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16 de octubre de 2015

Viajar es algo fácil de contar

“Después de comer, el viajero, que ha vuelto al terreno llano, despide a Quico y a su mula ‘Jardinera’, se echa a la sombra y se tapa lo ojos con el sombrero. Poco más tarde está profundamente dormido, con un sueño suave, fresco, confortador.
Cuando se despierta se incorpora, se estira un poco, carga con su morral y sigue adelante. Ha debido pasar bastante tiempo porque Quico y su mula ‘Jardinera’ están ya al otro lado de las Tetas, no se les ve por lado alguno.
Una mujer lava en silencio, con la cabeza al aire bajo un sol de justicia. Es el mediodía. El silencio es completo, no se oye más que….”. Así, con esta sencillez de novato viajero escribe Camilo José Cela su “Viaje a la Alcarria”.
Impresiona, si, su sencillez y su descripción pausada, nada extravagante o pretenciosa. Le gusta esa simplicidad, casi ingenuidad, al viajero insatisfecho. Muchas veces uno mismo piensa que necesitaría otro lenguaje para contar sus vivencias pero, siempre, fueron elucubraciones pasajeras, nada firmes. Este mochilero para construir las secuencias reales se apoya en los hoteles que utiliza, en los autobuses que toma, en el color de las paredes, en lo salvaje de la naturaleza, en la cara de la gente que cruza, en lo que lee, en lo que vive, en ese paseo precipitado o en ese trasnoche sin justificar. Solo así se siente a gusto con sus descripciones. El otro día salía solitario por un campo de hilagas/aliagas, matorrales agostados, carrascas de bellotas a punto de explotar, y cuando paseaba tranquilo se fijaba en todo y pensaba en lo fácil que sería contar todo aquello. Viajar es, quizá, eso: algo fácil de contar.
Y así, de pronto, se acordó de aquel día que vio en Tailandia a un adolescente avanzar por un camino, entre sombras y destellos de luz, que llevaba a la frontera de Birmania. ‘Allá, al fondo, esta Birmania’, le dijo el motero que le acompañaba. Entró en Birmania sin entrar. Visitó el país sin ver. Destruyó un régimen sin luchar.
¿Veis que fácil es contar un viaje?.

Copyright © By Blas F.Tomé 2015

3 de abril de 2015

“Cosas que sé hacer cuando viajo”

El viajero insatisfecho va a cumplir con la petición que le hace ‘Dianamiaus’, aunque no sea muy proclive a este tipo de ofertas-envenenadas (pero con veneno de buen rollo, lo sabe) y va a enumerar alguna de las…. “cosas que sé hacer cuando viajo”. Hay tantas que va a centrarse en unas, quizás algunas irreverentes, y dejará otras que serán tan importantes como las primeras. Intentará ser original, aunque no lo logre, pero así es.
Sabe:

Mimetizarse
En Egipto, el viajero ha sido Ramses (“look like Ramses”, decían). En Zambia, ha sido Livingstone (igual: “look like Livingstone”, decían). En Perú, fue Atahualpa, el emperador inca (“te pareces a Atahualpa”, aseguraban). Se jugaría ahora mismo un huevo y parte de otro de los de ellos, que lo hacían para hacerse los simpáticos y alentar un acercamiento egoísta e interesado. Pero así es, este leonés ni es como el tal Ramses, ni mucho menos como el explorador más grande que jamás haya pisado África, aunque, según parece, sabe mimetizarse.

"Look like Livingstone"

Regatear
Y es fundamental dominar el oficio cuando las zapatillas recorren cualquier país africano, u oriental (India, o Tailandia, o Camboya,…). Las reglas están establecidas de antemano o, si no lo están, son de uso general, y cualquier ‘adán’ intentará estafar o, si no estafar, al menos intentará sacar al mochilero el “money, money”, y cuanto más mejor. Un blanco por definición en África, al menos en ciertos lugares de este bello continente, es un cajero automático ambulante, y eso se nota. Se piensan que a todos los blancos les sobra el dinero, o son millonarios per se. A veces, hay que explicárselo y en verdad lo entienden.

