19 de febrero de 2011

El gallo, los 'emberá' y el mochilero

El gallo cantó a las 2 de la mañana; luego, a las 3 y, de nuevo, a las 5, cuando compuso, junto a otros vecinos-colegas, la-melodía-del-despertar. El viajero insatisfecho dormía solitario, bajo un artesano y humilde mosquitero, sin algo parecido a un colchón, cansado, muy cansado, en una de las viviendas/choza de la comunidad emberá. Era un pequeño pueblo en el Darién, con un bonito nombre, Llano bonito.
La actual ubicación en Panamá de los diferentes pueblos indígenas, kunas, wounaan y emberá tiene que ver con la invasión española del siglo XVI y la presión sometida por la tierra. Las luchas y enfrentamientos entre estos tres pueblos que habitaban el Darién, por el azuce de los guerreros españoles, obligaron a los kunas a desplazarse mayoritariamente hacia la vertiente del mar Caribe o Costa Norte: el actual territorio del Kuna Yala. Los emberá continuaron ocupando una amplia zona de la selva del Darién, donde se encuentran actualmente.
Hasta allí, hasta Llano bonito, se acercó un día este leonés en un agotador trayecto a través de una tupida selva plagada de momentos sudorosos y confusos senderos.
Pero a las 6 (y poco), recién amanecido, cuando el gallo le despertó definitivamente, pudo contemplar un paisaje silencioso, bañado por una bruma matinal que le rodeó mientras estiraba sus entumecidos músculos. Al fondo, unas viviendas despertando al nuevo día y la escuela blanquiazul, único edificio construido de moderno material, que sus gentes tuvieron que transportar -hace apenas 8 años- a lomos de caballo, desde el lejano poblado de Quintín.
Y sus casas….
Y sus rapaces…., con sus pintadas.

¡No era un juego de niños. Era pura cultura 'emberá'!.

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12 de febrero de 2011

El brujo de Borinquén

Casa de Los Santos, donde se firmó el acta de independencia
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La villa de Los Santos (Panamá) fue la primera población en que se gritó la independencia panameña de los españoles en 1821. Allí se redactó una carta para Simón Bolivar en la que la población se sumaba a su lucha contra la colonia, según el libro-guía-viajero.
La revuelta fue encabezada por un personaje, posiblemente legendario (no existen pruebas de su existencia), llamado Rufina Alfaro, que se convirtió en la heroína simbólica de la independencia panameña. Esta mujer sedujo a un mando militar y obtuvo la información necesaria para que el pueblo pudiera tomar el cuartel.
¡Tenía que visitar esta villa y acercarse en el espacio a los hechos!, se dijo. 

Y lo hizo.
Cuando este mochilero salía de su casco viejo, donde por supuesto se encontraba la inevitable iglesia (de San Atanasio, en este caso), un maduro ciclista se le acercó dando tumbos con su vieja y destartalada bicicleta. Al cruzarse ambos, le gritó fuerte, rotundo y claro ¡¡El brujo de Borinquén!!.
El grito derivó, cuando llegó al hotel, en una inmediata investigación. Para ello, Internet es una gran fuente de datos, a veces, fiable; otras, no tanto y, las más, desprestigiada.
Ismael Rivera, conocido y exitoso cantante portorriqueño, fue apodado así. Estuvo a punto de retirarse de la canción debido a las drogas, pero su devoción por el Cristo Negro, ubicado en la iglesia de San Felipe de Portobelo (Panamá), obró el milagro y, la marcada y antigua influencia sobre el artista, motivó que aquel dejara las drogas.
El viajero insatisfecho miraba la fotografía del cantante en la web y alternaba, repetidamente, con el espejo donde aparecía su rostro [el del viajero] desmelenado y barbudo. Confuso se preguntaba “¿por qué ese hijo-e-puta de ciclista panameño me habrá gritado ¡¡El brujo de Borinquén!!, si más bien parezco El Bin Laden del Darién(*)?”.

Ismael Rivera
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(*) Darién: Región selvática panameña que hace frontera con Colombia.
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3 de febrero de 2011

