27 de julio de 2009

Desidia (?)

Llegó a Bombay (ahora, Mumbai) en autobús, una manera como otra cualquiera de llegar. Le dejó en el centro, relativamente cerca de la estación del ferrocarril, a una hora muy temprana. El sol trataba de alzar aún sus rayos en la lejanía y la ciudad aparecía con una clara penumbra matinal.
Al atravesar con respeto las calles laterales a la estación Victoria, el espectáculo era impresionante, pero por lo mísero. Allí, en la soledad y el ruidoso silencio del amanecer no había más remedio que pensar que había demasiados indios en la vida india. Aligerando el paso, el viajero insatisfecho contaba y contaba las decenas de indios que, bajo los soportales, en los setos centrales divisorios de carriles y en los escasos metros del ancho de las aceras, dormían sin orden ni concierto, o tumbados unos al lado de otros. Algunos dormitaban sobre cartones o esterillas, pero la mayoría lo hacía sin nada que hiciera las veces de colchón y sólo con algunas prendas de vestir, con los brazos cruzados debajo de la cabeza. Los niños dormían unos sobre el costado, otros, boca arriba. Arrimados a sus padres, algunos; otros, yacían, como criaturas abandonadas, acurrucados en rincones llenos de suciedad y polvo. No se veían indicios de que poseyeran bienes, sólo cuerpos, sin hatos ni carretillas. Llegó a contar, antes de doblar una esquina, que ahora su mente cataloga como divisoria, unos cincuenta y ocho, que podían ser el doble.
En aquellos momentos, algunos desentumecían ya sus músculos después de haber descansado en el duro cemento o asfalto. El mochilero caminaba con prisas, como huyendo con su pesada mochila al hombro.
¿Miedo?. No, tal vez desidia. Porque ver niños tirados como desperdicios en la acera da desidia, e impotencia.
Llevaba su cámara en la mano.
Pudo sacar unas fotografías.
Nada más.
¿Miedo?. No, tal vez desidia, y vergüenza.
Copyright © By Blas F. Tomé 2009

18 de julio de 2009

La filosofía salvaje de la naturaleza

Siempre impresionó a este viajero insatisfecho la salvaje naturaleza, y la foresta, en especial. La vida que desprende. Allí donde hay árboles hay vida, hay maraña, desdén y desorden.
La vegetación tropical se desenvuelve libremente: matorrales, malezas, cortinas de enredaderas entrelazadas unas a otras, pasan de un árbol a otro, se cuelgan de las ramas mientras lanzan sus tallos al agua o a la humedad salvaje, se agarran a las raíces, al suelo, y no contentos con ello, la naturaleza planta sobre las plantas. De los recodos de las ramas surgen nuevos líquenes, nuevas plantas que almacenan agua para otros animales; musgo y hongos viven sobre agrietadas cortezas, y las plantas aéreas -a veces- como ‘graciosillos’ huéspedes, abrazan de muerte a su árbol hospitalario.
Caos organizado. Caos, caos, caos.
Los árboles seculares -reviejos- y de ahuecado tronco mueren sólo cuando algún rayo hiere su altiva copa. Ya nadie les quiere sin alimento, pelados, sin su savia que alimente a otras vidas vegetales trepadoras. Como mucho les sirve de apoyo.
Y se ven a lo lejos.
Hay, también, enormes peñas que el tiempo y la naturaleza van vistiendo con terciopelos de musgo: el polvo se deposita capa tras capa en sus huecos, la lluvia las fija y las aves siembran sus semillas. El proceso comienza de nuevo, lento, implacable, fiel a su destino. Fiel a su filosofía salvaje.

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10 de julio de 2009

"Al loro"

Hace unos días, el viajero insatisfecho leía una de las ‘entradas’ de un compañero blogger, en relación a los problemas de tinte racial aparecidos en Urumqi (China):

  • El masivo traslado al Tíbet y Xinjiang de miles de chinos de la etnia mayoritaria 'han', otorgándoles privilegios que les hacen prosperar por encima del resto, ha marginado a los habitantes originarios ['uighur'] a la vez que ha erosionado de forma irreparable su identidad. En Lhasa y Urumqi, las capitales regionales, los locales son ya una minoría frente al empuje de la diáspora china.

Atentos al parche” -como dice el dicho popular- en este país ibérico.
Al loro” -decía Tierno Galván- y a su invasión en este país ibérico.
La uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida”, según Mijail Bakunin.
Pero una cosa es la diversidad [ante la que el mochilero se ‘quita el sombrero’'] y otra, la usurpación y asfixia.
……

Quien haya viajado a China (el viajero lo ha hecho), podrá entrever que el régimen imperante en el país sería capaz de eso y mucho más.

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6 de julio de 2009

Jeepney's (Filipinas)


Tal vez este viajero insatisfecho retrató uno de los más llamativos que transitaban por las ciudades filipinas, pero con el grado decorativo que alcanzan los jeepney’s son dignos de ser catalogados como verdaderas obras maestras. Es un vehículo distinto. Distinto de lo visto hasta entonces, genuino, particular por su estética y misión socializadora para el filipino de a pie. Sus asientos laterales y a lo largo obligan a la mitad del pasaje mirar a la otra mitad. Allí, el filipino se codea, se empuja, se respeta.
La mitad observa a la otra.
Conceptualiza.
Capitaliza las miradas si es extranjero, o chica bonita, o moscón parlante.
El techo almohadillado en todos, o casi todos, cumple una utilidad anti chichones. Un muy loable acierto.
Este particular transporte conforma paisaje. No pueden decir lo mismo los taxis madrileños, o africanos, o los autobuses hindúes: no plantean al mochilero una mirada de asombro.
El paisaje-jeepney es especial, provoca curiosidad, miradas prolongadas si va circulando y sorpresivos movimientos. ¿Lo suscita esta fotografía?.

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28 de junio de 2009

Ryszard Kapuscinscki: ¡Qué extraño nombre!

Aaah. ¡Que es polaco!.
Este viajero insatisfecho cree recordar que fue ‘Ébano’ el primer libro que leyó. Cree recordar que lo compró porque la portada de aquella edición barata le resultó fascinante.
Y no era de una ‘ebony woman’, creedle.
Este polaco fue un periodista con sensibilidad de poeta; un reivindicativo, nada demagogo; fue un valiente desde su más pura y entrañable normalidad; tuvo miedo, hasta describirlo a la perfección; fue un aprendiz del camino y el que mejor relató las minucias; nada de estereotipos, fue un sabio de la vida, en concreto, humana.
¿Es poco?.
Vivió en primer plano un momento convulsivo del continente negro, golpes de estado, conflictos, guerras, asesinatos estúpidos,….
Observó muchas cosas, entre otras, a la mujer en pleno paisaje africano; el mochilero que esto escribe, también. Este lo pensó, pero aquel lo proseó:

  • “Coge con la mano izquierda la estera para dormir y con la derecha conduce al segundo niño [el otro, a la espalda]. Y así, caminando enseguida a paso ligero y rítmico, enfila un sendero entre matorrales, sendero que lleva a un mundo que desconozco y que tal vez jamás comprenderé” (Ébano).

