Al
descender del colectivo, contrató a un motorista-taxista para que le mostrara
alguno de los campamentos ubicados por los alrededores, pasar la noche y poder
organizar así, en uno de ellos, la visita. El elegido, y más barato, fue un
campamento a orillas del río Luangwa (Croc
Valley Camp), desde donde se podía observar a la perfección hipopótamos,
cocodrilos o elefantes en el ancho río que, entonces, tenía escaso cauce.
Poca
agua, y en las pozas próximas que se formaban en los meandros, gran cantidad de
hipopótamos retozaban casi inmóviles, enseñando sus lomos y emitiendo sus
característicos berridos. Sentado en una
butaca, en uno de los márgenes del río, les observaba con placidez. Le llamaba
la atención sus escasos movimientos durante el día, si exceptuamos alguna breve
pelea entre ellos, a la espera de que la oscuridad motivara su instinto y
animara a salir de las aguas para conseguir alimento: esa forma de pastar les
ocuparía gran parte de la noche.
Era la segunda visita a este Parque Nacional —la primera hacía once años—; un recorrido siempre placentero en un jeep o 4x4 para ver impalas, kudús, hipopótamos, cebras o elefantes. Partió en la expedición al día siguiente dentro de un grupo, formado por clientes del campamento. Había un inglés, varios holandeses y una pareja de alemanes —siempre acompañados por esa fama de puntuales ciudadanos— que llegaron tarde todos a la cita, al punto de encuentro. Este viajero insatisfecho, habitualmente escrupuloso, llegó el primero y tuvo que “comerse el marrón” de soportar la impuntualidad de sus compañeros de aventura que iba conociendo según iban llegando. ¡Malditos!
Era época seca en el recinto y las extensiones de pasto, arbustos y árboles aparecían casi marchitos. Recordaba, de su anterior visita, las extensiones verdes de hierba y la fuerza vital de los arbustos, y le producía cierta tristeza encontrarlo tan seco. Los impalas, kudús o gacelas parecían rallar el suelo sin encontrar vestigio de alimento. Aun así, insistían en su pasteo o ramoneo. Además, vio leones, facoceros o jabalís verrugosos, jirafas y algún leopardo.




