Es realmente
incómodo, angustioso y, quizás, agobiante para el viajero insatisfecho -y como a él, supone, al resto de los bloggers que cuentan andanzas,
recorridos o viajes- ser un selector de historias, contar únicamente las
aventuras y detalles que cree convenientes, a través de su subjetivo
pensamiento. ¿Por qué selecciona unos detalles y descarta otros?, o ¿por qué a
unos les da una apreciación y a otros la contraria?. Y se pregunta, a veces, si
es consciente de este hecho o si hace esta selección porque es un atrevido o un
insensato.
Hasta este momento,
de su viaje por Benín, ha optado por una serie de momentos y estaciones aunque
ha prescindido de otros. Desde este mínimo hecho, es constructor y manipulador
del conocimiento que se pueda tener de un determinado país, aunque para evitarlo
estará la habilidad del lector que mantendrá la posibilidad de leer otras cosas
y, en base a ellas, se construirá un criterio personal, más objetivo que el del
propio viajero.
Pero también se siente
[dentro de su insatisfacción] satisfecho porque ello puede ayudar a que otros
conozcan realidades diferentes y les induzca a indagar más sobre una
determinada cuestión o pequeño lugar. Los enlaces que suele colocar en sus
textos pueden ayudar a ello.
Y porque cree que a veces “las imágenes valen
más que mil palabras” [frase sobada y
manida], aunque no siempre o casi nunca lo lleve a cabo, va a ilustrar con
varias fotografías la realidad del poblado lacustre de Ganvié, en el lago Nokoué, al margen de su peculiaridad histórica. La vida diaria de este bonito poblado, genuíno, trabajador, pobre y, en cierto modo, abandonado.
Niños pescando en el lago, cerca de Ganvié
Recogiendo agua potable, en piraguas cargadas de recipientes
Niños a la puerta de su casa
Bulliciosa celebración de una boda
En los alrededores de Ganvié
La mochila azul, ante la calle principal de Ganvié
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