Hay sabiduría y humildad en sus palabras; no hay caricaturas, sino puñetera realidad. El que lea varias veces este fragmento -normal, corriente, nada retorcido, de comprensión rápida- habrá pisado un poco más África, habrá sentido entre sus dedos su tierra ardiente y rojiza, y habrá olido su sudor humano.
Este aprendiz ha pisado sus huellas de tenaz observador o, mejor, se ha acercado con miedo a ellas, y se siente orgulloso. Un intento de hacer algo ‘a lo kapuscinski’:

  • “El policía malgache -cree que lo era- apareció por su lado del coche. Vestía un sucio anorak deportivo, le pidió el salvoconducto -el pasaporte-, lo ojeó, sin verlo pues la oscuridad lo impedía y le alargó su mano libre abierta solicitándole no sabe qué. El mochilero le puso 20 francos franceses en ella. Como contrapartida, aquel hombre le devolvió el pasaporte y les dejó, al conductor y a él, continuar viaje en la oscuridad más oscura, rumbo al aeropuerto” (Viajero insatisfecho).

Pero…., Ryszard Kapuscinski es otra cosa.
Su mejor libro: ‘Ébano’.
Un original formato: ‘El Emperador’.
El más sabio y difícil: ‘Viajes con Heródoto’.
Más cercano y, tal vez, sentido: ‘El imperio’.
Sorprende: ‘La guerra del fútbol’.
El más instructivo: todos.
La guerra siempre se vinculó a la mentira”, una de sus frases. Banal, pero, a la vez, erudita.
……………

[Esto es un homenaje]

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21 de junio de 2009

Lo cotidiano

Alguien se preguntará -de los pocos que se atrevan con los plomizos ‘blogs de viajes- de dónde sacan el dinero el experto viajero, o el insaciable viajero, o el viajero insatisfecho, y otros muchos, para sus reales e inevitables aventuras.
¡Que nadie dude que cuestan dinero!. Dinero proletario, de trabajador empedernido, dinero de esfuerzo diario, de mísera existencia, …
Pero dinero al fin y al cabo.
Para este mochilero, nada más fácil que conseguir dinero para viajes. Dólares. La imagen -como todas las imágenes- es ilustrativa.

[Pide tranquilidad dentro del mundo feminista, pues no ha habido ni siquiera un leve cachete en sus carnales posaderas para arrancarle el obsequio].
El papel aparece y se toma como una re-configuración de la vida cotidiana. Si cotidiano es ir a clase, pasear en bicicleta o salir con los amigos, ¿por qué no podría serlo tomar el dinero de dónde lo ofrecen?.
De alguna manera el viajero insatisfecho -no subvencionado- sería un héroe en toda regla: construye la realidad, muestra sus deseos cotidianos, sus devaneos carnales, sus apetencias domésticas, sus incertidumbres personales y diarias, sus interrogantes introspectivos y sus urdimbres mentales.
No contra alguien sino en su favor.

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14 de junio de 2009

El chaski

No conocía al chaski, ese personaje tan real del imperio inca. Cuando observó en un cuadro -ahora anónimo en su recuerdo- una representación de aquel indio musculoso y corredor supuso que era un personaje importante en el imaginario popular peruano. Lo vio en una antigua casa de la ciudad de Trujillo, luego, en un museo de Cuzco, y leyó de él un relato en Cajamarca. La información le llegó desde varios frentes y el viajero insatisfecho supo entrever -entonces- lo importante que aquel mensajero había sido para la supervivencia del imperio. Los chaskis formaban una cadena de enlaces y, de trecho en trecho, hacían relevos para llevar, ligeros, el mensaje de su señor a un lejano reyezuelo o, quizás, algún aguerrido guerrero.
No se involucraban en el contenido del escrito ni en la posible contienda llevando la posta, y hacían su recorrido de cientos de kilómetros, así les tocara meseta o cordillera.
[Más de esto último].
Poco les importaba quién llegaría a ejercer el poder sobre quién. Comprendían instintivamente que en tiempos de guerra no se podía escoger al enemigo como tampoco debían cuestionar las posibles ramificaciones y derivaciones del mensaje que llevaban.
Ser chaski era una gran responsabilidad y un cargo que había que cumplir con mucho honor.
Al fin y al cabo, no eran ellos quienes acercaban batallas a sus convecinos, ni portaban lanza o prisionero, engaño, muerte, esclavitud e ignominia a sus pueblos.

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6 de junio de 2009

"Beneficencia" / Cuento africano (*)


Una mujer casada, Tihua, yendo al bosque a coger hojas para envolver los panes de akassá (harina cocida de maíz), descubrió por casualidad el cubil de una pantera. El animal estaba ausente, pero sus cachorros, dos recién nacidos, se debatían bajo un montón de hormigas negras e iban a perecer infaliblemente.
Tihua, compadecida, liberó rápidamente a las pequeñas criaturas de sus verdugos y, aunque la picaron también gravemente en las piernas y los brazos, los llevó lejos de allí, bajo un gran matorral donde les confeccionó una yacija.
Luego, hizo su cosecha y se dirigió a su choza llevando su fardo en la cabeza.
Ignoraba que la pantera, expulsada de su cubil por la invasión de hormigas, había tenido que abandonar a sus cachorros y refugiarse en lo alto de un árbol cercano, desde donde no se había perdido ni uno solo de los movimientos de la mujer.
Cuando Tihua se hubo alejado, la fiera saltó al suelo, fue a lamer sus cachorros y, luego, con silentes pasos, siguió a la campesina.
En las proximidades de la aldea, donde no se atrevía a aventurarse a pleno sol, el animal trepó ágilmente a un tupido mango. Desde allí, siguió con la mirada a su benefactora, descubrió el emplazamiento de la morada donde penetraba y huyó.
Por la noche, la pantera salió de caza, mató un gran antílope y lo arrastró en plena noche para depositarlo ante la puerta de Tihua.
Al amanecer, el ama de casa, al descubrir la tendida gacela, tuvo miedo, soltó algunos gritos y despertó a su marido. Éste advirtió que las heridas del antílope procedían, sin duda, de las zarpas de un gran felino y, luego, toda la aldea desfiló ante la proverbial presa.
Tihua contó entonces la aventura que había vivido, la víspera, en el bosque; naturalmente, llegaron a la conclusión de que la pantera le había hecho aquel regalo a guisa de agradecimiento
”.

……………
Moraleja: Hay que ser bienhechor: recibes recompensa.
.............................................

(*) Trautmann, RenéLos cuentos pasan.... Leyendas e imágenes de la Costa de los Esclavos. José J. de Olañeta, editor. 2007. Palma de Mallorca.

