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18 de mayo de 2021

Palo de rosa


Hacía tiempo que se explotaba y trabajaba el palo de rosa. Cuando el 
viajero insatisfecho pasó por aquel puesto de artesanía, en Ambanja (Madagascar), observó varias pequeñas vasijas y unas columnas en espiral perfectamente pulidas de esta madera preciosa. Muy fácil de identificar pues sus tonalidades iban desde el rosa débil hasta el más fuerte matiz púrpura. Era una madera especial, que por su delicadeza y características le recordó a otra que pudo ver en Panamá: el cocobolo.


Menuda paliza y sudada se pegó por ayudar a cargar troncos de cocobolo en un 4x4. Serrados para seleccionar el verdadero corazón de la madera, pesaban más que un matrimonio a la fuerza. En La Palma, una coqueta población en la zona del Darién donde se encontraba, había hablado con un ganadero de Quintín para que le acercara a su lejano poblado. Aceptó gustoso, pero en el trayecto tenía que hacer un flete en una apartada finca de difícil acceso. Allá se fueron, a cargar unos troncos de cocobolo para transportarlos a Quintín. La dueña era una mujer simpática, madura y rolliza, con una vitalidad de llamativas formas. Dos hijos, una adolescente joven y un niño en edad escolar, la acompañaban en la entrada de la finca. La joven adolescente con su pelo negro recogido en trenzas tenía unos preciosos ojos. Le miraba y sonreía al son de su timidez. Y allí estaba para disfrutar de la compañía y dispuesto a ayudar, a cargar, si hiciera falta, con todo el cocobolo de la zona del Darién.

- ¿Por qué es tan valiosa? –preguntó.

- No lo sé. Es muy escasa, de buenísima calidad y la compran los chinos -contestó el joven ganadero.

Supo más tarde que aquello era una posible tala ilegal de un árbol protegido como el cocobolo. Debido a su gran belleza y alto valor, este árbol se había sobreexplotado, fuera de parques nacionales y reservas. Entonces, ya estaba en peligro de extinción. Su textura era muy densa y aceitosa, a la vista y al tacto. Con aquella hermosa y carísima madera se hacían guitarras, oboes, piezas de ajedrez, manillas de cuchillo y artesanía que representaba el mundo animal.

Cuando alguna persona se plantee tener su guitarra de palo de rosa, debería pensar que ello implicará un nuevo golpe mortal al hábitat de los bosques en Madagascar. El trabajo de extracción era duro. Localizar el árbol suficientemente grande para talar, podía llevar un día. Luego, estaba el corte, traslado y porte. Un destrozado hábitat que afectará también a uno de los animales más amenazados del territorio malgache, los lémures.

- ¿Quién compra esta madera?

- Los chinos –dijo aquel hombre, sentado a la entrada de la tienda artesana.

¡Vaya, otra vez los chinos!

Al lado, un malgache lijaba una de estas maderas, y le daba formas, sobre un tronco utilizado como soporte. Un serrín rosa bordeaba aquel tronco donde el joven pulía su obra. Sin duda un artífice puesto allí para certificar la autenticidad de lo que en el interior se vendía.

En la zona de Cap Est había una gran explotación de palo de rosa.


Copyright © By Blas F.Tomé 2021

25 de marzo de 2015

Un tierno arrullo

Es verdad que las estrellas de mar mueren cuando están fuera del agua, en apenas un minuto aproximadamente. El viajero insatisfecho lo pudo comprobar en el Archipiélago de San Blas, en Panamá, cuando la sensual colombiana/alemana -se decía alemana pero hablaba un perfecto español con sonoridades colombianas- cogió dos de ellas, muy cerca de la orilla en una playa arenosa de una diminuta y apacible isla deshabitada, y las colocó -después de quitarse las telas de arriba- a modo de cazuelas de sujetador. Algo que no debería haber hecho con estos delicados equinodermos y, menos, mantenerlos fuera del agua un tiempo excesivo, aunque necesario para hacer una variedad de sensuales fotografías, como la que sirve de cabecera. Y sí, una de las dos murió ante los ojos de los inconscientes mochileros que reían las atrayentes posturas de la accidental y temporal modelo. Cuando la estrella de mar ha muerto, al introducirla de nuevo en el agua salada, no se mantiene en el fondo sino que flota, síntoma evidente de que ha caído en desgracia. Habría disfrutado de los turgentes pechos de la simpática colombiana/alemana pero su vida había valido eso, un tierno arrullo.
Todos apenados.
Las branquias dermales de las estrellas de mar están especializadas para la captura del oxigeno presente en el agua, y cuando estas especies son sacadas de su hábitat acuático no pueden realizar el intercambio de gases para su ciclos vitales, por lo que sufren una intoxicación, generalmente con dióxido o monóxido de carbono y, en un tiempo relativamente corto, mueren, es decir, se "ahogan".
Este sencillo ‘post’ es un pequeño aporte a la causa de un turismo sostenible, un granito de arena en el arte de concienciar a otros sobre la importancia de determinadas acciones que, quizás por desconocimiento, puedan perjudicar a ciertos animales o determinadas plantas.