-Regateo en el mercado de Malanville / Benin-

Cambiar de rumbo
Cualquier circunstancia le puede hacer variar los planes que ha decidido la noche anterior (no sabe si se deberían llamar planes) y cambia el rumbo porque el conserje de hostel  o de la guesthouse le recomienda otro. Ha cambiado el lugar de destino hasta cuando iba a comprar el billete a la bus-station y el motero de turno que le llevaba le dijo que por allí, por aquella zona donde iba a ir, no había nada que ver, “vete por este otro lado” Y le hizo caso, aunque no siempre, o casi nunca, la persona local que no conoce el mundo del turista o viajero tiene los mismos gustos por las cosas y puede discernir la realidad de lo que es ‘visitable’ para un viajero.

-Bus-station en Lusaka-

Ser precavido
A este mochilero le gusta la noche, o al menos, antes le gustaba, pero dependiendo del país visitado o de la ciudad que sea en ese momento su base de operaciones, unas veces se arriesga a vivir la noche; otras, se lo piensa dos veces, moviéndose entonces a esas horas por terreno más o menos conocido. Lo que quiere decir que siempre es precavido. La peligrosidad, a veces es una mandanga, pero otras puede ser muy real.

-Nochevieja en Natitingou-

Tener las cosas claras
A este mochilero le gustan las mujeres, y jamás dejará de ¿buitrear? o ¿mirar? a las mujeres del lugar, ya sean blancas, chinas, negras, o nepalíes o tanzanas. Vayan vestidas de locales o a la moda internacional, sean de ‘body africano’ u occidental. A veces, también, las caras son su pasión, no siempre un cuerpo insinuante o cimbreante va a ser el único objetivo. En su descargo dirá que siempre viaja sólo y no suele tener condicionantes a su lado que impidan realizar la tarea, a la que se dedica 16 horas al día; el resto, duerme. Creedle, no es una obsesión pero sí una realidad.
También, aunque no tenga relación con lo anteriormente dicho, le gusta la cerveza y encontrará cualquier disculpa (cansancio, calor, conversación,…) para deleitarse con una. Cree que ha dicho al principio que tiene las cosas claras.

-Joven emberá, Panamá-
-Joven paseando por la calle-

Leer
Como en un viaje suele haber muchos tiempos muertos -o al menos él los busca y los encuentra- dedica ese tiempo a la lectura. Suele llevar varios libros en la mochila y rara vez vuelve con alguno de ellos no leído. Es fácil entretenerse con unas páginas antes de dormir ¿será una costumbre?.

-Libros-

Para completar el 'juego', la 'rueda' o la 'diversión', nomino a (la participación es voluntaria, no necesitáis odiarme, así, de entrada):

Copyright © By Blas F.Tomé 2015

12 de octubre de 2014

Cosas que “no sabe hacer” (todavía)

-Estrellas de mar, en el fondo marino del archipiélago de San Blas (Panamá)-


El viajero insatisfecho -animado por una blogger que desprende simpatía, desparpajo, desenvoltura y vitalidad- va a tratar de salir de su encierro interior (emocional) y escribir algo genérico sobre viajes. Propone ‘dianamiaus’, en su blog, cosas 'que no sabe hacer’. Este mochilero leonés tratará de hacer un ‘meme’ y exponer lo mismo.

- No sabe….. Viajar en grupo.
Le exaspera estar condicionado por el puto-horario y, sobre todo, le crispa esperar siempre a la ‘misma pareja de tortolillos o estúpidos’ que llega tarde por sistema cuando el resto del pasaje lleva ya un buen rato esperándoles en el bus, barco, o similar.

- Bucear, y le encantaría hacerlo. Ha visto muchos fondos marinos increíbles haciendo únicamente ‘snorkeling’ (‘palabro’ inglés que procura evitar pero que hoy va a utilizar). ¡Perdón!. Y, a propósito, recuerda el baño superficial con gafas y tubo que hizo en la isla de Malapascua (Islas Filipinas): una maravilla.

- Arriesgar.
Bueno, tendría que precisar y explicarse. Si esta en un país con cierto ambiente nocturno-cutre-peligroso (al mochilero leonés le encanta la noche), prefiere no ser muy avispado y evita ‘lanzarse a la oscuridad-de-la-noche’ de manera inconsciente. En otros lugares lo hace.

