12 de febrero de 2013

Ceremonia vudú/Benín


Uno de los principios básicos de la religión vudú era, y es, que la vida de los ancestros continúa después de la muerte; y otro, se podía interactuar directamente con los espíritus.
Pero había más y más principios básicos.
Por mucho que el viajero insatisfecho tratase de analizar y descomponer, jamás entendería la ceremonia que acababa de presenciar a pleno día, con un sol punzante, cuando todos los libros decían que era en general nocturna.
¡Vaya -pensó- ceremonia para turistas!.
Otra vez el leonés se sintió estafado y sableado por los ‘listos’, rondadores de torpes blancos “para mostrarte esto y lo otro”.
Y lo sabía antes de ir, pero……., no se arrepintió de haber ido.
El agradable paseo en piragua desde el poblado lacustre de Ganvié, en el lago Nokoué, hasta el vecino asentamiento semilacustre de So-Tchanhoué, donde presenció el ritual, ya compensaba el engaño.
El vudú era, y es, baile; era, y es, ‘religión bailada’. Los movimientos del cuerpo humano imitaban los de algunos animales y ellos adquirían el poder y atributos del animal imitado.
El coro de rollizas mujeres que se incorporó al espectáculo no dejó de bailar, entretanto el oficiante del grupo danzaba y tarareaba. Removía los feos fetiches que había encima de aquel aparente altar, agarraba con fuerza un mustio pollo y restregaba con él los fetiches, mientras la música de tambores y el ruido-hojalata de las campanillas allí colocadas no dejaban de sonar. Con dos movimientos bruscos, quebró -en vivo- ambas patas al pollo, al que este mochilero vio en sus ojos sufrir. Después de varias vibraciones y extravagantes saltos, con un certero machetazo cortó la cabellera del alado que se retorció hasta morir.
¡Espeluznante!.
Con la sangre brotada, espolvoreó los amuletos del altar.
Las mujeres bailoteaban, curvando sus orondos cuerpos, tocando palmas y, alguna, golpeando con sus exuberantes, abultados, desnudos y brillantes pechos negros aquel aire caliente, tostado por el sol.
Una tétrica gala de música, ruido, baile y espíritus supuestos.
Uno de los personajes que allí se estremecía levemente con el canto, se retorció de pronto en una convulsión profunda, girando y dando vueltas por el empolvado suelo. Había entrado en trance, supuso el viajero, consecuencia de aquella mezcolanza de música, cantos y ‘estimulantes naturales’ ingeridos. Su estado de semiinconsciencia permitía, según parece, una “mejor comunicación con los espíritus”. En la confusión y el caos organizados, el mochilero observó luego cómo, vestido con un faldón de rafia, se embadurnaba como un patán el cuerpo con un amarillento líquido.
Al lado del pequeño templo vudú, medio escondidas detrás de unas planchas de latón, había varias botellas vacías de ‘sadavi-vino de palma’ y de un vulgar gin. Viendo lo que veía y las botellas consumidas, era fácil imaginar el germen del trance.
Ceremonia vudú, ceremonia de confusión.
Tendremos que respetarla.
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31 de enero de 2013

