15 de septiembre de 2012

Carne cruda / Etiopía


Una de las prácticas, sobre todo en el sur de Etiopía, era abusar de la carne cruda. La primera vez que presenció este viajero insatisfecho la ingesta de este tipo de carne fue en Arba Minch, y su primera impresión fue desagradable, alcanzando casi la repugnancia. Luego se habituó, aunque nunca llegaría a probarla. La semana que estuvo por la zona, observó varios desayunos, de media mañana, de gente local en los que únicamente se tomaba carne cruda de vacuno o cabrío. Reseñaría solo la naturalidad con que aquellos jóvenes etíopes de Jinka, poblado situado al sur, troceaban y masticaban tan ‘suculento magro’ y ‘apetitosa grasaza’.
Este país africano disponía de escasos mataderos en los que el control de la carne fuera eficaz y era preciso desconfiar.
Si probó el kitfo, plato tradicional muy presente en la gastronomía de etíope, consistente en carne de ternera cruda picada, pero calentada (vuelta y vuelta) y marinada con gran variedad de especias.
La base de ambos platos, y de casi todos, era la injera. Especie de pan plano muy fino, parecido a una crêpe, que tenía un sabor agrio, tirando a ácido, muy característico y especial. Se realizaba con la harina de teff, un cereal local muy difícil de encontrar fuera de Etiopía. Sobre esta base se ponían el resto de los alimentos. Pellizcando con la mano izquierda aquella pasta, los trozos se usaban para comer a modo de cuchara.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

7 de septiembre de 2012

Cabo Verde y Cesaria Evora

Y habiendo estado en Cabo Verde, sin mucho que contar, ¿por qué no hacer una entrada sobre música de las islas?. Un ‘post’ hasta cierto punto no vivido pues se alimenta más bien de la poca documentación consultada. Un ‘post’ que cree debe escribir y ‘no más’. Un ‘post’, en definitiva, que se lo podría haber ahorrado.
A la vuelta, cargó en su mochila azul con CD’s de música caboverdiana y, en particular, de Cesaria Evora.
¿Y…?.
Para incondicionales, forofos y, quizás, para expertos.
Casi para olvidar.
La ‘morna’ es un género musical de Cabo Verde relacionado -dicen- con el fado portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento angoleño. Los más atrevidos lo relacionan con el blues y algunas investigaciones parecen aseverar este hecho: se aprecian similitudes interesantes y conexiones culturales significativas entre la ‘morna’ y la música negra de Estados Unidos.
Tradicionalmente tocada con instrumentos acústicos, la ‘morna’ trata de reflejar la realidad insular de su pueblo, el romanticismo de sus cantantes y músicos y el amor por la tierra que se ha de abandonar aún queriendo quedarse. Del “Best of…. Cesaria Evora” adquirido, este viajero insatisfecho podría salvar ‘Sodade’ y ‘Cabo Verde terra estimada’. Del resto, destacar su hermosa voz y olvidar.
[Como todo el mundo la conoce, se puede, o no, estar de acuerdo con estas afirmaciones].
Cesaria Evora, nacida en la isla Sao Vicente, cantante premiada con un grammy y apodada “La diva descalza” es, sin duda alguna, el más famoso exponente de este género musical caboverdiano.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

31 de agosto de 2012

El muelle del pescado / Cabo Verde


Cuando la pérfida hamaca caboverdiana le atacaba y dañaba su dolorida espalda, el viajero insatisfecho tomó por costumbre el pasear atónito por la larga playa de arena casi virtual [¡qué arena tan fina y blanca!]. Se dejaba rozar su pies por las olas, no siempre suaves y delicadas y, mientras observaba, miraba y renegaba a veces, avanzaba hacia su nuevo centro de interés.
El pequeño muelle (a unos dos kilómetros de la hamaca) de pescadores de Santa María, ciudad turística de la isla de Sal, era a partir de las diez de la mañana un pequeño y agitado hervidero de locales y turistas que sin ningún reparo paseaban, incluso descalzos, entre el pescado recien traído de alta mar por las gentes isleñas que habían conseguido mantener su tradicional oficio, alejados del sofocón e invasión turísticos que desde hace unos años había atacado a esta isla [No había que olvidar que el turismo traía también explotación].
Se limpiaba y troceaba en pleno pantalán, se vendía al regateo, se cruzaban miradas de interés y, en fín, se cortaba el pescado a voluntad del comprador. Nunca había visto este mochilero semejante encuentro entre turista y local con esa carga de total afinidad, apego y comprensión. Por la tarde, el muelle se convertía en casi peligroso trampolín de muchachos que ejercitaban cabriolas acuáticas y, ya en la noche, en lugar de paseo de parejas de turistas que se dejaban mecer por las luces de las modernas y recién instaladas farolas.
Lo descubrió el segundo día de su estancia playera y lo convirtió en primordial, casi una manera de huir de la aburrida hamaca, y en su salvación.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