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31 de mayo de 2009

Paz


Después de doscientas entradas contando patrañas viajeras, este viajero insatisfecho se hace su pregunta. Ya, decenas de veces.
¿Por qué nunca ha escrito de su experiencia en el Taj Mahal?.
Ni siquiera -piensa- ha colocado una fotografía de este mítico lugar.
Tiene miedo.
¿Por qué?.
Quizás no sepa describir aquel momento, la visión que tuvo en su interior y que sería necesario plasmar si dibujara aquel instante.
Se levantó no muy temprano.
Después de desayunar, abandonó la humilde guest-house donde había pernoctado aquella noche. Uno de los muchos jóvenes ricksaw que estacionaban delante del hotelucho para viajeros se ofreció a llevarle.
Sus simpáticas maneras le animaron.
Con varios días ya en la India tomando este popular medio de transporte, le comían la curiosidad y las ganas de querer conducirlo. Se lo propuso al enjuto pero fibroso muchacho e intercambiaron los papeles. El mochilero conducía por un largo paseo de la ciudad de Agra, de árboles centenarios, mientras el hindú sonriente se dejaba llevar cómodamente sentado. Fue un rato de intenso esfuerzo pero, guiado por sus indicaciones, consiguieron poco a poco ir acercándose al Taj Mahal. No le vislumbraban aún cuando se rindió ante el agotador pedaleo y las gordas gotas de sudor húmedo que desprendía su frente.
Se sentó en el lugar que entonces le correspondía.
Mientras pensaba, y admiraba el duro trabajo de aquel ricksaw-man, recorrieron la última avenida y llegaron a la entrada del monumento.
¿Qué sintió al verlo a lo lejos, después de un amplio, simétrico y cuidado jardín?: Paz.

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23 de mayo de 2009

La canasta (Filipinas)

Cada país -este viajero insatisfecho ya ha realizado sus comprobaciones- tiene su deporte. En algún territorio, tal evidencia les engrandece y les relanza al mundo donde la ilusión e imaginación son una importante componente de vida.
En Filipinas, cuando cenaba en las terrazas de madera al aire libre, la televisión transmitía uno -cualquiera- de los partidos de la NBA; en los lejanos pueblos, situados a lo largo de la carretera, la canasta se alzaba principal y era habitual ver a un par de jóvenes jugando solitarios al baloncesto. Un filipino que le abordó en Cebú City, al enterarse de su origen, le recitó, de carrerilla, los nombres de todos los españoles que juegan en los campos USA.
Ejemplos significativos.
Si Gasol hubiera nacido allí, sería un mito. Habría aprendido en esas canastas solitarias y, quizás, se habría endiosado con la admiración ciega que demuestra el filipino hacia sus ídolos gigantes deportivos.
Bajitos sí son los filipinos, pero sus mitos son los más altos del basketball, los más grandes de la cancha, los mejores en mates y triples del circuito NBA.
Este mochilero aún recuerda a aquel niño que, bajo una solitaria y artesana canasta, miraba inmóvil, pensativo y, quizás, triste su torcido y destrozado aro. No pudo hacer la fotografía del momento, pero aquel instante circula en su mente como símbolo imaginario de Filipinas, del ‘país de las 7.000 islas’.

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18 de mayo de 2009

Es un apenado recuerdo

Hubo una mano que le ayudó, por interés -por supuesto- pero la mano allí estuvo, cerca, cálida, sin aspavientos, con simpatía y sencillez. La mano era infinita. El calor, aunque un resquicio, se dejaba notar. Hace unos días esa mano se adormeció para siempre, ¡maldita sea!.
Este es el homenaje del viajero insatisfecho para aquel hombre, dos veces casado con la misma mujer, que conoció un lejano día en Arusha (Tanzania), le contrató para que le llevara y guiara por el antiguo cráter del Ngorongoro y, luego, él le paseó desinteresado también por el Parque Nacional de Tarangire. El libro-guía decía de este parque nacional y de la zona del río que transita por él, “está infestada de moscas tse-tsé, a la que los animales salvajes son resistentes; los masai no quieren instalarse allí con sus ganados porque sus animales domésticos no lo son”. Estos libretos, a veces, se pasan de tremendistas y asusta-viajeros.
Este amigo tenía, a unos kilómetros del lugar, un camping, nada lujoso -rudimentario, diría- en una zona de sabana seca. Un negocio casi ruinoso pero que le había aportado un dinero suplementario.
Murió hace días, joven, con proyectos, con futuro y -seguro- con varios business inacabados.
De su muerte se enteró de casualidad.

Se apenó en silencio.

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13 de mayo de 2009

Viaje -en el tiempo- al frente (1939)

Autobiografía de un cómico (NO publicada)
El tiempo se diluye, callado, sin acontecimientos, con rumores que nos encandilan o nos dejan sin fuerzas para pensar. Se habla de paz, de armisticio. Dicen que Francia e Inglaterra lo proponen y van a tratar de retirar a todos los combatientes extranjeros de ambos bandos. Pero nosotros tampoco queremos pensar, sólo queremos que la vida se vaya consumiendo sin demasiadas emociones. No hay jaleo en el frente, en las trincheras que cubren la defensa de la capital, y eso nos agrada porque no tenemos que estar en guardia constante, ojeando los movimientos del enemigo. Para eso están los puestos de escucha. Tenemos tiempo suficiente para jugarnos al tute los pocos cigarrillos. Comemos mejor, no sé por qué razón, pero las raciones son mayores y pensamos que mejor cocinadas.
Hay más tabaco.
Lo que hace falta, mucha falta, son más putillas. La unidad lleva más de cinco meses sin ser relevada, sin descanso. Muchos ‘nos subimos por las paredes’. Nos masturbamos cuándo y dónde podemos. A estas alturas de la guerra sólo queremos hablar de mujeres. En la próxima guerra, nuestros eximios dirigentes tendrán que pensar más en nuestras impuras necesidades, en los hombres que se consumen en las trincheras, día y noche, zambullidos en esas zanjas entre ratas hambrientas y barro, y mierda y roña y muerte. Tenemos derecho a ejercer nuestra condición de hombres, no solamente a matar, aunque las pobrecillas se morirían de frío, mordisqueadas sus tetas por las asquerosas ratas de trincheras. Violadas y avasalladas por ‘la bestia’ que vive en los hombres, forzados a matar”.



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9 de mayo de 2009

Las ventanillas de Otuzco

En Cajamarca (Perú) estuvo este viajero insatisfecho.
Visitó uno de los sitios más ofertados, el “Cuarto de rescate”, donde se supone que nuestro Pizarro retuvo a Atahualpa, antes de darle matarile, y le pareció un montaje. Pero la ciudad tiene algo, algo especial que la convierte en española.

[De nuevo, los antiguos españoles arrasando con la cultura local].
Donde este mochilero no encuentre a un vasco, será que el sitio no fue descubierto o no fue incluido aún en el mapa. Allí, y en este caso, una vasca: guapa, simpática, de mirada ágil, joven, encantadora con los lugareños -no siempre fácil- y curiosota como pocas. Con ella, probó el cuy peruano (una especie de ganster horneado). De ella, mantiene un grato recuerdo, y unas fotos.
A tan sólo unos pocos kilómetros de Cajamarca, se encuentran las ventanillas de Otuzco que destacan en los laterales de un extenso verdoso valle. Son la necrópolis de una población pre-inca (¿cuál?), anterior a la cultura caxamarca, de probable influencia wari. Todo esto lo dice la documentación consultada, pero lo interesante es estar allí, bajo esos cientos de galerías y nichos individuales, que asemejan ventanas, horadados en la roca volcánica, con entradas de corte rectangular o cuadrangular. Contaba el guía, de aquella excursión dominguera de peruanos, a la que se apuntaron la uroleña (de la ribera del Urola) y este mochilero, que los incas ya encontraron estos nichos, los vaciaron de huesos y convirtieron en graneros.
¡Hay que echarle huevos!.
En algunos nichos -decía un lugareño- hay galerías angostas y misteriosas, de final inalcanzable, que comunican con Cajamarca y otras ciudades incas”.
No comprobado.
¡Bendita imaginación!.

