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24 de abril de 2014

El bello kudú

-Aquí se aprecia esa cierta capacidad mimética-

Uno de los antílopes más bellos de África es, sin duda, el kudú. Al menos, el viajero insatisfecho esta muy contento de la fotografía que abre esta entrada y que realizó en el Parque Nacional South Luangwa (Zambia). Su impresionante cornamenta, en espiral (parece un sacacorchos salvaje y bello) le convierte en uno de los trofeos más apreciados para los cazadores furtivos.
-Cornamenta del kudú-

Es un animal de gran tamaño, que puede llegar hasta un metro y medio de altura y pesar los trescientos kilos. A pesar de ello, suele camuflarse perfectamente cuando se sumerge en los bosques y zonas de matorral que constituyen su hábitat preferido. Allí, la inmovilidad (el de la fotografía no se movió en el minuto de observación) les hace prácticamente invisibles, a lo que colaboran las finas rayas blancas que recorren su cuerpo y desdibujan su figura.
La primera vez que tuvo ocasión de verle fue en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. De hecho, era el emblema del parque, reproducido en la gran mayoría de anuncios publicitarios, y, según parece, uno de los motivos por los que se preservó el parque.
Este antílope estuvo a punto de extinguirse, y lo pasó también muy mal en el propio PN Kruger cuando, por falta de hierba, comenzó a alimentarse de las hojas de jóvenes acacias. Éstas producen gran número de taninos, muy dañinos para el hígado de los animales.
Aún así, el kudú ha resistido y es bastante abundante por las grandes extensiones salvajes del sur de África.
Copyright © By Blas F.Tomé 2014

12 de marzo de 2014

Y de regalo….. el leopardo

El río Luangwa hacía de frontera natural del Parque Nacional South Luangwa (Zambia) pero ya desde la zona de campings y lodges, era muy fácil encontrarse con todo tipo de animales. Hipopótamos, también, incluso dentro de los mismos lodges. Parecía ser que ninguno estaba vallado. Una vez dentro del parque, habiendo ya atravesado el puente del río, el espectáculo era impresionante desde el primer minuto, manadas y manadas de antílopes, elefantes, jirafas y cebras. También, hipopótamos y cocodrilos.
Ha conocido muchos parques nacionales en África, tanto en el sur como en el centro o en el oeste, pero sin duda este parque nacional quedará en la mente del viajero insatisfecho por los ‘siglos de los siglos’. Nunca había conseguido divisar, a pesar de sus muchos intentos y ocasiones, el leopardo, y por fin, allí, en el South Luangwa, pudo conocerle en vivo y en directo. El 'momentazo' no decepcionó. El leopardo, siempre tímido -discreto, diría- y poco dado a tranquilos paseos, cuando inició aquel, lo que ocurrió a su alrededor fue de todo menos tranquilo. Sin ánimo cazador entonces, era ya temido por todos los animales que le rodeaban: las gacelas thomson (‘las macdonalds’ de los parques, decían los guías) emitían un berrido especial, más allá del miedo; los pájaros alertaban con fuertes graznidos; los facoceros lanzaban sus gruñidos desesperados, y en los alrededores resonaba un concierto de variopintos rugidos.
¡Qué 'momentazo'!.
Allí estaba. En principio, tumbado y observando a las cercanas gacelas; luego, paseando con cierta, pero tímida, soberbia. Paseaba sosegado, y tardó al menos dos minutos en desaparecer entre la maleza. Minutos de clic, clic, y más clic fotográficos. Hasta las fotografías salieron difuminadas por la excitación de su autor.
Una pena.



A las cuatro y media de la tarde empezaba el safari nocturno, dos horas a plena luz del sol y dos horas en la penumbra, la ocasión se presentaba como una oportunidad única de ver los animales durante la noche, algo que generalmente no es posible en otros parques. De nuevo, cientos de gacelas por todos los lados; otros herbívoros como los kudus, jirafas y cebras pastando tranquilamente aunque molestos y huidizos con la cercanía del 4 x 4, y algún que otro elefante y jabalí. Entre los compañeros se generó una buena sintonía-safari. Con las dos mexicanas, madre e hija, del pequeño grupo pudo, incluso, hablar español.
De nuevo, cuando hacía rato el sol había sucumbido en el horizonte, una nueva coreografía de atronadores sonidos alertó al guía de la presencia de algún peligroso animal. No podía ser otro que el leopardo. El avezado guía del foco le localizó y siguió durante un buen rato. El animal, como hipnotizado por la luz, se acercó al grupo visitante.
Dos veces en el mismo día.
No todos los espectadores de un gran parque nacional podrán contar lo mismo.


Copyright © By Blas F.Tomé 2014