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10 de octubre de 2020

Olite, o la historia de Navarra

Olite, Olite, Olite.... ¿de qué le suena? Pues, sí, es un pueblo con historia, con encanto, con calles antiguas, con una plaza poco convencional, con un Parador famoso y un Palacio Real de renombre.
Palacio de Olite


¿De qué le suena?... No sabe. Los viajeros iban, en su Nissan Almera, por la carretera que les traía de Pamplona y a lo lejos de una prolongada recta se veía la esbelta y estilizada silueta del castillo ¿o era un palacio? ¿o era un Parador?

¿O era todo a la vez?

Sede real durante la Edad Media, los gruesos muros y torres almenadas del palacio alojaron a reyes y princesas. Pero la historia se pierde por cantidad de recovecos que a un inexperto como el viajero insatisfecho le resulta difícil analizar, conocer y, por ende, explicar. El complejo tiene mucha historia, seguro, pero también tiene muchas restauraciones que desfiguran bastante la realidad de lo que aquello fue.

Actualmente está dividido en tres partes: Palacio Viejo (actual Parador), ruinas de la Capilla de San Jorge, y el Palacio Nuevo, que es la parte visitable del monumento. Esta parte airosa y pateada por turistas, ávidos de conocer o pasar la tarde, tiene escaleras, minaretes, torres, miradores, patios, galerías o garitas adaptadas. También almenas, cada uno de los salientes verticales y rectangulares dispuestos a intervalos regulares que coronan los muros perimetrales de este castillo y de la mayoría de ellos.

Llama la atención todo, por su experta restauración, pero a este mochilero, sin mochila esta vez, el patio de la Pajarera le resultó simpático, tapado con una red para que, a modo de jaula, los pájaros que había dentro no pudieran escapar. También apreció el patio de la Morera, fácil de identificar por una vieja morera que no puede ser tan ancestral ‘como la pintan’. No hay nada peor que los engaños y con esa morera a cualquier crédulo le tratarán de engañar.

¿600 años? Imposible. Ningún naturalista y experto le dataría con esa edad ¡Vamos a dejarlo en 80 años!

Desde cualquiera de las torres se podía divisar la viña de los frailes que llamaba la atención por su potencial productivo, pero también por su escaso cuidado. Ya hay pocos frailes en los conventos y trabajar, doblando el lomo, no está bien visto ni para los que hacen votos de piedad, pobreza y castidad.


La huerta del fraile, vista desde una de las torres del Palacio

Es muy recomendable visitar Olite, cuna de navarros con ínsulas de historia. Por otra parte, como para cualquier pueblo que necesite buscar sus orígenes.

¡Y dicen que Olite es la capital del vino!

¡Visitad Olite!

Copyright © By Blas F.Tomé 2020


27 de septiembre de 2020

Bardenas reales


Cabezo de Castildetierra / Bardenas reales

Pasaban al lado ¿qué les costaba visitar el Parque Nacional de Bardenas Reales?

Nada.

Y fue un recorrido suave, pero intenso, a la vez; bello, pero un poco deprimente, e interesante, aunque había que positivar el recorrido.

Este mochilero habla en estos términos porque nada más entrar coció la idea de que allí debía cuajar un clima desértico en cualquier estación del año: veranos calurosos, fríos inviernos y ausencia casi total de lluvias. ¿De qué vivirían los labriegos que allí estuvieron asentados? Al menos sus casas, aparecían sembradas y desperdigadas por aquella extensión de tierra seca, polvorienta y, en algunos puntos, pedregosa y desapacible. Aquellas casas solitarias, sus grandes chimeneas, escasa altura del suelo y su construcción mimetizada, hacían pensar en una dura batalla de supervivencia de sus moradores.

Las Bardenas Reales conocidas hace años -de oídas- por el viajero insatisfecho, han sido siempre nombradas como campo de tiro y lugar de maniobras aéreas y terrestres. Y precisamente aquel día de la visita parte de la zona estaba cerrada porque ‘cazas’ del ejército estaban practicando con sus arsenales, o experimentando sus habilidades.

Según el plano informativo que ofrecían a la entrada del parque, hay tres zonas muy definidas: La Bardena blanca, el Plano y la Negra. El recorrido en coche se centraba únicamente en la Bardena blanca que era la depresión central de suelos a menudo blanquecinos, desnudos y de aspecto desértico. Al rodar por aquel territorio parecía estar uno inmerso en una película del oeste americano sin diligencias, ni vaqueros, ni manadas de terneros atravesando la llanura. Se han filmado películas en sus agrestes paisajes, sesiones de fotos con modelos renombradas y hace poco ante estos ojos han pasado imágenes en un videoclip.


Paisaje de Bardenas reales

La visita era totalmente intuitiva, no necesitaba guía y pocas sugerencias previas. Era dejarse llevar por la ruta, por el camino pedregoso y polvoriento y dejarse sorprender por lo que pudiera aparecer detrás de aquellos montículos planos o al lado de las formaciones rocosas.

Lo más fotografiado era el ‘Cabezo de Castildetierra’, icono del parque. Se trataba de un gran pináculo rocoso, tipo de formación denominada cabezo. Hay más en la zona, pero éste era tan fotogénico como Kate Moss. Un cabezo es el resultado y mejor ejemplo del proceso de erosión -viento, lluvia y frío- que durante millones de años han sufrido estos parajes. Se producen porque en la parte superior de la formación rocosa quedan materiales más resistentes a la erosión, como pueden ser la piedra caliza o la arenisca, y en la inferior hay materiales más blandos, como las arcillas.

Se veían muchos coches haciendo la ruta, pocas motos y, menos aún, bicicletas.

En las paradas, fotos, subidas y bajadas.

Poses fotográficas, para dejar huella del paso por allí.


Abandonada casa de labriego, ante el Cabezo de Castildetierra

Copyright © By Blas F.Tomé 2020