Copyright © By Blas F.Tomé 2015

13 de octubre de 2013

La pobreza como arma

Sencilla casa de un 'Ngobe-buglé'

No conviene -cree- mitificar la pobreza, utilizarla reiteradamente como arma descriptiva o abusar de su sinsabor, aunque escritores o periodistas de prestigio hayan sido fieles al asegurar que ella forma parte de sus mejores tareas.
Ryszard Kapuscinski, uno de los grandes maestros del oficio, confesó en una ocasión que en el núcleo de todos sus intereses informativos siempre se encontraban los pobres: “Cuando empecé a escribir sobre estos países, donde la mayoría de la población vive en la pobreza, me di cuenta de que aquel era el tema al que quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas: sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos. La pobreza no llora, la pobreza no tiene voz. La pobreza sufre, pero sufre en silencio. La pobreza no se rebela”.
Y aunque sea de manera indirecta también tiene que ver con la pobreza lo siguiente: A este mochilero le sorprende que, en ciertos círculos, en concreto sudamericanos, se ofendan cuando se les pregunta por las etnias de su país, quizás porque identifican ‘etnia’ con ‘pobreza endémica’ o con pobreza que humilla.
No. Etnia es una afinidad racial, y la negación de ello es no querer ver diferencias, por ejemplo, entre un aymara, un kuna, un inca, un taíno o un emberá.
Cree, sí, que lo que desprenden estos ofendidos -miserables ofendidos- es, en cierta manera, una total falta de apego a su pueblo, a sus tradiciones y a su cultura histórica. No siempre mencionar una etnia es una referencia a su pobreza implícita sino más bien a su orgullo como pueblo o a su defensa de las raíces que le son propias.
El viajero insatisfecho rompe una lanza por desmitificar la pobreza y, también, por defender el empoderamiento de los diferentes pueblos o etnias dentro de la estructura social del país en el que surgieron.
Copyright © By Blas F.Tomé 2013

9 de julio de 2013

Bocas del toro

Al salir del embarcadero de Almirante

Si había un sitio en Panamá que recibía visitantes con asiduidad ese lugar se llamaba
Bocas del toro, archipiélago caribeño con abundante infraestructura turística pero con posibilidades de una relajante y económica visita, asequible a cualquier maltrecho bosillo.
El mochilero leonés no acostumbra a meterse en esos embrollos pero las referencias del lugar eran bastante buenas y decidió acercarse a dar una vuelta. Este conjunto de islas se encuentra muy cerca de Costa Rica por lo que partiendo desde Panamá City era necesario atravesar todo el país. La noche es, a veces, buena compañera de viajes y el viajero insatisfecho decidió tomar un autobús en la capital que le lanzó hacia un nocturno y kilométrico recorrido.
Panamá no es África pero el 'buseto' que le transportaba, siguiendo los parámetros africanos, se averió a medio camino cuando aún no había amanecido. Otro microbús enviado desde la siguiente ciudad en la ruta les sacó de aquel atolladero.
Isla Colón, vista desde el mar

El gran centro de visitantes del archipiélago era la isla Colón, donde se podía llegar en bote desde Almirante, pequeña ciudad costera. Precísamente allí le dejó el autobús con 4 o 5 horas de retraso. Como el libro guía decía que la isla Colón era un buen punto base, donde se concentraba la ‘rumba’ nocturna -otro de los atractivos del lugar- allí se asentó el mochilero leonés. Para tranquilidad y ambiente más auténtico era mejor la isla Bastimentos pero, según pudo comprobar al día siguiente, esta isla era un santuario, demasiado santuario de la placidez. No creyó que hubiera coches, al menos no tuvo noticia de su existencia. Además, sus calles eran estrechas, cementadas eso sí, y con pocas posibilidades para vehículos de cuatro ruedas. Pequeños hotelitos a la orilla del agua y edificaciones con un aire sureño estadounidense que rezumaban reposo y bonanza, completaban un ambiente mortecino y casi aburrido.
La conexión entre islas se hacía en minúsculos taxi-botes que pasaban por los diversos embarcaderos de madera con total falta de horario y escasa puntualidad. Pero las prisas en la isla Bastimentos y en la isla Colón eran nulas. Un buen ron local en el bar aledaño al embarcadero podía ser, y de hecho lo fue en ocasiones, una buena manera de matar la espera.
Isla Bastimentos