Los tejedores del palacio real de Glele/Benin


El viajero insatisfecho como avezado, pero frustrado, periodista de investigación no tiene precio, y lo dice sin ánimo de vanagloriarse. Él sólo, sin ayuda de nadie, careciendo del olfato de Sherlock Holmes y la intuición de Hércules Poirot y sin recurrir al guía local descubrió, aunque parezca raro decirlo así, la senyera con la que se 'ahorcará' Artur Mas.
Dos hábiles tejedores, con sus tradicionales telares, urdían sin descanso y con maestría la gran senyera. Pero la gran curiosidad, o gran descubrimiento, fue que la estaban trenzando en el patio exterior del palacio real del antiguo rey Glele de Abomey, reinado anterior a la dominación francesa, que sometió a los reyes locales. Allí, en los portales donde esperaron los súbditos antes de ser recibidos en audiencia real, se estaba maquinando un proceso secesionista.
La gran mayoría del pueblo de Benín pertenece a la etnia ‘fon’ y hablaban el ‘fon’ y el francés. Pero había otros muchos pueblos como los ‘yoruba’ que ocupaban el centro; los ‘tofi’, del lago Nokoue; la etnia de los ‘taneka’, aún con taparrabos, representaban a ese África que se resistía a cambiar; los ‘somba’ del noroeste que se extendían además por el país vecino, Togo [separados como consecuencia de las divisiones coloniales hechas a principios del siglo XX con el proceso de independencia]; los ‘fulani’, aún nómadas, compartían su territorio con varias etnias más, aunque la más importante es la ‘bariba’ que significa ‘pagano’; los ‘songhay’ que ampliaban su expansión a Nigeria y, como no, los ‘gurma’, originarios de Burkina Faso. Todos estos pueblos, y muchos más, con rituales diferentes, religiones diversas y lengua o estatus sociales distintos estaban bajo la bandera y gobierno de Benín. 
Y no pasaba nada. 
Cuando un extranjero preguntaba algo en francés, todos los que lo supieran contestaban en el idioma galo.
Uno, no supo si ‘fulani’, ‘fon’ o ‘somba’, se rió -a 5.000 kilómetros de distancia de España- ante este mochilero del problema diferencial entre Madrid y Barcelona y la actitud secesionista de Cataluña que conocía de manera somera.
Riámosnos también todos con mucha, muchísima ironía y respeto.

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22 de enero de 2013

Las tata-somba, una tradición mantenida/Benín


Sencilla tata (observad el sombrero de una de las torretas donde se guarda el sorgo y el mijo)

Era el primero de año. Alquiló un zem (taxi-moto beninés) y se dirigió a Koussou desde la ciudad donde se encontraba, Natitingou, al norte del país. Y alquiló este popular vehículo de Benín porque la población distaba 25 kilómetros por una pista de tierra, transitable para motos y, aunque podía ir en taxi-brousse colectivo (más barato), le apetecía celebrar el inicio de año dándose una buena paliza de saltos y botes moteros (a decir verdad, NO más que si lo hubiera hecho en taxi-brousse) para seguir malogrando su -ya jodida- espalda.
Koussou, y algún que otro poblado tribal más, era un verdadero paraíso tradicional, cultural y arquitectónico: constituía el territorio somba, asentado en la sierra de Atacora (pequeñas elevaciones que allí se consideraban sierra pero que no dejaban de ser eso, pequeñas elevaciones). Este pueblo era conocido por su tradicional, original y particular forma de construcción de sus casas, sus tatas. El pueblo somba ha sabido conservar esta tradición a pesar del progreso (¿qué es el progreso?) y las presiones del mundo moderno.
Otra tata, más elaborada, con tres niveles de terraza

En este poblado era posible dormir en una de las varias tatas de particulares que allí existían, como una experiencia viajera digna de ‘niñatos pijos’ y algún que otro ‘veterano snob’ (se permite esta pequeña crítica aunque no pretende 'sentar cátedra'), y a pesar de los constantes comentarios que circulaban entre los viajeros sobre el frío de la noche si el turista en cuestión no iba preparado, al menos, con un saco de dormir de verano. 
En el ‘radio-macuto’ viajero se recomendaba dormir en los habitáculos de la terraza (donde suelen dormir separados el hombre, la mujer y los niños, que acceden por una diminuta entrada) pues en la parte de abajo, a veces, guardaban animales domésticos y además solía estar lleno de humo [Este leonés se sorprendió, y mucho, al ver -eran las 11 de la mañana- a aquel viejo, literalmente, metido en una pequeña hoguera y respirando humo en la planta baja].
Viejo somba, en la hoguera de la tata

Esto lo llamaban turismo sostenible, y de mantenerlo tal se encargaba la organización La Perle que gestionaba y repartía el dinero obtenido de manera equitativa [50% Eco-guías; 20% Comunidad; 20% Propietarios de las tatas, y 10% Funcionamiento de la organización]. 
Esta organización La Perle contaba con un presidente elegido, una serie de eco-guías y una veterana francesa que pasaba largas temporadas en el país ayudando, de manera desinteresada, en la gestión del entramado. Este viajero insatisfecho habló unos minutos con ella, en su elemental francés -no pasa la criba como el inglés de Sergio Ramos-, aunque pudo deducir que era una simpática y bella persona.
Las malas lenguas, o las buenas, hablaban (se enteraría luego) de que el presidente actual, a quien el mochilero saludó durante el recorrido de la visita, se estaba lucrando con el dinero recibido del extranjero, no destinándolo al fin requerido, aunque NO con el que reciben por el alquiler las tatas. La francesa, según parece, estaba al margen y desconocía todo aquel tejemaneje.
Con corruptelas africanas (y de otros mundos, ¿os suena?) o sin ellas fue, sin duda, toda una vivencia comprobar cómo eran las tatas, cómo vivían sus gentes, los sombas, y cómo mantenían su territorio y tradiciones.
Terraza de las 'tata-somba', con sus habitáculos para dormir y guardar el sorgo y el mijo