En ruta al poblado indígena-emberá / Panamá

Hace tres días, el viajero insatisfecho se internó, acompañado de un guía local, en la selva del Darién, que cierra el paso entre Panamá y Colombia, en busca de los indígenas emberá. Habrá cosas que le atraen más que la selva y los manglares, pero éstas, ambas, ‘le ponen’ de verdad.
El comienzo, realmente fácil. Pertrechado de sus botas de goma (alquiladas y usadas, quizás, por miles de ‘mequetrefes’ antes que él) se internaron en el húmedo y cálido ambiente selvático. En principio, una apacible senda -en la que se cruzaban ramas, troncos caídos y maleza- les adentraba suavemente en la espesura, pero al cabo de un buen rato el cansancio, calor y la humedad se convirtieron en agobiantes. Poco a poco el sendero empezó a hacerse más difuso, oculto entre las hojas y ramaje que entorpecían el camino. La huella, antes visible y clara, zigzagueaba perdida y el peso de la mochila (la azul, no, la otra) multiplicaba ‘el precio’ de la caminata y comenzaba a martirizar la columna [Esa débil columna del mochilero, machacada y herida desde hace años por algún que otro inconveniente altruista].
Las pequeñas pisadas del guía-emberá en el barro, entre un largo y ciego paredón de hojas verdes, se escondían a ratos y volvían a aparecer más allá, cuando comenzaba el temor y las daba por perdidas. Un murallón de rocas verdes, casi imperceptibles, les exigía una peregrinación tan lenta como cargada de desánimo.
La selva atrae y fascina pero agota en similares proporciones.
Creedle.


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27 de enero de 2011

Las cutarras y.... / Panamá



Historias, o leyendas, o cosas simpáticas tienen casi todas las localidades, en este caso, Las Tablas, pequeña ciudad de la península de Azuero (Panamá). Algunas de ellas aparecen en los libros-guía otras es necesario cazarlas al vuelo:
La Santa Librada. Patrona de la localidad, que, por supuesto, tiene una iglesia en su honor. No se sabe a ciencia cierta la antigüedad del edificio pero parece que empezó a construirse en 1679, según el libro-guía. Cuando la visitó, una novia cruzaba el pórtico de entrada con cara feliz, aunque entre allegados silenciosos. Parecía que sus amigos -el viajero insatisfecho no se fijó mucho en ellos- y amigas -casi todas ellas guapas y de pechos saltones y 'canalillos' resultones (¡perdón!)- acompañaran a un finado.
Belisario Porras. Personaje mítico en la ciudad, con estatuas, paseo, museo y escuela dedicados. Presidente durante la apertura del canal interoceánico, fue mandatario tres veces de la República de Panamá y murió, precisamente, en Las Tablas,…… .……
............ y las cutarras. Especie de sandalias, normalmente de cuero de vaca, que los propios tableños fabrican con esmero y diseño desde hace siglos. Es el calzado tradicional que les define y del que se sienten orgullosos. El personaje que le relató la historia, delante de una ‘Balboa’ (buenísima cerveza local), se mostraba eufórico con su pasión artesana, que se le mostraba únicamente en el arte de las cutarras (bueno, también, en el arte de beber cerveza). Los tableños, cada uno de ellos, son verdaderos ‘manitas’ en esta ancestral tarea.
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21 de enero de 2011

Una mañana con los 'ngöbe-buglé' / Panamá


Una familia ngöbe-buglé (madre e hijas), en isla Cristóbal
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En Bocas del Toro (Panamá) sacrificó gustosamente un día de playa (este leonés siempre, siempre los sacrifica) para embarcarse en un bote y visitar una comunidad ngöbe-buglé, etnia indígena panameña, en la isla Cristóbal.
Era una comunidad que tenía aproximadamente 800 personas. La mayoría de los que viven allí se dedican a la pesca artesanal y a la agricultura tradicional. Siembran productos como yuca, plátanos, otoe y nampi. Hay oportunidades económicas que incluyen la venta de langosta, la construcción, corte de madera y, en algunos casos, trabajo para los extranjeros que viven en la zona.
Allí, este viajero insatisfecho parloteó con un joven que pescaba langostas en inmersiones a pulmón libre. Le contó, con una inestimable naturalidad, que aquel día no trabajaba porque era su cumpleaños (¡Felicidades!) pero que había días que capturaba hasta 8 o 10 libras de langosta. Se lo pagaban a 5 balboas/dólares la libra.
Un sueldito.

En aquella comunidad vestían indumentaria europea (¿vale el calificativo?) pero, luego, en el devenir del camino/viaje encontró varias mujeres vestidas ngöbe-buglé.
Una mujer ngöbe-buglé, con traje tradicional
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16 de enero de 2011

'Un paraíso' / Panamá

Indio kuna, con la camiseta del Barcelona.

