21 de enero de 2026

Entrada en Zambia


Río Zambeze, desde el puente de hierro

Cruzar la frontera de Zimbabue y entrar en Zambia era un proceso muy sencillo. Sellado de salida en el pasaporte, en la frontera zimbabuense; paseo de unos 800 metros hasta la llegada al puente de hierro —sueño arquitectónico de Cecil J. Rhodes—; cruzarlo, con una inevitable parada para admirar desde lo alto al rio Zambeze, que por un prolongado cañón se alejaba del salto (de las cataratas), y —después— recorrer otros 300 metros hasta la frontera de Zambia. Una simple gestión de comprobación, y sellado de entrada en el pasaporte.
Se encontraba en un nuevo país.

A la entrada al recinto de las cataratas Victoria, por este lado zambiano, consiguió un taxi compartido que le llevaría a Livingstone, la ciudad más grande de los alrededores. Distaba unos 12 kilómetros.

Una población poco interesante en sí misma, aunque muy solicitada para hacer escala cuando se pretende visitar las cataratas por el lado zambiano. El viajero insatisfecho aprovechó la estancia para cambiar dinero, conseguir una tarjeta SIM para su móvil, y poco más.

Pasó una noche en el Victoria Falls Backpackers Zambia —la tarde fue de relax en el amplio patio que ofrecía— y, al día siguiente, emprendería camino hacia la capital del país, Lusaka.

Ya conocía este alojamiento de hacía unos años, cuando había visitado Zambia. Había cambiado ligeramente, con pequeños arreglos en el patio y en los servicios que ofrecía. Aun así, lo mantenía en el recuerdo, y le sirvió para rememorar aquel antiguo viaje. Con una cerveza Mosi al alcance.


"Con una cerveza Mosi al alcance".

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10 de enero de 2026

Cataratas Victoria (Mosi-oa-tunya) / Zimbabue


Cataratas Victoria

Se levantó relativamente temprano en el Shoestrings Backpackers Lodge. Tomó un café con una especie de pastel y se lanzó a la calle en busca de la entrada al Parque Nacional Cataratas Victoria  (Mosi-oa-tunya) que —según le habían dicho— estaba muy cerca del lodge donde había pasado la noche. Aun así, tuvo que preguntar a un comerciante que le observaba, parado a la puerta de su tienda, cuando avanzaba por la calle. Era una mañana espléndida, con el sol ya erguido en el cielo, a medio camino de su plenitud, que —como habitual— sería al mediodía.

El precio de la entrada a las Cataratas Victoria variaba según el lado (Zambia o Zimbabue), siendo actualmente 50 USD para adultos en Zimbabue. El viajero insatisfecho ya había tenido la experiencia del lado zambiano; ahora, se precipitaba hacia una nueva experiencia, en el lado zimbabuense.

Desde la entrada hasta la escultura de Livingstone, que se consideraba el inicio del recorrido, habría unos 400 metros, transitados entre un sencillo sotobosque por un paseo asfaltado y en buenas condiciones: ser destino turístico famoso obliga.


Estatua de Livingstone
Salto, al principio del recorrido

Después de dar varias vueltas a la estatua del gran explorador se acercó al primer punto o primer mirador (hay unos 17 miradores en todo el recorrido). Ya desde éste, o desde el segundo —no recuerda—, pudo darse cuenta del bajo nivel del agua en las cataratas: era época seca y el cauce del rio Zambeze disminuía bastante, lo que afectaba —como era natural— al fluido que formaba el salto. Aun así, en algunos miradores, el agua desprendida por la fuerza del salto flotaba y caía sobre las cabezas.

(Su altura era algo más de 100 metros).


Época seca: poco agua en algunas partes de la catarata

Fue un paseo tranquilo, admirando los grandes y más pequeños saltos que formaba la naturaleza, y que mostraba en todo su esplendor. Más que describir, la experiencia in situ era —y es— fundamental: sentir la fuerza del agua; el ruido que surge del barranco pedregoso; el rocío de agua que se eleva como una nube y llega hasta las cabezas de los visitantes, y la sensación de inmensidad. Casi todos los visitantes hacían el recorrido en el mismo sentido y no de manera atropellada, pues la afluencia de turistas en la época era poco elevada. Pidió, en ciertos miradores, a alguno como él que le hiciera fotos para dejar constancia a la posteridad de su paso por allí.

El recorrido terminaba al lado del puente de hierro, que fue el sueño de Cecil J. Rhodes para su ambicioso proyecto de unir por tren El Cairo (Egipto) con Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Esta obra arquitectónica, diseñada por H.S. Hobson y construida a primeros del siglo XX, era, además, frontera entre Zambia y Zimbabue.


Puente de hierro, frontera entre Zambia y Zimbabue

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Antiguo 'post' sobre las cataratas Victoria, desde el lado zambiano [AQUÍ].
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