Copyright © By Blas F.Tomé 2013

21 de mayo de 2013

“Se buscan”


¿Les habrán encontrado ya?.
Hace apenas dos años quienes aparecen en la fotografía estaban perseguidos como verdaderos asesinos, hombres temibles que se movían en el entramado mundo del tráfico de drogas en aquella apartada zona de Panamá. La vecina Colombia y su frontera cuasi imposible, debido a la selva del Darién, generaba este tipo de contrabandos. Este viajero insatisfecho leyó, en algún medio, que desde Colombia se enviaban (y se siguen enviando) los cargamentos de cocaína por mar hasta Panamá. Allí eran almacenados y luego transportados por tierra a Costa Rica, de donde partían hacia México para llegar al mercado norteamericano. Narcotraficantes estos que arriesgaban sus vidas por el paso fronterizo en rápidas lanchas ‘fuera borda’, actividad que mantenía en permanente estado de alerta-vigilancia al ejército y fuerzas panameñas.
No era difícil encontrar carteles de “Se buscan”, con fotografía incluida, en el país. A este mochilero le recordaban las antiguas películas de vaqueros y bandoleros salidas del cinematógrafo de los grandes directores hollywoodienses. Sorprendía la contundencia del “Se buscan” y el despliegue de fuerza militar derivado de la orden. Nunca encontró ‘alias’ peligroso alguno durante su recorrido ni pudo ejercitar el cívico impulso de denunciar aunque sí vió en el cartel una clara advertencia sobre el moderado peligro en aquel determinado paraje local.
Yaviza, última ciudad de Panamá en plena selva del Darién, era una pequeña población fronteriza tomada por las fuerzas de seguridad. Según parece, se esforzaban estas en adquirir equipamiento, en capacitar recursos humanos e invertir en lanchas patrulleras y helicópteros para vigilar de manera eficiente el vasto territorio costero, tanto atlántico como pacífico, muy propicio, por otra parte, para múltiples escondites de droga.
Ante esta situación, el cartel anunciador se convertía en un elemento útil a la vez que disuasorio para esta mafia de difícil control. El de la fotografía se ubicaba en un árbol al lado del puerto fluvial de Yaviza, a la vista del que lo quisiera ver. Y ello era sencillo al apearse de la lancha, orillada en el lecho del río, que traía también a las gentes de los poblados ‘emberá’ de los alrededores. Este mochilero se fijó aún más en aquel árbol porque en su base un colorido y domesticado papagayo (o similar) hacía piruetas con desgana sobre un hierro allí colocado.
“Se buscan”.
Copyright © By Blas F.Tomé 2013

9 de diciembre de 2012

Paraíso kuna

El archipiélago de San Blas, en Panamá, es el ‘paraíso kuna’. Claramente amenazado por el nivel del mar debido al calentamiento global y la contaminación de algunos países, en este territorio isleño (365 islas e islotes -dicen-) habitan los indios ‘kuna’ de la misma forma en que sus antepasados lo hicieron, negociando cocos y pescando cangrejos y langostas a bordo de canoas de madera con velas talladas por sus propias manos, llamados"cayucos", embarcaciones que tratan con mimo y decoran con cariño (primera fotografía).
Aunque ahora esta verdad es relativa pues el turismo, aparentemente sostenible, les deja buenos ingresos a estos indígenas que han sabido conservar sus tradiciones y resistirse a ser absorbidos, incluso por el propio Panamá que les ha otorgado una gran autonomía.
Tres inquietos días pasó allí el viajero insatisfecho.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