22 de agosto de 2012

Momentos, desconexión y descanso


Santa María era probablemente el icono turístico de la isla de Sal. Originariamente una ciudad de pescadores al sur de la isla, era la tercera ciudad y probablemente, implementada por este turismo, uno de los centros de poder económico más elevado de Cabo Verde.
La playa que lleva el nombre del municipio era sin duda, con sus aguas transparentes de color turquesa y su arena blanca, el objeto del deseo y obsesión (¡hay que ser obseso para retozar con alegría entre arena, sol y calor!) de la mayor parte de italianos, portugueses y españoles que llegaban a Sal.
Puesta la mirada fija, este viajero insatisfecho cree que esta fotografía sería la imagen parpadeante de sus pasados días de reflexión y descanso. En tono menos satírico-crítico, habría otras muchas, más bonitas y reales.
Tumbado en una hamaca, tras las gafas graduadas y oscuras de observador, sus perseverantes guiños al sol en vano intento por leer en medio de aquella abusiva claridad, sus miradas frívolas a la joven en top less, sus comentarios jocosos ante situaciones ridículas, sus desdeños a la mujer madura-portuguesa que se tostaba espatarrada con cada rayo y tras sus accesos de ira hacia el perro negro, abandonado, que soltaba desafiante sus pulgas al sol, sobrevoló un relajo que superaba cualquier incomodidad crítica.
¿Fue un viaje?. No, no fue un viaje.
Desconexión. Descanso. Mezcla de amor y odio para un mochilero poco acostumbrado a la pastosa calima de mediodía que se formaba, inevitable, a la orilla del mar.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

11 de agosto de 2012

Cabo Verde


La república de Cabo Verde inicia su andadura el año siguiente de la revolución portuguesa de los Claveles, el 5 de julio de 1975.
Hoy día, es fácil imaginar que algunos ciudadanos hayan llegado a cuestionarse si la independencia fue o no un éxito. ¿Por qué?. Porque de seguir Cabo Verde con Portugal hoy sería una región autónoma de ultraperiférica, como Azores, Madeira, Canarias, Guadalupe o Martinica, ultrasubvencionada por la Unión Europea.
Ahora, sin embargo, ya es tarde para cuestionarse estas cosas. El viajero insatisfecho va a conocer un pellizco de esos ciudadanos, de esas gentes [una manera fina de decir que va tragar polvo y arena] que, tal vez equivocadamente, sueñan con ser europeos.
Cabo Verde es un país que tiene mucho que ofrecer, no tanto por sus paisajes que también sino por su gente y su estilo de vida. El mochilero no se dejará llevar por “cosas que visitar" y paseará por los lugares a ritmo lento y, como suele hacer, se sentará en una terraza, delante de una cerveza, y dejará correr el tiempo. La mejor forma de disfrutar de cualquier país.
Antes de salir, como habitual ritual, consulta noticias sobre el país y encuentra una que dice textualmente:
  • “El gobierno de Cabo Verde está buscando fondos chinos y asistencia de Macau para financiar grandes proyectos de desarrollo, incluyendo casinos en la isla de África occidental. El primer ministro, José María Neves, recientemente concluyó una visita al país asiático con el fin de construir una relación desde el punto de vista económico con China y Macau”.

Mal empezamos, con los chinos rondando. Cuando los chinos rondan, se apoderan.
Alguien tachará a este mochilero de ‘racista’. Nada más contrario a la realidad, que le tachen de miedoso ante una invasión silenciosa y programada por los ‘timoneles’ de aquel país, ansiosos de poder y contrarios a la libertad.
El descanso incita a veces a la observación, al milagro de la sorpresa y a la excitación reposada.
Tomará notas. Si puede.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

3 de agosto de 2012

No cansaba mirarlo


Siempre le pareció un paisaje refrescante este de las ‘Chocolate Hills’, en la isla de Bohol / Filipinas. Ya habló este viajero insatisfecho de ellas pocos días después de la visita, pero hoy quiere refrescar las carnes de otros ‘bloggers’, llenar de misterio sus vidas con estas instantáneas sobre estas peculiares colinas que, aun siendo conocidas, merecen de vez en cuando cierta veneración.
Hace unos días, cuando vió su imagen en la estación de Metro ‘Islas Filipinas’ (Madrid) recordó su existencia. Se acordó de aquellos momentos, su verde panorámica y el bullicio de los jóvenes filipinos que asistían también al sencillo espectáculo de su natural belleza.
Desde uno de los cúmulos, convertido en terraza turística, se podía ver este paisaje que refrescaba, sobrecogía, alentaba y ensimismaba.
No cansaba mirarlo.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