"Un paraíso”, le dijo al mochilero un veinteañero indio, melenudo (con ese pelo negro y lacio que caracteriza a los indios precolombinos), guapo, sonriente y agradable, mientras le repasaba, suavizaba y acariciaba las carnes a una joven canadiense. “Un paraíso”, repitieron al unísono. Componían una pareja simpática.
Y utilizaron el término “paraíso” para referirse a las islas de San Blas (Panamá). Eso le animó al viajero insatisfecho en la decisión de embarcarse en el trayecto de conocer el archipiélago. Más tarde pensó que el “paraíso” era el que habían alcanzado ambos jóvenes después -seguro- de unos tragos, y quién sabe qué más, a muy altas horas de la madrugada; casi amaneciendo en Panamá City.
El trayecto en barca a la zona, un suicidio, por la nueva vía abierta, después de que las lluvias torrenciales y corrimientos de tierra cerraran el ya clásico camino de acceso hacia el pequeño embarcadero. Con la mar picada y embravecida, un pequeño bote para pasear turistas, no parecía la mejor manera de atravesar una zona de mar abierta y denso oleaje, donde el Atlántico pegaba fuerte, cabreado e inconsciente.
El archipiélago San Blas como protegido por los dioses del Olympo (y del oleaje maldito, claro) era un remanso de paz. Ya en su interior, encuentre donde se encuentre el viajero, siempre tendrá varias islas a la vista. Atomizadas islas (365 dice el libro-guía), auténticos palmerales, 'paraíso' de mochileros y, lo principal, hogar de los kunas, uno de los pueblos originarios de Centroamérica que mantiene aún su identidad y sus seculares tradiciones.
Cada kuna o familia, propietario de su isla, organiza su vida rodeado de agua-sin-fin.
Toda una delicia.

6 de enero de 2011

El istmo de Panamá


Yo tomé el istmo, comencé el canal y luego dejé que el Congreso debatiera, no sobre el canal sino sobre mí” (Theodore Roosevelt, Presidente de Estados Unidos).
¡Válgame dios!. Tamaña prepotencia sólo fue posible gracias a la capacidad ‘pisoteadora’ de un pueblo -y sus líderes- que siempre se dijo demócrata pero que, en realidad, practicó a diestra y siniestra un deleznable imperialismo.
Panamá fue, y es, el típico ejemplo de cómo se puede construir un país (anteriormente era una provincia colombiana) desde los despachos de una camarilla de políticos depravados y, otra más, de abogados insolentes y avariciosos. Después de robar el territorio a Colombia -provocado en parte por los tejemanejes del presidente colombiano Marroquín- contando con la traición de un, sin duda, resentido general colombiano (General Esteban Huertas), comenzaba o, mejor, continuaba el cabildeo en el Congreso de Estados Unidos para la compra de voluntades. Y si en todo aquel despropósito hubo un ‘perro-traidor’ sin parangón ese fue el francés Philippe Bunau-Varilla (*).
Se declaraba la independencia de Panamá (1903), tras una mini-revolución incruenta.
Se ponía el dinero en la mesa y se comenzaba a construir el canal interoceánico (en principio previsto por los estadounidenses por la ruta Nicaragua) después de haber fracasado en esta región colombiana un anterior intento francés del ingeniero De Lesseps, constructor del canal de Suez.
¡En marcha el atropello!.
[En esta entrada se critican las formas y resultados políticos no tanto los técnicos].
¡En marcha el viaje! ¿Alguna sugerencia?.
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(*) Fuente: Díaz Espino, Ovidio. El país creado por Wall Street. Ediciones Destino. Barcelona, 2004.


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30 de diciembre de 2010

No merecía mucho la pena visitar en Ghana

Esta claro que cuando el hombre trata de mezclar (‘contrastar’, para algunos) lo artificial con la naturaleza, ‘la jode’.
Piense el lector cuando las máquinas entran en la ladera de una montaña, o en los aledaños de un bosque, el imponente destrozo que preparan.
Piense el curioso los descerebrados efectos urbanísticos en las inmediaciones de playas naturales.
Piense el blogger en las populares ‘tirolinas’ de alguna zona peninsular, alrededor de las que siempre surge un hotel “imbricado con el entorno” para que cuatro-memos se diviertan destrozando la naturaleza.
Piense el lector……
Eso en lo que pensó este viajero insatisfecho cuando visitó el Kakum National Park. ‘Lo vendían’ (publicitaban) como una selva originaria, con posibilidades de avistar algún animal salvaje. ¡Nada de eso!. No era eso. No era nada. La parte accesible era, simplemente, un lugar para que los cuatro turistas jubilados (escasos) que visitan las playas de Ghana tuvieran algo diferente y cercano con lo que pasar la mañana.
Un paseo por los puentes colgantes (a 30 o 40 metros de altura) sobre la enmarañada arboleda de un bosque ecuatorial africano para insuflar aire natural y escuchar el ruido del silencio, y algún que otro grito histérico del pelele de turno.
No merecía mucho la pena.
Valía más pasear por cualquier camino rural saludando y recibiendo simpatías de la gente local.