13 de noviembre de 2012

Las ‘cutarras’ de Panamá


Hace unos días recibía unas fotos de Panamá y, casualidades de la vida, un primer plano de unas ‘cutarras’ panameñas (segunda fotografía). Recordó entonces aquel viaje al país, y rememoró la conversación con aquel amable y curtido ‘tableño’ (de Las Tablas) en aquella céntrica y vieja cantina, que llevaba este calzado con gran naturalidad.
Las ‘cutarras’, convertidas en símbolo del trabajo y de la tradición del hombre de la región, tienen un origen antiquísimo (“hasta Jesucristo las llevaba”, dicen algunos), con multitud de modificaciones, variantes y usos. Ahora, según parece, hacen ‘cutarras’ con fijador o frenillo, sostén de lujo, entre otras, y grandes personajes del folclore panameño son expertos artesanos y contrarios a que esta tradición se pierda.
Frecuentemente fueron utilizadas como zapato de trabajo por el campesino panameño. Cuando los colonizadores españoles introdujeron el ganado a la región, aprovecharon el cuero para confeccionar este tipo de sandalia, que los nativos bautizaron con el nombre de ‘cutarra’.
Este viajero insatisfecho escuchó atentamente las explicaciones de aquel personaje ‘tableño’ sobre su fabricación, su tradición y su dificultad, y recuerda estos objetos con especial ternura. Hoy, muestra varias fotografías pero, sin duda, centra su ternura en la primera: ‘cutarra’ curtida, vieja y ya sudada pero sujeta a la realidad y sufrimiento de aquel pie campesino, quizás, albañil.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

19 de octubre de 2012

Cuestión de estatus


Una sugerente fotografía.
Siempre le ha parecido al viajero insatisfecho una instantánea retórica, aleccionadora y con mensaje. Ha tardado en dedicarle una entrada porque le parecía más apropiada para un ‘fotoblog’ que para un ‘blog de viajes’.
¿A qué pájaro se le otorgaría el poder?.
Tomada a las afueras de la ciudad de La Palma, en Panamá, hace ya dos años, no describe el viaje ni siquiera el paisaje, analiza -cree- el interior del observador.
Ahí queda.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

21 de marzo de 2012

Los héroes del canal


En la esclusa de Miraflores, la más concurrida de las tres del canal de Panamá, había un museo [el viajero insatisfecho le dedicó un rato] que contenía fotografías, maquetas de los artilugios utilizados, fragmentos de maquinaria de la época y otras muchas cosas. Todas ellas suponían un homenaje a los miles de obreros que participaron en su construcción; que sufrieron atroces enfermedades o pagaron con su vida semejante proyecto.
Las palabras sobreimpresas en la fotografía podrían constituir un resumen del agradecimiento de la Historia para con aquellos héroes/trabajadores.
La importancia del canal era evidente, si bien la historia de su construcción estuvo llena de proyectos, quimeras e ilusiones. Sería el francés Ferdinand de Lesseps el que convirtió al canal de Panamá en un gran reto empresarial. Las obras comenzaron el 1 de enero de 1880, pero ocho años después se quedarían en un punto muerto. De Lesseps lo intentó, pero una mala planificación le llevó a un estrepitoso fracaso. Finalmente -como todo lector sabe- serían los estadounidenses quienes lograrían llevar a cabo su construcción, no sin antes intrigar, tramar y provocar convulsiones políticas hasta forzar la constitución de un nuevo país: Panamá.
Ese fragmento de aquella época tiene su historia oficial, su historia real y su leyenda negra.
Para quien quiera profundizar:

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

13 de diciembre de 2011

Cocobolo

¡Vaya paliza!, y qué sudada, por ayudar a cargar troncos de cocobolo en un 4x4 panameño. Aquellos troncos, serrados para seleccionar el verdadero corazón de la madera, pesaban más que ‘un matrimonio a la fuerza’. Y todo ese sufrimiento del mochilero fue por encomendarse a un ganadero de Quintín para, así, conseguir transporte desde La Palma a aquel lejano poblado. Al ‘joío’ muchacho no se le ocurrió otra cosa que hacer un flete a medio camino, antes de llegar al destino.
Y ahí estaba el viajero insatisfecho dispuesto a ayudar y a cargar si hiciera falta con todo el cocobolo de la zona del Darién.
[En su descargo, habrá que decir que no supo hasta después, qué especiales tocones ayudaba a cargar].
Si bien hay varios tipos de estos árboles, la talla más generalizada es la de uno que puede alcanzar los 20-25 metros de altura. Debido a su gran belleza y alto valor, se ha sobreexplotado y está ahora en peligro de extinción fuera de parques nacionales y reservas. Su textura es muy densa y aceitosa, a la vista y a la sensación. Con esta hermosa y carísima madera (que lo es) se hacen guitarras, oboes, piezas de ajedrez, manillas de cuchillo y artesanía animal, en general.
Probablemente aquello era una pequeña ilegal tala o, quizás, no muy justificada.
Tal vez, no.
No lo supo.
Ante el desconocimiento de la madera que le estaba agotando, este mochilero preguntó al ganadero/conductor por qué era tan valiosa.
- No lo sé. Es muy escasa, de buenísima calidad y la compran los chinos –contestó el joven ganadero.
¡Vaya, otra vez los chinos!.


