25 de octubre de 2010

Color tizón

Sólo sería culpable si fuera inocente de trabajar para destruir el racismo en el país”.
Este viajero insatisfecho no va a provocar un acertijo acerca de quién escribió en una novela esta enrevesada, aunque elocuente, frase.
¡Se ha hablado tanto de racismo…..!
¡Se ha escrito tanto de racismo…..!
¡Se ha novelado tanto sobre el racismo….!
Son palabras casi actuales sobre un mundo casi actual.
En su alegato defensivo durante el juicio, Lionel Burger, personaje de novela/realidad acusado y condenado por ser colaboracionista con los negros durante el apartheid en Sudáfrica, soltaba esa firme y contundente frase inicial.
Este país (post-apartheid), que hace tres años pisó este mochilero, nada tenía que ver con lo que describía Nadine Gordimer, en el libro ‘La hija de Burger’.
Nada tenía que ver, pero los pasos gigantes de cambio dados por Mandela habían tropezado, y siguen encontrando muchos obstáculos.
A nivel general, el individuo que limpiaba; el que servía; el que fregaba; el que paseaba sin rumbo por las calles seguía siendo de color tizón [permítasele esta licencia poética, que contiene indignación implícita].

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16 de octubre de 2010

Lapu-Lapu

Lapu-Lapu fue a Magallanes lo que Atahualpa a Pizarro. Con matices, claro, pues el primer nativo salió victorioso y el segundo, en cambio, derrotado. El guerrero indígena Lapu-Lapu se convirtió en héroe filipino por ‘su acoso y derribo’ a Fernando de Magallanes. Él fue quien asesinó al navegante portugués, en Punta Engaño, e impidió que completara la vuelta del mundo.
Las versiones del cruento desenlace eran varias. Había quien decía que al arribar a la isla, con el agua aún por las rodillas, el héroe filipino le lanceó y murió; otros creían que fue muerto por el guerrero al tratar de imponer por la fuerza sus preceptos (quizás, religiosos) al entonces cacique de Mactán. Era necesario tener en cuenta que los hechos ocurrieron en 1521 y los documentos eran escasos.
La leyenda se mezclaba con la historia.
Fuera como fuere, por todo Filipinas se alzaban estatuas en su honor (la de la fotografía estaba situada en Manila) y tanta su fama que Lapu-Lapu era, incluso, el nombre de uno de los pescados más populares de las islas. Un pescado tan grande y feo como el mero e igual de sabroso.
Decían,……………., y el viajero insatisfecho creyó.

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10 de octubre de 2010

Un poco de miedo y candor

Por la fotografía bien pudiera ser un pueblo de La Mancha, y la silueta, tal vez, de un Don Quijote reencarnado, sin su Rocinante, pero posando para la posteridad.
No.
No, la ciudad es Cartagena de Indias (Colombia) y la silueta, la del viajero insatisfecho. Hermosa ciudad esta Cartagena de 1994 (Uff, ¡cómo pasa el tiempo!). Uno se imaginaba, entonces, encontrarse con Gabriel García Márquez en cualquier esquina o sentado en cualquier Café, leyendo y releyendo la crónica local.
- Eeeeh, viajero. Gabo quiere verte, le gritarían.
Pero, no. Lo que realmente descubrió fue al colombiano alegre, acogedor, y reservado, en muchos casos. La parte vieja era un hervidero de tiendas de recuerdos, antiguos palacetes, casas de viejos indianos,…., y bellas colombianas, que miraban marrones con viveza, curiosidad y candor.
Los días de Cartagena fueron menos claustrofóbicos que los de Bogotá, no en exceso pero lo fueron. La guerrilla era un problema y el avión se erigió como la mejor solución para ascender desde la capital hasta orillas del mar.
- El autobús es peligroso.
- La guerrilla esta por toda la ruta.
- Se producen muchos robos, asesinatos y secuestros.
Con estas recomendaciones bogotanas era complicado meterse inconsciente en un atestado autobús.
No siempre el mochilero necesitaba escuchar estos mensajes protectores.
No siempre eran verdad.

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2 de octubre de 2010

Fertilidad con cocodrilos


Este viajero insatisfecho se esta acostumbrando ya a visitar charcas de cocodrilos, a fotografiarse con ellos e, incluso, a tocarlos.
Katschi-Kali, así se llamaba el lugar, era una incipiente, aunque creciente, atracción turística en Gambia. Era difícil de entender cómo aquella aglomeración de cocodrilos (había, entonces, más de 100) podía vivir en aquellas aguas así de apiñados; no crear muchas rencillas entre ellos y, encima, soportar la diaria presencia de visitantes que acudían (y acuden) de visita, al ritual de limpieza y a fotografiarse con ellos.
Incluso, a tocarlos.
El guía local, en aquella ocasión, contaba su particular e increíble leyenda. Ese pequeño lago, atestado de cocodrilos, fue descubierto hace ya muchos años por un labriego de los alrededores. Su mujer, en un acto que ahora se calificaría de total inconsciencia, sumergió varias veces en la charca al bebé que llevaba en brazos. Cuando le sacaba, aparecía siempre ‘vivito y coleando’, a pesar de patalear un rato entre voraces cocodrilos.
¿Era increíble la historia, o no?.
Fue por eso que el lugar se constituyó sagrado para los lugareños y se vinculó, desde entonces, a los ritos de fertilidad femeninos. Las mujeres con problemas de fertilidad acudían al lugar, al lavado ritual de sus partes íntimas. Además, se llevaban agua en recipientes a sus casas para continuar allí con ese particular ritual.
A cambio, se esperaba que hicieran una pequeña donación en efectivo, un regalo, un trozo de tela o una ‘nuez de cola’, muy buena esta última para el vigor y potencia sexual. La mitad de estos donativos se lanzaban a la piscina para aplacar a los cocodrilos.
Así, parecía cuadrar la historia, la tradición y leyenda.
O no.

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26 de septiembre de 2010

Wole Soyinka / Primer Nobel africano


Pero nada pudo igualar el momento en que, por una vez, comprendí qué gran don era ser uno más de la población superflua del mundo’ (Soyinka, Wole, ‘Partirás al amanecer’. RBA Libros. Barcelona, 2010).