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25 de diciembre de 2010

El viajero insatisfecho se adelantó

Los 'etarras' refugiados en Venezuela y, según algunas fuentes, amparados por el ‘genuino Chavez’, han ocupado estos días pasados algunas crónicas periodísticas. Éstas daban cuenta del paradero de alguno de estos 'etarras', descubierto después de arduas investigaciones periodísticas ¡ja! en la zona de Güiria, península de Paria, ciudad muy cercana a Trinidad y Tobago.
Allí les descubrió en 2004 el viajero insatisfecho que adelantó así la primicia, aunque nunca estará seguro de tal hallazgo. Al leer estos días la noticia en los diarios, recordó el 'post' que publicó en 2007 [pulsar] con el supuesto paradero.
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19 de diciembre de 2010

Encuentro con los tarsiers

En los viajes hay cosas curiosas, nada impresionantes, minucias naturales o migajas de vida. Son esos minúsculos granos-de-mijo que juntos podrían formar una hemina (medida de capacidad agraria en León). Hoy, este leonés va a mostrar un diminuto primate, quizás conocido por todos, pero auténtica joya antropológica y, últimamente, siempre en peligro de extinción.
Los tarsiers son pequeños primates (los más pequeños del mundo, según algunos expertos), de hábitos nocturnos (parecidos a los famosos gremlims) y herbívoros pero, también, cazadores de insectos. Sus pies han alargado extremadamente los huesos del tarso, de ahí su nombre. Habitan en Filipinas, en las islas del sur; concretamente, en Bohol.
Allí estuvo este viajero insatisfecho con la casi exclusiva intención de visitar las ‘Chocolate Hills/Colinas de chocolate’, pero sin dejar de lado otras menudencias, no menos importantes.
Aquel santuario de tarsiers (sistema de conservación que el mochilero siempre critica) estaba muy cerca de la ciudad de Tagbilarán, capital de Bohol. Un mísero y minúsculo espacio al lado de un pequeño río lo definían los lugareños como santuario. Cobraban una pequeña entrada que casi imponía la obligación de añadir una propina.
Se produjo un inicial desencuentro entre el tarsier y el viajero. La discreción producida por el desconocimiento mutuo fue incrementada por la timidez del animal; aunque al final, tras el normal tira y afloja de argumentos dispares entre ‘el bello y la bestia’ (¿quién es quién?), se labró el acercamiento [ver fotografía].

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15 de diciembre de 2010

Gerald Durrell

Hay veces que el viajero insatisfecho no se resiste a traer a su ventana/blogger algo recientemente leído o, tal vez, en lo que se paró a pensar por algún hecho voluntario o involuntario, visto u oído.
“Cuando no tengas nada que decir, el silencio es una buena opción”, y al preferir el silencio, deja para el lector unas frases de Gerald Durrell, recogidas de su libro ‘Rescate en Madagascar’, que fueron, son y serán una llana reflexión sobre el poder humano, y sus consecuencias, cuando manipula la acción natural de la naturaleza:

• “Resulta curioso y lamentable que los constructores chinos de carreteras [otra vez, los chinos; siempre los chinos] hayan enseñado a los malgaches a comer serpientes, peculiaridad culinaria de la que no disfrutaban antes. Naturalmente, la pérdida de esas constrictoras inocuas significará una explosión de la población de roedores, lo cual a su vez hará que aumenten las pérdidas de la cosecha de arroz [alimento básico en Madagascar]. Sin embargo nadie se preocupa tanto del futuro, en términos biológicos, y ése es uno de los motivos de que la humanidad se halle en una situación tan terrible”.
De una sencillez y claridad a-pa-bu-llan-te.
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Nota.- Lo escrito entre corchetes es también aportación del mochilero.
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8 de diciembre de 2010

Fuerte Rojo, Yamuna y Taj Mahal

En la ciudad de Agra (India), el Fuerte Rojo fue la visita inicial y, desde luego, imprescindible; muy unida la historia de éste al también imprescindible Taj Mahal. Fue en este fuerte donde se recluyó Sha Jahan tras la muerte de su amada esposa, Mumtaz Mahal, y también fue donde este rey pasó -cuentan- sus últimos años mirando triste, desde sus ventanas, el definitivo reposo de su mujer al lado del río Yamuna. Según fantasea la leyenda, desde todas sus ventanas se podía admirar el Taj Mahal a lo lejos. Y, efectivamente, así era, desde todas las aberturas, almenas, balcones y ventanas que daban al río se contemplaba el famoso mausoleo. Este mochilero, como el Sha Jahan, observó desde allí por primera vez aquel prodigio arquitectónico. Y fue desde allí, desde donde le vio brillar como perla oriental, apareado por los destellos/reflejos del río Yamuna. En aquella época -el viajero insatisfecho lo guarda en su mente- entre las piedras rojas de aquel mastodóntico fuerte (rojo) brotaba salvaje la verde maleza que los desheredados/parias hindúes trataban de limpiar a golpe de zoleta.
El resto no rojo, era también verde.
El verde frondoso de los bajos del ancho foso.