PD.: En la foto aparece la dueña del cocobolo (al fondo), su hijo y el ganadero/conductor.
Copyright © By Blas F.Tomé 2011

20 de noviembre de 2011

Una viñeta del humorista preferido

Las insistentes noticias e informaciones sobre la expansión china en el mundo en desarrollo están apoyando antiguas teorías de este mochilero sobre el peligro chino, en especial, el de los ‘timoneles’ chinos, sus aspiraciones dispersionistas, su exportación del esclavismo laboral y sus pretensiones de anegar al mundo.
En charlas de amigos, nadie quiere entender estas teorías, pero al volumen informativo se remite. Al reportaje (doble página) sobre el desembarco de estos asiáticos en África, publicado por ‘El País’ hace ya algunos días, habría que añadir el que sacó recientemente este mismo medio sobre la presencia china en América Latina.
‘Pekin ha encontrado al otro lado del Pacífico la importante fuente de materias primas que precisa para alimentar la locomotora de su desarrollo y se ha lanzado sin reparos a su conquista. El desembarco chino, sin embargo, comienza a crear resquemor […]’, señala Georgina Higueras en su crónica.
Dícese: A los países en desarrollo les compran/esquilman las materias primas y a Europa le compran la deuda. ¡Cuidadín, cuidadín!.
Y le viene a la cabeza a este viajero insatisfecho el desasosiego y resentimientos de los panameños de Yaviza [población del Darién], visitados el pasado febrero después de unas terribles inundaciones, con los chinos que acaparan desde hace años el negocio de los supermercados en aquel apartado territorio. Estos no compartieron sus pertenencias, salvadas entre todos de las temibles avalanchas de agua, con el resto de los habitantes y vecinos. Los yaviceños pasaron verdaderas penurias y necesidades, sobre todo en el primer momento, hasta que el gobierno y algunas ONG’s pudieron socorrerles y apoyarles.
‘Los chinos tenían de todo y mi familia, que no pudo salvar nada, pasó más que hambre. No repartieron nada, guardaron todo y, posteriormente, incluso maltrecho, lo vendieron’, le dijeron entonces a este curioso visitante.
Una oscura falta de solidaridad, en vida cotidiana y, más, en situaciones extremas.

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Forges (El País, 14 de noviembre de 2011):
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Forges (El País, 24 de noviembre de 2011):

Copyright © By Blas F.Tomé 2011

11 de julio de 2011

El simpático descaro adolescente

La ciudad de La Palma, capital del Darién (Panamá), miraba al Pacífico entre viejos palafitos, que eran bares, hoteles (en uno de ellos, pernoctó tres días) casas particulares y tiendas de comestibles o cachivaches. Una mediana población que recogía gran número de colombianos ilegales, a quienes las autoridades panameñas no dejaban avanzar e internarse en el país con sus intermitentes controles en la única carretera que le cruzaba, la ‘Panamericana’.
Siempre fue el permanente callejeo una de las estrategias diseñada por el viajero insatisfecho para conocer aquella y otras muchas ciudades. Paseó por serpenteantes senderos llenos de escaleras con subidas y bajadas que rompían el ritmo y cansaban al caminante. Y así, al final de uno de estas largas caminatas, en los alejados suburbios siempre peligrosos de aquella capital, puerta del selvático territorio del Darién, descubrió, entre un pequeño acantilado, un solitario tenderete con gasolinera para barcas; a unos niños con camisetas de la selección de Portugal, (¿por qué no la española?. Les daba igual) y un poblado de indígenas ‘emberá’, lleno de trabajadores integrados, que se desperezaba del usual calor de la tarde. El paseo del andante mochilero por delante de una de aquellas casas de madera alertó a unas simpáticas jóvenes, cuidadoras de unos pequeños, de que había intruso/extranjero, ideal para risas y chanzas, carantoñas lejanas y sensualidades adolescentes.
Una guapa morena no-emberá era la de mayor descaro. Era como una flor, azahares o jazmines, pintados por Sorolla pero también un cuerpo cincelado para sucumbir a Los burdeles de Páprika de Tinto Brass. Aquel día, sin motivo aparente, se mostraba dando alegres gruñidos, simplemente porque sus hormonas, quizás, le estuvieran jugando una ‘buena pasada’. Después de una descerebrada charla, se despidió del viajero lanzando ‘cientos de besos' al aire, con picardía y esa presunción excesiva sobre su capacidad sexual, no exenta por contra de cierta timidez.
Su condición era poesía pero sus maneras despuntaban una dulzona insinuación.
Una niña, y su inevitable venida a mujer.
¡Rápido!.
¡Rápido!

