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10 de enero de 2026

Cataratas Victoria (Mosi-oa-tunya) / Zimbabue


Cataratas Victoria

Se levantó relativamente temprano en el Shoestrings Backpackers Lodge. Tomó un café con una especie de pastel y se lanzó a la calle en busca de la entrada al Parque Nacional Cataratas Victoria  (Mosi-oa-tunya) que —según le habían dicho— estaba muy cerca del lodge donde había pasado la noche. Aun así, tuvo que preguntar a un comerciante que le observaba, parado a la puerta de su tienda, cuando avanzaba por la calle. Era una mañana espléndida, con el sol ya erguido en el cielo, a medio camino de su plenitud, que —como habitual— sería al mediodía.

El precio de la entrada a las Cataratas Victoria variaba según el lado (Zambia o Zimbabue), siendo actualmente 50 USD para adultos en Zimbabue. El viajero insatisfecho ya había tenido la experiencia del lado zambiano; ahora, se precipitaba hacia una nueva experiencia, en el lado zimbabuense.

Desde la entrada hasta la escultura de Livingstone, que se consideraba el inicio del recorrido, habría unos 400 metros, transitados entre un sencillo sotobosque por un paseo asfaltado y en buenas condiciones: ser destino turístico famoso obliga.


Estatua de Livingstone
Salto, al principio del recorrido

Después de dar varias vueltas a la estatua del gran explorador se acercó al primer punto o primer mirador (hay unos 17 miradores en todo el recorrido). Ya desde éste, o desde el segundo —no recuerda—, pudo darse cuenta del bajo nivel del agua en las cataratas: era época seca y el cauce del rio Zambeze disminuía bastante, lo que afectaba —como era natural— al fluido que formaba el salto. Aun así, en algunos miradores, el agua desprendida por la fuerza del salto flotaba y caía sobre las cabezas.

(Su altura era algo más de 100 metros).


Época seca: poco agua en algunas partes de la catarata

Fue un paseo tranquilo, admirando los grandes y más pequeños saltos que formaba la naturaleza, y que mostraba en todo su esplendor. Más que describir, la experiencia in situ era —y es— fundamental: sentir la fuerza del agua; el ruido que surge del barranco pedregoso; el rocío de agua que se eleva como una nube y llega hasta las cabezas de los visitantes, y la sensación de inmensidad. Casi todos los visitantes hacían el recorrido en el mismo sentido y no de manera atropellada, pues la afluencia de turistas en la época era poco elevada. Pidió, en ciertos miradores, a alguno como él que le hiciera fotos para dejar constancia a la posteridad de su paso por allí.

El recorrido terminaba al lado del puente de hierro, que fue el sueño de Cecil J. Rhodes para su ambicioso proyecto de unir por tren El Cairo (Egipto) con Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Esta obra arquitectónica, diseñada por H.S. Hobson y construida a primeros del siglo XX, era, además, frontera entre Zambia y Zimbabue.


Puente de hierro, frontera entre Zambia y Zimbabue

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Antiguo 'post' sobre las cataratas Victoria, desde el lado zambiano [AQUÍ].
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Copyright © By Blas F.Tomé 2026