25 de julio de 2012

Ritos, rituales y tradiciones


Cuando fotografiaba esta escena (Tailandia), pensaba en lo absurdo de los rituales religiosos de todas las creencias. Lo absurdo se repite entre los cristianos o musulmanes, entre hindúes, coptos o budistas,…… Aquella mujer tailandesa pegaba finas láminas de pan de oro en el buda allí situado como un acto, aún sin saber que pensaría ella, guiado por sus creencias religiosas. Su objeto sería -explicación más extendida- hacer una ofrenda por la buena fortuna en la vida.
Observó la escena unos minutos. Por allí pasaron tailandeses de toda índole y calaña a dejar su ofrenda de papel de oro y conseguir, así, los parabienes de su estático buda.
Aquel país donde la religión lo impregna todo se parecía mucho al que pisa ahora este viajero insatisfecho: España. La excesiva cantidad de ritos, apariciones, rituales, estigmas y rezos colocan a este país en un permanente centro de controversia. Las mujeres van a la erminta de San Antonio a introducir sus manos en un recipiente de alfileres para solucionar su casamiento; a la ermita de San Antón llevan los animales para ser bendecidos; los rituales del amor, donde el incienso, el sándalo o la rosa son los olores preferidos; la purificación mediante los baños rituales y los bautismos, donde lavan al ser humano de su culpa y lo hacen digno ante la divinidad; el toro de la Vega, evento taurino consistente en alancear a un toro hasta la muerte, después de que este hubiese sido liberado y trasladado hasta campo abierto.
Las ceremonias realizadas en los inicios de cursos escolares, la apertura de las Olimpiadas o los desfiles también son ejemplos de rituales actuales.
Un país lleno de ritos, rituales y tradiciones, nada alejados de los del pueblo thai.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

15 de julio de 2012

Danza del vientre (sin documento gráfico)


A las once de la noche, el solitario y mal iluminado tugurio de Nevşehir (Capadocia, Turquía) pudo ser el lugar del vivo reverdecer del instinto obsceno, mientras los alrededores de la zona eran, durante el día, dedicación religioso-musulmana y bullicio turístico a causa de las antiguas iglesias terreras en forma de cuevas.
La bailarina del vientre apareció en escena dejando a público -quizás, a camareros- a propios y extraños, boquiabiertos. Su escote, finas gasas de múltiples brillos, enfundada en un biquini adornado de pequeñas lentejuelas de colores, su desparpajo y sus relucientes carnes doradas se mezclaban con los aplausos y tímidas risas de la diversidad étnica asistente: turistas, locales, mangantes o graciosos e irreverentes turcos.
Era la primera vez que el viajero insatisfecho veía espectáculo semejante
Casualidades de la vida, al regresar a España en aquella misma época, todo muy apretujado, una sesión privada de una famosa bailarina del vientre de las noches madrileñas, le dejó constreñido. Semejante voluptuosidad, grandes pechos, contorneo de cintura y un entorno de luces y espejos comprimió por responsabilidad el furor del joven mochilero, ‘latin lover’ de pacotilla. Esas dos sesiones casi seguidas fueron mucho.
Sensualidad barroca y lascivia exótica.
¿Quedará algo de esto, y aquello, en los cabarets nocturnos del nuevo mundo islamista, transnochado e impuesto?.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

11 de julio de 2012

Fin del viaje: comienza la ignominia

Algunos fotos, algunos lemas de la llegada a Madrid de los mineros, en su larga y dura lucha por un digno futuro. 
Eran las 23,30, cuando entraban por los laterales del arco de la Moncloa, entre una multitud (¡impresionante!) de....... "Madrid obrero está con los mineros".
Entraban por la misma ruta de 'La Roja' y alguien gritó: "Estos son, nuestra Selección" y se convirtió en un vitoreado eslogan.
Un sencillo lema ocupaba la espalda de algunas camisetas: QUIEREN ACABAR CON TODO. 
Aplausos, canciones, gritos, eslóganes y cohetes. 
Los mineros aplaudían a Madrid, Madrid aplaudía a los mineros.
Llamazares espera también a la caravana de mineros
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

3 de julio de 2012

Agua, water, eau, aqua,....

Agua...