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21 de septiembre de 2010

Cuenta la tradición.......

No está nada claro que sea el edificio más antiguo de Ghana, pero ¿a que es original?. Los locales aseguraban que esta mezquita fue construida por un comerciante islámico, llamado Ayuba, allá por el 1421.
Bien o aparentemente bien conservada -el viajero insatisfecho no pudo entrar en su interior, aunque sí pagó una pequeña cantidad de cedis/moneda local (son las pequeñas calamidades viajeras) para su supuesta conservación- era uno de los pocos edificios ‘visitable’ para los viajeros y turistas que se acercaban al Mole Nacional Park. En las inmediaciones de este Parque estaba Larabanga, pequeño pueblo donde se encontraba la mezquita.
Descendió de la moto al lado de un viejo y solitario árbol en una entrada lateral (aquel día iba de ‘paquete’ en una especie de destartalada Vespino) y la rodeó lentamente, como si fuera un peregrino ante la ‘kaaba’ de La Meca, para observar su amplitud. Era un pequeño recinto religioso-muslim.
La tradición local, poco creíble por cierto, decía que el fundador de la mezquita estaba viajando por la región cuando encontró una mítica piedra que se encontraba en las afueras de Larabanga, en dirección de Wa, y decidió, por alguna razón inexplicable, arrojar su lanza desde allí para dormir donde aterrizara. Durante la noche tuvo un extraño sueño con una mezquita, cuyos cimientos aparecieron misteriosamente en el lugar donde dormía cuando él se despertó. Ayuba completó la construcción.
Bueno, bueno. ¡Menuda tradición!
El caso real era que estaba allí y mantiene la fisonomía que aparece en esta reciente fotografía.



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15 de septiembre de 2010

Albert Market / Gambia



El Albert Market de Banjul (Gambia) merecía una reposada visita.
Por otra parte, como cualquier otro mercado africano.
En esta ocasión, el viajero insatisfecho, que ha visto muchos y variados, no se resiste a contarlo porque les ocupó la mañana.
Lluvia, viento y ventisca. Agua, y más agua. Agua jarreada desde el cielo con tal fuerza que les obligó a encontrar cobijo en un destartalado, aunque muy organizado, puesto de coloridas telas. Desde aquel privilegiado punto de observación, acompañados de la simpatía de su dueño, se veía transcurrir el minuto a minuto de una gente que se adaptaba a todo, en perfecta simbiosis con la impredecible naturaleza. Unos, corrían bajo el intenso aguacero; otros, ordenaban y protegían sus pertenencias; los más, buscaban refugio en tenderetes y lonas; enfrente, dos mozalbetes, subidos a un taburete de madera, esquivaban los regueros de agua e, inmóviles, esperaban a que las nubes callaran.
El agua, que insistió en caer una hora muy larga, pareció limpiar el fuerte y cercano olor a desperdicios casi pútridos y dejó las calles aledañas convertidas en un sucio mar por donde los coches trataban de circular en medio de nerviosos acelerones.
Fue una mañana de tenderetes, menudencias cárnicas, bazares, ropajes de colores, uralitas metálicas, plásticos y escaparates. Todo parecía abarrotado, atestado, apelotonado y abigarrado de objetos.
Fue una mañana de collares de madera, estatuillas, sastres en sus puestos de trabajo, jarroncitos, verduras variopintas y aguas putrefactas, pero, también, de mujeres impolutas -entre el barrillo y desperdicios-, vestidas con increíble mimo y destreza.
Olían a viento oceánico y maderas ribereñas.

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10 de septiembre de 2010

Una 'blogger' y el cuarto mono

Otra blogger, en una de sus entradas, publicaba unas fotografías sobre los ‘tres monos’, y su simbolismo en Japón. En referencia a ese particular gesto de los monos decía: "Ver, oír y callar’, sería nuestra forma diferente de expresar la discreción. Podría traducirse en la frase ‘No digas todo lo que sepas, no mires lo que no debas, no creas todo lo que te dicen".
Esta sería la explicación de su significado, en base a la sabiduría oriental.
Aquí, los otros fetiches (similares) que vinieron de Gambia, que ya habían sido regalados, pero recuperados en fotografía para la ocasión.
Este mochilero, en contra de aquel significado, espera ser el ‘cuarto mono’: el mono insatisfecho, el mono inconformista, el que no se habitúa a ‘ver, oír y callar’. El mono que defiende la libertad más allá de la supuesta sabiduría oriental, que -por cierto- ya se han encargado los chinos-post-Mao de destrozar (Más que hablar de la sabiduría oriental de otros tiempos, habría que hablar de la baratija oriental, lo que nos viene ahora de ese oriental territorio chino).
El ‘cuarto mono’ que sale a recorrer el mundo; a reinventarse con él; a reconocer y responsabilizarse de sus virtudes y defectos.
A buscar una sociedad con menos sabiduría.
Distinta.
La humanidad globalizada tiene esas ventajas.

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3 de septiembre de 2010

El mandinga y el catalán

Este viajero ha pasado unos días de agosto visitando Gambia, de donde contará alguna vivencia.
¡¡No se librarán sus bloggers/amigos!!.
Es un país de habla inglesa y multitud de lenguas locales, como el mandinka/ga, el wolof, el fula, y otras muchas. Conviven todas ellas. En esa convivencia tolerante y riqueza lingüística, no observó -y lo certificó con preguntas- ninguna tirantez o desavenencia.
Todo ello, digno de un gran pueblo.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
En el vuelo de regreso, un individuo (para abreviar, en adelante será llamado 'memo'), ocupante del asiento de detrás de este viajero, le decía a la azafata en catalán y tono imperativo, “hábleme usted en catalán”. Después de un extraño ruido, como el de una botella de plástico al caer (no miró en ningún momento hacia atrás), la voz femenina le respondía educadamente “le puedo hablar como lo estoy haciendo, o en inglés, incluso en un elemental euskera (estuve en Donostia dos años), pero no en catalán que desconozco”. “Ve como me entiende -añadió de inmediato el memo. Pues, entonces, hábleme en inglés”.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
Este viajero insatisfecho pensaba y pensaba.
Meditaba y meditaba.
Concluía y concluía.
Si estos memos aumentaran y alcanzaran un porcentaje relevante, este mochilero se mostraría partidario de ‘romper la baraja’. Y ‘romper la baraja’ supondría ‘cortar las alas’, en el sentido político del término, claro.
¿Hasta dónde?.
Hasta que la indignación sentida fuera, con creces, resarcida.