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4 de mayo de 2009

Un imaginario blog de viajes

El viaje para el viajero insatisfecho es una actividad, un desplazamiento voluntario y temporal cuyo protagonista es el hombre, por lo que, al desarrollarse en el campo personal, cada quien tiene su interpretación, que depende de sus vivencias, deseos, gustos, motivos, cultura o idioma. Es la tendencia natural del ser humano a cambiar de sitio para beneficiarse de las bondades de otros lugares distintos de aquel donde usualmente vive y descansar en ambiente agradable, para esparcimiento, recreación, o con el fin de conocer o explorar.
Un imaginario blog de viajes se compone de relatos de viajes que se ajustan a una o más de las características comunes: un relato no ficticio, que se escribe en primera persona, o no; que describe el viaje a través de un paraje o país extranjero con numerosas observaciones sobre el paisaje, la geografía, la flora, la fauna, los habitantes, el modo de vida, la historia y las costumbres sociales del país. Relata los acontecimientos que surgen e invaden sus vivencias con rigor, aunque inevitablemente vayan pasadas por el filtro personal. Podría servir perfectamente lo que le dijo Paul Bowles a Paul Theroux sobre los libros de viajes:

  • El relato de lo que le ocurrió a una persona en determinado lugar, y nada más que eso. No contiene información acerca de hoteles y carreteras, ni listas de frases útiles, estadísticas o sugerencias acerca de la clase de ropa que el visitante podría necesitar. Es posible que tales libros estén condenados a la extinción. Espero que no, porque no hay nada de lo que yo disfrute más que de leer el relato de un escritor inteligente acerca de lo que le ocurrió lejos de casa”.


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27 de abril de 2009

Breves observaciones (Filipinas)

No parece que hubieran nacido en el mismo sitio y país, ni que les hubiera despertado el mismo sol y el mismo canto del gallo. El carabao y el filipino son diferentes.
¡Faltaría más!.
Sus percepciones interiores y actuaciones muy distantes y lejanas, casi contradictorias.
El impasible y absorto carabao parece entretenerse en arrastrar bultos o tirar con parsimonia del arado arrocero mientras filosofa -en apariencia- todo: el ruido, el silencio, el traqueteo, el particular olor, los abigarrados colores del entorno. El filipino, en cambio, raya con la vitalidad permanente, mueve sus ágiles piernas y conforma con otros filipinos un tremendo caos. Sonríe, habla y transmite ligereza de espíritu. Tiene la fuerza del paso rápido, decidido, y la vibrante velocidad de una veleta movida por un frecuente huracán.
La calle es caótica pero juvenil, caótica pero alegre.
El pueblo filipino es joven. ¿Dónde están sus viejos? ¿Ocurre lo mismo que cuando Madrid-en-pleno se pregunta dónde entierran a los chinos-madrileños?.
Este viajero insatisfecho no vio a penas viejos en las calles, en los pueblos -algunos-, en las carreteras.
No toman los jeepney’s (extraño autobús local) los ancianos filipinos ¿dónde pasarán su discreta vida?.

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22 de abril de 2009

Hoi An (Vietnam)

¡Qué ciudad más simpática!.
¡Qué joya oriental!.
¡Qué colorido tiene!.
Es como un bello escaparate tradicional, por el día, y una deslumbrante maniquí luminosa, por la noche; con su bello, antiguo e intrigante puente japonés, símbolo de la ciudad.
Un río la divide en dos y, por la noche, ese río y la ciudad se llenan de magia. Montones de farolillos adornan las calles, y cientos de luces cruzan cableadas las márgenes del río, organizadas con simetría oriental. Al detalle.
Allí, este viajero insatisfecho alquiló una bicicleta y se dejó llevar por la tranquilidad del lugar. Sus paseos, paralelos al cauce del río, le llevaron al mar. En la playa, se rodeó de niños y niñas que querían jugar.
Allí, este viajero insatisfecho se dejó hacer varias camisas de puro algodón, de diseño y tela a elegir, conquistado por la amabilidad del sastre que le abordó.
Allí, este viajero insatisfecho conoció a una preciosa joven vietnamita, de permanente sonrisa, olor a membrillo y piel……(¡permiso!), piel de melocotón.
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15 de abril de 2009

La muralla se llama "muralla" (Filipinas)

Que nadie piense que en Filipinas, por hablar inglés, olvidaron y, por ello, reniegan de la influencia española y del fuerte patrimonio colonial español labrado a base de clérigos destripa-indígenas y militares mentecatos, autoritarios y torturadores. Los filipinos tienen el tagalo y el inglés como idiomas oficiales -hace mucho lo fue el español-, pero este viajero insatisfecho escuchó hablar cebuano, visaya, chabacano, y otros que ni recuerda.
En todos ellos se vislumbra más o menos la influencia española.
Los pueblos y ciudades tienen por lo general nombre español. No se dice “Port Princess” sino Puerto Princesa, capital de la isla de Palawan. La gente es de Toledo o de San José de Buenavista, y -quizás- de San Fernando, La Laguna o Padre Burgos. Si va en jeepney (cumple parecida misión al autobús municipal) el filipino grita “¡para!” si quiere bajarse. En el restaurante pide un “tenedor” y si pretende hacer un recuento dicen “uno, dos, tres,….”. Al lunes lo llama “lunes” y al martes lo nombra como “martes”.
Los anuncios finalizan con Please, contact.- “Mr. Fernández y la tienda se puede llamar “Borbón”. ¿Hay un nombre más español para una calle que “Antonio Flores Street”?. La clínica dental pertenece al doctor “H. Pantoja” y la muralla se llama “muralla”. ¿Hay algo que identifique más al conquistador ibérico que una ciudad amurallada?. No entendía tagalo, ni visaya, ni cebuano pero este viajero sintió tan cercano al filipino de la calle que le comparó, en carácter, al español.