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4 de enero de 2013

Breve apunte en la vida del lago Nokoué/Benin


En los poblados lacustres del lago Nokoué (Benin) había, sobre todo, niños que, como en todas partes, y allí no era distinto, adoraban los "chuches". El viajero insatisfecho llevaba -casi siempre lleva- «bolas de anís»: una foto, una «bola de anís»; una pirueta, otra «bola de anís». Así funcionaba el trueque en aquel momento, en el poblado llamado So-Tchanhoué, apartada localidad al lado de Ganvié, principal núcleo urbano lacustre dentro del lago Nokoué.
Allí fue a ver una ceremonia de vudú (en otro momento, contará) y allí fue dónde los niños le rodeaban en busca de su «bola de anís». Los niños de las fotografías fueron alguno de ellos. Le sorprendió a este mochilero las tempranas escarificaciones en el rostro (luego ya vio muchas), pero -en ese momento- las normales diferencias culturales se sobreponían a cualquier crítica-opinión que surgiera del "coco" del visitante.
Las escarificaciones son cicatrices, incisiones poco profundas en la piel, a menudo con pretensiones artísticas. Normalmente se practican en ritos iniciáticos relacionados con la pubertad: tal vez aquel jovencito ya había llegado tempranamente a ella, o tal vez fuera una marca tribal, auténticos pasaportes que distinguen a cada una de las etnias. 
Las escarificaciones femeninas son consideradas un elemento más de feminidad y con finalidades eróticas. Hay etnias a las que le fascinan los cortes en las nalgas de las mujeres.
[No comprobado; pura documentación].

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27 de diciembre de 2012

Volando hacia el lago Nokoué


Como lo suele hacer el amigo ‘Paco Nadal’ cuando sale para uno de sus múltiples viajes, el viajero insatisfecho, con ánimo de imitar, va a hacer lo mismo: “Cuando leáis este ‘post’, si es que lo hacéis en el momento de ser lanzado a la blogosfera, estaré volando hacia.…. el lago Nokoué”. Como no ocurrirá tal, y lo leeréis cuando os apetezca, tal vez ya conozca el lago.
O, tal vez, no.
Va con su destrozada espalda dándole gritos de protesta pero va.
Del lago -el mochilero tiene mínimas referencias- viven varios poblados lacustres en sus casas de tejados de paja o, menos emblemáticos, de latón. Sus pobladores son descendientes de la tribu ‘tofinu’ que huyó hace muchos años del dominio de los ‘fon’, que eran esclavistas. A los ‘fon’ su religión les prohibía entrar en las aguas, de ahí que el poblado perseguido las utilizara para resguardarse.
África es así. Llena de huídas, capturas, villanías, dominios, cuentos, matanzas, guerras, hambre, vudú,……
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18 de diciembre de 2012

Calles sin nombre


Este iluso siempre pensó que viajar prolonga la vida. Se llena de rostros y paisajes, conversaciones incomprensibles y silencios, de voces y de horizontes en penumbra. Llueve y se marchitan las plantas, el viaje convierte al viajero en un ser extraño, o no.  No todo lo que ve son ‘murallas chinas’, ni ‘torres eiffel’, ‘petras’, o ‘ciudades eternas’, también hay llanos caminos por recorrer, o infinidad de cosas por disfrutar, no necesariamente extraordinarias.
El viajero insatifecho cree que estas son las mejores.
Al fin y al cabo detrás de cada viaje hay una vivencia, real o imaginaria; un sueño por cumplir o ya soñado y vivido. No tiene por qué ser un sensacional enclave al estilo ‘machu picchu’ sino que puede ser un anodino paisaje como el que pueda surgir al abandonar cualquier ciudad. O una calle que avanza entre baratijas y tiendas, donde hay objetos por todas partes, colgados de las paredes, de los postes, de las ventanas enrejadas. Hay pulseras artesanas de vivos colores, fruta variada y mal colocada, pañuelos de tela, de lana zurcida y de llamativos colores, cazuelas de barro y madera, bolsas con 'chuches', y sombreros de paja o de tela. Cajas de cartón, apiladas, botellas de plástico suspendidas de la rama de algún árbol. Sacos llenos de patatas o cebollas moradas, o medio vacíos, por abandono.
Edificios con techos de latón.
Personas que pasean, venden, compran o, simplemente, viven.
Llanos caminos de vida que no conceden un minuto de tranquilidad. Recorrer esas calles sin nombre también genera una vivencia y prolongan la vida.