Y fue mucha.
[Este leonés mientras más viaja menos entiende su casa].

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24 de agosto de 2010

Las leyes darwinianas / Gambia

Cada país enseña a los turistas/viajeros lo que tiene. Gambia no tiene grandes parques nacionales ni, en ellos, voraces animales africanos. Es un país adosado al río del mismo nombre; sus gentes, agradables en extremo, y poco más.
¿Te parece poco viajero insatisfecho?.
En la desembocadura de ese río, unos inmensos manglares.
Como ha dicho en otros ‘posts’: ¡ese territorio manglar tiene mucho encanto!.
Genera belleza y misterio.
Respira humedad e intenso calor.
Olor.
Pero aquí, en este particular territorio, las leyes de la evolución darwinianas han alcanzado su máximo exponente. El hombre (ver fotografía) se ha adaptado a vivir en las orillas de los ríos en las inhóspitas ramas ribereñas. Como hubiera dicho Rodríguez de la Fuente (al leer, poned tono imitador), “atenazados por esa suprema necesidad de subsistir, el homo sapiens, como los monos, asciende a las endebles ramas de los grandes manglares para reproducirse y aparearse”.
Por supuesto: BROMA.
Una -cree este viajero- singular foto de un joven y simpático pescador de tilapias, sorprendido en los manglares de Oystrer Creek, cerca de Lamin Lodge, en el río Gambia.


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16 de agosto de 2010

Breve apunte / Gambia

Para descubrir Gambia lo mejor es tomar un taxi colectivo y recorrer, fijar la vista en el paisaje y aguzar el oído para empaparse de las animadas conversaciones de los demás pasajeros”, dice el libro-guía que ha caído en manos del viajero insatisfecho.
¡Anda! para conocer Gambia y, también, para conocer cualquier otro país africano.
Al menos esa es su experiencia.
Pensando en cualquiera de los países visitados, el bus y el taxi colectivo son los vehículos del aprendizaje, los habitáculos donde se toma el pulso al territorio en cuestión. Mirar, observar, escuchar, oler el olor africano -a veces, hedor- y sentir el sudor ajeno es la manera más eficaz de organizar la mente para entender a estas gentes del continente negro.
Y al pensar en Gambia, pensó en un extraño país, con una historia tan singular como extravagante su geografía y localización.

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(*) Mapa de 'Google'

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10 de agosto de 2010

Infidelidad -Cuento africano- (*)

Ayabo, vendedora de alfarería, estaba casada con Akele, a quien engañaba abundantemente y con tanta comodidad cuanto que el marido se ausentaba con bastante frecuencia para viajar durante tres o cuatro días.
Al inicio de una semana, Akele partió de gira y, habiendo terminado rápidamente sus asuntos, estuvo de regreso el día siguiente al crepúsculo.
Un galanteador se había encerrado con la mujer. El marido, sin desconfiar, se extrañó sin embargo al encontrar cerrada, a aquellas horas, la entrada del portal. Golpeó el marco y aguardó.
Al oír los golpes, Ayabo reconoció al que llegaba. Sin perder tiempo, avisó a su amante de que buscara un lugar propicio para ocultarse y, luego, descubriendo una gran jarra, le aconsejó que se metiera dentro y le ayudó a hacerlo, tras lo cual corrió a abrir la puerta a Akele.
Mientras el marido se cambiaba de ropa, apareció en el umbral un segundo amante. Divisando al marido, a quien creía muy lejos de allí, supo contenerse, saludó y dijo:
- Vengo a buscar la jarra que he encargado.
Ayarbo le vendió de inmediato la jarra que contenía al hombre oculto y, no pudiendo, debido al peso, colocarla, por sus solas fuerzas, en la cabeza del comprador, rogó a Akele que le ayudara.
El comprador salió de la casa y, doblándose bajo la carga, gritó de pronto:
- ¡Dios, qué pesada es!.... Realmente, quien busca la mujer de otro encuentra mucha desgracia.
Del recipiente brotó una voz cavernosa:
- ¡Ah, ah! ¡Qué cierto es eso!... ¡Pienso lo mismo!.
Asustado, el portador dejó caer la jarra que se rompió, liberando al prisionero…. En la oscuridad, dos hombres huyeron cada uno por su lado
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Moraleja: Es pueril imaginar que puede existir una sola mujer realmente fiel. La mujer es “Nionu”, es decir, “beber y dejar bebida a los demás”. Dicho de otro modo: ningún hombre puede ‘ocupar’ una mujer hasta su muerte.

(*) Trautmann, René. Los cuentos pasan… Leyendas e imágenes de la Costa de los Esclavos, José J. de Olañeta, Editor. Palma de Mallorca, 2007.

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2 de agosto de 2010

Más antropólogo que arqueólogo

Este viajero insatisfecho se siente más antropólogo que arqueólogo (no es ninguna de las dos cosas); se implica más con la gente que con ‘las-piedras’. No lo puede evitar. Y hace esta declaración de principios por las insistentes propuestas para que este verano visite Roma, o Grecia, o Siria.
Pues no.
Le dicen más los ojos de un niño, o la mirada de una mujer, que veinte mil decorados de ordenadas piedras de 30 siglos de antigüedad.
Es el hombre y no ‘las-piedras’ las que crean el tiempo y, como decía Kapuscinski, ‘la existencia del tiempo se manifiesta a través de los acontecimientos, y el hecho de que un acontecimiento se produzca o no, no depende sino del hombre’.
‘Las-piedras’ son otra cosa, quizás, la herencia humana, si, la herencia del hombre que crea el tiempo.