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12 de abril de 2009

"Obertura" de una autobiografía no publicada (Homenaje)

“Cuando estoy escribiendo estas líneas del proyecto-libro, cumplo mis ‘primeros’ ochenta años. Nací en Las Palmas de Gran Canaria el cuatro de junio de 1916, mientras ‘Berta’ -el cañón alemán de largo alcance- bombardeaba los arrabales de París y el kaiser y sus mariscales brindaban por la conquista de ‘La ciudad de la Luz’. Yo de nada me enteré, ocupado como estaba del enorme y magnífico pecho de un ama de cría gallega. Nadie, aún, me ha podido explicar por qué me negaba definitivamente y con toda la fuerza de mis berridos ‑con el riesgo de mi vida‑ a mamar del pequeño, blanco y super-exprimido seno materno, usado y abusado, a destajo, por los ocho hermanos que me antecedieron (Testigos oculares aseguran la inmensa superioridad de la teta gallega).
Yo era el tercero de la dinastía, empezando por el final, de una prole de once hermanos. Mi padre, poeta frustrado, con talento de dramaturgo y técnico en la construcción de maquetas de navíos de guerra, con un insuperable sentido del deber, trabajaba a marchas forzadas en sus empleos burocráticos, olvidado de sus sueños ante la terrible realidad de aquellas once bocas, cinco varones y seis hembras, gritando a todas horas:
¡Queremos comer!".
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4 de abril de 2009

La lista negra


Acaba de llegar de las Islas Filipinas y se entera de que la OCDE (y por consiguiente, el G-20) coloca a este país en la ‘lista negra’ de los que no colaboran con las autoridades fiscales ni se comprometen a adoptar las normas internacionales. Los poderosos(?), en cambio, se comprometen a aplicar sanciones contra el territorio rebelde, a actuar con ‘el hacha de guerra’ si no cumplen sus imperativos.
El viajero insatisfecho ya había hecho, cinco días antes, su particular ‘corte de mangas’ al centro neurálgico de Manila. Nadie se cree que esa zona de negocios sea representativa de Filipinas y sea el reflejo del resto del territorio. Más bien es el producto en el que se ha fijado el G-20 para colocarlo en la ‘lista negra’ de paraísos fiscales.

En esta ocasión, el mochilero se ha colocado, con ironía, por delante -en el tiempo- a los poderosos(?) de la tierra.

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29 de marzo de 2009

Únicamente las 'Chocolate Hills'

Si hubiera sido el director de “El Señor de los Anillos (I, II y III)” que no dude el posible lector que alguna de las espléndidas localizaciones de la película hubiera sido en el sugerente paisaje de las ‘Chocolate Hills’, como son llamadas y como el poder político de la isla de Bohol (Filipinas) quiere que sean conocidas.
Una rápida mirada a las fotografías con la mente puesta en la película: ¿Tienen un sitio estas instantáneas en el universo creado por Peter Jackson?. ¿Podrían ser, por ejemplo, el paisaje natural de los hobbis?. Su momento cumbre de particular belleza parece ser mayo, cuando alcanzan el color que las ha movido y lanzado más allá de sus fronteras.
A este viajero insatisfecho le pareció ‘sugerente’ la visión del entorno que conforma esta multitud de promontorios, coralinos ellos, si se atiene a las explicaciones grabadas ‘in situ’ a modo de orientación. Un paisaje diferente, lleno de misterio en plenas Visayas (Así le llaman a estas céntricas islas filipinas).
Mil doscientas sesenta y ocho (1268) elevaciones repartidas en tres distritos de la isla y 214 escalones se precisan subir en uno de los cúmulos (destrozando, así, su virginidad natural) para poder observar el resto.
¡Cifras, cifras!.
Siempre son curiosidades y más cuando en uno de los casos (los escalones) el mochilero se entretuvo en contarlos. La otra cifra habrá que agradecérsela a Michael, el conductor que, resignado, le aguantó y llevó.
Pensaba enseñar a este mequetrefe otras plazas que completaban su ‘paquete turístico’, de tonterías y engañabobos, pero se lo prohibió.
- No. Únicamente las “Chocolate Hills.

¡¡Gracias, Michael!!.


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23 de marzo de 2009

'Pakistani man'

Rompió la tranquilidad del barco. No sabe dónde había estado hasta entonces pero cuando este 'pakistani man' apareció en la cubierta del enorme barco que hacia la ruta de Manila a Cebú (segunda ciudad de Filipinas), muy fieles a su peculiar estilo, los filipinos -ágiles- se reunieron como obreras abejas alrededor de su reina.
Era mpresionante ver al hombre, torpe, con una necesaria sobresuela en un pie, por tener una pierna más larga que otra, con su altura desproporcionada y su inocente cara. Tal vez demasiado inocente y limpio su rostro para aquel cuerpo exagerado. Su mirada perdida y un principio de sonrisa permanente completaban un especial semblante.
Al dia siguiente este viajero insatisfecho supo que la presencia del segundo hombre más alto del mundo-mundial había sido noticia televisiva en Filipinas.
Incrementa, si cabe, el valor de la experiencia vivida.
Desconoce la misión de este su-viaje a las 7.000 islas. ¿Quizás cristianizarse en este católico país?. ¿Huiría del suyo semi destrozado por los actos sangrientos?.
Levantó, sin perder su inocente semblante, los dedos haciendo la V de victoria cuando sus improvisados fans -ávidos de fotografías- se lo pidieron y acarició, con cierta ternura, a una niña filipina que en el tumulto se puso a su lado.
Rompió la tranquilidad, pero ganó voluntades para alguna particular causa.

Seguro.
[No es una 'noticia de alcance', sucedió hace algunos días].

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19 de marzo de 2009

¡Caótica Manila!

Si el viajero insatisfecho viene a Filipinas y en su mochila aparece el libro “Noli me tangere”, de José Rizal, o viene documentado o tiene la ‘joia’ suerte del principiante.
[Viene documentado].
Rizal es un ídolo, es un mito en Filipinas. Calles, plazas, estatuas, asociaciones, edificios, jardines, retratos y monumentos. Todo lo que tenga que ver con el filipino de a pie es susceptible de llevar su nombre.
Mira el libro -su portada- y el retrato de José Rizal que aparece en él, le hace pensar en un ‘quijote-cabreado’, abandonado de su ‘sancho’. Un ‘quijote’ del siglo XIX que tiene aspecto de ser un inocente perdedor, una vil consecuencia de una España decadente y de un generalato español incompetente. Luce, además, “lorquiano” y un destino parejo.
Manu Leguineche (que grande!) prologa el libro y se auto promociona como admirador. Este ‘leonés de ribera, y viajero’, sin ganas de leer a un mito, aunque si a un ingenio de mordaces palabras, recuerda -después- su paseo por el exterior de las murallas de Intramuros (antigua Manila) donde los filipinos han expuesto sus contradicciones y su caótico ‘mix' continuo: las estatuas de Geoge Washington y Ninoy Aquino, recuerdos a José Rizal, estatua de Legazpi y un despreciable campo de golf.
Menudo ‘cacao mental’ tienen los filipinos!
¡Caótica Manila!, una ciudad que conocen los ‘homeless’, niños de la calle y taxistas veteranos.
¡Caótica Manila!, que palpó todas las contradicciones históricas.
¡Caótica Manila!, necesitada de inversiones, para invertir la tendencia de su polución progresiva, cuasi-irrespirable.
¡Caótica Manila!,....

