nada de la ciudad, un taxi-moto era la mejor opción para encontrar alojamiento. Le llevó a un pequeño hotel, pero no le gustó; un segundo, no disponía de habitaciones, y en el tercero, hubo suerte: le dieron lo que deseaba. Ya avanzaba mucho la tarde, por lo que una vez descargada su mochila grande en los aposentos se dedicó a conocer los céntricos alrededores de esta pequeña urbe. También, a localizar un sitio para poder ingerir algo caliente. Llevaba más de veinticuatro horas sin probar bocado en condiciones, más allá de la fruta comprada en las paradas del bus y aquellos fritos en un puesto de la ruta que, por cierto, le sentarían mal. Atravesó el paseo principal e hizo un primer acercamiento al océano que, en aquella zona, era una extensa playa. El puerto se veía a lo lejos en uno de los extremos; en el otro, un barco varado en la orilla parecía, desde donde se encontraba, un fantasma marrón oxidado. Los brillos del sol le daban incluso un aspecto casi sanguinolento.

¡Ya se acercaría a visitarlo en otro momento!


Playa de Moçamedes/Namibe

El final del atardecer el viajero insatisfecho lo pasaría dentro de un restaurante local, motivado por una buena Cuca (la cerveza del país) y un apetitoso plato caliente.


Edificio colonial en Moçamedes/Namibe

Copyright © By Blas F.Tomé 2023 

20 de mayo de 2023

La entrada en Angola


Eu love Luanda, en 'la Marginal' de Luanda

La llegada a Luanda, la llegada al Aeropuerto Internacional 4 de Fevereiro, generaba ya una primera, aunque muy pequeña, incertidumbre. Según las informaciones que ya poseía el viajero insatisfecho, había tres cosas que reducían las posibles preocupaciones: el aeropuerto se encontraba inmerso en la zona urbana; el aterrizaje era a primera hora de la mañana, no de noche como solía ocurrir en muchos viajes africanos, y la distancia al hotel era en cierta manera mínima. Insiste en ello pues las llegadas a estos aeropuertos siempre le generan una extraña inquietud.

Avenida 'la Marginal', vista desde la Fortaleza de São Miguel

Se presentaba allí con un pre-visado, pero necesitaba la pegatina en el pasaporte con la que actualmente se suelen formalizar y pagar el inevitable “impuesto revolucionario” por este visado real. Una larga y prolongada cola para este fin fue lo primero que se encontró. Como no había facturado su mochila grande, sino que la llevaba consigo, la preocupación por si había llegado o no el equipaje a la cinta transportadora desaparecía. Luego, el desarrollo del resto de actividades fue rápido. Cambió un poco de dinero en kuanchas (moneda local) y salió al exterior dispuesto a conseguir un medio de transporte para acercarse al hotel –un hotel que ya había reservado por internet (2 noches)-. Los hoteles en Luanda son excesivamente caros ¿por qué? Este mochilero no acierta a descifrar exactamente los motivos, pero algo tendrá que ver el que los precios -en la parte de Luanda donde se movían los negocios y las exportaciones de materias tan sugerentes como el petróleo o los diamantes, o las importaciones de productos básicos que Angola no generaba- se hincharan sin control para todos los extranjeros que allí desembarcaban. Si no era por esto que alguien se lo explique. El resto de barrios de Luanda, más baratos, se convertían en poco apropiados para el foráneo que llegaba a pisar el territorio.

Arribó en el recomendable y asequible hotel Ritz Capital, que había reservado por internet (luego, se daría cuenta de que nada que ver con el desorbitado precio de las habitaciones en el mismo hotel si se contrataba directamente en Recepción), dispuesto a desmenuzar y descifrar una parte de la ciudad, comenzando por los barrios aledaños. Tenía dos días, pues el proyecto era salir zumbando de allí cuanto antes.

El primero de ellos, visitó la Marginal -el paseo marítimo de la ciudad, moderno y tranquilo- y se acercó a la Fortaleza de São Miguel, precioso fuerte portugués situado en lo alto de un pequeño cerro, con vistas hacia toda la bahía y a la entrada de la ilha do Cabo (más bien península, pues estaba unida al continente). En esta fortaleza actualmente se situaba el Museo Nacional de Historia Militar de Angola, donde se mostraban sobre todo armas utilizadas en las últimas batallas libradas a fin de convertir el territorio en país (en Estado), y otros elementos más antiguos en un edificio central, o casamata, adornado con multitud de azulejos de la época portuguesa. Bellos azulejos, que hacían honor al nombre pues todas las escenas representadas y dibujos eran azules. En la llamada avenida la Marginal se encontraba el cartel “Eu love Luanda”, similar al de otras muchas ciudades, en otros tantos países de todo el mundo.


Interior de la Fortaleza de São Miguel


Casamata de la Fortaleza de São Miguel

El segundo día, un accidental resbalón/caída a primeras horas de la mañana en los adoquines de una pendiente acera, frustró todos sus proyectos de visita. Dolorido en la rodilla y guardando un cierto de reposo tuvo que anular todos los posibles recorridos para ese día. Bastante tenía con sufrir el percance calladito, sin cabrearse mucho y en la soledad de su habitación.

El viaje con esta caída adversa sería ya diferente, pues se vio obligado a reducir la movilidad lo máximo posible, pasear lo mínimo y hacer muchos trayectos en coche, autobús o moto. Estos últimos, muy frecuentes. Aun así, disfrutó (¡créanlo, amigos!) de su experiencia angoleña hasta el último día.

Copyright © By Blas F.Tomé 2023