Gentes -que no piedras- de Ghana:


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25 de julio de 2010

Cazadores de saltamontes

No es fácil convertir unas viejas fotos en un documento valioso. Para el viajero insatisfecho, sí, pues todas y cada una de ellas tienen su momento, que convertido en recuerdo, constituye un grano-de-arena en su vida.
Habían aparcado la moto y caminaban, el motero-guía y él, por una angosta vereda, después de haber visitado el poblado de las ‘mujeres jirafa’, hacia un pequeño paso fronterizo con Birmania. Acababan de dejar a un lado un poblado karem, originario birmano, refugiado en Tailandia y, mientras avanzaban, diversas imágenes cotidianas y sencillas se sucedían. Ahora, guardadas en su mente.
Una de ellas es la de la fotografía.

Niños de un pobre y cercano poblado (cada uno de estos asentamientos más mísero que el anterior) se entretenían cazando saltamontes, como juego y posterior alimento. Constituían una especie de pelotón de combate, cada uno de ellos especializado en un armamento. Estaban los azuzadores (1, 3 y 4) que con un sencillo palo se encargaban de rodear al animal y sacarle de la espesa maleza; el ‘inmovilizador’ (2) que en un descanso y despiste del bicho, le sujetaba veloz con su arma, y el captor (5) que una vez inmovilizado le agujereaba con el afilado aguijón de madera que portaba. A la vez, éste servía de transporte (No se aprecia, excepto en sus alegres ojos (5), pero transportaba ya dos de estos insectos).
Creed ahora al mochilero, que observó, detenido a lo lejos, su acción de ataque, y exhibe ahora documento acreditativo. Posaron para él, resignados, después de iniciada, aunque no finalizada, la batida.

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16 de julio de 2010

¿La playa 'Seven Commandos'?

En la bahía de El Nido, en la isla de Palawan (Filipinas), lo más sencillo y atractivo para el visitante era navegar alrededor de las cientos de islas que componían el archipiélago Bacuit, un paisaje de gran belleza (eso sí, nada que ver con la vietnamita bahía de Halong, como algunos libros-guía se atrevían a comparar). Un barco y un piloto, a la vez, guía, era todo lo que se necesitaba para hacer un bello recorrido y pasar una jornada sumido entre agua y calor. Bajo aquel sol-calor, las islas se uniformaban y las aguas se juntaban en el horizonte con la bruma sol-calor. En todo aquel mar, plagado de islotes, primaba el silencio que calmaba incluso el latido de un corazón emocionado.
Todas ellas, y sus playas, tenían su nombre en lengua tagalo o visaya, pero los americanos -supone el viajero insatisfecho- no tuvieron reparos en dar sus propios nombres ingleses a cualquier apartado rincón. Esos nombres aún permanecían.


¿Cómo si no una isla se podía llamar Helicopter Island/Isla Helicóptero (por su forma, y vista a lo lejos) o Snake Island/Isla Serpiente (por su cola arenosa de cientos de metros que se interna en el mar) o Seven Commandos Beach/Playa Siete Comandos (accesible únicamente por barco).

¿Cómo pudieron tener aquellos post-colonizadores americanos tanto afán guerrero para ponerle ‘Seven Commandos Beach’ a una bella y tranquila playa?. ¿Quizás allí permaneció guarecido el ‘Séptimo comando’ antes de una incursión contra los japoneses en la II Guerra Mundial?.

Hay veces que la locura que nos trasladó la película ‘Apocalypse Now’ no está tan alejada de la realidad.
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13 de julio de 2010

El éxito se celebra en el 'rincón de la Roja'

Si hace unos días el ‘post’ sobre el ‘rincón de la Roja’ recibió críticas dispares, tanto dentro como fuera del mundo blogger, hoy -después del éxito de la Roja- su Mary Kingsley ha decidido imbuirse de los colores del país al que representa o, mejor, el que la sostiene.
¿Qué mejor idea que colocarse unas braguitas amarillas?. Su decisión no fue precisamente por las pasadas críticas recibidas ante la falta de pudor por tener sus partes íntimas a la vista de cualquier mirón, sino porque ha sabido emplearse a fondo y mimetizarse con el país, España (Si no se aprecia, ver el 'detalle aumentado').
Mary Kingsley supo integrarse en 'el rincón', ha sabido mimetizarse con el éxito español y sabrá reemprender el viaje a su habitual puesto en el salón. Atesora, ahora que llegó el verano, la sensualidad de la piel, el calor, el sudor, el color del sol, el imperio del cuerpo,....
Es, en definitiva, un orgullo para su protector, viajero insatisfecho.

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8 de julio de 2010

Saramago 'blogger'

-Hoy, la entrada no es de 'viajes' es de 'admirador'-
Dijo Saramago en su discurso de aceptación del Premio Nobel:
La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron”.
Y este blogger [Viajero insatisfecho] piensa que lo dicho en aquel ambiente, para el portugués claramente hostil, falso y solemne, estaba muy alejado de su realidad como persona. Aunque sus personajes fueron muchos y muy variados, lo que le daría la razón.
Tal vez lo pronunció porque había que hacerlo (esto extrañaría a cualquiera) o por el aturdimiento del momento, pero si hay un escritor con más voces que Saramago, la academia sueca no lo encontrará entre sus insignes.
Seguro.
Saramago fue la voz de los pobres, de los boquiabiertos, peleones, insatisfechos, ‘aminatu haidares’; de los incondicionales, de los luchadores, rebeldes, ‘garzones’, amigos, ‘antiPPeros’. Luchó contra todo lo ‘luchable’ y apoyó todo lo ‘apoyable’. Nunca fue difícil encontrar en los periódicos un titular “Saramago apoya (bla, bla, bla)….”.
Un día, en uno de sus artículos, o en alguna referencia quizás, este viajero leyó algo semejante a “el discurso político es de ocultamiento”, que era, y es, una verdad sobrada, pero difícil de sintetizar de manera más clara en esas seis palabras. Por eso, este ‘nobel’ no se cubría las espaldas de su dignidad: acudía sin ser llamado, estaba sin importar la oportunidad. Su discurso vital no era de ocultamiento sino de transparencia interior.
¿Se podría llamar a esto honestidad?. Se podría.

Tal vez no fue muy conocido, pero comenzó a escribir un blog, El cuaderno de Saramago, poco visitado por este viajero (hoy, reconvertido en admirador) pero recuerda haberlo ojeado cuando decidió curiosear entre los blogs de personas con renombre. En aquella bitácora hablaba de cosas cotidianas, del día-a-día social, de lo escuchado y reflexionado en cualquier medio informativo. No parecía ser Saramago su sombra inductora pero -a este blogger- le consta que lo era, incluso, en su momento, se despidió de sus lectores con un "Adiós, por tanto. ¿Hasta otro día? Sinceramente, no creo".


