
- "Al comenzar la historia, nuestros héroes, parados forzosos, tomaban el sol junto a las tapias del cementerio.
- Esta vida es una muerte –dijo un día Tiburcio. Hay que irnos por el mundo.
- ¡Andando! – respondió Cogollo.
- Y una mañana primaveral se largaron con un modestísimo bagaje y abundantes ilusiones…".
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Así, viñeta a viñeta, con una sencillez apabullante, con gran imaginación didáctica y espectacular maestría se va construyendo las “Aventuras de Tiburcio y Cogollo”, por Trapiello, su autor
Y aquí comenzó también otra aventura blogger, (¡que maravilla la gente de la blogosfera!). En un reciente ‘post’ dedicado a estos dos protagonistas del cómic antiguo (quizás 'de los sesenta' del siglo pasado), recuperados del recuerdo, en el que pedía pistas sobre esta vieja historieta, otro colega blogger que resultó cercano comentaba: ‘Era don César [Trapiello] un cura ensotanado, como mandaban los cánones, y un poco despistado. Parecía que iba y venía, enfrascado en su mundo. Siempre masticaba las palabras en su boca, mitad socarrón y mitad ensimismado’.
En otra paralela investigación ‘googleiana’ este mochilero leonés aparcó, sin saberlo, en el blog de uno de sus sobrinos: Andrés Martínez Trapiello. Después de varias dudas e intentos, decidió ponerle un comentario. Su rápida respuesta le animó: ‘El tío cura, Cesar Trapiello, la imaginación que dio vida a Tiburcio y Cogollo -decía el sobrino- estaría asombrado de que aún se recuerde aquella aventura de estos dos viajeros […] Conservo aún algún juego (son 5 cuadernillos) y para alguien que es de León, y quiere conservarlo como una joya, tengo uno reservado’.
¡Ya lo tenía!.
No había duda de que lo había conseguido. El resto fue sencillo. Una ‘quedada’ en León, un café y final feliz.
Y el viajero insatisfecho, la mañana antes de la ‘quedada’, ya en su terruño, hablaba nervioso con un amigo de infancia que le dijo ‘¿Vas a quedar con un Trapiello?. ¡Ten cuidado. Están todos locos aunque son buena gente!’. Y el sobrino-blogger del cura Trapiello, cuando se enteró del chascarrillo, se rió y lo hizo suyo.
¡Gracias, Trapiello!. ¡Sois una familia de ‘locos-buena-gente’, a la sombra de aquel ‘cura ensotanado, como mandaban los cánones, y un poco despistado’.
¡Gracias, Andrés!.
Y aquí comenzó también otra aventura blogger, (¡que maravilla la gente de la blogosfera!). En un reciente ‘post’ dedicado a estos dos protagonistas del cómic antiguo (quizás 'de los sesenta' del siglo pasado), recuperados del recuerdo, en el que pedía pistas sobre esta vieja historieta, otro colega blogger que resultó cercano comentaba: ‘Era don César [Trapiello] un cura ensotanado, como mandaban los cánones, y un poco despistado. Parecía que iba y venía, enfrascado en su mundo. Siempre masticaba las palabras en su boca, mitad socarrón y mitad ensimismado’.
En otra paralela investigación ‘googleiana’ este mochilero leonés aparcó, sin saberlo, en el blog de uno de sus sobrinos: Andrés Martínez Trapiello. Después de varias dudas e intentos, decidió ponerle un comentario. Su rápida respuesta le animó: ‘El tío cura, Cesar Trapiello, la imaginación que dio vida a Tiburcio y Cogollo -decía el sobrino- estaría asombrado de que aún se recuerde aquella aventura de estos dos viajeros […] Conservo aún algún juego (son 5 cuadernillos) y para alguien que es de León, y quiere conservarlo como una joya, tengo uno reservado’.
¡Ya lo tenía!.
No había duda de que lo había conseguido. El resto fue sencillo. Una ‘quedada’ en León, un café y final feliz.
Y el viajero insatisfecho, la mañana antes de la ‘quedada’, ya en su terruño, hablaba nervioso con un amigo de infancia que le dijo ‘¿Vas a quedar con un Trapiello?. ¡Ten cuidado. Están todos locos aunque son buena gente!’. Y el sobrino-blogger del cura Trapiello, cuando se enteró del chascarrillo, se rió y lo hizo suyo.
¡Gracias, Trapiello!. ¡Sois una familia de ‘locos-buena-gente’, a la sombra de aquel ‘cura ensotanado, como mandaban los cánones, y un poco despistado’.
¡Gracias, Andrés!.
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