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9 de diciembre de 2012

Paraíso kuna

El archipiélago de San Blas, en Panamá, es el ‘paraíso kuna’. Claramente amenazado por el nivel del mar debido al calentamiento global y la contaminación de algunos países, en este territorio isleño (365 islas e islotes -dicen-) habitan los indios ‘kuna’ de la misma forma en que sus antepasados lo hicieron, negociando cocos y pescando cangrejos y langostas a bordo de canoas de madera con velas talladas por sus propias manos, llamados"cayucos", embarcaciones que tratan con mimo y decoran con cariño (primera fotografía).
Aunque ahora esta verdad es relativa pues el turismo, aparentemente sostenible, les deja buenos ingresos a estos indígenas que han sabido conservar sus tradiciones y resistirse a ser absorbidos, incluso por el propio Panamá que les ha otorgado una gran autonomía.
Tres inquietos días pasó allí el viajero insatisfecho.


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

2 de diciembre de 2012

La casa Mandala


El trayecto de Lilongwe, capital de Malawi, a Blantyre lo hizo en un moderno autobús, quizás el mejor transporte que había cogido en África. Era caro para el nivel en que se movían los transportes en el país, pero compensaba esa mínima comodidad y el breve relajo, después de las múltiples montoneras de gente que antes había sufrido en los trayectos en Tanzania y, también, en Malawi.
Cuando aterrizó en Blantyre, una tarde de finales de septiembre, aburguesado ya por el excelente bus, le desconcertó, al bajar, el abigarrado ambiente, tensado ya africano. Aunque, siendo sinceros, como en cualquier otra ciudad del entorno.
Recuerda la ‘guest-house’ en la que pasó dos noches como un hermético ‘resort’ -antipedigüeños- para mochileros.
Pero de eso iba el viajero insatisfecho, de mochilero.
A la mañana siguiente, como un náufrago en medio de un mar de cemento, puestos de comida, charcos, venta ambulante, ruido y humo decidió visitar la afamada casa Mandala del gobernador, erigida en 1882, que el libro-guía considerada el edificio más antiguo del país.
Puessss….., le pareció muy cotidiano, de la rutinaria época inglesa (fotografía).
Era un edificio colonial de entonces donde el gobernador, o el empresario de turno, dedicaban sus esfuerzos a las manufacturas y mostraban su cara más vil al esclavizar al negro local.
Aquella balsa de historia que era el edificio, le transportaba al siglo XIX cuando unos misioneros escoceses se trasladaron a la zona, lo que atrajo la atención de otros comerciantes europeos por su saludable y estratégica ubicación. Así surgió la ciudad.
La altitud del lugar (1.040 metros) mantenía un poco a raya el temido contagio de malaria.
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21 de noviembre de 2012