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1 de julio de 2010

Polito y el corzo: Viaje a la libertad

Según este ya insistente y veterano blogger, Viajero insatisfecho, si un ‘post’ habla de viajes y libertad es en sí mismo una gran entrada. Una gran aportación al mundo y, sin pretender ser altanero, un sabroso broche de oro para el lector.
Este ‘post’ habla de un viaje a la libertad ¿hay algo más admirable y completo?
La historia arranca en un pequeño pero peligroso canal de regadío donde decenas, o centenares, de corzos encuentran su final al caer en él sin posibilidades de salir, ahogándose en sus aguas.
Uno de estos pequeños animales es recuperado, al borde de la extenuación, por un cercano (de familia) agricultor/ganadero local que, sin atender a sus elementales instintos pero sí sus sensibilidades, decide cuidarle con esmero. Aunque el pequeño corzo sigue asustado, dos o tres días de atenciones parecen suficientes para su completa recuperación.
Y ahí comienza el viaje a la libertad.
Carga al animal en su coche-furgón y en una explanada, al amparo milenario de unas piedras ya famosas (monasterio de San Miguel de Escalada), procede a cumplimentar su apuesta. Desata la cuerda, necesaria para el transporte, y deja al pequeño corzo sobre la hierba, bajo la oscura mirada de antiguas sombras de monjes y beatos. Continúa asustado; fuerte pero tembloroso. Ya sin ataduras, acecha tímido a su rescatador y cuidador que se encuentra cerca, a sus espaldas. No hace el más mínimo movimiento de escapar.
Pasan catorce minutos de adaptación, observación y espera.
De pronto, mueve sus músculos torácicos, yergue sus mustias orejas, ojea las cercanas piedras milenarias del famoso pórtico mozárabe y con un ágil salto inicia su carrera/viaje hacia la libertad.

¡¡Bravo ‘Polito’!!

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26 de junio de 2010

Un cuento (africano) inventado


En un pequeño poblado, en la tupida y selvática zona de Kigali, en Ruanda, había una minúscula cabaña a las afueras que servía para recoger a los permanentes caminantes que transitaban por aquellos parajes selváticos. El receptáculo en cuestión tenía unos siete destartalados camastros que servían a los cansados viajeros para encontrar un rato de tranquilidad. Pero, poco a poco, los ‘monos’ del lugar fueron tomando terreno dentro, para pasar la noche. Al principio, estos ‘apestosos babuinos’ ocupaban un minúsculo espacio, tímidos, silenciosos, sin molestar a nadie y sin que nadie se sintiera molesto. Lentamente, aprovechándose de la bondad del resto de los huéspedes que temporalmente allí encontraban refugio, fueron llenando e invadiendo el pequeño recinto.
Los ‘monos’, además, saltaban, chillaban y sobre todo pedorreaban. Uno de ellos, empezó con ‘pedos de cuco’, suaves y delicados, pero -‘in crescendo’- al poco tiempo soltaba ‘pedos de hiena’, que olían a carnaza putrefacta y vomitiva.
- Terminará -dijo uno de los viajeros perjudicados- soltándolos ‘de ballena’, grandes, voluminosos, sonoros y con burbujas.
Estrujando, además, las justas normas antaño establecidas, ellos [los monos] también guardaban un riguroso orden para salir de la choza y hasta que no les tocaba el turno ni se movían. Incluso, en ese momento, alguno aprovechaba para dar la vuelta al recinto y ocupar de nuevo otra plaza. Llegó a haber cinco ‘monos’ al mismo tiempo en un espacio diseñado para siete viajeros.
Aquello que, en una lejana época, se construyó como descanso del viajero, se había convertido -con el tiempo- en la ‘choza de los monos’, ya agresivos e invasivos.
¡A ver quién se atrevía a echarlos!.

El hechicero/a del poblado tuvo que intervenir”.
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Moraleja: Cuando aparece gente "cansina, pertarda y toca-pelotas", no sólo tú te das cuenta.

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21 de junio de 2010

Baila Brasil

En Brasil, el visitante puede encontrar todo tipo de ‘cacaos’ mentales, estridencias, sensibilidades y sensaciones. Es un país mágico. Donde todo es grande, como su selva (amazónica), como su río (Amazonas), como sus costas y playas, su samba o sus futboleros. Brasil es una nación que concibe el baile como algo sensual, bestia, caliente y, a veces, perfeccionista. Pero el viajero insatisfecho todavía se pregunta qué pretendía el hombre de la fotografía al marcarse un baile en la cumbre de aquel viejo, peligroso y endeble tejado. La fotografía esta tomada en Salvador-Bahía, en la vieja ciudad (Cidade Alta), más allá de donde el escritor Jorge Amado (un mito local) tuvo su morada, ahora museo. Más allá del cuidado barrio histórico, acabado ya el bonito adoquinado y el alisado asfalto; donde habían comenzado, y continuaban, los socavones callejeros y aceras destrozadas.
Si el lector se fija, la fotografía toma movimiento y el muchacho se convierte en actor ocasional en busca de un mísero aplauso o una instantánea de cámara escondida, como la del viajero boquiabierto. Quizá buscaba el desnudo mental -no físico- o ser internacional por un día, traspasando así las fronteras de su país en negativo fotográfico.
¡Baila brasileiro!.

¡Baila Brasil!.

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15 de junio de 2010

Un mini-viaje al 'rincón de la Roja'

Animado por “paco nadal”, estimulado por “carmen-frei”, empujado por “Nurianómada” y jaleado por “gloriainfinita” este mochilero no va a enseñaros su mesa, que tiene mucho polvo, desorden, ‘cutrerías’, un ordenador y un único bolígrafo “Pen by Fisher”, utilizado por los astronautas para sus viajes a la MIR, o eso decía su publicidad (¡que pijo!). Ya ha visitado cuatro o cinco países y, con él, el viajero apunta teléfonos, notas, palabras, direcciones de e-mails,….. (to-toíto-to).
Es su culpa, por tener amigas regalonas.
Pero si os va a enseñar el “rincón de la Roja”, no por su afición futbolera, que tiene menos de eso que de repulsión por ‘la cucaracha/blogger’, sino porque en las tardes de silencio-meditación-reposo le gusta gansear un poco, o un mucho, y se le ocurren patochadas, ‘mamonadas’ o gambadas como la que muestra.
Pero, de ellas también se alimentan los insatisfechos y hablan, también, un poco de su persona. A nadie podría destacar mejor que a su “Mary Kingsley, ahora en el rincón de la Roja”.

