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13 de octubre de 2013

La pobreza como arma

Sencilla casa de un 'Ngobe-buglé'

No conviene -cree- mitificar la pobreza, utilizarla reiteradamente como arma descriptiva o abusar de su sinsabor, aunque escritores o periodistas de prestigio hayan sido fieles al asegurar que ella forma parte de sus mejores tareas.
Ryszard Kapuscinski, uno de los grandes maestros del oficio, confesó en una ocasión que en el núcleo de todos sus intereses informativos siempre se encontraban los pobres: “Cuando empecé a escribir sobre estos países, donde la mayoría de la población vive en la pobreza, me di cuenta de que aquel era el tema al que quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas: sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos. La pobreza no llora, la pobreza no tiene voz. La pobreza sufre, pero sufre en silencio. La pobreza no se rebela”.
Y aunque sea de manera indirecta también tiene que ver con la pobreza lo siguiente: A este mochilero le sorprende que, en ciertos círculos, en concreto sudamericanos, se ofendan cuando se les pregunta por las etnias de su país, quizás porque identifican ‘etnia’ con ‘pobreza endémica’ o con pobreza que humilla.
No. Etnia es una afinidad racial, y la negación de ello es no querer ver diferencias, por ejemplo, entre un aymara, un kuna, un inca, un taíno o un emberá.
Cree, sí, que lo que desprenden estos ofendidos -miserables ofendidos- es, en cierta manera, una total falta de apego a su pueblo, a sus tradiciones y a su cultura histórica. No siempre mencionar una etnia es una referencia a su pobreza implícita sino más bien a su orgullo como pueblo o a su defensa de las raíces que le son propias.
El viajero insatisfecho rompe una lanza por desmitificar la pobreza y, también, por defender el empoderamiento de los diferentes pueblos o etnias dentro de la estructura social del país en el que surgieron.
Copyright © By Blas F.Tomé 2013

28 de junio de 2009

Ryszard Kapuscinscki: ¡Qué extraño nombre!

Aaah. ¡Que es polaco!.
Este viajero insatisfecho cree recordar que fue ‘Ébano’ el primer libro que leyó. Cree recordar que lo compró porque la portada de aquella edición barata le resultó fascinante.
Y no era de una ‘ebony woman’, creedle.
Este polaco fue un periodista con sensibilidad de poeta; un reivindicativo, nada demagogo; fue un valiente desde su más pura y entrañable normalidad; tuvo miedo, hasta describirlo a la perfección; fue un aprendiz del camino y el que mejor relató las minucias; nada de estereotipos, fue un sabio de la vida, en concreto, humana.
¿Es poco?.
Vivió en primer plano un momento convulsivo del continente negro, golpes de estado, conflictos, guerras, asesinatos estúpidos,….
Observó muchas cosas, entre otras, a la mujer en pleno paisaje africano; el mochilero que esto escribe, también. Este lo pensó, pero aquel lo proseó:

  • “Coge con la mano izquierda la estera para dormir y con la derecha conduce al segundo niño [el otro, a la espalda]. Y así, caminando enseguida a paso ligero y rítmico, enfila un sendero entre matorrales, sendero que lleva a un mundo que desconozco y que tal vez jamás comprenderé” (Ébano).

Hay sabiduría y humildad en sus palabras; no hay caricaturas, sino puñetera realidad. El que lea varias veces este fragmento -normal, corriente, nada retorcido, de comprensión rápida- habrá pisado un poco más África, habrá sentido entre sus dedos su tierra ardiente y rojiza, y habrá olido su sudor humano.
Este aprendiz ha pisado sus huellas de tenaz observador o, mejor, se ha acercado con miedo a ellas, y se siente orgulloso. Un intento de hacer algo ‘a lo kapuscinski’:

  • “El policía malgache -cree que lo era- apareció por su lado del coche. Vestía un sucio anorak deportivo, le pidió el salvoconducto -el pasaporte-, lo ojeó, sin verlo pues la oscuridad lo impedía y le alargó su mano libre abierta solicitándole no sabe qué. El mochilero le puso 20 francos franceses en ella. Como contrapartida, aquel hombre le devolvió el pasaporte y les dejó, al conductor y a él, continuar viaje en la oscuridad más oscura, rumbo al aeropuerto” (Viajero insatisfecho).

Pero…., Ryszard Kapuscinski es otra cosa.
Su mejor libro: ‘Ébano’.
Un original formato: ‘El Emperador’.
El más sabio y difícil: ‘Viajes con Heródoto’.
Más cercano y, tal vez, sentido: ‘El imperio’.
Sorprende: ‘La guerra del fútbol’.
El más instructivo: todos.
La guerra siempre se vinculó a la mentira”, una de sus frases. Banal, pero, a la vez, erudita.
……………

[Esto es un homenaje]

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