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14 de junio de 2011

La emocionante vida vegetal

Cuando a la naturaleza se la permite hacer, sin molestar, nos deja muestras como las de esta fotografía.
En un pequeñísimo islote del archipiélago de San Blas (Panamá), despoblado de humanos y también animales, únicamente algún ave posábase en sus palmerales, se producía sin engaños el milagro de la vida.
La pequeña palmera crecía en el arenal de aquella isla; se veía su fuerza y no era un huracán; se veía la potencia de sus hojas y se olía la brisa marina que acariciaba a su sombra. Se apreciaba aún el coco enraizado en la arena, el coco germinando ese brote de esperanza. El proceso vital se había iniciado en aquel paraje abandonado. Encontrar este mínimo apunte de vida era fácil, y admirarlo ayudaba a olvidar la ñoña sensación del viajero principiante.
Pero, aún así, emocionaba estar al lado de aquella planta. El viajero insatisfecho ni se atrevió a tocar una sus hojas; se alejó un poco, se agachó y sacó la fotografía. Luego caminó serpenteante un rato, obsesionado por localizar algún otro signo tan palpable, que no pudo encontrar. Allí, en territorio cuasi-virgen, la fuerza natural era mayor y evidenciaba, por contra, mejor que en otro sitio la capacidad dañina del hombre.




Copyright © By Blas F.Tomé 2011

30 de diciembre de 2010

No merecía mucho la pena visitar en Ghana

Esta claro que cuando el hombre trata de mezclar (‘contrastar’, para algunos) lo artificial con la naturaleza, ‘la jode’.
Piense el lector cuando las máquinas entran en la ladera de una montaña, o en los aledaños de un bosque, el imponente destrozo que preparan.
Piense el curioso los descerebrados efectos urbanísticos en las inmediaciones de playas naturales.
Piense el blogger en las populares ‘tirolinas’ de alguna zona peninsular, alrededor de las que siempre surge un hotel “imbricado con el entorno” para que cuatro-memos se diviertan destrozando la naturaleza.
Piense el lector……
Eso en lo que pensó este viajero insatisfecho cuando visitó el Kakum National Park. ‘Lo vendían’ (publicitaban) como una selva originaria, con posibilidades de avistar algún animal salvaje. ¡Nada de eso!. No era eso. No era nada. La parte accesible era, simplemente, un lugar para que los cuatro turistas jubilados (escasos) que visitan las playas de Ghana tuvieran algo diferente y cercano con lo que pasar la mañana.
Un paseo por los puentes colgantes (a 30 o 40 metros de altura) sobre la enmarañada arboleda de un bosque ecuatorial africano para insuflar aire natural y escuchar el ruido del silencio, y algún que otro grito histérico del pelele de turno.
No merecía mucho la pena.
Valía más pasear por cualquier camino rural saludando y recibiendo simpatías de la gente local.

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

18 de julio de 2009

La filosofía salvaje de la naturaleza

Siempre impresionó a este viajero insatisfecho la salvaje naturaleza, y la foresta, en especial. La vida que desprende. Allí donde hay árboles hay vida, hay maraña, desdén y desorden.
La vegetación tropical se desenvuelve libremente: matorrales, malezas, cortinas de enredaderas entrelazadas unas a otras, pasan de un árbol a otro, se cuelgan de las ramas mientras lanzan sus tallos al agua o a la humedad salvaje, se agarran a las raíces, al suelo, y no contentos con ello, la naturaleza planta sobre las plantas. De los recodos de las ramas surgen nuevos líquenes, nuevas plantas que almacenan agua para otros animales; musgo y hongos viven sobre agrietadas cortezas, y las plantas aéreas -a veces- como ‘graciosillos’ huéspedes, abrazan de muerte a su árbol hospitalario.
Caos organizado. Caos, caos, caos.
Los árboles seculares -reviejos- y de ahuecado tronco mueren sólo cuando algún rayo hiere su altiva copa. Ya nadie les quiere sin alimento, pelados, sin su savia que alimente a otras vidas vegetales trepadoras. Como mucho les sirve de apoyo.
Y se ven a lo lejos.
Hay, también, enormes peñas que el tiempo y la naturaleza van vistiendo con terciopelos de musgo: el polvo se deposita capa tras capa en sus huecos, la lluvia las fija y las aves siembran sus semillas. El proceso comienza de nuevo, lento, implacable, fiel a su destino. Fiel a su filosofía salvaje.

Copyright © By Blas F. Tomé 2009