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13 de junio de 2010

Un 'cucaracha-blogger'


En esto de los bloggers, o al menos de algunos bloggers, hay cosas a veces difíciles de comprender. A este leonés, que pretende estar lejos de hipocresías y falsedades, en muchos casos, le indigna. Hay personajes en este mundillo (piénsese en un ‘cucaracha-blogger’, por ejemplo) tan presuntuosos y patéticos que -sin ser psicólogo se puede deducir- tienen ellos la sensación de que ‘participan’ en los problemas desde el teclado, y los ‘solucionan’, cuando escriben en portada cuatro frases mal hilvanadas, o de ‘corta y pega’, pretendiendo con ello pavonearse y decirle a su parienta/amiga/amante (o en masculino) que eso lo están haciendo ellos (se les hincha el pecho, entonces) y, encima, “aparecemos -añadirían- en la pantalla de cualquier ordenador del mundo entero”.
Con ese ‘traspasar-las-fronteras’ ya se sienten satisfechos y henchidos. Hay, entonces, personas memas que se solidarizan con ellos y ponen mensajes de apoyo. Es, en ese momento, cuando el susodicho blogger remueve el culo en la silla y alerta a su parienta/amiga/amante (o en masculino) que ya tiene ‘tropecientos’ apoyos a sus posturas (ridículas, claro) y le leen en cualquiera de los cuatro puntos cardinales.
¡Valiente mierda de blogger, apoyos y petardeo!.
Visto desde fuera, uno piensa si no hubiera sido mejor que este engendro del ‘corta y pega’ lo hubiera lanzado a los cuatro puntos cardinales, pero del salón de su casa, sin conectarse a la blogosfera para echar toda esa basura en ella.
Reivindicaciones, si, pero con estilo.
El viajero insatisfecho escribe de viajes, pone su granito de arena contando experiencias y dando a conocer ciertos puntos del globo, como otros conocidos bloggers, y ninguno de ellos invade portadas y pide apoyos de otros memos viajeros para salvar, secundar o apartar no-se-qué causa.
¡A mamarla!.

Copyright © By Blas F.Tomé 2010

7 de junio de 2010

Los niños, en la ruta

Visitar el valle del Colca, en Perú, era muchas cosas. Era un largo camino desde Arequipa; un trayecto en autobús en el que se alcanzaban cotas de 4.500 metros, donde se sentía el altiplano de tierra yerma y fríos humedales y, también, el soroche de altura. Era un valle profundo; unas terrazas de cultivo incas muy antiguas pero casi abandonadas; eran unos bellos pueblos en plena tranquilidad; un paisaje herido, a veces, por un fuerte terremoto; un lugar ideal para el avistamiento del cóndor,….
Pero también era un lugar turístico, donde uno de ‘los platos fuertes’ para expoliar al visitante eran los niños, ataviados con su ropa tradicional y acompañados, casi siempre, de una joven alpaca (ver fotografía). Un día cualquiera, a una hora cualquiera, se podían encontrar niños o niñas en los lugares de descanso y en los puntos de interés turístico, que había muchos.
Lucían todos ellos simpática y tímida sonrisa.
Nunca le gustaron al viajero insatisfecho esas escenas obligadas, preparadas y manipuladas.
Aunque nunca definió su forma de actuar ante ellas.
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31 de mayo de 2010

La monja loca

La influencia del castellano en Filipinas se mantiene, de manera muy comedida, pero se mantiene en algunos detalles. El peso del inglés fue tan fuerte allá por ‘el 1900’ que apartó al español de aquellas lejanas islas. Hay quien cree, entretanto, que fue más por culpa de la falta de empeño que pusieron los colonos españoles de entonces, intoxicados por defender la religión y las jerarquías de poder.
Hace poco la (casi ex) presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal, recibió el Premio Internacional Don Quijote de La Mancha 2009, que compartió con el escritor Mario Vargas Llosa ¿Qué estaría impulsando la líder filipina para hacerse merecedora de este Premio? Pues, introducir la enseñanza de la lengua española en los planes de estudio nacionales. Cuando este viajero insatisfecho leyó en los medios de comunicación la noticia, recordó esta fotografía que sacó un lejano día en su visita a ‘Intramuros’, en Manila.
Casas o palacetes en esta antigua zona de la ciudad, que con el empuje, en su momento, de la entonces presidenta Cory Aquino, han podido mantener, o mejor, recuperar el antiguo sabor de poderío español. En uno de aquellos edificios estaba “La monja loca, Store”, pequeña tienda llena de artículos que iban desde camisetas, bolsos, posavasos, viejas postales y variedad de objetos pop y muy kitsch.
No supo quien era el propietario. ¿Alguien sabe el origen de este estrambótico nombre?.

Se admiten sugerencias.

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23 de mayo de 2010

¿Una patera?

Treinta minutos en la proa de esta barca (ver fotografías) cruzando de orilla a orilla el pantano/Lago Volta fueron suficientes para sentirse como en una patera. La otra orilla se veía a lo lejos; agua por todas las partes; el artilugio flotante atestado de negros subsaharianos=ghaneses que, después del griterío inicial, se convirtieron en expectantes pasajeros cuando el agua les arrulló, no con grandes olas como en el Estrecho de Gibraltar pero sí con la fragilidad de no pisar sólido.
A este pasajero leonés se le escapaba la imaginación hacia esas largas travesías desde la costa africana a una de las islas canarias, o de Tetuán a Algeciras, de final incierto y noticia de “telediarios”. Allí metido, imaginaba la ansiedad en medio del océano de gentes como aquellas por ver, a lo lejos, algo parecido a tierra firme europea.
Como el ferry que le traía del sur, donde había pasado treinta horas, paraba en Yeji, para continuar ruta hacia el norte de Ghana en bus era necesario atravesar el pantano/lago en una de esas embarcaciones. El embalse había cortado en dos la antigua carretera. La travesía no fue en absoluto peligrosa, pero para la calenturienta mente del viajero insatisfecho la imagen era muy parecida a la habitual huída del hambre en patera.