Copyright © By Blas F.Tomé 2011

14 de junio de 2011

La emocionante vida vegetal

Cuando a la naturaleza se la permite hacer, sin molestar, nos deja muestras como las de esta fotografía.
En un pequeñísimo islote del archipiélago de San Blas (Panamá), despoblado de humanos y también animales, únicamente algún ave posábase en sus palmerales, se producía sin engaños el milagro de la vida.
La pequeña palmera crecía en el arenal de aquella isla; se veía su fuerza y no era un huracán; se veía la potencia de sus hojas y se olía la brisa marina que acariciaba a su sombra. Se apreciaba aún el coco enraizado en la arena, el coco germinando ese brote de esperanza. El proceso vital se había iniciado en aquel paraje abandonado. Encontrar este mínimo apunte de vida era fácil, y admirarlo ayudaba a olvidar la ñoña sensación del viajero principiante.
Pero, aún así, emocionaba estar al lado de aquella planta. El viajero insatisfecho ni se atrevió a tocar una sus hojas; se alejó un poco, se agachó y sacó la fotografía. Luego caminó serpenteante un rato, obsesionado por localizar algún otro signo tan palpable, que no pudo encontrar. Allí, en territorio cuasi-virgen, la fuerza natural era mayor y evidenciaba, por contra, mejor que en otro sitio la capacidad dañina del hombre.




Copyright © By Blas F.Tomé 2011

24 de abril de 2011

El 'quijote' de Playa el Toro



La playa el Toro, en Pedasí (Panamá), merecía una visita tranquila, reposada, matinal y sin prisas. Tenía unos dos kilómetros de costa con arena amarillo/parda y completamente rodeada por una loma baja, casi sin vegetación.
Llegó hasta ella una mañana de enero, con el sol fuerte pegando en su ya brillante cráneo y escasa cabellera. Allí encontró, después de caminar una larga media hora desde el pueblo, un simpático personaje. Panameño, bohemio asentado, defensor y conocedor del lugar, con movimientos propios de propietario que imprimía a la extensa y solitaria playa un halo de seguridad. Sin palmeras, tenía ésta algunos incipientes árboles panamá que daban ligera sombra. Bajo uno de estos, y algún que otro despistado matorral, tenía su precaria residencia Arturo Cabezas, el ‘quijote’ de Playa el Toro, llena de bártulos, trajes de baño olvidados, flotadores, sacos de dormir colgados, chanclas usadas, cachivaches, trozos de redes de pesca en las ramas, fósiles, ‘achiperres’, neveras de plástico, colchonetas, cuchillos, platos de aluminio, leña a medio quemar, restos de comida reciente, y no tanto,….
Hablar con él era un verdadero gusto, tenía esa sabiduría bohemia, temple de extemporáneo hippie y simpatía de personaje feliz. Ofrecía la morada en la arena como propia (y propia era, hasta que algún complejo turístico, ya en ciernes, le rompa su encanto) y compartía sus enseres con calor y amistad. Pasó este viajero insatisfecho parte de la mañana tirado en su modesta hamaca, escuchando más que hablando de la vida en general. Fue su amigo temporal (junto con dos rapaces que se dedicaban a pescar, y una pareja -habitual, decían-) y disfrutó de su filosofía vital como si fuera un bohemio más.