- Apreciar el vino (ni lo intenta).
Es una aversión hacia los caldos ganada hace muchos, muchos años por no saber beber el día que finalizó COU, al emborracharse de vino-trallero en el ‘barrio Húmedo’ hasta llegar a la inconsciencia. Al día siguiente se convirtió en aversión. Lo repudia.

-En un descanso en Manica, Mozambique-

- Decir ‘no’ a una cerveza (ahí coincide con ‘dianamiaus’). Decir 'no' sería un problema añadido, y de problemas el mundo está lleno.

- Decir ‘no’ si prevé sexo. Y….

- Mentalizarse que tiene que visitar Roma (la Ciudad eterna) o 'los Santos lugares' lo antes posible.
Es más cree, sinceramente, que no visitará ni ‘la ciudad eterna’ ni ‘los santos lugares’ en su ‘puta-vida’. Odia el turismo masivo y mucho más si va mezclado de un trasfondo de religiosidad come-cocos. Adora África, con sus pros y sus contras.

- Relajarse cuando viaja.
Siempre de un lado para otro. Hoy aquí, mañana, allí. Se levanta dispuesto a andar y se acuesta haciendo planes de movimiento para el día siguiente.

- Hablar inglés.
Se defiende, o se ha defendido siempre, pero le cuesta mucho mantener una larga conversación. Le falta vocabulario y le sobra vergüenza.

Gracias ‘dianamiaus’ por darle un pinchazo a un humilde mochilero y hacerle salir de su tristeza, y con ello, animarle a escribir estas líneas. Propone a 'nurianomada' y a 'carloselviajero'.


Copyright © By Blas F.Tomé 2014

12 de abril de 2013

¡Cuánta tontería 'pilla' uno en los viajes!



¡Cuánta tontería 'pilla' uno en los viajes!.
Mucha, sin duda.
Al finalizar el viaje, en medio de él, cuando pasea por el mercado o cuando visita aquel monumento son momentos apropiados para encontrar algo que comprar, tocar o mirar, y remirar. Después, pasarán a formar parte de la 'mochila azul'.
En su ‘chabola’, el viajero insatisfecho guarda un poco de todo, monedas, billetes, sellos, postales, ‘vitolas’ de cerveza, un poporo, posavasos, esculturas de madera, un anillo labial de las mursi, un fosil de caracola marina, fotos y……, cuadros, pulseras, CD´s, tankas, silbatos, collares, bonetes y,……., sombreros, vestimenta africana, camisetas, molas, máscaras,.…. Y todo aparece por la ‘covacha’ colocado -pero sin gusto- polvoriento, descolorado, avejentado y sucio.
Un poporo, junto a unas hojas de coca
Todo son tonterías que no recuerdan el viaje, ni alimentan la memoria, ni son utilizadas como elemento de autoestima. Tal vez sirvan para renegar aún más cuando, en la siguiente salida, llegue la triste y embarazosa hora de comprar. Dijo Jefferson: “No compres nunca lo que te sea inútil bajo el pretexto de que es barato”.
¡Este viaje no traeré nada!, ha soltado infinidad de veces el leonés antes de salir a África, Asia, o cualquier otro destino. Al final, lo visto, lo oído o lo admirado llevarán siempre al mochilero hacia la tienda de souvenirs o puesto callejero, siempre con el ánimo de no romper su palabra y mirar ‘para-matar-el-tiempo’.
Pero…..
Copyright © By Blas F.Tomé 2013