Observó, entonces, desde la proa el paisaje humano. Tenía una especial belleza y colorido, de pieles negras y brillantes, bruñidas a medias por la naturaleza y el sol.

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14 de mayo de 2010

La beldad y la inquina

Hay veces que los libros hablan maravillas de un determinado paisaje, natural o artificial, ciudad o pueblo y describen su esencia como algo hermoso. Y no siempre o, mejor, casi nunca el lugar es elegante, escultural o, simplemente, guapetón. Este, tantas veces, trashumante mochilero piensa que esa falta total de franqueza del escritor, o periodista, puede ser debida al afecto o quizás veneración por ese concreto lugar. También, pudiera ocurrir, que su intención fuera incentivar la imaginación al lector.
Estas serían interpretaciones positivas.
Otras veces, las más, esas falsedades son una forma de manipulación. ¿Es tan vistosa Nueva York que propios y extraños hablan maravillas? ¿Son tan bonitos los Santos Lugares que cualquier cretino-turista-viajero pone su meta en los mismos?.
¿Y Roma?. La mayoría de los literatos hablan maravillas de Roma, pero uno se pregunta si no será para evitar ser vilipendiados o excluidos por sus lectores más fieles. O para cumplir con el que contrata que escriba, que es peor. ¿Es tan exquisita la Ciudad Eterna que cualquier mortal, mal aconsejado, desea morir una vez pisadas sus calles? A ojos observadores lejanos, la ciudad más bien aparenta ser algo rancio, como rancias son las sotanas con naftalina tan habituales en sus aledaños.
¿No será que el visitante-manipulado va buscando la belleza donde cree que va a haberla y no donde realmente fluye?.

Demasiadas preguntas resentidas y contradicciones para este breve ‘post’.
Demasiada inquina genera en el viajero insatisfecho que no entiende, en determinados casos, esas ganas de exageración ni esa supuesta beldad.

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9 de mayo de 2010

Eres un 'malco'


Hace unos días -como un eco argentino, de más allá del océano- le llamaban, a este viajero insatisfecho, ‘malco=malcogido’. Se rió y se ‘c-rió’ y se ‘rec-río’ hasta no poder respirar. Hoy, pensaba redactar algo sobre la playa de Copacabana y, sin el menor complejo, va a hacerlo en ‘sudaca-pañol’.
- La playa de Copacabana. ¡Huyyyyy, la playa de Copacabana!.
- ¡Pues tampoco es para tanto!.
En aquella recordada visita a la playa, en ciertas zonas cercanas a la discoteca ‘Help’, se encontraban prostitutas desinhibidas, jineteras (Cuba), pajuelas (México), zungas (Colombia), pirujas (Chile) sin ningún temor a mostrar su cuerpo en tanga, bikini o bombacha, a pesar de tener varias primaveras en el culo, nevera (Cuba) o poto (Chile).
Un montón, porrón o pocotón (Panamá) de bellezas comenzaron a bailar en la arena hasta el cansancio. Con gracia, alegría y sencillez. Cualquier ritmo o sonido que saliera de aquellos altavoces playeros era bueno.
Póngase el lector a pensar en las peores pendejadas (México), pavadas (Argentina), huevadas (Ecuador) o vainas. Los movimientos no cesaban; vibraban las nalgas o yucas (Perú); saltaban los pechos, tetas o puchas (Colombia) y había quien, excitado y cachondo, simulaba el movimiento de joder, chingar (México) o bombear (Honduras).
¡Y cómo bailaban!
Parecían manosear el aire con movimientos sensuales y hacía falta mucha valentía o arrecho (Ecuador), y ser chévere (Colombia y Venezuela) o bacán (Perú) para mantenerse quieto e impasible.
Gracias a un eco argentino, queda enriquecido este ‘blog’.

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4 de mayo de 2010

El 'kathakali'

Presenciar una danza de ‘kathakali’ fue algo sorprendente, enigmático y todo un espectáculo de silencio y colorido. Difícil combinación, pues el silencio aparece perseverante en la mente como algo ceniciento y plomizo.
Esta danza, una de las clásicas en India, suele ser una representación escénica de poemas épicos y leyendas populares. Este viajero insatisfecho presenció una muestra de ella en la ciudad de Ernakulam, cerca de Cochín. Su libro-guía, le aconsejaba que fuera con tiempo suficiente antes del horario y, fiel cumplidor de estas sugerencias librescas, allí se presentó, al menos, una hora antes de la cita. En sus nubes cerebrales, recuerda la espera con un pálpito de admiración. Los danzantes prepararon su atrezzo con cierta parsimonia, candidez y silencio. Lo más admirable: el meticuloso arte de maquillar sus rostros; más que maquillar, cubrir de arte su cuerpo entero.
No perdió detalle este inexperto mochilero, excepto en un momento de parón artístico que aprovechó para complacer su vicio más sonado: un cigarro Habanos, ante la entrada del recinto.
Entre los danzarines, los diálogos se intercambiaban por medio de la mímica y juegos de manos. Toda una delicia visual.

Recomendado queda.

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27 de abril de 2010

Una reflexión sobre la Esfinge

En la ladera de la suave atalaya donde resurgen las grandiosas pirámides, se yergue hermosa e imponente la Esfinge. A sus espaldas, Keops y Kefren parecen resguardarla de vientos y tormentas de arena del desierto, que comienza a sus puertas. Hace miles de años, la Esfinge miraba a la ribera del Nilo teñida de un oscuro verdor; en estos momentos viajeros, lo hacía sobre los arrabales cairotas.
Su rostro era hierático y reposado; estaba triste, seria, ávida y sosegada. Había dignidad en su extraño semblante, que parecía ascender de las profundidades, y en su faz una afabilidad que pocas veces adornó al género humano. Sin tocarla, no daba sensación de fría y parecía tener ideas suspicaces, quizás sublimes. Si alguna vez una imagen de piedra pensó, la Esfinge estaba pensando. ¿Soñaría?. Si el espíritu humano lo hace, ella también.
En su frente se intuía inteligencia y parecía transmisora de conocimientos e inventos antiguos. Miraba sin mirar; lloraba sin llorar. Miraba los milenios transcurridos y lloraba sin llorar por ellos. Pensaba en las terribles batallas de épocas pasadas, y oteaba con esperanza el nacimiento de nuevas naciones, aunque también con tristeza la caída de su propia civilización.
Era la representación de la vida, la pena, la alegría, el sufrimiento y el renacer.