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1 de diciembre de 2010

Tiburcio y Cogollo

Hay algo misterioso en los termiteros de las sabanas africanas. Sin duda podrían tener otros calificativos pero este leonés siempre les ha encontrado oscuros, enigmáticos, impenetrables y sospechosos.
Cuando les ve (y van muchas veces), el pensamiento es recurrente, se acuerda de sus primeras lecturas/aventuras infantiles de la mano de Tiburcio y Cogollo.
¿Qué tiene que ver?.
Si, eran dos personajes -de cuento infantil, claro- que se embarcaban en una aventura por el mundo después de una reunión al cobijo de las tapias de un viejo cementerio. Y sí tiene que ver con los termiteros pues en una de sus múltiples peripecias, una de las más recordadas, se internaban en uno de ellos, gigantesco y misterioso -¡bendita imaginación!- donde problemas y peligros acechaban.
También descendieron por un volcán apagado para luego emerger por una estrecha e inactiva fumarola. Otro monumento de la naturaleza no menos recóndito y misterioso.
El libreto de las “Aventuras de Tiburcio y Cogollo” era el hermano pobre de “El Capitán Trueno” y “Tarzán”. Nada que ver con el éxito, más tarde, de “Asterix y Obelix”, ni con el ‘boom’ infantil de “Jabato”.
Por cierto, este viajero insatisfecho lanza una pregunta al aire:
¿Alguien tiene pistas de esta antigua ‘joya-pobre’ de las historietas?.
Agradecería cualquier apunte o dato.



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23 de noviembre de 2010

La inocencia no admite maquiavélicos trucos

Un buen observador captará en la fotografía dos puntos de atención de los niños (de frente y a la derecha).
Por algo sería.
La inocencia no admite maquiavélicos trucos.
Dos mochileros -un danés y el viajero insatisfecho- alegraron la salida escolar de unos niños en el barrio pesquero, es decir, pobre (aunque de niños, en apariencia, saludables), de Elmina, una antigua y bella ciudad ghanesa a orillas del Atlántico. Situada ella [la ciudad] alrededor de un castillo y un fuerte (en inglés, castle y fort, ¿habrá alguna diferencia?), miraba con inmateriales y gigantescos ojos el océano que se extendía al frente.
El edificio de la escuela, enclavado en una pequeña loma, fue por momentos el lugar de descanso de ambos viajeros, a quienes sorprendió el griterío infantil preparado a la salida. El simpático jolgorio se incrementó al intentar fotografiarles.
La alegre sonrisa de los niños contrastaba con el agrio carácter de los pescadores al lado de sus barcas, en el cercano puerto, cerrados -cuasi herméticos- a aceptar cualquier instantánea intentada por estos particulares intrusos.


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16 de noviembre de 2010

El vigilante de la caverna

Este hombre (ver fotografía) estaba a la entrada de una cueva natural que la naturaleza había diseñado en una de las islas Phi Phi (Tailandia). Un detalle más que convertía este lugar en -dijo una amiga- ‘paraíso terrenal’. A este viajero insatisfecho le pareció que sacaba la foto de un conjunto desordenado y deslavazado pero, luego, al observar la fotografía detenidamente y ampliar su zoom-mental al interior de la cueva, nada más equivocado que la palabra ‘desorden’. Todo colgaba, o reposaba, con una precisión oriental. La hamaca, la almohada, el farol, la terraza o muelle artesano de madera,..., y, en el interior, las escalas de bambú que ascendían con precisión a los altos techos de la caverna, donde los pájaros construían sus oscuros nidos, y donde algunas gentes locales se jugaban el tipo llegando hasta ellos.
Una precisión que rompía las leyes de la naturaleza pero que, a la vez, se amarraba a ellas.En su interior, el olor recordaba al guano-quechua de Perú, a las cuevas de Ajanta en India o al viejo orín en tierra emponzoñada de humedad. En el exterior, la belleza era de roca y verde contorno; de mar y azul celeste; de brisa marina, sol y arena.
Era el paraíso terrenal de las islas Phi Phi.

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8 de noviembre de 2010

Nunca bebió una cerveza mala

Siempre fue difícil visitar un país, salir sin haber aprendido algo y criticar su cerveza. Si el viajero insatisfecho fuera un empedernido bebedor de vino saldría de esos lejanos territorios asegurando que ‘el mejor es el español’.
No es el caso.
Odia el vino aunque se abstiene de criticarlo.
Adora la cerveza y disfruta bebiéndola en cualquier recóndito lugar del Globo. La tanzana ‘beer’ tenía un sabor 'pelín-amargo'; la cerveza vietnamita era más ‘afrutada’; la costarricense se adueñaba del paladar y rechinaba su sabor; la de Malawi no generaba mucha espuma; en Sudáfrica se bebía una que era más alemana,….
¡Mentira!.
¡Todo es una absoluta mentira!. Son una delicia todas.
Es más, ¡venera esos 625 mililitros de las botellas africanas, o tropicales!.
Nunca bebió una cerveza mala ni que tuviera siquiera algo de envidia a nuestra ‘Mahou’ de toda la vida.
¿Tomamos una?.

