6 de marzo de 2026

Parque Nacional South Luangwa / Zambia


Puerta de entrada

La ruta al Parque Nacional South Luangwa desde Lusaka la hizo en dos etapas. El primer tramo finalizó en Chipata, una ciudad de camino hacia el norte y fronteriza con Malawi. Allí pasó una única noche, al día siguiente partiría hacia su destino. Desde el hotel, donde había dormido y se encontraba, le llevaron a la parada de coches —apodados “colectivos”— que partían hacía Mfuwe, población aledaña a la entrada del Parque Nacional. Este pueblo, con un fuerte carácter local africano, estaba sembrado de campamentos, lodges y hoteles, perdidos entre la foresta, que eran la base para las visitas expedicionarias al encuentro de animales.

Jirafa

Al descender del colectivo, contrató a un motorista-taxista para que le mostrara alguno de los campamentos ubicados por los alrededores, pasar la noche y poder organizar así, en uno de ellos, la visita. El elegido, y más barato, fue un campamento a orillas del río Luangwa (Croc Valley Camp), desde donde se podía observar a la perfección hipopótamos, cocodrilos o elefantes en el ancho río que, entonces, tenía escaso cauce.

Poca agua, y en las pozas próximas que se formaban en los meandros, gran cantidad de hipopótamos retozaban casi inmóviles, enseñando sus lomos y emitiendo sus característicos berridos.  Sentado en una butaca, en uno de los márgenes del río, les observaba con placidez. Le llamaba la atención sus escasos movimientos durante el día, si exceptuamos alguna breve pelea entre ellos, a la espera de que la oscuridad motivara su instinto y animara a salir de las aguas para conseguir alimento: esa forma de pastar les ocuparía gran parte de la noche.

Era la segunda visita a este Parque Nacional —la primera hacía once años—; un recorrido siempre placentero en un jeep o 4x4 para ver impalas, kudús, hipopótamos, cebras o elefantes. Partió en la expedición al día siguiente dentro de un grupo, formado por clientes del campamento. Había un inglés, varios holandeses y una pareja de alemanes —siempre acompañados por esa fama de puntuales ciudadanos— que llegaron tarde todos a la cita, al punto de encuentro. Este viajero insatisfecho, habitualmente escrupuloso, llegó el primero y tuvo que “comerse el marrón” de soportar la impuntualidad de sus compañeros de aventura que iba conociendo según iban llegando. ¡Malditos!


Elefantes, saliendo del cauce del río Luangwa

Hipopótamos, en el río Luangwa

Era época seca en el recinto y las extensiones de pasto, arbustos y árboles aparecían casi marchitos. Recordaba, de su anterior visita, las extensiones verdes de hierba y la fuerza vital de los arbustos, y le producía cierta tristeza encontrarlo tan seco. Los impalas, kudús o gacelas parecían rallar el suelo sin encontrar vestigio de alimento. Aun así, insistían en su pasteo o ramoneo. Además, vio leones, facoceros o jabalís verrugosos, jirafas y algún leopardo.

Fueron cuatro o cinco horas de game drive, según se dice últimamente. Este mochilero lo llamaría “paseo de avistamiento” de animales del bosque.

El reposo de una pareja de leones


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