Aquella actuación / Madagascar

Al llegar a Mahajanga, después de un ajetreado viaje (ya contado) en un Peugot 504 lleno de gente, olores y polvo, procedente de Antananarivo, capital de Madagascar, aterrizó en un hotelucho de la ciudad. Cree recordar que fue el Hotel Valiha, pero no da un céntimo por asegurarlo. Si podría asegurar que estaba enclavado en un edificio colonial, de habitaciones baratas, con las sábanas tan húmedas y olorosas que en principio ni intentó tocar. Y eso que anhelaba dormir. Estaba derrotado, pero no le apetecía dar en la soledad de la habitación el último bocado a unos plátanos que llevaba en la mochila azul, comprados unos kilómetros antes de finalizar el largo, pesado  y traqueteante trayecto. Bajó al patio-terraza a compartirlos con unas risueñas, locuaces y gritonas prostitutas, más baratas, seguro, que la habitación del hotel.
Fue un atardecer diferente. La suave brisa que daba en la cara y adormilaba al viajero insatisfecho, movía también las hojas de un abandonado seto que hacía de divisoria entre terraza y la polvorienta calle de asfalto destrozado. Cuando el sol casi había caído en el ‘villorrio malgache’, rodeado como estaba de aquellas jóvenes negras que le ‘bailaban el agua’, no le sorprendió mucho la aparición de otro grupo de mujeres de bonitos tocados y llamativos vestidos tradicionales que danzaban al unísono, no sabe qué, en una plazoleta a escasos metros de donde estaba. Poco a poco, el son de los tambores, el baile y el gran grupo de mirones convirtió aquello en una actuación.

Sin duda, era día de fiesta en Mahajanga.
Esa sensación de bienestar, relajo y tranquilidad del viaje se apoderó del cansado mochilero encandilado por el ambiente, el jolgorio y la actuación. Si tuviera que elegir momentos, añadiría este a su pasión viajera.

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13 de noviembre de 2012

Las ‘cutarras’ de Panamá


Hace unos días recibía unas fotos de Panamá y, casualidades de la vida, un primer plano de unas ‘cutarras’ panameñas (segunda fotografía). Recordó entonces aquel viaje al país, y rememoró la conversación con aquel amable y curtido ‘tableño’ (de Las Tablas) en aquella céntrica y vieja cantina, que llevaba este calzado con gran naturalidad.
Las ‘cutarras’, convertidas en símbolo del trabajo y de la tradición del hombre de la región, tienen un origen antiquísimo (“hasta Jesucristo las llevaba”, dicen algunos), con multitud de modificaciones, variantes y usos. Ahora, según parece, hacen ‘cutarras’ con fijador o frenillo, sostén de lujo, entre otras, y grandes personajes del folclore panameño son expertos artesanos y contrarios a que esta tradición se pierda.
Frecuentemente fueron utilizadas como zapato de trabajo por el campesino panameño. Cuando los colonizadores españoles introdujeron el ganado a la región, aprovecharon el cuero para confeccionar este tipo de sandalia, que los nativos bautizaron con el nombre de ‘cutarra’.
Este viajero insatisfecho escuchó atentamente las explicaciones de aquel personaje ‘tableño’ sobre su fabricación, su tradición y su dificultad, y recuerda estos objetos con especial ternura. Hoy, muestra varias fotografías pero, sin duda, centra su ternura en la primera: ‘cutarra’ curtida, vieja y ya sudada pero sujeta a la realidad y sufrimiento de aquel pie campesino, quizás, albañil.


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4 de noviembre de 2012

El khat / Etiopía


-Campo de khat, cerca de las cataratas del Nilo Azul-

El khat es un arbusto (catha edulis), oriundo de Etiopía, o de Yemen, dependiendo de quien escriba la información. El caso es que sus hojas y tallos contienen “el estimulante vegetal más potente del mundo”, según este viajero insatisfecho había leído en sus rutinarias consultas. Por supuesto que esta afirmación le parecía, entonces, y le parece ahora de lo más exagerado.
Es una droga, según algunos textos, con fuertes efectos estimulantes. Se consume legalmente en Yemen, Somalia y Etiopía. Sus hojas se mascan sin dejar pasar más de dos días desde la recolección, de ahí que el reparto se inicie al amanecer y, mediante una aparatosa red de transportes, llegue a lugares muy dispares entre sí.
Este mochilero recoge textualmente una frase que pretende delimitar los efectos de esta droga: “Apenas se inicia la degustación, la intoxicación comienza a hacer efectos: desaparece el hambre y también la fatiga. Se pierde la noción del espacio y del tiempo. En cambio, surge una gran euforia parecida, muy parecida a la que provoca la cocaína eso sí, sin paranoia”.
Se queda estupefacto en su incredulidad.
Paseaba tranquilamente por la orilla del Abay River (más avanzado su curso mutará su nombre por el de Nilo River) cuando un jóven etíope le ofreció aquel manojo de hojas. No se perdió la experiencia. Se sentó en una especie de bar-terraza dentro de la espesura de la ribera y, según informaban todos los manuales expertos, mascó poco a poco las frescas y tiernas hojas que con mucho cuidado le iba preparando aquel joven (segunda fotografía), tragó su jugo mezclado con saliva y retuvo unos minutos, en un lado del carrillo, el bolo formado por las hojas masticadas. Luego, se lo tragó también. Tomó unos pocos frutos secos para matar el sabor a verdín y bebió un trago de té para edulcorar la boca. Repitió este ritual al menos unas veinte veces (tercera fotografíahasta finalizar aquellos tallos cargados de tiernas hojas de khat. Expectante, esperó sus efectos.
Nada de nada.
¿Qué se comió entonces?.
¿Hojas de ‘cardo borriquero’?
¿Le engañaron como a un principiante?.
Otro elemento/mito viajero más, echado por la borda.
Nota.: El 11 de noviembre de 2012, "El País" publica una amplia crónica sobre el khat o qat, en Yemen.