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14 de marzo de 2009

La familia real filipina

Hasta el agua puede labrar en la roca calcárea cosas sin igual. A veinte metros bajo tierra, esta mujer impúdica aguardaba el viajero insatisfecho, fría y oscura, vigorosa y -hasta cierto punto- pantagruélica. De repente, mientras golpeaba con el dedo índice la cámara, experimentó la placentera sensación de estar viviendo algo real.
Al salir de la cueva pudo leer en una postal souvenir “The porn cave”. Cuatro pequeñas instantáneas reproducían al rey, la reina, el príncipe y la princesa. Sólo pudo conocer a la reina (cree que también al rey), su necesario y obligado guía no le mostró todo el elenco familiar.
La imaginación es sorprendente.
Para llegar a ella (a la reina) y disfrutar de sus calcáreas carnes, nada de barandillas, escalinatas cementadas o pasadizos iluminados. Desde la humildad, el mochilero cree que accedió en el más elemental -aunque sencillo- estilo espeleológico.
(Por cierto, no ha mostrado el lugar exacto por si alguien quiere conocer a la familia real filipina: Es la famosa Sumaging Cave, en Sagada, norte de la Isla de Luzón, Filipinas).

Entrada de Sumaging Cave.

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10 de marzo de 2009

¿No tendrán una miserable vida?



No sabe el por qué de la tradición en Oriente de masticar betel, pero el pueblo ifugao, originario y asentado en el norte de la isla de Luzon (Filipinas), también cumple con ese ritual. Es uno de los pueblos antiguos de las islas, y mantiene viva la tradición de cultivar el arroz en impresionantes terrazas milenarias.
Siempre sorprende ver esos labios y dientes rojos que sugieren falta de higiene, aun sospechando también que pueden ser producto de la masticación de betel.
Este viajero insatisfecho ha conseguido ver la planta original (muy parecida a la palmera datilera), ha tenido el fruto en sus manos y se ha sorprendido de su transformación en tremendos salivazos rojizos en el suelo. En tagalo (idioma oficial de Filipinas) se escribe “buñga”, y el sonido que les sale de sus gargantas es bastante impronunciable.
No pudo resistir la tentación de fotografiar a esas ancianas masticadoras de betel, vestidas con tradicionales trajes ifugaos, y colocadas en el lugar intencionadamente para que el turista lance su objetivo hacia ellas. No suele caer en la tentación, pero en esta ocasión hizo una excepción (!!ha hecho tantas!!).
Pensó: “Me van a sacar unas monedas, pero estas ancianas, ¿no tendran una miserable vida?.

Y pulsó el botón de la cámara.

El viajero sigue vivo. Pensativo, pero vivo.

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6 de marzo de 2009

Los tránsitos, también son viaje

Nada que objetar a una soporífera estancia, en el también soporífero tránsito, en el aeropuerto de Doha (Qatar). Excepto por cuatro panuelos en la cabeza; un burka fino de seda negra cubriendo el rostro de una mujer solitaria; treinta o cuarenta turbantes a cuadros -unos veinte blancos-; una mujer ataviada con un inmenso velo que dejaba ver solamente los ojos, que empujaba un super-carro de bebe (con baby incluido); el paso de un aparente jeque rodeado sospechosamente de tres o cuatro mujeres que le seguian con cierta ligereza,….., este viajero insatisfecho no podría decir que estaba en un aeropuerto arabe.
Un -en apariencia- “cantinflas mexicano” (al viajero le hizo recordar alguna de sus películas) disfrazado de moro, con un largo panuelo caido sobre un lateral del pecho que se elevaba y rodeaba la cabeza para caer de nuevo y pasar debajo de la barbilla, y luego expulsado hacia la espalda con desgana desmedida, fue la imagen mas simpática de los observados pasajeros.
No hubiera sido lo mismo, sin ese “cantinflas moro”, la estancia de este mochilero en Doha. Los aeropuertos de tránsito se convierten en odiosos.
Llega uno, y se va.
Pasea, y la huída se antoja lejana.
Observa, y el aburrimiento hace que la imagen no se consolide.
Qatar no ha entrado en la mente de este mochilero.
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27 de febrero de 2009

Ni último de Filipinas, ni mantón de Manila

Ya tiene su visado filipino, tiene su paciencia pareja con la virtud, su regusto interior en marcha, la ilusión y su billete electrónico. ¡Qué moderno!.
¡Rumbo al Oriente!
Este viajero insatisfecho cada vez prepara menos sus viajes y se deja sorprender. Siempre lo hizo. No será último de Filipinas, ya hubo “los últimos de Filipinas” que uno imagina entre realidad y leyenda; asedios épicos y salvajes cañonazos; rendiciones de banderas y asaltos de murallas; amor entre enemigos y pasiones españolas; invasiones de iglesias y separaciones trágicas; la enfermedad de beriberi y la carne de carabao. No llegará este mochilero a sufrir esos avatares y pasiones, ni siquiera se acercará al olor de la antigua guarnición española en la aldea costera de Baler. El viaje es parte de la vida y suele impregnarse de paz.
No traerá “mantones de Manila”. Es de sobra conocido que esas prendas venían de China. La leyenda existió y permaneció pero la realidad, en este caso, nada tiene que ver con la certeza.
Acompañará su comida con arroz blanco oriental y consumirá producto del país. Que nadie le hable de comerse un cocido madrileño, con salsa alemana, en un restaurante egipcio, en el centro de la isla de Luzón. Sería un escarnio.
Relatará historias (¡Ay!, si supiera lo haría en tagalo o chabacano) desde allí, si no….. ¡hasta la vuelta!.


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22 de febrero de 2009

¿África?


Cuando el viajero insatisfecho bajó del tren que le llevaba a Mwanza -lago Victoria- y presenció aquel ajetreo inesperado, ansioso, sobre unas vías muertas de un muerto pasado, con aquel sol aplanador y comida poco apetecible, pensaba en África.
………. En esa tierra de documentales, esa realidad teñida de pobreza, esos acantilados marrones y esas muertes. Esos animales con rayas y manchas, esos altos árboles altos y de copa plana, esos hombres de piel negra y brillante, esas matanzas, esas carreteras rojizas, ese territorio de la imaginación, esas noticias negras, ese territorio de fotografías, esas negras solitarias caminando por una peligrosa senda, esos ojos tristes, esos monos aulladores y chillones, esos niños descalzos, esas comidas míseras, ese sol abrasador, esas moscas asesinas, esos niños soldado, esos coches atestados, esos tenderetes de comida, esas manos siempre extendidas y esa mirada profunda. Ese olor a pobreza, esas aguas encharcadas, ese sudor humano, ese sin-aliento de miseria, ese territorio de exploradores, esas selvas verdes e insondables, ese grito silencioso,….
Ese grito silencioso.
¿Pensaba en África?.

