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17 de mayo de 2017

Los ‘asante’, un tradicional pueblo ghanés

Kumasi, con el mercado al fondo lleno de tenderetes

Los ‘asante’ o ‘ashanti’ eran el mayor y más poderoso grupo étnico de Ghana. Ateniéndose uno a la diversidad dialectal, esta etnia ocupaba el centro-sur del país, en la provincia de Ashanti. La base de su poder inicial fue el comercio del oro pero durante los siglos que duró el tráfico de esclavos obtuvieron grandes beneficios actuando como intermediarios, sobre todo comprando esclavos a los ‘hausa’ y cambiándolos a los comerciantes europeos por armas que reforzaban su ya estable poder. Tradicionalmente también habían exportado el fruto del árbol de cola muy apreciado como estimulante por los musulmanes del norte. El actual centro neurálgico de este tradicional pueblo era la ciudad de Kumasi.

Murciélagos de la fruta, colgados de las ramas

Allí, a Kumasi, llegó un día el viajero insatisfecho en un autobús que paraba y paraba en cada pueblo, en cada bache de la carretera -y había muchos- desde el norte del país. Era una ciudad grande, populosa, con un mercado inmenso de tenderetes de lona, tela y latón. Grandes árboles centenarios con miles (millones, diría) de murciélagos de la fruta colgados de sus viejas y retorcidas ramas. Cientos de puestos artesanales fabricando cosas inverosímiles. Toda una amalgama de productos, cachivaches, suciedad, desorganización y movimiento. Pero así era (y es) África, y así le emocionaba al mochilero transitar por sus calles. Una mañana se internó por los callejones del mercado, por los pequeños y estrechos pasadizos que dejaban los puestos callejeros amurallando laterales y disfrutó con esa vida que se mueve debajo de lonas y hojalatas, y paseó con cierto miedo debajo de aquellos árboles repletos de murciélagos. No obstante, su verdadera intención era conocer algo sobre la civilización ‘asante’, de la que desconocía todo. Y cuando dice todo, era todo.
Según su libro-guía, a las afueras de Kumasi, en concreto en la localidad de Ejisu, había varios edificios tradicionales. A ello se dedicó una mañana, a visitar algo de esa cultura. Para ello tenía que atrapar un bus/minibús pero era necesario saber dónde tenía parada. Tuvo que atravesar la vía del tren, en aquel momento llena de tenderetes, en apariencia temporales, que eran una especie de extensión del mercado diario, y colocarse en el arcén de una de las carreteras de salida. Allí, dar el alto a unos de los minibuses. Recuerda que no esperó mucho y, en poco tiempo, descendía en Ejisu.

Casa tradicional del pueblo 'asante'

Se acercó a uno de estos santuarios de la cultura ‘asante’ y de un primer vistazo ya se percató de su sencillez. Estos tradicionales edificios estaban construidos de madera, bambú y yeso de barro. Originariamente, con techos de paja. Los únicos bajo-relieves decorativos que adornaban las paredes representaban una amplia variedad de motivos, animales, pájaros y plantas, y vinculados a símbolos tradicionales. Los edificios, su rico color y la diversidad de sus decoraciones eran los últimos ejemplos que sobrevivían de un estilo tradicional significativo de la arquitectura que personificó el influyente, poderoso y rico ‘reino asante’ de finales del siglo XVIII.
Un viejo personaje le recibió a la entrada y le despidió al salir.
Una pequeña aportación a la causa y abandonó el lugar.


Patio interior de una casa tradicional 'asante'


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