11 de febrero de 2014

Visita imprevista / PN Chobe

-Elefante-
No pensaba acercarse al Parque Nacional Chobe, en Botswana, desde la ciudad de Livingstone, en Zambia. Pero todo eran facilidades: la frontera con Botswana no estaba lejos; los taxis compartidos acercaban al visitante a la ciudad limítrofe (Kazungula) por relativo poco dinero; el gobierno ‘botswanés’ no cobraba por entrar al país (no se necesitaba visado), y sus guías turísticos se mostraban encantados de liberar al visitante del molesto peso del dinero por enseñar su Parque. La frontera (el río Chobe, que había que atravesar en un pequeño bote a motor) una de las muchas de África, con esa peculiar actividad frenética, donde los cambistas de dólares, pulas o kwachas abordaban insistentes al viajero a cada paso.
El PN Chobe era un territorio de unos 11.000 kilómetros cuadrados y centro de la industria turística de Botswana.
Área protegida desde 1930, y Parque Nacional desde 1968.
Kasane era la población más cercana, donde se concentraba un buen número de ‘lodges’ y alojamientos de distintos niveles y por donde se podía acceder al Parque. Este viajero insatisfecho no necesitaba estos alojamientos pues haría noche en una pequeña tienda de campaña dentro del mismo, eso sí, acompañado por otros mochileros que realizaban la misma operación.
El Parque estaba situado en un privilegiado lugar, aprovechando las orillas del río del mismo nombre, Chobe. Las visitas de una jornada se realizaban en dos tramos: uno, recorriendo el río en barca, más o menos acondicionada, según con quien contrataras, y otro, por sus orillas en un jeep. Aunque este mochilero hizo el safari fluvial por la mañana, decían que la experiencia era visualmente más atrayente por la tarde para ver caer el sol desde la barca, en pleno río.
Aquí encontraban su cobijo un gran número de especies, pero el elefante, camaradas, el elefante... era el ‘puto amo’, con miles y miles de individuos, aunque -como siempre dicen en África- el más peligroso era el hipopótamo que, a pesar de ser herbívoro, tiene un sentido muy elevado de la territorialidad y ataca en cuanto la siente peligrar.
No olvida tampoco al león.
Animales vistos: elefantes -por supuesto-, hipopótamos, jirafas, leones, gacelas, antílopes, facoceros, cocodrilos, monos, kudus, cebras, pucús,….. y más elefantes, y más y más.

-Hipopótamos jugando -cree-

-Familia de leones-


Copyright © By Blas F.Tomé 2014

10 de enero de 2014

Las cataratas Victoria / Zambia

¡Excelentes!
¡Inmensas!.
¡Atronadoras!, ¡majestuosas!, ¡grandiosas!. ¿Queréis que este leonés continue con más calificativos sobre las cataratas Victoria? Tienen, quizás, menos prensa que las cataratas de Iguazu, que las de Niágara, o el Salto del Ángel (o las cataratas Paraiso, de la pelicula ‘Up’), pero son de una excepcional belleza. Situadas en la línea divisoria entre Zimbabwe y Zambia, en África, se convierten en lugar ideal para mochileros aventureros pero también (y más) para turistas de 4 x 4 y guía traductor de español. Aunque para las tribus locales eran Mosi-oa-Tunya, que significa ‘el humo que truena’, el explorador escocés David Livingstone las rebautizó en 1855, en honor a la Reina Victoria I de Inglaterra, mucho antes de que le encontrara en Ujiji, a orillas del lago Tanganika, Henry Stanley. Pasaron a la posteridad, especialmente para ‘el mundo blanco’, con el pomposo y presuntuoso nombre de cataratas Victoria pero estas atronadoras aguas se merecen más el nombre original.
Livingstone prosiguió después sus exploraciones hasta que murió en 1873. Y lo hizo en Zambia a causa de la malaria y disentería. Su cadáver fue trasladado a Inglaterra, y enterrado en la Abadía de Westminster, aunque ciertas leyendas proclaman que su corazón le fue antes extirpado para que reposara en África.
Muy fácil
(nada que ver con lo que le costaría a Livingstone) le resultó al viajero insatisfecho llegar a la increible turba de agua que al impactar con el fondo desprendía un aparente vapor, convertido en una implacable lluvia para el visitante, a quien regaba sin descanso; oir el sonido atronador; disfrutar de la rara tranquilidad, y transladarse a la época en que Livingstone pisó el lugar: un minibus ofertado por el Livingstone Backpackers, dónde se hospedaba, le acercó a la puerta del Parque Nacional Mosi-oa-Tunya.
Durante dos horas recorrió todos los pasillos/vías cimentados y empedrados que la organización ofrece para sortear la maleza, siempre acompañado por el trueno de aquellas aguas saltarinas.
Multitud de páginas se han escrito sobre este lugar. No va a descubrir con este texto una catarata más, pero siempre le quedará el efímero momento en el que sintió las primeras gotas de agua/vapor, desprendidas por el aún lejano salto.

Copyright © By Blas F.Tomé 2014