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Cerveza de Ghana
Cerveza de Costa Rica
Cerveza de Gambia
Cerveza de Mozambique
Cerveza de Perú

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1 de noviembre de 2010

¡Éste es mi barquero!


Cruzar el río Volta (Ghana) por su desembocadura fue un acto visual, placentero e imbuido de cierta aventura. El ferry que atravesaba los lagos y marismas que se formaban antes de que el río sea abrazado por el mar no funcionaba todos los días. ¿Por qué?. Que se lo pregunten al más que previsible déspota africano que tenía concedida la licencia.

Si la tenía.
Mejor para el mochilero que tuvo así la oportunidad de contratar una lancha para él solo, a buen precio después de un breve regateo. El barquero era poliomielítico, bastante extremo en su debilidad muscular y parálisis. No tenía movilidad en ambas piernas. En cuanto el viajero insatisfecho le vio (primero regateó con un familiar) se dijo: “¡Éste es mi barquero!”. Y dejó de regatear.
Aquél área del río desprendía una nunca excesiva tranquilidad; poquísimo tránsito fluvial e inmejorable temperatura ambiente matinal. En algunos sitios -no olvidéis que navegaba por el río- el mar estaba detrás de un único bancal de arena que conformaba sendas playas a ambos lados.
- Detrás de esas palmeras, está ya el mar –dijo el barquero.
Tranquilidad, tranquilidad.
Para ser un viajero sin prisas era muy temprano, y en la espera del ferry, que nunca llegó ese día, sacó esta -para él- bella fotografía de una niña madrugadora.


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25 de octubre de 2010

Color tizón

Sólo sería culpable si fuera inocente de trabajar para destruir el racismo en el país”.
Este viajero insatisfecho no va a provocar un acertijo acerca de quién escribió en una novela esta enrevesada, aunque elocuente, frase.
¡Se ha hablado tanto de racismo…..!
¡Se ha escrito tanto de racismo…..!
¡Se ha novelado tanto sobre el racismo….!
Son palabras casi actuales sobre un mundo casi actual.
En su alegato defensivo durante el juicio, Lionel Burger, personaje de novela/realidad acusado y condenado por ser colaboracionista con los negros durante el apartheid en Sudáfrica, soltaba esa firme y contundente frase inicial.
Este país (post-apartheid), que hace tres años pisó este mochilero, nada tenía que ver con lo que describía Nadine Gordimer, en el libro ‘La hija de Burger’.
Nada tenía que ver, pero los pasos gigantes de cambio dados por Mandela habían tropezado, y siguen encontrando muchos obstáculos.
A nivel general, el individuo que limpiaba; el que servía; el que fregaba; el que paseaba sin rumbo por las calles seguía siendo de color tizón [permítasele esta licencia poética, que contiene indignación implícita].

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16 de octubre de 2010

Lapu-Lapu

Lapu-Lapu fue a Magallanes lo que Atahualpa a Pizarro. Con matices, claro, pues el primer nativo salió victorioso y el segundo, en cambio, derrotado. El guerrero indígena Lapu-Lapu se convirtió en héroe filipino por ‘su acoso y derribo’ a Fernando de Magallanes. Él fue quien asesinó al navegante portugués, en Punta Engaño, e impidió que completara la vuelta del mundo.
Las versiones del cruento desenlace eran varias. Había quien decía que al arribar a la isla, con el agua aún por las rodillas, el héroe filipino le lanceó y murió; otros creían que fue muerto por el guerrero al tratar de imponer por la fuerza sus preceptos (quizás, religiosos) al entonces cacique de Mactán. Era necesario tener en cuenta que los hechos ocurrieron en 1521 y los documentos eran escasos.
La leyenda se mezclaba con la historia.
Fuera como fuere, por todo Filipinas se alzaban estatuas en su honor (la de la fotografía estaba situada en Manila) y tanta su fama que Lapu-Lapu era, incluso, el nombre de uno de los pescados más populares de las islas. Un pescado tan grande y feo como el mero e igual de sabroso.
Decían,……………., y el viajero insatisfecho creyó.

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10 de octubre de 2010

Un poco de miedo y candor

Por la fotografía bien pudiera ser un pueblo de La Mancha, y la silueta, tal vez, de un Don Quijote reencarnado, sin su Rocinante, pero posando para la posteridad.
No.
No, la ciudad es Cartagena de Indias (Colombia) y la silueta, la del viajero insatisfecho. Hermosa ciudad esta Cartagena de 1994 (Uff, ¡cómo pasa el tiempo!). Uno se imaginaba, entonces, encontrarse con Gabriel García Márquez en cualquier esquina o sentado en cualquier Café, leyendo y releyendo la crónica local.
- Eeeeh, viajero. Gabo quiere verte, le gritarían.
Pero, no. Lo que realmente descubrió fue al colombiano alegre, acogedor, y reservado, en muchos casos. La parte vieja era un hervidero de tiendas de recuerdos, antiguos palacetes, casas de viejos indianos,…., y bellas colombianas, que miraban marrones con viveza, curiosidad y candor.
Los días de Cartagena fueron menos claustrofóbicos que los de Bogotá, no en exceso pero lo fueron. La guerrilla era un problema y el avión se erigió como la mejor solución para ascender desde la capital hasta orillas del mar.
- El autobús es peligroso.
- La guerrilla esta por toda la ruta.
- Se producen muchos robos, asesinatos y secuestros.
Con estas recomendaciones bogotanas era complicado meterse inconsciente en un atestado autobús.
No siempre el mochilero necesitaba escuchar estos mensajes protectores.
No siempre eran verdad.

