En la esclusa de Miraflores, la más concurrida de las tres del canal de Panamá, había un museo [el viajero insatisfecho le dedicó un rato] que contenía fotografías, maquetas de los artilugios utilizados, fragmentos de maquinaria de la época y otras muchas cosas. Todas ellas suponían un homenaje a los miles de obreros que participaron en su construcción; que sufrieron atroces enfermedades o pagaron con su vida semejante proyecto.
Las palabras sobreimpresas en la fotografía podrían constituir un resumen del agradecimiento de la Historia para con aquellos héroes/trabajadores.
La importancia del canal era evidente, si bien la historia de su construcción estuvo llena de proyectos, quimeras e ilusiones. Sería el francés Ferdinand de Lesseps el que convirtió al canal de Panamá en un gran reto empresarial. Las obras comenzaron el 1 de enero de 1880, pero ocho años después se quedarían en un punto muerto. De Lesseps lo intentó, pero una mala planificación le llevó a un estrepitoso fracaso. Finalmente -como todo lector sabe- serían los estadounidenses quienes lograrían llevar a cabo su construcción, no sin antes intrigar, tramar y provocar convulsiones políticas hasta forzar la constitución de un nuevo país: Panamá.
Ese fragmento de aquella época tiene su historia oficial, su historia real y su leyenda negra.
Para quien quiera profundizar:
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