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4 de enero de 2015

Innecesaria, pero tenía que hacer la visita

-Fotografías de prisioneros muertos (alguna)-

La visita a la “prisión de seguridad (S-2)”, una de las muchas instauradas en todo Camboya por el dictador Pol Pot, era inquietante. Las condiciones en las que mantenían a los presos -a sus propios hermanos jemeres- eran lamentables. Pero tanto la visita a esta prisión como la posterior al ‘’campo de exterminio Choeung Ek” (a las afueras de Phnom Penh) fueron una experiencia psicológica, interior y hacia uno mismo (pero -cree- era necesario hacerla). En la prisión S-2 impresionaban la fotografías de los cientos, miles de presos fotografiados para luego ser torturados, o al revés; las fotografías reales de las diferentes posturas del preso ya torturado, quizás muerto, y, sobre todo, el frío y desangelado ambiente del edificio, ahora museo, antes prisión, y previo a Pol Pot, instituto de alumnos. Sólo los rayos de sol que penetraban por la ventanas enrejadas, cuando el viajero insatisfecho visitó el lugar, lograban templar el aterrador escalofrío reinante.
El campo de exterminio Choeung Ek no enseñaba nada más que los cráneos y fémures allí encontrados, guardados en una estupa a la entrada. Pero sin mostrar nada, la visita audio-guiada por un circuito, con 19 paradas, que recorría las diferentes fosas comunes y el lugar que ocuparon, entre otros, los barracones donde se hacinarían los recién llegados (hoy ya no existen), convertía a aquella extensión de terreno en un siniestro lugar.
-Cráneos guardados en la estupa-

Por el audífono (cada uno en su idioma) se contaban anécdotas -varias- de los supervivientes de los jemeres rojos, además de un escalofriante relato del guardia y verdugo Him Huy sobre algunas de las técnicas utilizadas para matar y deshacerse de prisioneros inocentes, mujeres y niños. Entre relato y relato, por el audífono advirtieron en varias ocasiones -para que el visitante tuviera cuidado de no pisar- de los huesos y dientes semienterrados  (vió varios) que aún se mantenían sin recoger a lo largo del recorrido.
Al finalizar, el mensaje invitaba a que esta masacre no se volviera a repetir. Masacres que, según recordaba la voz en off, ocurrieron en el régimen nazi alemán, en la Rusia de Stalin, en el Chile de Pinochet y en la Argentina de Videla. No citaban para nada lo ocurrido en España.
Como rendido homenaje, los camboyanos han ido colocando pulseras de colores en las vallas que protegían las fosas comunes y, en especial, en el árbol donde los niños pequeños fueron aplastados antes de ser arrojados a la fosa.
Sin haber visto nada especial, la visita dejó al mochilero pensativo, con mal sabor de boca.


-Pulseras de colores en el fatídico árbol-


-Pulseras de colores, en la valla que protegía una de las fosas-

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