23 de diciembre de 2011

Los viajes no son lo que eran

© Aventuras de Tiburcio y Cogollo, por Trapiello
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“Los viajes no son lo que eran”. Esta frase ha pasado muchas veces por la mente del viajero insatisfecho. Aunque pareciera una remembranza tierna y melancólica de un momento que este mochilero no conoció, no hay duda de que, antes, el viajero en general se enfrentaba a civilizaciones, pueblos, regiones o individuos opuestos a su mundo cotidiano que evocaban exotismo por sus extrañas y ajenas cualidades. Piénsese en los primeros exploradores de tierras africanas: abordaban un mundo extraño, hostil, diferente y dañino.
Ahora, la búsqueda de lo exótico o de lo desconocido tiene que ser interior, debe ser razonada en las entrañas, mezclada, eso sí, con los pequeños retazos de cierta antigüedad que vayan apareciendo en el camino.
El fósil aquel, visto; el tatuaje aquel, grabado a fuego en el cuerpo de aquel, en apariencia, aborigen; el movimiento hace mucho observado, o el monolito desconocido son imprescindibles para hacer sentir al viajero, viajero, y constituyen su galería de objetos e imágenes que podrían ser la ‘negra-habitación’ de las vanas aspiraciones por enfrentarse a pueblos antiguos o civilizaciones ancestrales.
El viajero de hoy debe conformarse con pisar terrenos únicamente que él no había pisado, con vivir situaciones imprevistas y congratularse de descubrir y tocar lo que otros ya le han enseñado mediante imágenes (léase, los documentales), palabras o, quizás, cuentos inventados.
No importa.
A este leonés, le gustan las casuchas de chatarra desvencijadas que nadie mira, los tranvías rojos y oxidados, los bares de madera con balaustrada de latón y las calles silenciosas azotadas por un viento sobrecogedor. Y así, no son necesarios ni los brotes de historia, ni las catedrales del siglo XVI, ni las civilizaciones babilónicas, y mucho menos la búsqueda permanente de lo terrenal exótico.


Copyright © By Blas F.Tomé 2011

12 de octubre de 2011

Un letrero internacional

El thai era el ‘habla’ de los tailandeses, el idioma de Thailandia, o Tailandia, y la lengua que enseñaban en las escuelas.
Su alfabeto estaba formado por 44 consonantes y 11 vocales, según dice el libro-guía pues a este viajero insatisfecho todos los rasgos le parecían símbolos distintos, como si no tuviera fin. La gramática era rudimentaria y las palabras podían funcionar como nombre, verbo, adjetivo o adverbio. Todo esto se diferenciaba por los tonos. Así pues, una misma palabra podía tener hasta cinco significados distintos dependiendo de la entonación del parlante.
Complicado ¿eh?.
Pero había entre todo este baturrillo, un letrero, insistente y persistente, que no hablaba thailandés. Era internacional, si por internacional el lector entiende que lo capta todo el mundo, independiente del idioma en que estuviera escrito.
Internacional también era el gesto de la caricatura.
¿Que sostenía el personaje en esa mano izquierda -por el otro lado era la derecha- en su apurada carrera?.



Copyright © By Blas F.Tomé 2011

29 de mayo de 2011

El motero viajero

Parado allí, muy cerca de la plaza de Callao, a mitad de la Gran Vía (Madrid), parecía uno de esos personajes estrafalarios y variopintos que tanto abundan por el centro de la capital.
Y lo era. O no.
Apoyado en la parte de atrás de una preciosa BMW, hacía mímica y sonreía; atendía a preguntas de la poca gente que le rodeaba con una sonrisa, quizás un poco forzada, pero con alegría comunicativa; en algunos momentos hacía exagerados movimientos, en otros, mostraba una provocativa quietud. Animado por la amabilidad del público que le rodeaba, sacaba a veces de su cazadora militar un cartel en el que pedía un donativo para seguir camino.
Luego, este viajero insatisfecho se fijó en el ‘ruteado’ mapa, convertido en objeto de reclamo, y lo miró con simpatía. 740.000 kilómetros recorridos. 138 países visitados. Diferentes banderas garabateaban simbólicamente su estancia en cualquiera de ellos. Aquel personaje, allí, en reposo aparente, se convertía, a través de esos coloridos distintivos, en viajero pertinaz.
Un cartel en correcto español decía: “Quiero entrar en el libro guinnes de los records por ser el único hombre sordomudo que lleva viajando en moto desde el año 2000 por todos los continentes”.
Ah, bueno. Era sordomudo. Y supuso que bieloruso.
Ahora sí, su mímica y su sonrisa adquirían cierto halo de ternura y comprensión.
Una sonora ausencia en sus recorridos globales: África (excepto un poco de Sudáfrica) ¿Es que no será África un continente apropiado para viajeros sordomudos?.