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16 de febrero de 2009

Placer en los poros

“Poco después, estaba encima de la cama de su habitación con dos bellas jóvenes, de oscuro cuerpo casi escultural. Una de ellas, de unos veinticinco años y totalmente desnuda a sus pies, desvestía a la otra, más joven, unos dieciocho años, y tumbada a su lado.
No salía del asombro.
Las encontró en una lejana playa (en un lejano país), se rieron; se rieron mucho, con ganas. De pronto, sin preguntar nada, sin hacer ninguna invitación paralela, observó cómo le acompañaban. La respiración se convirtió en un ‘tic-tac’ de un reloj despertador y…., ansiosa, sin sosiego.
En la habitación, en esos momentos previos, sintió una serenidad interior que nada tenía que ver con la excitación permanente que le acompañaba los días pasados. Se fijó en sus cuerpos de piel chocolate tan deslumbrantes, y esa serenidad se fue por los aires.
A sus pies, unos pechos brillantes, grandes, ligeramente caídos. A su lado, tumbada con naturalidad no exenta de cierto rubor, unos pechos firmes, duros, mirando hacia las alturas con una dignidad salvaje. Se rindió a la belleza que le tenía extasiado y la penetración fue real. Alternativa. Primero a los veinticinco años, con su monte afeitado, húmeda hasta sus pantorrillas chocolate. Luego a los dieciocho, peluda y rizada con inocente naturalidad. Alternativa. Y otra vez, alternativa. Jugaron a varios juegos eróticos, nada pornográficos, de placer supremo. El latigazo final fue para la joven ninfa, sin pensarlo, sin desearlo, pero a ella le tocó todo. Bueno, creo que a quien tocó fue a él.
Y vuelve la serenidad sin prisas. Ahora son tres cuerpos tumbados y deseosos de caricias. Se miraban, sin hablarse, y sonreían. Nuevas caricias. Las piernas entremezcladas y en constante movimiento, con breves roces, sintiéndose la piel.
¡Placer en los poros!”.

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11 de febrero de 2009

En Petra, el marco también cuenta


Llegar al vasto valle de Petra tiene un preparativo previo sorprendente: un desfiladero de rocas arcillosas, que simulaban aplastar al caminante, moldeadas por el viento y la arena pues el agua -muy escasa- nunca las pudo tallar, y de curvas suaves que el jinete-viajero no precisó esquivar, se encargaba de ello el propio caballo, ya veterano en miles de turistas.
El viajero insatisfecho se dejó guiar montado en su caballo-turista y acompañado del palafrenero-turista hasta alcanzar a divisar Petra en su totalidad.
Al finalizar el angosto desfiladero, el sol recibía al mochilero a mazazos. El polvo -sin ventisca- provenía del trajín de los “truhanes” negociantes, asentados bajo lonas. De un salto descendió del caballo y con los brazos abiertos vislumbró y admiró a lo lejos el lugar. De frente, la Tesorería (La Khazneh); a izquierda y derecha, multitud de templos, recintos tallados en la roca. Tumbas esculpidas, a derecha e izquierda.
Todo un complejo, reliquia de una civilización que floreció, pasada, caduca e inexistente: la nabatea.

El marco donde se halla, hablaba de esfuerzo y desiertos; de caravanas y puntos en medio de la nada; de comercio; de negocios y tristes batallas; de empresas artesanas boyantes y, luego, nefastas; de sufrimiento,…., y de ladrones, anteriores a los de Ali Babá y su hermano Kassim.


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2 de febrero de 2009

Ellora

En varios de los templos-cueva sorprendía ver al hindú, doblado el lomo, barriendo con una menuda y artesanal balea. Pulían el suelo con movimientos lentos, trasversales, suaves y minuciosos. Uno, se sentía observado; otro, miraba pedigüeño al extranjero, y otro más, seguía con su trabajosa tarea como si nadie hubiera entrado en su particular coto. Daba sensación de limpio, cuidado, para que el turista -viajero local o extranjero- disfrutara de la frescura que brotaba de la piedra (Excepto en ciertos rincones, donde olía a insistente orín).
Eran las cuevas de Ellora (India).
Este viajero insatisfecho ascendió, uno por uno, todos los escalones, entró en todas las cuevas (numeradas), convertidas por antiguos artistas en auténticas obras ingenieras, y recorrió cada una de sus galerías.
Decía el libro-guía: “Las más bellas son la número 10, 12, 16, 21, 29 y 32”.
¡Qué atrevimiento!
Todas conformaban una composición extraordinaria, el viajero las visitaba con la misma ilusión, el hindú las limpiaba con la misma parsimonia y su artesano hacedor las debió pulir con el mismo esmero.
¡Qué trabajoso le resultó a este mochilero llegar hasta ellas desde aquella ciudad que ahora no recuerda!. Aunque la impaciencia y desánimo no rondarían jamás su impenetrable corazón.
Primero, acompañado por un jovenzuelo hindú; luego, un rickshaw; más tarde, un atestado autobús y, para finalizar, una larga caminata, todo ello combinado con el asfixiante olor y calor hindú. Olor con regusto a olla sucia, a restos de curry mal rebañado, a humo de caña mohosa, a escupitajos rojizos de hojas de betel.

Mereció la pena.

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26 de enero de 2009

Aves en el manglar


Dejarse engañar puede ser una grata experiencia. Dejarse engañar en África, todo un acontecimiento.
La zona de Ziguinchor (Senegal), ciudad de ‘sabor’ francés, era uno de esos lugares peligrosos para los visitantes. La cercana frontera con Guinea-Bissau era muy permeable y los campos aledaños a Ziguinchor, refugio de guerrilleros regionales y del país vecino. Además, el río Casamance iba caudaloso entonces y su navegación era peligrosa aún contando con un potente motor, tuc-tuc.
Ambos peligros esquivaron a este viajero insatisfecho. A la orilla del río, en el puerto fluvial de la ciudad, engañado por un guía local (¿lo sería?), inició una de esas excursiones matinales que dejan regustillo en el recuerdo. Parajes bravos de río, parajes selváticos que olían a guerrilla, aguas que bajaban con fuerza, de cuando en cuando campos encharcados de aguas pantanosas, corrientes que tropezaban contra los manglares. Su fuerza hacía mover los cientos de nidos -tal vez, miles- de garzas y garcillas o, quizás, otras aves ribereñas que desconocía. Bonito espectáculo.
Desde la barca, ya entre los manglares, tocaba sus nidos, tenía sus huevos al alcance de las manos, palpaba su valor y, casi, sentía el ansia del ave que revoloteaba tímida y angustiada en su propio territorio que ni quería ni debía abandonar.
El viajero se sentía ofendido. Un intruso.
Al regreso, la corriente golpeaba con fuerza la barca. La noche caía cuando el río se imponía más crecido y caudaloso.
El corazón en un puño [¿vale la expresión?].
Arribaban ya de noche cerrada en el puerto fluvial de la ciudad.
El miedo, aún entre las piernas.
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21 de enero de 2009