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25 de octubre de 2012

Bello día, bello Kruger


En Nelspruit (Sudáfrica) alquiló el transporte para visitar el cercano Parque Nacional Kruger sin saber que iba a estar acompañado, únicamente, por una joven simpática alemana y no por un numeroso grupo. Como acostumbra a viajar solo, no siempre puede permitirse este tipo de licencias. En cambio allí, todo aquel especial 4x4, equipado para ver y fotografíar, era para ellos dos, únicos ocupantes. Ah, y el conductor-guía que hablaba poco pero lo suficiente pues cosas limitadas tenía que contar al viajero que únicamente pretendía pasar el día viendo, en su hábitat, animales libres, por otra parte, casi todos ya conocidos. La temprana salida, antes del amanecer, de aquella aledaña población fue en medio de un fuerte aguacero, que anunciaba malos augurios para todo el recorrido. Pero fue despuntar la claridad en el horizonte y dejar de llover.
¡Arriba la rudimentaria capota del vehículo, y a respirar la suave y húmeda brisa matinal!.
El sol se mostraba completo por el horizonte cuando iniciaban la visita. A partir de ahí, una temperatura idónea hasta que abandonaron el parque a última hora de la tarde, después de una agradable visita, pero -¡casualidad!- un cuasi-diluvio les recibió, de nuevo, a la entrada de la ciudad de Nelspruit.
Era inmenso el Parque Nacional. Gozaba de todo tipo de animales africanos, los cinco grandes, entre otros, aunque era el kudu el símbolo y emblema -aparecía en todos los carteles- y también uno de los libres y agrestes protagonistas. De fácil recorrido, poseía una carretera asfaltada que lo atravesaba de un extremo al otro con multitud de ramificaciones, muy bien señalizadas, aunque a este viajero insatisfecho y a la simpática alemana eso no les suponía beneficio alguno pues el conductor-guía contralaba estos pormenores.
En su momento, se habló del Kruger como el más numeroso en cuanto a animales, harto improbable pues apenas se veían grandes concentraciones de mamíferos o antílopes, lo que si ocurría en otras áreas africanas visitadas.
Pero,……, un bello día.
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19 de octubre de 2012

Cuestión de estatus


Una sugerente fotografía.
Siempre le ha parecido al viajero insatisfecho una instantánea retórica, aleccionadora y con mensaje. Ha tardado en dedicarle una entrada porque le parecía más apropiada para un ‘fotoblog’ que para un ‘blog de viajes’.
¿A qué pájaro se le otorgaría el poder?.
Tomada a las afueras de la ciudad de La Palma, en Panamá, hace ya dos años, no describe el viaje ni siquiera el paisaje, analiza -cree- el interior del observador.
Ahí queda.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

14 de octubre de 2012

No fue en un viaje a la India


El 3 de septiembre, lunes, paseando con un colega por la calle Arenal, en Madrid, nos quedamos estupefactos viendo a estos budistas. La gente se paraba y muchos echaban una moneda pues el espectáculo no era corriente.
Días más tarde descubrí el truco en Internet, que todo lo sabe, y se desvaneció la ilusión.
-El Porras-

