-Vía del tren bambú-
Cada vez que el viajero
insatisfecho recuerda la hazaña, dice: ¡qué cosas hace uno cuando
holgazanea en un viaje!. Pues, aún así, aún sorprendiéndose a sí mismo, la
experiencia del tren bambú, en Battambang (Camboya), no dejaba de ser
interesante.
Era un transporte ilegal o al menos no oficialmente
autorizado. Ahora mismo, casi supeditado su éxito al folclore turístico y mochilero.
Pero el tren bambú tiene su historia.
Partiendo de una línea ferroviaria que sirvió a los franceses, en su época
colonial, para transportar el café, arroz, bananas y el resto de productos
básicos desde las zonas rurales a Phnom Penh, ha derivado en lo que
ahora existe: un simpático subproducto del tren.
En la época de Pol Pot,
toda la infraestructura ferroviaria (máquinas, vagones, e incluso algunas vías)
fueron destruidas. Tras la caída de Pol
Pot, con las gentes en la más absoluta pobreza y toda aquella zona sembrada
de campos de minas, los camboyanos se inventaron este sistema de transporte que
sorteaba, de alguna manera, el peligro de las terribles minas. La línea férrea
de Battambang-Phnom
Penh estaba casi intacta y la capacidad imaginativa del camboyano no
había sido destruida. Unidos ambos factores se puso en marcha un sistema casero
para transporte de pasajeros y mercancías, utilizando los ejes y ruedas de los
vagones destruidos y poniendo sobre ellas unas plataformas de bambú, tal y como
existe hoy día. Todo ello, impulsado por un motor reciclado de otro vehículo
móvil.
-Parados, esperando a que llegue el otro tren bambú-
Yendo cómodamente sentado en la plataforma y viendo el
mecanismo del tren bambú se apreciaba realmente ese alarde imaginativo del
camboyano, digno de mencionar. Como sólo existía una vía, cuando se cruzaban dos
de estos artefactos primitivos, ambos maquinistas paraban uno frente al otro y,
literalmente, desarmaban uno de los convoyes para que el otro pueda pasar.
Colaboraban ambos operarios en el desarme y posterior armado del tren. Los
turistas, con cara de sorprendidos, no ponían en marcha su brazo colaborador
(¡vagos!). Pero así era la relación del viajero con el camboyano.
Así era la vida del camboyano.
Cuando el tren alcanzaba el máximo de velocidad (unos 50
km/h), y traqueteaba sin piedad, daban ganas de gritar: ¡A por los corruptos!.
Ahora, cuando estuvo allí este leonés, a los
viajero-turistas les proponían un recorrido de 5 dólares, ida y vuelta a la
primera estación, donde aguardaban, como no, los tenderetes de productos
locales y bebidas. Tras un breve descanso, se iniciaba el camino de vuelta. Se
atravesaban campos de arroz y paisajes hasta cierto punto, agrestes, llenos de
vegetación y matojos. Durante el trayecto, si mal no recuerda, tuvieron que
descender del artilugio unas 5 veces para dejar paso a los que venían en ruta
contraria.
Muy divertido.
-Desmontando el tren bambú (1)-
-Desmontando el tren bambú (2)-
A la ida, iban tres en el convoy (cuatro, con el conductor); a la vuelta, se unió un veterano lugareño que regresaba a su casa después de una
más que posible dura jornada.
En tono de broma, a este mochilero le propusieron hacer el
recorrido completo a Phnom Penh (unos 350 kilómetos), dos
días y dos noches hasta llegar al destino. Durante el trayecto nocturno -dijeron- dormiría
cómodamente en la plataforma de bambú.
¡Qué simpáticos!.
¿Turistada?. Sin duda, pero también una manera de colaborar con alguna economía poco boyante en la zona.
-Lugareño camboyano, a la vuelta del recorrido-
Copyright © By Blas F.Tomé 2015