Hace unos días
recibía unas fotos de Panamá y, casualidades de la vida, un primer plano de
unas ‘cutarras’ panameñas (segunda fotografía). Recordó entonces aquel viaje al país, y rememoró la
conversación con aquel amable y curtido ‘tableño’ (de Las Tablas) en aquella
céntrica y vieja cantina, que llevaba este calzado con gran naturalidad.
Las ‘cutarras’,
convertidas en símbolo del trabajo y de la tradición del hombre de la región,
tienen un origen antiquísimo (“hasta
Jesucristo las llevaba”, dicen algunos), con multitud de modificaciones,
variantes y usos. Ahora, según parece, hacen ‘cutarras’ con fijador o frenillo,
sostén de lujo, entre otras, y grandes personajes del folclore panameño son
expertos artesanos y contrarios a que esta tradición se pierda.
Frecuentemente fueron
utilizadas como zapato de trabajo por el campesino panameño. Cuando los
colonizadores españoles introdujeron el ganado a la región, aprovecharon el
cuero para confeccionar este tipo de sandalia, que los nativos bautizaron con
el nombre de ‘cutarra’.
Este viajero insatisfecho escuchó atentamente las explicaciones de aquel personaje ‘tableño’ sobre su fabricación, su tradición y su dificultad, y recuerda estos objetos con especial ternura. Hoy, muestra varias fotografías pero, sin duda, centra su ternura en la primera: ‘cutarra’ curtida, vieja y ya sudada pero sujeta a la realidad y sufrimiento de aquel pie campesino, quizás, albañil.
Este viajero insatisfecho escuchó atentamente las explicaciones de aquel personaje ‘tableño’ sobre su fabricación, su tradición y su dificultad, y recuerda estos objetos con especial ternura. Hoy, muestra varias fotografías pero, sin duda, centra su ternura en la primera: ‘cutarra’ curtida, vieja y ya sudada pero sujeta a la realidad y sufrimiento de aquel pie campesino, quizás, albañil.
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