4 de junio de 2007

N'gorongoro


Este viajero bajó al cráter del N'gorongoro por el camino más auténtico. Puede que hubiera otros aún más agrestes, pero descender al antiguo cráter volcánico por la vereda donde suben y bajan los rebaños del los masais le pareció a este intruso una experiencia para contar en los corrillos catetos de su pueblo natal.
Recrearse en Tanzania, es revivir experiencias de viajeros exploradores inolvidables: Richard Burton, John Speke, David Livingstone, Henry Stanley o, más recientemente, periodistas como Javier Reverte. ¡Cómo entretienen las historias de este último!. Lo contó admirablemente en su libro “El sueño de África”.
Que todos sepan que por allí circuló este loco viajero y que quiere contarlo. Pero -práctico él- se va a dejar ayudar y, en parte, recoger cómo Reverte lo relató. Nada más.

Miré al otro lado, hacia el N'gorongoro, quieto allí desde los lejanos días de la Creación, el único tesoro que nos resta de lo que pudo ser el jardín del Edén”.

El N'gorongoro se formó como hoy lo vemos hace cosa de dos millones de años. Se sitúa a 2.600 metros sobre el nivel del mar en sus bordes, mientras que dentro del cráter la altitud es de 1.800 metros. El interior del caldero es una enorme llanura, en forma casi circular, que alcanza un diámetro de veinte kilómetros. Hay manantiales y arroyos en su suelo, un par de lagunas de aguas dulces y un gran lago de aguas sódicas en el centro. También crece un bosque de acacias amarillas, el Lerai, en el lado norte del cráter”.

En este bosque (Lerai), los pájaros carroñeros, amaestrados por millares de turistas anteriores, me robaron el bocadillo en un pispas. Todavía lo recuerdo con cierto odio, aminorado por el lógico paso del tiempo. Menos mal que en nuestro Land-Rover llevábamos otros de reserva.
Ah!, se me olvidaba, la biodiversidad de animales es impresionante (leones, hipopótamos, hienas, gacelas, flamencos, cebras, rinocerontes, avestruces, ...).
Hace unos trescientos años llegaron aquí los datogas, pueblo nilótico y guerrero, que expulsaron a los habitantes de la región. Ciento cincuenta años después de ellos llegaron los masai”. Gracias, querido amigo Reverte, por ayudarme a contar mi experiencia.
Lo absorbí todo como una esponja, pero no lo sé contar con bellas palabras. El lugar, tiene más poesía que los Campos de Castilla, inmortalizados por Antonio Machado.

1 comentario:

La bichita dijo...

Jo Blas tuvo que ser maravilloso estar en ese cráter impresionante lleno de preciosos animales, como me gustaría ir, pero gracias a ti me lo puedo imaginar y pensar que algún lejano día yo también podré ver el maravilloso Ngorongoro.