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7 de octubre de 2012

El espíritu del Rey de Reyes / Etiopía


-Catedral de St. George / Addis Abeba-

Haile Selassie fue coronado el 2 de noviembre de 1930 en la catedral de St. George, de Addis Abeba. La coronación fue, en todos los sentidos, "el asunto más espléndido" en aquellos años, al que asistieron miembros de la realeza y dignatarios de todo el mundo. Entre ellos, se encontraban el hijo de George V, el príncipe Enrique, y emisarios de Estados Unidos, Egipto, Turquía, Suecia, Bélgica y Japón.
El autor británico Evelyn Waugh también estuvo presente. Si algún lector-blogger quiere conocer su interesante, irónica y brillante crónica sobre aquel evento puede leer “Gente remota”, un imprescindible libro de aquella época, no solo sobre Etiopía sino sobre varios países africanos que recorrió una vez cumplida su misión en Addis Abeba.
El mochilero leonés había leído el libro hace varios años.
Desde la parte sur de una empinada y extensa plaza, en aquel momento en obras, subió bajo un sol abrasador este viajero insatisfecho para visitar tan mítico lugar en el corazón del pueblo etíope. Al llegar a la catedral de St. George, con el cuerpo destrozado por una indisposición pasajera (ocurre a veces en los viajes), sólo pudo, por desgana y abatimiento, sacar una fotografía, beber un trago de agua, sentarse un rato para recuperarse y salir huyendo de allí.
El espíritu de Haile Selassie, Rey de Reyes, se había lanzado sobre este mochilero dañando su cuerpo, quizás con el peso de la historia.



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28 de septiembre de 2012

Dejaba mala conciencia / Etiopía


-Viviendas mursis-

Visitar a los ‘mursis’, en el Parque Nacional Mago (Etiopía), no fue una de sus mejores experiencias viajeras. Se sintió, otra vez -ya le había ocurrido con las ‘mujeres-jirafa’ en Thailandia-, culpable  de una situación denigrante para con un pueblo que no sabía si quería sobrevivir o lo que únicamente quería son los ‘birrs’ (moneda local etíope) que les reportaba ser atracción turística.
Dejaba mala conciencia.
[La presión turística que acucia a las playas españolas convierte a las mismas en un semillero de hormigón y perros falderos; la presión turística -menos, pero avanzando- que soporta esta originaria étnia somete a sus gentes a humillaciones bastardas].
La tribu ‘mursi’, indígenas del sur de Etiopia, vivían principalmente del pastoreo de grandes rebaños de ganado en el valle del Omo, parte del mismo convertido en PN Mago. También se dedicaban a la agricultura de cereales, sorgo y maíz, sobre todo, y eran, junto con otras etnias como los ‘banna’ y los ‘hamer’ ubicados en los alrededores, recolectores de miel.
-Joven mursi-
En una práctica ancestral se adornaban con espectaculares tocados en la cabeza e increibles dibujos y bellos ornamentos en sus cuerpos, decorados con pigmentos naturales extraídos de minerales y vegetales. Más anecdótico era que éstos, además, actuaban como repelente de insectos al haber sido mezclados con ceniza y orina de ganado. Se pintaban el cuerpo incluso varias veces al día, como una forma de seducción, de expresar su estado de ánimo o su orgullo.
Las escarificaciones y mutilaciones que se infligían eran también signos de elegancia, de fortaleza y valor.
Pero el poblado visitado, artificialmente creado en un arbitrario lugar, constituía, según opinión del viajero insatisfecho, una falsa vida.
Pero así estaban las cosas.
-Mujer mursi, con numerosas escarificaciones-
-Niños mursis, jugando a ser guerreros-
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20 de septiembre de 2012