Si uno viaja, y observa, y transita, y mira hay muchos detalles que pasan a lo más recóndito de la mente donde dejan frescor o, también, embotamiento, según el caso. Y si uno NO viaja, también. El embotamiento puede aparecer, sin duda, como reacción -es un ejemplo- al intrínseco odio a la suegra que vive al lado.
En un repaso por las fotografías de Gambia, ésta, la que encabeza la entrada, le pareció muy indicada para hablar de gente, país y agua. Gambia (y cualquiera que mire el mapa lo podrá comprobar) es un país que vive cercano al agua, un país creado por el mero interés del control del agua. En aquellas lejanas épocas de exploradores africanos, de Mungo Park y otros, los países colonizadores gestionaban intereses y decidían en los despachos. En el caso de este país, el curso del río parecía ser de vital importancia para el imperio inglés que no cedió al interés francés por la región.
No es caso único, aunque sí de los más evidentes. Los conflictos por el control del agua han lastrado las relaciones entre países desde hace siglos. Caso evidente, las relaciones entre Egipto, Sudán y Etiopía han tenido momentos de amenazas, pésimas disputas y observación mutua, amenazante y permanente. Egipto, alardeando de su prepotencia económica sobre el resto de África, cuando ha visto indicios de control por parte de Etiopía del cauce del río Nilo ha amenazado hasta con intervenciones militares.
Y el viajero insatisfecho piensa en el lago Tana.
Portugal, siempre mirando hacia las fuentes de los rios que le atraviesan.
Vietnam mira, por culpa del río Mekong, a Camboya y más al norte con inquietud.
¿Se hubieran separado los musulmanes de los hindues para formar un nuevo país, Pakistán, si no hubieran contado en su nuevo territorio con el río Indo?.
Los gambianos de la primera fotografía esperan pacientes la riqueza que viene del mar, del agua.
En silencio, a veces; en bulliciosa quietud, otras.
Agua...
....agua.....
.... y más agua.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

23 de junio de 2012

Ceremonia del café


Le sorprendió a este mochilero que el café estuviera tan implantado en Etiopía. Quizás su sana torpeza de conocimientos sobre el país contribuyera a ello, pero alrededor del café había todo un ceremonial y, también, todo un mundo artesanal. Significativo era que la portada del libro-guía que llevaba al viaje era una fotografía de un pote de cerámica dedicado a ese particular ritual, pero ni por ello se percató antes. En varios mercados visitados y en el mercadeo callejero era habitual encontrar el puesto de artesanía del café que se componía, casi exclusivamente, de decenas o centenares de potes utilizados para la ebullición del preciado café.
Era también llamativo ver en ciertos restaurantes y en determinados días finas hierbas verdes extendidas como alfombra por toda la entrada: este detalle anunciaba que allí se oficiaba la ceremonia del café, una tradicional forma de hospitalidad.
A este viajero insatisfecho le dedicaron, en una casa particular, casi dos horas de una bonita tarde etíope a este ritual que observó sin perder detalle, disfrutó y agradeció por lo mucho que suponía para el alma acogedora del pueblo etíope. Miraba absorto la sonrisa amable de la joven encargada de ello, y a su también adolescente hermano, por quien entonces fuí invitado.
¡Gracias, Abraham!.

Abraham y su hermana, durante la ceremonia del café
Los granos de café eran tostados en una sartén sobre un brasero vegetal, mezclándose el aroma con el desprendido por el incienso que acompañaba toda la ceremonia y que el hacedor lanzaba hacía el homenajeado con un suave movimiento de una verde y sencilla rama, a modo de abanico. Después los granos eran machacados en un mortero, y añadidos a una cafetera negra de estrecho caño donde finalmente el agua se llevaba a ebullición.
Se servía en pequeñas tazas sin asa.
Entretanto, la conversación surgía natural por la amabilidad del ambiente concebido.
¡Salud!.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

12 de junio de 2012

Subida a Nkhata Bay


Cococrilos en el PN de Liwonde, fotografiados dos días antes de tomar el Ilala II

