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1 de diciembre de 2014

Emperador etíope

Trono del emperador Haile Selassie, en el Museo Nacional de Ethiopía

En su penúltimo día de estancia en Etiopía, el viajero insatisfecho visitó, en Addis Abeba, el Museo Nacional. Que nadie se imagine un ‘museo del louvre’ o un ‘museo del prado’. No, no, algo muchísimo más humilde y discreto pero para el pueblo etíope muy importante. Allí se guardaba el auténtico trono de Haile Selassie, el Emperador etíope, autoproclamado ‘Rey de reyes’. Cuatro palabras para hablar del Emperador de Etiopía, tomadas prestadas de Kapuscinski, uno de los periodistas-viajeros mito, que conoció al detalle el acto de su coronación:

  • Etiopía era un país extremadamente pobre, una tierra feudal, atrasadísima. Vivía en un verdadero y profundo medievo. La esclavitud era una realidad todavía muy concreta. Y el Emperador, en algunas cosas un hombre moderno, era de veras una figura surgida directamente de esa Edad Media. Su poder era despótico y absoluto. Sus costumbres, sus vestidos, su protocolo eran propios de una corte medieval. Haile Selassie sabía que no podía desafiar a su aristocracia. Formaba parte de ella, aquellos feudatarios eran el pilar de su poder: el Emperador ni podía ni tenía intención de cambiar las instituciones feudales de Etiopía. Era un hombre despiadado: quien se oponía a él, era condenado. Quien desafiaba al Emperador era asesinado. Tras el intento de golpe de Estado de 1960 (promovido por su Guardia Imperial), su represión no conoció la clemencia: mató a todos los rebeldes, incluidos sus colaboradores más cercanos” (Ryszard Kapuscinski).
Copyright © By Blas F.Tomé 2014

7 de octubre de 2012

El espíritu del Rey de Reyes / Etiopía


-Catedral de St. George / Addis Abeba-

Haile Selassie fue coronado el 2 de noviembre de 1930 en la catedral de St. George, de Addis Abeba. La coronación fue, en todos los sentidos, "el asunto más espléndido" en aquellos años, al que asistieron miembros de la realeza y dignatarios de todo el mundo. Entre ellos, se encontraban el hijo de George V, el príncipe Enrique, y emisarios de Estados Unidos, Egipto, Turquía, Suecia, Bélgica y Japón.
El autor británico Evelyn Waugh también estuvo presente. Si algún lector-blogger quiere conocer su interesante, irónica y brillante crónica sobre aquel evento puede leer “Gente remota”, un imprescindible libro de aquella época, no solo sobre Etiopía sino sobre varios países africanos que recorrió una vez cumplida su misión en Addis Abeba.
El mochilero leonés había leído el libro hace varios años.
Desde la parte sur de una empinada y extensa plaza, en aquel momento en obras, subió bajo un sol abrasador este viajero insatisfecho para visitar tan mítico lugar en el corazón del pueblo etíope. Al llegar a la catedral de St. George, con el cuerpo destrozado por una indisposición pasajera (ocurre a veces en los viajes), sólo pudo, por desgana y abatimiento, sacar una fotografía, beber un trago de agua, sentarse un rato para recuperarse y salir huyendo de allí.
El espíritu de Haile Selassie, Rey de Reyes, se había lanzado sobre este mochilero dañando su cuerpo, quizás con el peso de la historia.



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27 de abril de 2012

Bekele Woya


Bekele Woya debió ser un hombre más, aunque un gran hombre, uno de los muchos valientes soldados y feroces luchadores contra el ejército italiano invasor. Murió años más tarde del fin de la ocupación italiana de Etiopía pero allí estaba su lápida. Tenía su panteón recubierto por un templete verde metálico y su sepultura estaba en los aledaños de Trinity Cathedral, de Addis Ababa, uno de los lugares más venerados por los ortodoxos etíopes. Donde estaba situada, no era propiamente un cementerio al uso sino que unos centenares de tumbas ocupaban los jardines del famoso y reverenciado templo. Era tan admirado que incluso el emperador Haile Selassie construyó su museo y tenía allí un trono (segunda fotografía) que ocupaba durante algunos oficios religiosos.
Cuando Mussolini llegó al poder en 1922, Italia llevaba ya varios años con la vista puesta en Etiopía. No había digerido aún su anterior derrota ante el ras Makonnen Walda que frenó en aquel entonces, finales del siglo XIX, las pretensiones italianas sobre Etiopía y Somalia. Con la llegada de Mussolini los planes de ‘venganza’ se aceleraron. Quería presentar a Italia, ante los italianos y el mundo, como un país civilizador frente a otro que vivía en plena ‘edad media’. El 2 de octubre de 1935 Mussolini anunciaba desde el balcón principal del Pallazo Venecia la invasión de Etiopía, que comenzaría al día siguiente.
Cuando los italianos llegaron a Addis Ababa, en mayo del año siguiente, el júbilo en Italia fue enorme. Personalidades como el Papa Pío XI y Winston Churchill expresaron su admiración por la eficacia de la campaña italiana en Etiopía aunque también su preocupación por lo que esto significaba: el brutal expansionismo italiano acercaba a Mussolini a la órbita de Hitler.
La ocupación duraría hasta 1941 y dejaría en los etíopes un ‘mal sabor de boca’, con bastantes motivos para ello: se calcula que la población pasó de 16 a solo 9 millones.
Todavía ayer [tómese este ‘ayer’ como un cercano pasado] durante la visita del viajero insatisfecho al país, cuando los etíopes hablaban de ‘enemigos’ siempre se referían a los italianos.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012