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6 de abril de 2011

El "nuevo Guggenheim" de Panamá

Para proteger del intenso oleaje la salida del Canal de Panamá al Pacífico y aprovechando el material terrero y rocoso sobrante de la excavación del Corte Culebra, los americanos se inventaron entonces (a primeros del siglo XX), al construirlo, un sólido dique que además sirvió para unir tres pequeñas islas (Naos, Flamenco y Perico) al continente, constituyendo así una artificial y rectilínea península, lengua de tierra en el mar, apodada Calzada de Amador. Convertida por los panameños en lugar de paseo, desde ella uno tenía unas espléndidas vistas de los rascacielos de la ciudad y del ‘puente de las Américas’. Ahí, precisamente ahí, en esta popular calzada, se estaba levantando lo que este viajero insatisfecho se atrevió a llamar, según lo vio, el ‘nuevo Guggenheim’. Se podría decir lo mismo de su esqueleto (era lo que había en aquel instante) que lo que decía la página web del Guggenheim Bilbao consultada: “obra del arquitecto americano Frank O. Gehry, constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura más vanguardista del siglo XX [XXI, en este caso]. El edificio [esqueleto] representa en sí un hito arquitectónico por su diseño innovador y conforma un seductor telón de fondo para la exhibición” de la biodiversidad del planeta.Se llamará Biomuseo o Museo de la Biodiversidad.Y parece mentira que después de todo lo que criticó y despotricó, el que esto suscribe, de los numerosos rascacielos que siguen aún elevándose en Panamá City, traiga a esta ventana, y reseñe admirado, la estructura y obras de este edificio singular.Aunque precisamente por eso es, por ser singular.

Museo de la Biodiversidad (en construcción), de Frank O Gehry




Copyright © By Blas F.Tomé 2011

21 de marzo de 2011

Yaviza inundada

-Nueva y futura ubicación del poblado emberá-

Cuando llegó aquel día a Yaviza (Panamá), punto final de la carretera panamericana y comienzo del verdadero Darién, sus gentes acababan de salir de una inundación que les había durado casi un mes.
- 'El 8 de diciembre comenzaron a subir las aguas', dijo la mujer sentada a la entrada de su casa de madera [entonces, era 27 de enero y aún se veían sus efectos].
En aquella población confluían tres o cuatro ríos que padecieron los efectos del cambio climático (¿Qué no?. El tiempo lo dirá) y los yaviceños(?) sufrieron las consecuencias. Toda la ciudad fue evacuada.
Más allá -más hacia la frontera con Colombia- a los poblados existentes, casi todos emberá (etnia predominante en la zona), se accedía en barca/piragua/panga o, a los más cercanos, por angostas trochas llenas de maleza.
Y en una piragua, por el río Chucunaque, se acercó este mochilero a visitar dos poblados emberás que habían sufrido, como no, las bestiales inundaciones. Remontando el río aparecían de manera intermitente pequeños caimanes, tortugas acuáticas, lagartos, perezosos, garcillas y otros animales.
Encontró a aquellas gentes reubicando el poblado y sus pertenencias. El ‘Consejo’ del pueblo de Peña Bijagual había decidido situar sus casas de madera en una pequeña elevación, más alejadas del río. Se afanaban, aquellos días, en el corte de maleza y árboles para convertir aquel asentamiento en digna residencia. Temporalmente, contaban con tiendas de campaña, donadas por los americanos.
- 'Con los ‘gringos’ fuera del país ¿cómo es que siguen enviando ayuda a esos apartados poblados?', preguntó al regreso el mochilero a la dueña del hotel de Yaviza; tímida, siempre con la cabeza gacha, casi a la altura de sus exprimidos pechos.
- 'Pero si están por todos los lados', le contestó la señora sin levantar la mirada.
La frase, tan bien traída, la había oído el viajero insatisfecho en otro contexto.
No sabe dónde.



Copyright © By Blas F.Tomé 2011

12 de marzo de 2011

La isla de las estrellas

En el archipiélago de San Blas (Panamá) había cientos de islas, algunas habitadas, otras no. Una mañana, este mochilero y otros más, que el camino puso delante, organizaron una comunitaria visita a varias de ellas. Todas ellas, territorio kuna.
Desde que fuera declarada la zona Kuna Yala, con el actual estatus de comarca indígena, es prácticamente una nación independiente dentro del país (para entrar controlaban el pasaporte aunque sin añadir ningún tipo de sello en él). Los kunas viven de los recursos naturales de las islas, de la venta de cocos, de la venta de marisco y, más recientemente con el turismo, de la venta de artesanía.
- ¡Visitemos la ‘Isla de las estrellas’!, dijo el kuna que guiaba al grupo en su lancha.
Deshabitada; solitaria; con visibles efectos de fuerte brisa en sus enmarañadas ramas; naturaleza virgen,…, todo un compendio de vida en aquel diminuto paraje/isla plagado de belleza.
A escasos metros de la orilla, en plena playa de arena blanca y salvaje, se veía a escasa profundidad multitud de pequeñas estrellas.
Y, entonces, aquella guapa alemana/colombiana -que se decía alemana pero que hablaba un español mezclado de sonoridades colombianas- con cierta inocencia y ternura, no exenta de rabiosa sensualidad, se quitó sus telas de arriba y, con gracia y amplia sonrisa, mostró a todos (‘Que no me vea el ‘kuna’, dijo) la belleza de dos estrellas estratégicamente colocadas, fuera de su habitual fondo marino.
Una de ellas murió.
Pero........ ¿quién hubiera podido resistir aquel discreto arrullo?
¿Lo hubiera hecho el viajero insatisfecho?.