Si bien para la bajada hacia el sur de Malawi había utilizando los buses locales como medio de transporte, la subida desde Monkey Bay hacia el norte la realizó este mochilero en el Ilala II, un barco que hacía el recorrido una vez por semana en cada dirección, con múltiples paradas en su lento trasiego. Este viajero insatisfecho quería ir hasta Nkhata Bay. ¿Por qué?. Porque el único motivo para utilizar el barco era para vivir la experiencia: quería hacer una navegación más larga que la del año anterior por el lago Victoria.
Entre la variedad de paradas que hacía aquel viejo buque, una era en el apeadero de las islas de Likoma, a orillas de Mozambique pero pertenecientes a Malawi. La noche era oscura y de escasa visibilidad pero el traqueteo y la bocina del barco, que aminoró la marcha aún sin atracar en puerto por carecer de él, alertó a los de la orilla que se lanzaron al encuentro en pequeñas piraguas cargadas hasta los topes. Tan sólo se veía alguna tenue luz, indicadora de que se acercaba un tropel de ‘barquichuelas’ para hacer el intercambio de mercancía y pasajeros. Una vez colocados al costado del Ilala II parado, unos subían y otros lo abandonaban para ocupar el puesto en alguna pequeña barca de aquellos que ya habían ascendido. Todo un trasiego desordenado y peligroso aunque no exento de acertados movimientos.
Así es África. Llena de escenas.
La noche pasada, sin camarote y tumbado bajo las estrellas en la parte alta de la cubierta, se convirtió en una minúscula aventura. Arropado con una liviana manta, robada en el avión de ida de KLM, y orillado al cajón de los salvavidas del barco pasaría la noche en un duerme-vela permanente.
Ese estado intermedio fue interrumpido por una sucia y achispada negra que, a falta de abrigo y para evitar la brisa nocturna, utilizaba con descaro la parte sobrante de la manta robada. Allí se la encontró, al pasar ‘del duerme’ a ‘la vela’, al menos dos veces acurrucada a su lado.
Insensata.
A media mañana, del segundo día, avistaban Nkhata Bay.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

3 de junio de 2012

Los monasterios del lago Tana


Mucha gente en España no conocerá, ni de oídas, los monasterios del lagoTana (Etiopía) y eso que eran/son parte de la historia del cristianismo; ortodoxo, pero cristianismo al fin y al cabo.
Los monasterios, situados a lo largo de toda la geografía del lago, eran realmente peculiares. Se repartían por sus orillas e islas allí enclavadas, a las que hoy día se podía llegar en barco si uno se dejaba engañar por alguno de los muchos taxistas/barqueros de Bahar Dar. Cuando las pequeñas embarcaciones de papiro navegaban como únicas disponibles, en no tan lejanas épocas, aquellas islas eran para muchos remotas e inaccesibles. Se creía -una de las primeras cosas que a este viajero insatisfecho le dijo el barquero- fueron escondite de muchos tesoros, puestos allí a buen recuado durante los difíciles años.
Ya en el recorrido por el lago, se veían varias de estas embarcaciones hechas de papiro, los tankwas (primera fotografía). No debía ser muy aconsejable (quizás, prohibido) alquilarlas pero al divisarlas en medio del lago su endeblez, cutrez y rústica apariencia incitaban a ello.
Impactaban.
Con la visión de los monasterios, en especial de los monjes, sentíase transportado a los tiempos de Pedro Páez, singular monje español de primeros del siglo XVII que apostó por evangelizar en la zona.
Algo vería el ‘joío’.
No piense el lector/blogger que los monasterios constituían un lugar idílico, más bien algo caótico pero de genuíno impacto visual. Hasta ciertas acciones en apariencia rutinarias de los monjes, se le antojaban a este mochilero, sorprendentes, no exentas de un tufillo de falsedad de ‘cara a la (turística) galería’. Sus edificios, casi todos ellos circulares -eso sí, en su interior la mayoría recargados de pinturas y ‘santitos de colorines’- desentonaban con sus remotos orígenes por los tejados cónicos de latón (material ‘cuasi-peste’ en África) que coronaban entonces la mayoría de ellos.
¡Ayyy, si Gebriel o Maryam [o el sursuncorda], levantaran la cabeza!.
Repondrían la tradicional cubierta de paja de ‘teff’.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

28 de mayo de 2012

Obligado acercamiento a un ex mubarak


Iglesia colgante de Santa María, en el barrio copto de El Cairo
Después del viaje a Etiopía, este viajero insatisfecho se solidariza, sensibiliza o, simplemente, recuerda a los coptos etíopes como un pueblo sencillo, sincero e íntegro. Aquellos coptos/ortodoxos de Lalibela mandaban un mensaje de tranquilidad al mundo desde sus miradas antiguas y trasnochadas.
Y le viene esto a la mente por los avatares que están pasando estos otros coptos, los egípcios, en un momento tan importante para ellos, para su futuro como grupo/pueblo, rodeados como estan del, a veces, populacho islamista. Cuando hace unos años visitó el barrio copto de El Cairo, le resultó un lugar cerrado, cohibido, vulnerable, donde la religión importaba, donde los mensajes eran sinceros aunque en cierta medida engañosos para unos ojos extraños. Un barrio digno, con matices ancestrales, antiguos, perdido en el tiempo y, sin embargo, hasta cierto punto con una gran sinergia con el resto.
Estos días (estamos en mayo del 2012) los coptos se debaten entre un imposible apoyo a un político islamista y el obligado acercamiento a un ex mubarak. Terrible decisión para este grupo religioso que -seguro- verá el futuro lleno de incertidumbre, metido como esta en un Egipto lleno de incógnitas. Ni la religión, a la que siempre se han agarrado, les salvará en estos momentos de un pensamiento meditado de huida.
Este mochilero se internó en su día en aquel barrio copto y, desde la ignorancia e incomprensión de las religiones, vio VERDAD, manipulada verdad en sus humildes y discretos ojos.
Y espera que, después de la tan cacareada ‘primavera árabe/egipcia’, este pueblo sea respetado y su futuro sea lo menos incierto posible.
Este viajero tiene sus dudas.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

21 de mayo de 2012

¡Mierda p'a la Cuatro!


