12 de marzo de 2020

Niofoin, el poblado de las ‘casas fetiche’


Una de las 'casas fetiche' (del fetiche Diby) de Niofoin

Unas breves líneas sobre el pueblo ‘senufo’, cree el viajero insatisfecho, serán necesarias para visualizar o, al menos, poder entender mínimamente la siguiente visita. Los ‘senufo’ eran un pueblo de cultura y lengua sudanesas que habitaban en Costa de Marfil, Mali y Burkina Faso. En cuanto a la economía, eran agricultores de subsistencia, cultivadores de maíz, mijo, ñame y cacahuete, aunque otros subgrupos eran granjeros o artesanos. El término artesano abarcaba diferentes castas individuales dentro de la sociedad incluyendo herreros, talladores, cortadores de latón, alfareros o trabajadores del cuero. En lo que se refiere a su religión, los ‘senufo’ veneraban a determinados antepasados y a los espíritus de la naturaleza.
Estaba en Korhogo y quería conocer más sobre este pueblo. La localidad que mejor definía la esencia y mejor conservaba las tradiciones de los ‘senufo’ era Niofoin, especialmente las ‘casas de los fetiches’. Con la palabra ‘fetiche’, se referían a objetos que representaban sus divinidades, objetos sagrados, a los cuales atribuían poderes místicos.
Pues allá se lanzó, a tratar de encontrar el pueblo con un joven motorista (taxi-moto) que desconocía su ubicación. Sabía que estaba en la ruta que llevaba a la población de Boundiali pero nada más. Habría que conseguir información durante el camino. A unos 40 kilómetros del punto de partida, el camino hacía Niofoin salía hacia la derecha. Finalizaba el asfalto y comenzaba un camino de tierra.
¡Larga se hizo aquella pista hasta llegar al destino!
Con el trasero machacado por las más de tres horas de trayecto en moto-de-paquete y los saltos, en ocasiones por las condiciones de camino, avistaron el pueblo.
Uno más.
Nada especial a primera vista.
Casa aledaña, en aquellos momentos reformaban su techumbre

Un pueblo con casas diseminadas de todo tipo, de barro y hojalata, construcciones más sólidas y otras de barro con techumbre de paja. Ah, y muchos graneros (de mijo) cilíndricos y alargados con su techo conoidal. Alcanzar la zona buscada, el barrio de las ‘casas fetiche’, supuso dar varias vueltas y paradas del motorista para preguntar. Se convirtió, así, en una especie de guía turístico.
Entre unos graneros cilíndricos esparcidos por uno de los barrios emergían las construcciones buscadas, las ‘casas fetiche’. Se caracterizaban por sus puntiagudos techos y su grosor, su original construcción y sus pinturas en la fachada elaboradas con motivos tradicionales. El tamaño y el grosor del techo tenía una sencilla explicación: al ser una casa sagrada nunca debía quedar al descubierto y la solución sencilla era ir reponiendo su techumbre añadiendo nuevas capas. Un trabajo artesano de gran generosidad y profesionalidad.
Otra de las 'casas fetiche' de Niofoin

La primera de las casas, la más espectacular, era la del fetiche Diby, encargado de proteger a sus habitantes de los enemigos. ¿Cómo? Dejando que una espesa niebla cubriera el pueblo, evitando así el avance del enemigo, según rezaba la creencia. Al divisarla le dio un vuelco emocional el alma. Tenía una peculiar fuerza estética y parecía todo estructurado con respeto, con el sentido de tradición del pueblo ‘senufo’: los cráneos de animales, los dibujos, y los objetos, en general. Intentó entrar en ella, sin consultar, pero aquellos jóvenes de al lado se lanzaron a tropel. Una de las cabañas laterales estaba siendo acondicionada y trabajada por un grupo de jóvenes, aunque más pareciera que estaban pasando el rato, pues miraban pasivos, en actividad nula, y se sentaban sobre aquel techo de paja con la tranquilidad del que no nota el paso del tiempo. Presenció escenas vitales en sus vueltas y revueltas por el entorno. No eran calles lo que formaban las cabañas, más bien entre ellas se tejían redes de sendas o veredas. Una mujer molía mijo con el tradicional mortero y un anciano con mirada perdida no movía, a su paso, ni un pelo. Mientras, el sol -en su momento álgido- dejaba su brillo sobre aquellas casas, aquellas chozas de barro. Era domingo, recuerda, pero para la tradición animista podría ser un día normal. 
Se despidió con la satisfacción de haber conocido algo más de las tradiciones del pueblo ‘senufo’ y con un “ha merecido la pena el largo trayecto hasta aquí”.
Una señora muele mijo a lado de los graneros cilíndricos

VÍDEO

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3 comentarios:

efurom1 dijo...

Ay, Blas! Qué bien se te ve en tu "salsa". ¿Cómo te apañas ahora enclaustrado? Supongo que preparando nuevos viajes...para cuando sea posible, leyendo. viendo mapas y vídeos...y echano de menos ese día que te quejabas de tus machacadas posaderas :)
Un abrazo!

Pilar P. dijo...

Caray, Blas, ¡cómo eres! 
Nos dejas con la miel en los labios al final del vídeo... Cuando llega lo mejor, pones ¡Fin! :(  Ya podrías haber puesto 'continuará'... (ji)

Después del viajecito que tuviste, imagino que en cuanto viste la primera casa se te haría la "boca agua' pensando en la cervececita que ibas a tomar...
Siempre pienso que pensarán los habitantes de esos pueblos tan escondidos al verte llegar en la moto-taxi...
Curiosas esas 'casas fetiche", sus techos me recuerdan los 'sombreritos'de las bellotas... Lástima que no dejarán pasar al 'curioso e insatisfecho viajero'.
Sólo por las fotos se intuye el calor que debía de hacer en ese momento... Uffff.
Con este encerramiento casero que tenemos, siempre que me entre el agobio, me "volveré a subir a la moto' a dar un garbeo... :))
¿Cómo lo vas llevando?

Besotessss

Carlos el viajero dijo...

Con este tipo de post me acuerdo del célebre post de 2015 "visitar Roma es una catetada" Cualquiera de estás construcciones de los senufo y las casa fetiche bien cabrían en ese mismo post. Curiosos los graneros cilíndricos y en general pensar cómo debe ser la vida en esos lugares tan alejados de todo y la vida contemplativa de la gente como la del anciano que comentas junto a la moledora de mijo. Ambiente que se repite en tantos rincones africanos, pero de los que no mos cansamos nunca de revivir. Saludos