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2 de octubre de 2010

Fertilidad con cocodrilos


Este viajero insatisfecho se esta acostumbrando ya a visitar charcas de cocodrilos, a fotografiarse con ellos e, incluso, a tocarlos.
Katschi-Kali, así se llamaba el lugar, era una incipiente, aunque creciente, atracción turística en Gambia. Era difícil de entender cómo aquella aglomeración de cocodrilos (había, entonces, más de 100) podía vivir en aquellas aguas así de apiñados; no crear muchas rencillas entre ellos y, encima, soportar la diaria presencia de visitantes que acudían (y acuden) de visita, al ritual de limpieza y a fotografiarse con ellos.
Incluso, a tocarlos.
El guía local, en aquella ocasión, contaba su particular e increíble leyenda. Ese pequeño lago, atestado de cocodrilos, fue descubierto hace ya muchos años por un labriego de los alrededores. Su mujer, en un acto que ahora se calificaría de total inconsciencia, sumergió varias veces en la charca al bebé que llevaba en brazos. Cuando le sacaba, aparecía siempre ‘vivito y coleando’, a pesar de patalear un rato entre voraces cocodrilos.
¿Era increíble la historia, o no?.
Fue por eso que el lugar se constituyó sagrado para los lugareños y se vinculó, desde entonces, a los ritos de fertilidad femeninos. Las mujeres con problemas de fertilidad acudían al lugar, al lavado ritual de sus partes íntimas. Además, se llevaban agua en recipientes a sus casas para continuar allí con ese particular ritual.
A cambio, se esperaba que hicieran una pequeña donación en efectivo, un regalo, un trozo de tela o una ‘nuez de cola’, muy buena esta última para el vigor y potencia sexual. La mitad de estos donativos se lanzaban a la piscina para aplacar a los cocodrilos.
Así, parecía cuadrar la historia, la tradición y leyenda.
O no.

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26 de septiembre de 2010

Wole Soyinka / Primer Nobel africano


Pero nada pudo igualar el momento en que, por una vez, comprendí qué gran don era ser uno más de la población superflua del mundo’ (Soyinka, Wole, ‘Partirás al amanecer’. RBA Libros. Barcelona, 2010).

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21 de septiembre de 2010

Cuenta la tradición.......

No está nada claro que sea el edificio más antiguo de Ghana, pero ¿a que es original?. Los locales aseguraban que esta mezquita fue construida por un comerciante islámico, llamado Ayuba, allá por el 1421.
Bien o aparentemente bien conservada -el viajero insatisfecho no pudo entrar en su interior, aunque sí pagó una pequeña cantidad de cedis/moneda local (son las pequeñas calamidades viajeras) para su supuesta conservación- era uno de los pocos edificios ‘visitable’ para los viajeros y turistas que se acercaban al Mole Nacional Park. En las inmediaciones de este Parque estaba Larabanga, pequeño pueblo donde se encontraba la mezquita.
Descendió de la moto al lado de un viejo y solitario árbol en una entrada lateral (aquel día iba de ‘paquete’ en una especie de destartalada Vespino) y la rodeó lentamente, como si fuera un peregrino ante la ‘kaaba’ de La Meca, para observar su amplitud. Era un pequeño recinto religioso-muslim.
La tradición local, poco creíble por cierto, decía que el fundador de la mezquita estaba viajando por la región cuando encontró una mítica piedra que se encontraba en las afueras de Larabanga, en dirección de Wa, y decidió, por alguna razón inexplicable, arrojar su lanza desde allí para dormir donde aterrizara. Durante la noche tuvo un extraño sueño con una mezquita, cuyos cimientos aparecieron misteriosamente en el lugar donde dormía cuando él se despertó. Ayuba completó la construcción.
Bueno, bueno. ¡Menuda tradición!
El caso real era que estaba allí y mantiene la fisonomía que aparece en esta reciente fotografía.