Hace unos pocos días este viajero insatisfecho vio un 'pelín' (quizás 5 minutos) de un programa que ni siquiera tenía constancia de su existencia. Un programa que después de las primeras imágenes, habría que decir píxeles, le produjo una repugnancia de difícil calificación. La bazofia en cuestión (cosa soez, sucia y despreciable, dice la RAE) era Perdidos en la tribu [Cuatro].
Si existe tal indignidad a la hora de producir un serial de estas características, el personal está un poco más cerca de perder el sentido de la cordura a la hora de moverse por el mundo. Si se llega a trivializar tanto a un pueblo y a una raza (aún con su consentimiento, después de 'untar'/sobornar bien hasta el más paria de la 'falsa' tribu), es porque se han perdido las más mínimas cotas de convivencia. En esos 5 minutos vio burla hacia el otro que no entendía por desconocer el castellano; críticas con mal estilo; menosprecio hacia el local/indígena; trato auto-suficiente y despreciativo como si el otro fuera inferior, y hasta amenazas soeces.
 “La familia de San Sebastián se instala en Togo, África, junto a los tamberna, un pueblo muy activo sexualmente que pondrá la nota más morbosa de esta edición”, decían -sin ningún tipo de crítica y reparos- en una crónica de un periódico digital español.
Este mochilero les desea lo peor a esa pandilla de productores, negros/ganapanes, realizadores y equipo técnico.
¡Mierda p’a la Cuatro!.
¡Mierda p’a Berlusconi!.
¡Una vergüenza!.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

14 de mayo de 2012

Largo trayecto, viejo Peugeot 504


Que el trayecto entre Antananarivo y Mahajanga (Madagascar) era largo, lo sabía; con carreteras alicatadas de profundos baches, lo había oído; con alguna que otra avería, intuía, y con pinchazo imprevisto, suponía. Lo que no sabía, ni intuía era hasta dónde podría cargarse aquel viejo pero brillante Peugeot 504 que tenía delante y, sobre todo, qué posibilidades de respirar tendría entre achuchones, tanta camiseta raída y vestidos de inseparable sudor negro.
El conductor se esforzaba en colocar fardos en el techo del pequeño vehículo, atiborrado ya de cajas, calabazas y sacos. Esperaban allí dos personas cuando el viajero insatisfecho preguntó al hombre de las alturas si aquel era el transporte para Mahajanga. Movió su marcada mollera negra y sus ojos saltones mientras le hacía gestos para que encaramara a lo alto su pesada mochila portada a la espalda.
La plaza al lado del conductor estaba ocupada por una señora gorda, silenciosa y negra/brillante, con vestido floreteado de colores y negra cabeza llena de rizos. El leonés tomó posesión detrás, en el amplio asiento intermedio, a la espera -pensaba- de otras dos personas. En cuanto a aquel asiento delantero ya ocupado, después de una larga tertulia, no exenta de griterío, en la que intervino no sólo el conductor sino todos los que por allí merodeaban, y eran muchos, fue abandonado por aquella taciturna mujer. Un viejo ochentón de aspecto moribundo (quizás, enviado a casa, desahuciado de algún dispensario), rostro amarillo, pálido y en constante y trabajosa respiración, fue aupado y colocado entre un mozalbete y una mujer. La hija, supuso. Con lo que a la vera del conductor iban ya tres personas más. La señora gorda pasó a ocupar el puesto que este ‘blogger’ tenía al lado.
Poco a poco, con un pertinaz goteo, el Peugot se fue llenando. En la parte de atrás (normalmente, maletero), mediante alguna componenda casera, habían habilitado otros dos asientos, ya repletos con dos jóvenes y una mujer de bonito pañuelo granate enrollado a modo de turbante.
Entretanto, el moribundo ochentón no se le iba de la cabeza. ¡Pobre hombre!.
El viajero, con su mochila azul en brazos, aplastado contra la oxidada puerta y presionado por la floreteada gorda, sin atreverse a protestar, miró a los otros tres que ocupaban este segundo asiento intermedio. El suyo. Todavía hubo espacio para que otra joven se sentara despreocupada en el suelo del vehículo, doblada, a los pies de un señor, con su cabeza apoyada en la vecina gorda de vestido floreado. Con un asustado niño pequeño, alzado en aquel instante al asiento trasero, eran trece personas.
Como si se le hubiera aflojado una biela del cerebro, el mochilero les contaba una y otra vez mentalmente. Preocupado, pensaba en las largas horas y meditaba la decisión a tomar: continuar hasta el final del trayecto o apearse y esperar al dia siguiente, aún previendo que sería, quizás, más de lo mismo.
¿Quién dijo miedo?.
¡Áfricaaaaaaaa!.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

