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17 de marzo de 2018

Playa de Maungmagan / Myanmar (Birmania)




Casa de madera de la época colonial

En su recorrido por territorio birmano, el viajero insatisfecho también transitó el sur, por la lengua de tierra que forma el país con la frontera tailandesa. Aquella estrecha franja bajaba cientos de kilómetros bordeando el mar de Andamán cerca de multitud de playas que no tenían nombre ni renombre turístico. Pero allí estaban sin explotar, ni expoliar.
Frente a estas largas playas de arena se situaba un extenso archipiélago de pequeñas islas, muchas de ellas solitarias. En aquel estrecho territorio se encontraba el estado de Kayin y la región de Tanintharyi, el sur profundo de Myanmar. 
Bajó muy al sur hasta la ciudad de Myeik pero no la encontró mucho atractivo y decidió permanecer poco tiempo. En su inevitable ascenso por la misma y única carretera longitudinal de nuevo hacia Yangón, donde al final debería tomar el vuelo de vuelta, paró, entre otros sitios, en Dawei, ciudad habitada, según señalaba el libro-guía, desde “hace cinco siglos o más, principalmente por marineros mon y tailandeses”. Desde luego la ciudad tenía vestigios más modernos, más de la época colonial inglesa. A pesar de ser relativamente pequeña, Dawei poseía mucha arquitectura interesante, con numerosas casas de madera antiguas de dos plantas, con tejados a cuatro aguas y abundante decoración de madera tallada. Paseó y paseó, aquella primera tarde, por la ciudad, sacó fotos de la arquitectura de sus casas y dispuso que al día siguiente iría a visitar su primera playa de aquel país en el viaje.




La playa de Maungmagan, una de las más famosas, estaba a unos 20 kilómetros de donde se encontraba, por lo que decidió alquilar una moto para dicho propósito. El primer intento fue fallido pues no consiguió comunicarse con el motorista que no hablaba ni una palabra de inglés. Lo logró al segundo, cuando al menos pudo hacerse entender sobre el destino del trayecto.
La carretera hasta la playa serpenteaba entre plantaciones de caucho y verdes matorrales ribereños. En el trayecto, ‘de paquete’ en aquella moto alquilada, pudo ver la vida campestre, cotidiana y diaria de mucha gente; un grupo de jóvenes birmanos sobre aquel tuk-tuk, que durante unos kilómetros precedió a la moto, saludaba con cierta timidez al motero extranjero; el agradable joven birmano que le porteaba sonreía cuando el mochilero leonés le hacía parar (stop, stop, please!!) para recrearse con unas fotos a los cuencos colocados en los árboles del caucho que recogían su consabida savia o resina, y, por sorpresa, a orillas de la carretera, en un camión con guirnaldas, un grupo tocaba y bailaba una canción religiosa local. No entendía nada. 
Pura vida birmana. 
Aquella inmensa playa de más de 10 kilómetros de extensión no le pareció espectacular. Como era un día entre semana y fuera de la época vacacional se encontró aquella arena semivacía, tan sólo ocupada por unos ocasionales pescadores que reparaban sus aparejos de pesca. Aprovechó la coyuntura para darse un paseo en la moto, a toda pastilla, por la dura y lisa arena a sólo un metro del agua. 
Esto, junto a las risas, las boberías de todo turista y el agua de coco tomada en un pequeño chiringuito, fue lo único reseñable. 
No obstante debió reconocer que un día así, ordinario y reposado, valía un viaje.
























Instantáneas en la playa de Maungmagan


VÍDEO

Copyright © By Blas F.Tomé 2018

25 de enero de 2015

Un breve acercamiento a Ratanakiri

-Casa 'kreung''. Al fondo, otras que van perdiendo su autenticidad-

La región de Ratanakiri, al noreste de Camboya, era conocida como el ’oriente salvaje’. Nada más lejos de la realidad si nos atenemos a sus gentes: amables, simpáticas y agradecidas con el visitante. En sus paisajes dominaban las montañas boscosas y un relativo terreno abrupto; también, el clima más frío del país, junto con la región de Mondulkiri. Si bien el libro-guía hablaba de difícil acceso, entonces, era un área totalmente accesible, buena carretera y perfecta comunicación, teniendo en cuenta dónde estaba: en Camboya. La localidad de Ban Lung, capital de la provincia, fue la base de operaciones, si esto puede definir esta breve visita.
Sus gentes “vendían” al turismo lo que tenían: pequeñas cascadas, senderismo de varios días de duración por la selva y visitas a las minorías étnicas (pueblos) de los alrededores.
-Lago circular 'Boeng Yeak Lom'-

El viajero insatisfecho vió dos ridículas cascadas (ninguna tenía algo especial) y visitó el Boeng Yeak Lom, un precioso lago, circular, quizás volcánico, muy cerca de la localidad y rodeado del verdor de la jungla circundante pero que se circunscribía a unos cientos de metros. Más alejado, se apropiaban del espacio las tierras de labor o los pequeños arbustos.
-Anciana 'kreung', soltera y sin hijos-

-Anciano 'kreung'-

Más le gustaron las minorías étnicas, los ‘kreung’ y los ‘tam puom’. En especial, los primeros que le recibieron con agrado y simpatía. El poblado de los segundos estaba semivacío, sus gentes durante el día solían bajar -y fue testigo de ello- a vender sus productos al mercado de Ban Lung. Para acercarse, alquiló una moto con su correspondiente motero que le sirvió, además, de guía. Con los ‘kreung’, entró en sus casas; fotografió a sus gentes; vió como elaboraban su aguardiente (o algo parecido) de arroz, más bien de cáscara de arroz, y la humildad, rayana a la absoluta pobreza, con que vivía aquella anciana, soltera y sin hijos, con quien intercambió sonrisas. El motero-guía dijo, traduciendo sus palabras, que en su juventud nadie había pagado la dote a su familia por ella. !Pobre!.
-Dos jóvenes 'kreung', elaborando aguardiente de arroz-

En la cultura ‘kreung’, los hijos, al independizarse de sus padres, se construían casitas aledañas e individuales de bambú, diferentes en su altura según el sexo: siempre más alta la del chico que la de la chica. Si bien en los pueblos actuales que visitó no pudo ver un caso real (para comparar), en las cercanías del lago Boeng Yeak Lom había un ejemplo, edificado a tamaño real, de ambas casas, tratando -cree- de mostrar al visitante la particularidad cultural y tradicional de la región.
-Casas 'kreung', alta (chico) y baja (chica)-

Sin duda, una nada despreciable experiencia para aquellos que, sin dejar a un lado ‘las piedras’, les atraiga un poco la parte antropológica en cada uno de los viajes.
Y un breve apunte más, en el recorrido por la zona se podían ver extensas y viejas plantaciones de caucho. También, recién plantadas, por lo que el caucho parece tener futuro. Un claro futuro con el petróleo al alza, pero no sabe si será lo mismo con un petróleo relativamente barato, y bajando.
Copyright © By Blas F.Tomé 2015