Copyright © By Blas F.Tomé 2011

19 de febrero de 2011

El gallo, los 'emberá' y el mochilero

El gallo cantó a las 2 de la mañana; luego, a las 3 y, de nuevo, a las 5, cuando compuso, junto a otros vecinos-colegas, la-melodía-del-despertar. El viajero insatisfecho dormía solitario, bajo un artesano y humilde mosquitero, sin algo parecido a un colchón, cansado, muy cansado, en una de las viviendas/choza de la comunidad emberá. Era un pequeño pueblo en el Darién, con un bonito nombre, Llano bonito.
La actual ubicación en Panamá de los diferentes pueblos indígenas, kunas, wounaan y emberá tiene que ver con la invasión española del siglo XVI y la presión sometida por la tierra. Las luchas y enfrentamientos entre estos tres pueblos que habitaban el Darién, por el azuce de los guerreros españoles, obligaron a los kunas a desplazarse mayoritariamente hacia la vertiente del mar Caribe o Costa Norte: el actual territorio del Kuna Yala. Los emberá continuaron ocupando una amplia zona de la selva del Darién, donde se encuentran actualmente.
Hasta allí, hasta Llano bonito, se acercó un día este leonés en un agotador trayecto a través de una tupida selva plagada de momentos sudorosos y confusos senderos.
Pero a las 6 (y poco), recién amanecido, cuando el gallo le despertó definitivamente, pudo contemplar un paisaje silencioso, bañado por una bruma matinal que le rodeó mientras estiraba sus entumecidos músculos. Al fondo, unas viviendas despertando al nuevo día y la escuela blanquiazul, único edificio construido de moderno material, que sus gentes tuvieron que transportar -hace apenas 8 años- a lomos de caballo, desde el lejano poblado de Quintín.
Y sus casas….
Y sus rapaces…., con sus pintadas.

¡No era un juego de niños. Era pura cultura 'emberá'!.

Copyright © By Blas F.Tomé 2011

12 de febrero de 2011

El brujo de Borinquén

Casa de Los Santos, donde se firmó el acta de independencia
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La villa de Los Santos (Panamá) fue la primera población en que se gritó la independencia panameña de los españoles en 1821. Allí se redactó una carta para Simón Bolivar en la que la población se sumaba a su lucha contra la colonia, según el libro-guía-viajero.
La revuelta fue encabezada por un personaje, posiblemente legendario (no existen pruebas de su existencia), llamado Rufina Alfaro, que se convirtió en la heroína simbólica de la independencia panameña. Esta mujer sedujo a un mando militar y obtuvo la información necesaria para que el pueblo pudiera tomar el cuartel.
¡Tenía que visitar esta villa y acercarse en el espacio a los hechos!, se dijo. 

Y lo hizo.
Cuando este mochilero salía de su casco viejo, donde por supuesto se encontraba la inevitable iglesia (de San Atanasio, en este caso), un maduro ciclista se le acercó dando tumbos con su vieja y destartalada bicicleta. Al cruzarse ambos, le gritó fuerte, rotundo y claro ¡¡El brujo de Borinquén!!.
El grito derivó, cuando llegó al hotel, en una inmediata investigación. Para ello, Internet es una gran fuente de datos, a veces, fiable; otras, no tanto y, las más, desprestigiada.
Ismael Rivera, conocido y exitoso cantante portorriqueño, fue apodado así. Estuvo a punto de retirarse de la canción debido a las drogas, pero su devoción por el Cristo Negro, ubicado en la iglesia de San Felipe de Portobelo (Panamá), obró el milagro y, la marcada y antigua influencia sobre el artista, motivó que aquel dejara las drogas.
El viajero insatisfecho miraba la fotografía del cantante en la web y alternaba, repetidamente, con el espejo donde aparecía su rostro [el del viajero] desmelenado y barbudo. Confuso se preguntaba “¿por qué ese hijo-e-puta de ciclista panameño me habrá gritado ¡¡El brujo de Borinquén!!, si más bien parezco El Bin Laden del Darién(*)?”.

Ismael Rivera
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(*) Darién: Región selvática panameña que hace frontera con Colombia.
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