12 de agosto de 2007

Melancólico "viajeroinsatisfecho"

Este viaje es un viaje entrañable hacia tiempos inmemoriales.
Cuando abrí este “blog” quise que en su portada apareciera -como señas de identidad- el mapa de África y la fotografía de una joya mundial que me transporta a la niñez, al pueblo que me vió nacer. Ahora es el momento de dedicarle a la joya mundial cuatro palabras, le dedicaría mil, pero mi convencimiento de que las entradas deben ser breves (para no aburrir al lector) me impide extenderme más.
La iglesia de estilo mozárabe es de planta basilical con tres naves y un crucero. Es interesante su iconostasis, que separa al oficiante de los feligreses limitado por tres arcos de herradura. Su cabecera tiene tres capillas de planta de herradura cubiertas con bóvedas de cuatro paños. Todos los arcos son de herradura y los fustes de mármol.
Si miras al pórtico de esta maravilla leonesa, definida como tal en una encuesta abierta a los lectores de un periódico provincial, ves con el rabillo del ojo izquierdo, unas bajas montañas yermas y secas en esta época del año (agosto), y con el derecho, el verde exultante de la ribera del Esla. Pues no sé si será una maravilla leonesa o no, pero el corazón te pide atravesar esas columnas mozárabes, penetrar en el monasterio y disfrutar de la paz más íntima, donde la austeridad de sus paredes y el frescor del aire que envuelve el oscuro interior te hace permanecer en silencio.

De vez en cuando entro en su interior cuando mis células nerviosas me mandan mensajes de trasnochada melancolía y disfruto, sí, tocando las columnas de mármol traídas por obreros -esclavos, diría yo- de entonces (finales del siglo IX), del sur hispano ya invadido por la horda mora.


Cerca, muy cerca -sólo metros- en una poblada ladera de pinos (importados) y chopos (autóctonos), escondida en un breve precipicio, una terraza de refrigerio (“El chiringuito”) donde se pueden saborear los mejores momentos vividos de la excursión veraniega, acompañado por una fría cerveza, un helado refresco o un oloroso café de aromas nada exóticos sino más bien rudos, como rudas son las gentes de la comarca.





4 comentarios:

CONQUENSE dijo...

"Seco", la próxima vez que vayas por ese monasterio habla con el Abad y dile que necesitas que te acoja durante un bienio mínimo con derecho a renovación, le explicas tu problema carnal y si practicando la vida monacal puede limpiarte el alma de ese instinto animal.
Con que te den unos arapos ya no desentonas con los monjes.

BICHO dijo...

Hola amigo! acabo de ponerme al dia, en cuanto a lo del monasterio leonés has despertado mi curiosidad y ya nos dejaremos caer por allí los tres, un abrazo!

Laura dijo...

Las fotos preciosas y la descripción única, que más se puede pedir del relato de un viajero, aunque eso de insatisfecho no lo entiendo mucho.

Saludos!

Sandra dijo...

Hola, Blas. Te tenía un poco abandonado, perdona. Tendré que ir a León a empaparme de esa tranquilidad. Muchos besitos.