Una mujer quiso besarla atraída por su bella quietud.
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22 de abril de 2010

No siguió los pasos de Obama


Los periódicos del pasado 11 de julio (2009) informaban de la estancia de Barack Obama en Ghana, más o menos en estos términos:
  • Obama visitará también hoy el Cape Coast Castle, una fortaleza construida durante la época del tráfico de esclavos hacia América, una visita de significado especial para el primer presidente afroamericano. Aunque Obama es hijo de un emigrante keniano, su esposa Michelle sí es descendiente de esclavos”.

De esta visita, los ghaneses han dejado la placa conmemorativa (ver fotografía) a la puerta de los calabozos (“Male Slave Dungeon”). Una terrible historia que todo el mundo imagina ocurrió allá abajo, en aquellos recintos oscuros, sin ventilación, que los descendientes de aquellos africanos enseñan ahora como una especie de catarsis nacional. No había luz aquel día y el tenue foco de una linterna entornaba la balanza hacia lo más tétrico.
En el interior, el guía cuando relataba aquella triste historia nunca hablaba de ‘portugueses, ingleses, belgas o alemanes’, o cualquier otro pueblo que se hubiera distinguido en su momento por su poderío en la esclavitud, sino de ‘europeos’, como evitando ofender con sus explicaciones, a veces cargadas de cierta inquina (normal) hacia colonialistas y explotadores. Detallaba una por una las tropelías cometidas por aquellos traficantes en los oscuros calabozos: el hacinamiento; los vómitos de los enfermos y sus heces evacuadas por un estrecho canalillo en el suelo; la falta de ventilación y, por consiguiente, de aire; el calor extremo; los olores nauseabundos; la encarnizada lucha por la supervivencia y un sinfín de detalles que hacían a los visitantes temblar en medio de la confusión.
Si Obama escuchó lo mismo que este viajero insatisfecho saldría de aquel infierno indignado.
Castillo de Cape Coast, construido originariamente por portugueses, sufrió varias ampliaciones y reconstrucciones por parte de los siguientes ocupantes, alemanes e ingleses.
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15 de abril de 2010

El 'cubaneo'

Hay una cosa que cree general, ha sufrido y observado este viajero insatisfecho en el visitante extranjero (en relación con los viajes a Cuba) que pretenda evitar el ‘turisteo’ de sol y playa que vende ‘fidel’ y ‘viajes marsans: el yuma [turista] harto del 'cubaneo' y cansado de los ‘extras’, no volverá a repetir este destino.
Y ¿qué es el 'cubaneo'?. Nadie mejor que este joven observador -que lo es- al que no conocía pero en quien observó buenas artes literarias para relatar esta lacra social, provocada por la falta de libertad del cubano, por el “como cobro poco, no trabajo y trapicheo” y por la escasez de recursos:

  • Cubaneo aglutina un amplio catálogo de prácticas, pero todas persiguen el mismo objetivo: tumbar el dinero del ingenuo yuma. Cubaneo es, por ejemplo, cuando contratas un taxi para una excursión de una jornada, el conductor te recomienda un lugar irrechazable para comer langosta y, sin consultarlo, se sienta a la mesa y pide otra que pagarás tú. Cubaneo también es cuando en un lugar exclusivo, como el Hotel Nacional en La Habana, el camarero, si no estas lo suficiente rápido para recuperar tu vuelta, se queda con ella y te descoloca diciendo: ‘Muchas gracias, señor’. O cuando llegas al aeropuerto y no hay ningún carro disponible porque los ‘privatizaron’ una tropa de buscavidas a los que pagarás, si no te quieres deslomar Terminal adelante….” (‘Cuba más allá de Fidel’, de Jorge Moreta).

El ingenio en el robo, la gracia en la sustracción y el afán necesario y enfermizo del cubano por ‘resolver’ (el verbo más popular) son la PESTE de lo -ahora- mal llamada revolución; el espejo donde debería mirar, y verse, ‘el revolucionario Fidel’, a quien el ansia de poder convirtió en personaje sin igual.

Fotografía.- Autobús "De Luxe" de la revolución.

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7 de abril de 2010

De lagos, esteras y atraques

El Lago Volta (Ghana) es el pantano más grande del mundo (8.502 km²), un embalse que surge tras la presa de Akosombo. Parece que la vida de los ghaneses circule y dependa de él. Hasta los atardeceres engrandecen y se adueñan de su poderío artificial, ahora ya cuasi-natural.
Pese a la importancia económica de la presa de Akosombo -además de generar electricidad, el lago permite la pesca- el proyecto recibió múltiples críticas por alterar (que los alteró) el ecosistema y las condiciones sociales. Las migraciones forzadas generaron el desarrollo de asentamientos precarios, aunque lo que este viajero insatisfecho vio desde el ferry era vida, en un largo viaje desde las inmediaciones del dique-presa hasta un pueblo llamado Yeji, al norte. Casi 30 horas de subida. La primera y larga noche la pasaba este mochilero durmiendo sobre una estera en lo alto de la cubierta (ver primera fotografía) y, durante el día, observaba la lenta navegación del ‘Yapei Queen’, ferry de carga que la gente de aquellos asentamientos y poblados orillados utilizaba como si de un autobús se tratase.
El ‘Yapei Queen’ transporta de todo: lugareños y sus pertenencias, camiones, coches, contenedores de pequeños plásticos de agua, sacos de picón, canastas con pescado seco, cestas y más cestas llenas de todo tipo de productos locales,… Realizó varias paradas a lo largo del día, y ya entrada la noche, en cada uno de los poblados de la ribera.
El atraque a las orillas era una lenta pero bella maniobra.



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