Copyright © By Blas F.Tomé 2011

26 de junio de 2010

Un cuento (africano) inventado


“En un pequeño poblado, en la tupida y selvática zona de Kigali, en Ruanda, había una minúscula cabaña a las afueras que servía para recoger a los permanentes caminantes que transitaban por aquellos parajes selváticos. El receptáculo en cuestión tenía unos siete destartalados camastros que servían a los cansados viajeros para encontrar un rato de tranquilidad. Pero, poco a poco, los ‘monos’ del lugar fueron tomando terreno dentro, para pasar la noche. Al principio, estos ‘apestosos babuinos’ ocupaban un minúsculo espacio, tímidos, silenciosos, sin molestar a nadie y sin que nadie se sintiera molesto. Lentamente, aprovechándose de la bondad del resto de los huéspedes que temporalmente allí encontraban refugio, fueron llenando e invadiendo el pequeño recinto.
Los ‘monos’, además, saltaban, chillaban y sobre todo pedorreaban. Uno de ellos, empezó con ‘pedos de cuco’, suaves y delicados, pero -‘in crescendo’- al poco tiempo soltaba ‘pedos de hiena’, que olían a carnaza putrefacta y vomitiva.
- Terminará -dijo uno de los viajeros perjudicados- soltándolos ‘de ballena’, grandes, voluminosos, sonoros y con burbujas.
Estrujando, además, las justas normas antaño establecidas, ellos [los monos] también guardaban un riguroso orden para salir de la choza y hasta que no les tocaba el turno ni se movían. Incluso, en ese momento, alguno aprovechaba para dar la vuelta al recinto y ocupar de nuevo otra plaza. Llegó a haber cinco ‘monos’ al mismo tiempo en un espacio diseñado para siete viajeros.
Aquello que, en una lejana época, se construyó como descanso del viajero, se había convertido -con el tiempo- en la ‘choza de los monos’, ya agresivos e invasivos.
¡A ver quién se atrevía a echarlos!.

El hechicero/a del poblado tuvo que intervenir”.
...............................
Moraleja: Cuando aparece gente "cansina, pertarda y toca-pelotas", no sólo tú te das cuenta.

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

10 de octubre de 2008

Criterios viajeros del viajero insatisfecho

Hay muchos criterios para catalogar a los viajeros.
Muchos, y muy distintos.
Cada individuo tiene los suyos.
Un criterio, entre otros, para juzgar al viajero de nuestros días es la pura apreciación subjetiva, el derecho que tiene cada individuo a hacer sus propias conclusiones de acuerdo a sus gustos y disgustos. Un paladar puede definir aquel recorrido de turisteo anodino y estúpido, y otro de viaje magnífico, bueno, regular o malo.
Desde el punto de vista de este mequetrefe mochilero -ajeno siempre a las críticas malintencionadas- la única forma de evitar las buenas ofertas de operadores turísticos es librarse uno mismo de consignas preestablecidas y de los principios que sólo ven negocio, independientemente de la calidad de sus ofertas, que imponen valores y falsos valores, en contra de lo que supone atesoramiento de aventuras, sensaciones, experiencias, y venden lo que venden únicamente porque ellos deciden que es bueno, y lo tienen que “propagandear” como bueno.
Peleemos por nuestros esquemas viajeros, rebelándonos contra carteles anunciadores de viajes espectáculo, que venden cultura viajera enlatada, que generan divertimentos falsos para paralíticos de la aventura, de las contingencias o empresas de resultado incierto.
¡Quédense en casa, señores, o digan a sus amigos que, por unos días, van a cambiar de residencia!. Nada más.
Busquemos la autenticidad del viaje sentido y vivido, nada de simulacros y rutas acartonadas por los guías de turno. Porque el viaje es impulsor de cultura tanto interna como para la gente local; es centro neurálgico de vida espiritual; es goce de sentimientos, y es enseñanza para contrarrestar las imperfecciones que nos imponen, entre otras, la vida rutinaria y, como no, la política. Siendo extremista, con el viaje se atesoran unas formas ideales de ser, de amar, de vivir y sentir.
Sólo si el viaje recupera esas esencias de libertad, de individual aventura, se emancipa de land rovers innecesarios, de camellos contratados, de lanchas rápidas, de grupos-para-que-salga-más-barato y se apoya en las -también- esencias de las gentes del lugar, merece la pena disfrutarlo.

Si no, ¡al carajo!.

Copyright © By BlasFT 2008