Sencilla casa de un 'Ngobe-buglé'
No conviene -cree-
mitificar la pobreza, utilizarla reiteradamente como arma descriptiva o abusar
de su sinsabor, aunque escritores o periodistas de prestigio hayan sido fieles
al asegurar que ella forma parte de sus mejores tareas.
Ryszard Kapuscinski, uno de los grandes maestros del
oficio, confesó en una ocasión que en el núcleo de todos sus intereses
informativos siempre se encontraban los pobres: “Cuando empecé a escribir sobre estos países, donde la mayoría de la
población vive en la pobreza, me di cuenta de que aquel era el tema al que
quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas:
sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos. La pobreza no llora, la
pobreza no tiene voz. La pobreza sufre, pero sufre en silencio. La pobreza no
se rebela”.
Y aunque sea de
manera indirecta también tiene que ver con la pobreza lo siguiente: A este
mochilero le sorprende que, en ciertos círculos, en concreto sudamericanos, se
ofendan cuando se les pregunta por las etnias de su país, quizás porque
identifican ‘etnia’ con ‘pobreza endémica’ o con pobreza que humilla.
No. Etnia es una
afinidad racial, y la negación de ello es no querer ver diferencias, por
ejemplo, entre un aymara, un kuna, un inca, un taíno o un emberá.
Cree, sí, que lo que
desprenden estos ofendidos -miserables ofendidos- es, en cierta manera, una
total falta de apego a su pueblo, a sus tradiciones y a su cultura histórica.
No siempre mencionar una etnia es una referencia a su pobreza implícita sino
más bien a su orgullo como pueblo o a su defensa de las raíces que le son
propias.
El viajero
insatisfecho rompe una lanza por desmitificar la pobreza y, también, por
defender el empoderamiento de los diferentes pueblos o etnias dentro de la
estructura social del país en el que surgieron.
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