7 de septiembre de 2017

Una pareja de ‘karamojons’ / Uganda

Nada más aterrizar en UGANDA, en el aeropuerto de Entebbe, los personajes que por allí pululaban (empleados, seguratas, taxistas, maleteros, buscavidas,…) hablaban ‘luganda’. Para el viajero insatisfecho una lengua totalmente desconocida.
¿Y, entonces, dónde se entrelazaría y uniría el entendimiento para hacer más fácil la comunicación?: en el inglés, idioma oficial que todos conocían.
Al día siguiente, en sus ansias por iniciar el periplo real por el sur del país, viajó todo el día en un bus y se hospedó en la ciudad de Kabale, donde ya no hablaban el ‘luganda’ sino que se expresaban en ‘rukiinga’. El mochilero llegado a aquellas lejanas tierras comenzaba a pensar en lo difícil que sería una comunicación en aquella zona del país con idiomas tan diferentes. Pero no, todos, o casi, hablaban el ‘rukiinga’ y el inglés. Después de las visitas pertinentes por la zona, se fue ‘con viento fresco’ a la ciudad de Kisoro, unos ochenta kilómetros más al sur, en la frontera con Rwanda, y también del Congo. Al llegar, lo primero fue preguntar en inglés si allí, por casualidad, se expresaban en la lengua de la zona de Kabale, la ciudad anterior, pero el personaje interrogado, un joven vestido como un ranger, le dijo que la lengua local era el ‘rufunbira’. Vaya, pensó este mochilero, cada parada una nueva lengua.
Complicado, ¿verdad?.
En todos estos días, nadie le habló de una identidad nacional por hablar lenguas diferentes, nadie dijo nada de un hecho diferencial que supusiera ‘montar el numerito’ para conseguir especial estatus social y de vida.
[Y de eso ya se había dado cuenta en otros viajes africanos pero lo constata ahora, o ahora lo analiza más, mirando las bondades de fuera y comparando con las falacias de dentro].
Como el norte era uno de sus destinos lejanos, este leonés se dispuso a iniciar la andadura hacia esa parte más alejada. Después de atravesar el Parque Nacional Queen Elisabeth, se encaminó hacia la ciudad de Kasese, de paso hacia el Parque Nacional de las Montañas de la Luna (no se llamaba así pero este parque estaba montado alrededor de estas famosas montañas; y míticas, por cierto). Quiso saber -al escuchar las conversaciones en el tono de voz apreció algo diferente- si en Kasese hablaban ‘rufunbira’. No porque tuviera intención de mejorar su comunicación con ellos y aprender su lengua, sino por ‘puta’ curiosidad. Y no, allí, a unos 220 kilómetros de Kisoro se expresaban en ‘lhukonzo’.
¡Qué contrariedad!.
No obstante, en este caso ya lo había casi adivinado por el sonido bucal que era diferente o, quizás, era que se iba haciendo a la idea de que en cada ciudad que pisara hablarían distinto. Pocos kilómetros más al norte, ya en el distrito de Tooro, muy famoso entre los ugandeses por su antiguo reino y tradiciones, en la ciudad de Fort Portal preguntó al ‘boda boda’ (motorista) que alquiló para hacer un recorrido cercano, tratando de divisar de cerca las Montañas de la Luna, en qué idioma se expresaban en esta antigua y afamada región.
- Aquí hablamos el lutoro.
- Escríbemelo, por favor.
- ‘Lutooro’.
- Ah. Perfecto, muy parecido al nombre de la región.
Luego, las famosas cataratas Murchison le llevaron a este leonés, por su interés en visitarlas, hacia la ciudad de Masindi. En la agencia que le iba a llevar de ruta por el parque nacional de las cataratas, contratada en aquellos momentos, preguntó, ¿y vosotros os entenderéis perfectamente con el resto de los ugandeses al ser este un lugar turístico, no?. Sí, sí. Nos entendemos perfectamente en inglés, aunque aquí todos hablamos, y habitualmente, ‘lunyoro’.
A este mochilero le daban ganar de pasar de preguntar y empezar a convencerse de que en cada zona, en cada distrito, en cada ciudad o región hablarían diferentes lenguas. Como así era.
En la ciudad de Gulu, ‘acholi’, y en la ciudad de Moroto, al norte casi en la frontera con Kenya, territorio del pueblo karamoja, casi toda la población hablaba el ‘karamojon’.
Este territorio tal vez fue uno de los más problemáticos en el pasado por el abandono sufrido por parte del gobierno central, por la permisividad en la posesión de armas y por su carácter violento, pero nunca por sus reivindicaciones del ‘hecho diferencial’ en cuanto a sociedad y lenguaje. 
Al llegar a España, y encontrarse de nuevo con los rifirrafes políticos sobre el tema catalán, se acordó de los ‘karamojons’ y asoció a un dúo de independentistas catalanes con esta pareja de ‘karamojons[Foto]. Pura imaginación.


Copyright © By Blas F.Tomé 2017

4 comentarios:

Independiente Trashumante dijo...

Imaginación y constatación son buenos aprendizajes en un viaje. Tú lo muestras y demuestras en este curioso recorrido por los hechos diferenciales ugandeses que tanto nos enseñan sobre los hechos y deshechos que vivimos.

Gracias y saludos.

Carlos Martinez dijo...

Jajaja me meo con tus comparaciones con la variedad de idiomas y los tikismikis de por aquí. Efectivamente la merienda de negros tiene su aquel pero esta no hay quien se la trague. Y los que no hablamos inglés ni te cuento. Mara mi sería un obstáculo tremendo por lo charlatán que soy. Gracias por lo ameno y las risas. A ver para cuando las fotos.

igoa dijo...

Les dejaron la lengua, com decia Neruda... Rigoberta Menchu siempre insiste en la conveniencia de aprender castellano para poder entenderse, unirse y luchar juntos por sus derechos.
Si no a ver como podrian entenderse.
Asistimos a un proceso de refragmentacion?
Besos

efurom1 dijo...

Pues mucho me temo, querido Blas, de que aquí vamos a terminar como allí: hablando cada uno en su lengua...¡¡¡y entendiéndonos en inglés!!! (por el desprecio al castellano, la lengua del imperio).
De estos 'karamojons' o cara-mojones, mejor no hablar. A mí, uno de ellos, me recuerda a los payasos de la tele. Es curioso que no se hayan hecho bromas al respecto.
Bueno Blas, ya queda menos para saber cómo va a quedar todo esto. A ver si pronto podemos pasar página. Un abrazo!