Es posible que todos los ‘bloggers’ se acuerden de que Camboya
sufrió un conflicto entre Gobierno y los jemeres rojos que duró muchos años.
Todo el mundo recuerda que el mandato de los jemeres rojos provocó un
genocidio con miles, millones de camboyanos muertos. Pero no sabría decir si
todos los lectores de este texto son conscientes del problema de las minas antipersona en el país, miles o millones de ‘municiones durmientes’ que siguen mutilando,
especialmente a niños o, si no a estos, a sus padres, arrojando así a aquellos a una
triste vida de orfandad. En Camboya, la mitad de las víctimas terrestres son
niños. Zonas, como la nororiental, continúan -a pesar de los esfuerzos-
infectadas de campos de minas. La zona de Pailin, cerca también de la
turística ciudad de Battambang, decían ‘era uno de los lugares más peligrosos del
mundo’. También, en Siem Reap, cerca de los templos de Angkor, había multitud de
campos de minas. Y dos décadas después de que los jemeres rojos y sus
enemigos sembraran los campos de muerte, se seguía trabajando en un intento de
que los campos de labor fueran seguros para niños y colonos.
Esto es lo que dicen los
estudios, pero que nadie se venga abajo y piense que visitar Camboya es lo más
cercano a quedarse lisiado.
No. Para el turista, o el
viajero, todo está controlado. O casi todo.
Había muchas muestras que
evidenciaban peligrosidad, sobre todo en la visión de gran número personas
mutiladas. Personas que, a veces, servían de reclamo para solicitar una
donación al visitante. También, músicos que dejaban caer sus notas para
contribuir a la colecta.
Un mundo complicado, lleno de
situaciones límite -si se quieren apreciar- y de visiones desagradables sin
posibilidad de evitar, aunque, también (¡perdón!), era posible mirar a otro
lado. No eran insistentes.
Recuerda, en especial, aquel grupo –su primer
representante enseñaba con descaro su pierna artificial- que tocaba ‘notas-orientales-de-sitar’ (o que el viajero insatisfecho identifica así)
cuando los visitantes caminaban sobre una firme pasarela que cruzaba aquella
zona pantanosa [fotografía], camino -una vez más- de otra maravilla del arte jemer.
-Grupo de músicos, en colecta para los mutilados de las minas anti persona-
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