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15 de septiembre de 2010

Albert Market / Gambia



El Albert Market de Banjul (Gambia) merecía una reposada visita.
Por otra parte, como cualquier otro mercado africano.
En esta ocasión, el viajero insatisfecho, que ha visto muchos y variados, no se resiste a contarlo porque les ocupó la mañana.
Lluvia, viento y ventisca. Agua, y más agua. Agua jarreada desde el cielo con tal fuerza que les obligó a encontrar cobijo en un destartalado, aunque muy organizado, puesto de coloridas telas. Desde aquel privilegiado punto de observación, acompañados de la simpatía de su dueño, se veía transcurrir el minuto a minuto de una gente que se adaptaba a todo, en perfecta simbiosis con la impredecible naturaleza. Unos, corrían bajo el intenso aguacero; otros, ordenaban y protegían sus pertenencias; los más, buscaban refugio en tenderetes y lonas; enfrente, dos mozalbetes, subidos a un taburete de madera, esquivaban los regueros de agua e, inmóviles, esperaban a que las nubes callaran.
El agua, que insistió en caer una hora muy larga, pareció limpiar el fuerte y cercano olor a desperdicios casi pútridos y dejó las calles aledañas convertidas en un sucio mar por donde los coches trataban de circular en medio de nerviosos acelerones.
Fue una mañana de tenderetes, menudencias cárnicas, bazares, ropajes de colores, uralitas metálicas, plásticos y escaparates. Todo parecía abarrotado, atestado, apelotonado y abigarrado de objetos.
Fue una mañana de collares de madera, estatuillas, sastres en sus puestos de trabajo, jarroncitos, verduras variopintas y aguas putrefactas, pero, también, de mujeres impolutas -entre el barrillo y desperdicios-, vestidas con increíble mimo y destreza.
Olían a viento oceánico y maderas ribereñas.

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10 de septiembre de 2010

Una 'blogger' y el cuarto mono

Otra blogger, en una de sus entradas, publicaba unas fotografías sobre los ‘tres monos’, y su simbolismo en Japón. En referencia a ese particular gesto de los monos decía: "Ver, oír y callar’, sería nuestra forma diferente de expresar la discreción. Podría traducirse en la frase ‘No digas todo lo que sepas, no mires lo que no debas, no creas todo lo que te dicen".
Esta sería la explicación de su significado, en base a la sabiduría oriental.
Aquí, los otros fetiches (similares) que vinieron de Gambia, que ya habían sido regalados, pero recuperados en fotografía para la ocasión.
Este mochilero, en contra de aquel significado, espera ser el ‘cuarto mono’: el mono insatisfecho, el mono inconformista, el que no se habitúa a ‘ver, oír y callar’. El mono que defiende la libertad más allá de la supuesta sabiduría oriental, que -por cierto- ya se han encargado los chinos-post-Mao de destrozar (Más que hablar de la sabiduría oriental de otros tiempos, habría que hablar de la baratija oriental, lo que nos viene ahora de ese oriental territorio chino).
El ‘cuarto mono’ que sale a recorrer el mundo; a reinventarse con él; a reconocer y responsabilizarse de sus virtudes y defectos.
A buscar una sociedad con menos sabiduría.
Distinta.
La humanidad globalizada tiene esas ventajas.

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3 de septiembre de 2010

El mandinga y el catalán

Este viajero ha pasado unos días de agosto visitando Gambia, de donde contará alguna vivencia.
¡¡No se librarán sus bloggers/amigos!!.
Es un país de habla inglesa y multitud de lenguas locales, como el mandinka/ga, el wolof, el fula, y otras muchas. Conviven todas ellas. En esa convivencia tolerante y riqueza lingüística, no observó -y lo certificó con preguntas- ninguna tirantez o desavenencia.
Todo ello, digno de un gran pueblo.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
En el vuelo de regreso, un individuo (para abreviar, en adelante será llamado 'memo'), ocupante del asiento de detrás de este viajero, le decía a la azafata en catalán y tono imperativo, “hábleme usted en catalán”. Después de un extraño ruido, como el de una botella de plástico al caer (no miró en ningún momento hacia atrás), la voz femenina le respondía educadamente “le puedo hablar como lo estoy haciendo, o en inglés, incluso en un elemental euskera (estuve en Donostia dos años), pero no en catalán que desconozco”. “Ve como me entiende -añadió de inmediato el memo. Pues, entonces, hábleme en inglés”.
[Para viajar a Gambia se da la circunstancia de que el vuelo directo de Spanair sale de El Prat, moderno e internacional aeropuerto barcelonés].
Este viajero insatisfecho pensaba y pensaba.
Meditaba y meditaba.
Concluía y concluía.
Si estos memos aumentaran y alcanzaran un porcentaje relevante, este mochilero se mostraría partidario de ‘romper la baraja’. Y ‘romper la baraja’ supondría ‘cortar las alas’, en el sentido político del término, claro.
¿Hasta dónde?.
Hasta que la indignación sentida fuera, con creces, resarcida.

Y fue mucha.
[Este leonés mientras más viaja menos entiende su casa].

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