4 de mayo de 2007

Un control nocturno

Anoche leía a Kapuscinski, y entre sus muchas y sabrosas experiencias, cuenta cómo atravesó un control policial en la Angola de los 70, del FNLA, del UNITA y del MPLA, todas siglas de movimientos de liberación del país pero ¿también del hundimiento del Angola?:
Si los guardias son hombres de Agostinho Neto, que saludan con la palabra camarada, seguiremos con vida. Pero si resultan ser hombres de Holden Roberto o de Jonas Savimbi, que saludan con la palabra irmao (hermano), habremos llegado al final de nuestra existencia terrenal”.
¡Joder!, con pocas palabras me había puesto los pelos de punta.
La imaginación me sitúa en el último día en Antananarivo (ver fotografía grande). Nada que ver con lo vivido por el escritor polaco, nada que ver mi situación en ese país isleño, pero con la oscuridad de la noche crecen los fantasmas del miedo y cualquier control se convierte en un pequeño infierno.
La última noche en Antananarivo, de lo más accidentada a nivel experiencias, me despide con un control policial, en los arrabales de la ciudad, donde la miseria se mama por todos los frentes. La noche es más noche si la rodeas de negros desconocidos y si la iluminación de la ciudad carece de sentido para el alcalde o regidor del lugar.

El taxi que me lleva al aeropuerto a las 3 de la madrugada (hora de meigas y brujas), llegado el momento, se detuvo de forma repentina. “Control policial”, me apuntó el joven taxista. Pasaron unos segundos y el policía debía estar allí, oculto entre las casuchas, que difícilmente yo visualizaba, sin perder detalle de nuestras caras. Yo miraba al chofer que parecía decirme “en este momento no conviene que muestres prisa ni nerviosismo, nos debemos comportar como si nada, con correcta normalidad”. Escrutaba los alrededores con la mirada, y seguía viendo oscuridad y la negritud de mi conductor que observaba los laterales y las desvencijadas casas o cabañas cercanas que yo apenas entreveía.
Eran alrededor de las 3 de la madrugada y deseaba que apareciera el policía de la oscuridad, nos saludara con la palabra camarada, nos pidiera el salvoconducto -mi pasaporte- y, así, continuar con la ruta hacia el aeropuerto.
El policía (creo que lo era) apareció por mi lado, vestía un sucio anorak deportivo, me pidió el salvoconducto -mi pasaporte-, lo ojeó, sin verlo pues la oscuridad lo impedía, y me alargó su mano libre abierta, solicitándome no se qué. Le puse 20 francos franceses en ella. Como contrapartida me devolvió el pasaporte y nos dejó continuar el viaje en la oscuridad más oscura, rumbo al aeropuerto.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Seco", creo que actuaste de pardillo, pues tenías al policía acojonado y te extendió la mano para saludarte, bueno no pasada nada ya irás aprendiendo.

Te he hecho un par de comentarios interesantes atrasados, estoy al día.
Ah!, he visto que el comentario que hice animándote a procrear ha tenido mas exito que tu artículo, yo cuando hago un comentario de tus interesantes artículos no leo los de los demás, no tendría gracia.
Tu sabes, que me conoces, como es mi sentido del humor, mis comentarios siempre serán especiales, sin "pincharme".

Un fuerte abrazo "Seco".

CONQUENSE dijo...

"Seco" el comentario anónimo enviado es del CONQUENSE.

BICHO dijo...

Juer "Seco", que historia más guapa. La he vivido, tio... que situación. Si es que el Indiana Jones ese que nombrabas hace unos dias es nadie comparado contigo.

Tú sigue así!

un abrazote

BlasFT dijo...

Este es un mensaje para todos los bloggers que me visiten:

"El que firma como "conquense" no es peligroso, no os preocupéis. Lo tengo controlado. Aunque está un poco "loco", es buena gente y lo quiero mucho".

Sandra dijo...

Jop, Blas... Me has hecho recordar a mi salida de Albania. No sé si seré capaz de llegar a contar tanto.