El país de los lesulas


Cuando el otro día ojeaba ‘El País’, y se quedaba alelado al leer la noticia del descubrimiento del lesula -mono vegetariano aparecido recientemente-, su más profundo y alelado ‘yo’ le siseaba al oído interior: viaje.
Sí. Cuando el viajero insatisfecho accede a este tipo de noticias siempre le entra el descarnado deseo de meterse en una pequeña aventura. Sus condicionantes temporales y económicos se lo impedirán a la postre, decidirán por él, pero es conveniente reflexionar sobre el por qué de ese resorte interior que le conduce siempre a un expreso deseo de viajar. No hay nada comparable con entrar en contacto con las gentes de otro país diferente, raza o cultura, alguien dijo, o algo parecido.
Viajar es algo muy, muy serio,……, y divertido, y apasionante, y enfermizo, y gratificante,….Tal vez, también sea la fantasía imaginada durante un lento paseo, o sea trotar por un infinito desierto, o búsqueda pero sin duda no tiene por qué ser siempre, siempre descubrimiento.
En esta ocasión, hay una causa añadida: este mediano primate ha sido localizado en uno de los países más míticos de todo África, la República Democrática del Congo, antes, país de ‘mobutu’ o ‘kabila’ y, ahora, del ‘coltan’ y el ‘ébola’.
Aunque el número de lesulas es hasta cierto punto elevado, los investigadores han sugerido que se le catalogue como una especie ‘vulnerable’ dado que se enfrenta a un alto riesgo de extinción en estado silvestre al ser endémico de una sola región y presa fácil y frecuente de los cazadores locales. Y es sencillo de entender que especies como estas puedan pasar de ser 'vulnerables' a estar 'seriamente en peligro' en el transcurso de unos pocos años.

Lesula [Nadie negará su enfermizo parecido con 'la Aguirre'/'la tacones'. Si, si, 'la Esperanza'].


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15 de septiembre de 2012

Carne cruda / Etiopía


Una de las prácticas, sobre todo en el sur de Etiopía, era abusar de la carne cruda. La primera vez que presenció este viajero insatisfecho la ingesta de este tipo de carne fue en Arba Minch, y su primera impresión fue desagradable, alcanzando casi la repugnancia. Luego se habituó, aunque nunca llegaría a probarla. La semana que estuvo por la zona, observó varios desayunos, de media mañana, de gente local en los que únicamente se tomaba carne cruda de vacuno o cabrío. Reseñaría solo la naturalidad con que aquellos jóvenes etíopes de Jinka, poblado situado al sur, troceaban y masticaban tan ‘suculento magro’ y ‘apetitosa grasaza’.
Este país africano disponía de escasos mataderos en los que el control de la carne fuera eficaz y era preciso desconfiar.
Si probó el kitfo, plato tradicional muy presente en la gastronomía de etíope, consistente en carne de ternera cruda picada, pero calentada (vuelta y vuelta) y marinada con gran variedad de especias.
La base de ambos platos, y de casi todos, era la injera. Especie de pan plano muy fino, parecido a una crêpe, que tenía un sabor agrio, tirando a ácido, muy característico y especial. Se realizaba con la harina de teff, un cereal local muy difícil de encontrar fuera de Etiopía. Sobre esta base se ponían el resto de los alimentos. Pellizcando con la mano izquierda aquella pasta, los trozos se usaban para comer a modo de cuchara.

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7 de septiembre de 2012

Cabo Verde y Cesaria Evora

Y habiendo estado en Cabo Verde, sin mucho que contar, ¿por qué no hacer una entrada sobre música de las islas?. Un ‘post’ hasta cierto punto no vivido pues se alimenta más bien de la poca documentación consultada. Un ‘post’ que cree debe escribir y ‘no más’. Un ‘post’, en definitiva, que se lo podría haber ahorrado.
A la vuelta, cargó en su mochila azul con CD’s de música caboverdiana y, en particular, de Cesaria Evora.
¿Y…?.
Para incondicionales, forofos y, quizás, para expertos.
Casi para olvidar.
La ‘morna’ es un género musical de Cabo Verde relacionado -dicen- con el fado portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento angoleño. Los más atrevidos lo relacionan con el blues y algunas investigaciones parecen aseverar este hecho: se aprecian similitudes interesantes y conexiones culturales significativas entre la ‘morna’ y la música negra de Estados Unidos.
Tradicionalmente tocada con instrumentos acústicos, la ‘morna’ trata de reflejar la realidad insular de su pueblo, el romanticismo de sus cantantes y músicos y el amor por la tierra que se ha de abandonar aún queriendo quedarse. Del “Best of…. Cesaria Evora” adquirido, este viajero insatisfecho podría salvar ‘Sodade’ y ‘Cabo Verde terra estimada’. Del resto, destacar su hermosa voz y olvidar.
[Como todo el mundo la conoce, se puede, o no, estar de acuerdo con estas afirmaciones].
Cesaria Evora, nacida en la isla Sao Vicente, cantante premiada con un grammy y apodada “La diva descalza” es, sin duda alguna, el más famoso exponente de este género musical caboverdiano.


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