5 de mayo de 2012

Miradas ¿de reproche?


Este leonés, cuando viaja, siempre termina sus paseos en los mercados. No es que pretenda llegar a ellos -a veces, sí- es que se los encuentra cuando más perdido está por las locas caminatas sin rumbo que dedica a las grandes ciudades o pequeñas poblaciones.
Una colectividad humana ésta de los mercados que va a lo suyo, que avanza parsimoniosamente entre tenderetes, cestos de frutas y verduras, bultos de ropa usada, charlas de comadres y fardos de comida. Una colectividad que se apresura a tapar, con empujones, andares y huellas, las huellas u olor del paso del aventurado visitante. Algunos metros transitados entre la multitud en el centro de esos mercados bastan para abolir el mundo exterior, el de la calle; un universo deja lugar a otro bien distinto, donde el sentido del olfato se agudiza y el sentido de la vista se alerta y se previene.
Pero el viajero insatisfecho con pinta extranjero o el sursuncorda, aunque quiera, nunca pasa desapercibido. Aunque pareciera que la incondicional mezcolanza con la multitud, muy propicia en los mercados, le va a llevar a pasar inadvertido siempre se encuentra unos ojos que observan sus movimientos preguntones y, a veces, admirativos. Cuando fotografía, le lanzan esa mirada de reproche, de curiosidad o sorpresa aunque, casi siempre, sea difícil discernir su tipo. Se le encogen los músculos al saberse sorprendido y nunca sabe si debiera pedir disculpas, agradecer el gesto o hacerse el despistado; mostrarse firme cuando recibe una regañina o excusarse con el que se muestre ofendido.
¡Le han pillado, viajero y fotógrafo aprendiz!.
¡Ríndase ante la evidencia!.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

27 de abril de 2012

Bekele Woya


Bekele Woya debió ser un hombre más, aunque un gran hombre, uno de los muchos valientes soldados y feroces luchadores contra el ejército italiano invasor. Murió años más tarde del fin de la ocupación italiana de Etiopía pero allí estaba su lápida. Tenía su panteón recubierto por un templete verde metálico y su sepultura estaba en los aledaños de Trinity Cathedral, de Addis Ababa, uno de los lugares más venerados por los ortodoxos etíopes. Donde estaba situada, no era propiamente un cementerio al uso sino que unos centenares de tumbas ocupaban los jardines del famoso y reverenciado templo. Era tan admirado que incluso el emperador Haile Selassie construyó su museo y tenía allí un trono (segunda fotografía) que ocupaba durante algunos oficios religiosos.
Cuando Mussolini llegó al poder en 1922, Italia llevaba ya varios años con la vista puesta en Etiopía. No había digerido aún su anterior derrota ante el ras Makonnen Walda que frenó en aquel entonces, finales del siglo XIX, las pretensiones italianas sobre Etiopía y Somalia. Con la llegada de Mussolini los planes de ‘venganza’ se aceleraron. Quería presentar a Italia, ante los italianos y el mundo, como un país civilizador frente a otro que vivía en plena ‘edad media’. El 2 de octubre de 1935 Mussolini anunciaba desde el balcón principal del Pallazo Venecia la invasión de Etiopía, que comenzaría al día siguiente.
Cuando los italianos llegaron a Addis Ababa, en mayo del año siguiente, el júbilo en Italia fue enorme. Personalidades como el Papa Pío XI y Winston Churchill expresaron su admiración por la eficacia de la campaña italiana en Etiopía aunque también su preocupación por lo que esto significaba: el brutal expansionismo italiano acercaba a Mussolini a la órbita de Hitler.
La ocupación duraría hasta 1941 y dejaría en los etíopes un ‘mal sabor de boca’, con bastantes motivos para ello: se calcula que la población pasó de 16 a solo 9 millones.
Todavía ayer [tómese este ‘ayer’ como un cercano pasado] durante la visita del viajero insatisfecho al país, cuando los etíopes hablaban de ‘enemigos’ siempre se referían a los italianos.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