El profesor de taekwondo


En un reciente viaje a Perú, en el trayecto de autobús de Tumbes a Trujillo, este viajero insatisfecho coincidió en el mismo asiento con un profesor civil de taekwondo, que daba clases en el ejército peruano. Entre las muchas cosas que se hablaron durante el largo viaje, este mochilero se interesó por la situación de las zonas alejadas de las ciudades y por la educación en ellas. El joven profesor -más parecía de ética que de deporte oriental- de mente preclara, se explayó largo rato, a veces indignado:
Acá en Perú, el programa de ayuda infantil se llama PRONAA, que quiere decir PROgrama Nacional de Asistencia Alimentaria, y es básicamente el apoyo alimentario hacia los ‘comedores populares’ y ‘comités de vaso de leche’. La idea desde el Gobierno es muy buena, pero el inconveniente es el trayecto y la burocracia que lleva este programa. Los malos funcionarios y personas-sin-escrúpulos que trafican con las necesidades de la gente más humilde.
Estos programas no llegan donde deben llegar.
Imagínate -añadía- el Estado debería comprar leche, pero no lo hace. En su lugar compra un producto que se llama, o denominan, enriquecido lácteo que se hace a base de todo, menos de leche (trigo, harina, soja, cereales etc.). Supongamos que el Estado compra 900 kilos (porque son en polvo), por ejemplo, para la región de Tumbes (ciudad del norte peruano). Se distribuyen entre las tres áreas zonales correspondientes. En cada una, 300 kilos. Cada zona tiene un promedio de 15 ‘comités de vaso de leche’ y cada comité un promedio de 30 beneficiarios. A la hora de repartir no alcanza, porque los mismos dirigentes venden el producto, o simplemente no lo entregan, o lo reparten entre su familia, a la que anteriormente clasificaron como ‘indigente’.
El problema viene a ser un asunto de moral y ética de cada una de las personas. Mientras más intermediarios existan, mayor será la corrupción
”.
Más claro, el agua.

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14 de enero de 2009

Lémures


Madagascar tiene una biodiversidad envidiable. La punta de lanza, su producto estrella, los lémures. Las amenazas y problemas que tienen el resto de las especies son los mismos que tiene este vistoso animal. Es importante partir de la idea de que Madagascar es un país esencialmente agrícola, en el que más de tres cuartas partes de la población dependen de ella para sobrevivir.
Los lémures son un tipo de primate, predecesor evolutivo de los monos y simios. Su nombre vendría del latín y significaría “espíritus de la noche”. Su hábitat primario son los bosques y no pueden sobrevivir en áreas deforestadas. Les pudo observar en unos protegidos montes cerca de Antsiranana (antes, Diego Suárez), pero el loco mercenario inglés que le acompañaba, en aquella única ocasión, le impidió disfrutar del paseo. El estúpido insultaba al guía, al conductor, al pequeño y sorprendido camaleón y a todo bicho viviente con quien se topara.
Los habitantes en Madagascar necesitan empleo y, como gran parte se genera en la agricultura, muchos recurren a la tala y quema de bosques para propiciar un espacio de cultivo. Un viaje nocturno a través de las carreteras de Madagascar puede dar una idea del desastre que está ocurriendo. En una sola noche de trayecto desde Antananarivo (capital) a Mahajanga -el viaje duró dos días- este viajero insatisfecho pudo observar al menos una decena de fuegos en el oscuro horizonte.
Imposible que un país aguante tal presión devastadora y esta isla, ya erosionada, puede morir de inundaciones y sequías al mismo tiempo.
La máquina de la protección del lémur está en marcha ¿llegará a tiempo?.

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8 de enero de 2009

Los jugos de La Triple Frontera


Cerveza, whisky, coca-cola, calimocho, fanta, cerveza, sangría, tinto de verano, calimocho, fanta,….
Nada. Nada.
Donde esté un jugo natural, tomado una mañana calurosa, con brisa matinal, y húmeda por las amazónicas aguas cercanas, que se quite cualquier brebaje moderno, mezclado de repelentes conservantes y aditivos. Este viajero insatisfecho siempre recordará aquellos jugos que tomaba nada más levantarse en Leticia (Colombia), una de las tres ciudades ribereñas que formaban La Triple Frontera.
En el mercado de Leticia, rodeado de puestos de frutas, verduras y carnes maltrechas, detrás de la hornacina de una simpática virgen, una de las muchas veneradas por el pueblo colombiano, estaba el chiringuitoLa piragua” donde servían los mejores jugos o zumos naturales, con carteles anunciadores de nombres estrambóticos, de frutas tropicales, desconocidas para este occidental europeo. Todavía, a veces, saliva cuando le vienen a su obtusa mente. Era, incluso, una particular forma de levantarse el saber que el jugo estaba esperando a la espalda de aquella kitsch y pretenciosa hornacina.
Eran los jugos de aquella selvática ciudad colombiana, que poseía almas-gemelas en Brasil y Perú: Tabatinga y Santa Rosa. Aquella zona, conocida como La Triple Frontera, tenía al río Amazonas como divisoria, además de una larga y terrible historia. Va a dejar que sea Javier Reverte quien explique con sus palabras, de experto periodista y viajero, la particularidad del lugar. Espera que Reverte sepa perdonar esta apropiación de conocimientos, tomados de su libro “El río de la desolación”:
Y por más que los mapas y las administraciones públicas las separen, estos hombres y mujeres fronterizos que habitan en mitad de una selva que no acepta comunicaciones por tierra con ningún otro lugar, son en el fondo una misma y única población. Da lo mismo que se expresen en dos idiomas y que las matrículas de sus autos sean diferentes y que cuenten billetes de banco con distintas denominaciones. La Triple Frontera es una geografía semejante: tres almas con un mismo cuerpo o tres cuerpos con el mismo corazón”.
Y además de los sabrosos jugos, estaba el río, bestia, vasto, grandioso, acogedor y fiero. Sus habitantes lo querían y lo respetaban. Prepárese aquel que ose dañarlo con malditos requerimientos industriales.
Les pertenecía y lo adoraban como los quechuas y aymaras a la pachamama.


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2 de enero de 2009

C h i k u n g u n y a


Hacía el equipaje. Aquí, unas zapatillas; allí, un pantalón liviano; en este apartado de la mochila, las gafas de sol; por el otro lado, sus calcetines de dibujos. Pretendía estar relajado y centrado, pero no lo estaba. Durante tres días había estado haciendo una investigación sobre el país y no le gustó nada saber que hacía poco habían sufrido, o estaban sufriendo, una epidemia. Este detalle le sumió en un sinfín de averiguaciones para ¿saber más?, ¿satisfacer su preocupación?, ¿abandonar la idea del viaje?. Un poco de todo. Nunca se había preocupado por esas cosas pero aquel viaje era distinto, no estaba dentro de sus planes inmediatos. No era su-viaje, no era el viaje del viajero insatisfecho.
La epidemia de chikungunya sigue extendiéndose, según la agencia AfrolNews. El virus chikungunya, trasmitido a través del mosquito, se extiende de una isla a otra en la región del Océano Índico. Las naciones isleñas conocidas como "paraísos" por los turistas se encuentran desamparadas en su lucha contra los mosquitos. En torno a 160.000 personas se han infectado tan sólo en la isla francesa de Reunión, y el virus se ha extendido a Seychelles, Isla Mauricio y Madagascar. Crece el temor entre los turistas a medida que la epidemia se extiende. Después de los ataques de alta fiebre, deshidratación y fuertes dolores, los pacientes se reestablecen lentamente por sí mismos. Solamente se sabe que las personas muy débiles, niños o ancianos, pueden correr el riesgo de morir. Pensaba para sus adentros: “No es nada agradable la noticia”.
El temor aparece entre el mundo turístico. “¿Y yo que soy? Acaso no soy un turista. Con ciertas particularidades, pero turista”.


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