17 de abril de 2012

Piedra = Noemi Campbell

Quizás fuera la piedra más fotografíada de todo Perú; tal vez fuera más retratada que Noemí Campbell en la pasarela de Milán. Más fría, eso sí, que la guapa modelo y sin desarmar con su pícara sonrisa, no había duda de que, entonces, aquella piedra inca arrancaba pasiones.
[Las continuará arrancando].
Era la representación más palpable y cercana, un resumen de lo que suponía la ancestral arquitectura inca. Aquellos antiguos constructores, como imbuidos por la más absoluta sencillez, centraron su trabajo en los grandes bloques de piedra tallada que encajaban con una precisión milimétrica, formando muros ensamblados con esmero y pulcritud. Había miles de ellos por Cuzco y alrededores. En muchos casos, un ejemplo de integración; en otros, de abandono.
Aquel día, al pasar por delante de ella [de la piedra], este viajero insatisfecho, desconocedor de tenerla tan cerca (en plena calle, estrecha y peatonal que llevaba desde la plaza de Armas al barrio de San Blas, donde hospedaba) y alertado por el grupito de buscavidas/protectores de la piedra, asentados allí para extorsionar al turista, reaccionó tocándola con cierta admiración. Eso le valió la inmediata bronca de aquellos ‘niñatos’ buscavidas que pretendían con ello asustar, amedrantar e incluso timar a cualquier solitario paseante con aires extranjeros.
Luego, deambulando por callejones y avenidas, reflexionaba sobre la cantidad de entrometidos, granujas, rateros, estafadores, maleantes, bribones, engreídos, y demás tribus, que se mueven en los lugares turísticos de todo pueblo o ciudad del mundo mundial.
¿Qué no se podía tocar la 'cacareada' piedra de los doce ángulos?.
¡A mamarla!.



Copyright © By Blas F.Tomé 2012

8 de abril de 2012

Algo muy distinto a las cataratas del Nilo Azul

Paco Nadal le avisaba con su peculiar estilo en uno de sus comentarios: “Si vas a las cataratas del Nilo Azul, pregunta a qué hora sueltan el agua, porque se te cae el alma a los pies cuando las ves secas por culpa de la presa hidroeléctrica”. ¡Gracias, Paco!, pero este mequetrefe había estado allí el día anterior. Tu sabia sugerencia llegaría unas horas tarde. Algo, no obstante, había oído ya el viajero insatisfecho pero las ganas de estar en el sitio habían silenciado aquellos ecos agoreros.
Aquel día, por la mañana temprano, se encaminó a la ‘Bus station’ de Bahar Dar, ciudad a orillas del lago Tana, y esperó con paciencia a que el autobús adquiriera tono africano, es decir, enlatado, atiborrado de gente local. En la paciente espera, un viejo indigente negro y barbudo se paseó de principio a fin por el autobús tosiendo y doblándose como voraz tuberculoso. Creyó lo fuera. Todo el pasaje, entre protestas e improperios, se tapó sus bocas y narices con pañuelos y brazos, mientras este mochilero se cubría con su mascarilla ‘Michael Jackson’.
Despues de más una hora de trayecto, Tis Isat (así se llamaba el poblado cercano a las cataratas) le recibió en medio de un bullicioso mercado. Espectacular gentío que se olvidaba del recién llegado turista/viajero y dedicaba su empeño a menesteres de subsistencia. Más de una hora de caminata le esperaba hasta divisar las cataratas del Nilo Azul en toda su amplitud.
¡Qué chocante veía a aquellas mujeres que se cruzaba con sus vestidos tribales portando enseres hacia el mercado de Tis Isat!.
No veía sufrimiento ni trabajo, veía vida.

Cuando ya en ruta cruzó el puente portugués (primera fotografía), que recordaba de fotografías atestado de agua pero encontró seco, los malos augurios, alertas y premoniciones comenzaron a adquirir visos de realidad. Antes de visualizar tamaña sorpresa, por otra parte esperada, tuvo tiempo de ver un simpático salto de agua (segunda fotografía); cruzar al lado de varias cabañas de labriegos con sus ‘tortas de excrementos vacunos/boñigas’ a la entrada; sufrir el sofocante calor en subidas y bajadas y respirar de vez en cuando pero con pasión el sano aire del lugar.
Luego, la decepción final. Un escasísimo chorro de agua saltaba al vacío formando pequeñas cabriolas de nada en particular.
¡Cómo se pensaba encontrar las cataratas (tercera fotografía) y cómo se las encontró (cuarta fotografía)!.


Su ilusión se hundió.
Su cerebro se vació.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012